J. Carlos Martín Cobano, Poemas de

Juan Carlos Martín Cobano

Sumérgeme, Señor, en tu misterio

Reivindico el fracaso,
la gloria de los cartones extendidos en palacios de fango,
los belenes de las aceras, al nivel de las suelas,
los establos de carritos abarrotados,
los horizontes de zapatos.
Bautízanos, Señor, en tu fracaso.

Aborrezco las medallas,
la miseria de las palmaditas en la espalda,
los besos con aliento de plata,
los treinta apretones de manos,
el oro sin mirra, el incienso sin llama.
Líbranos, Señor, de los fantasmas.

Me enardecen las derrotas,
la verdad que no habita en las espadas,
desesconder las mentiras de los podios,
las guirnaldas del desfallecido,
las lágrimas de su redoma.
Muéstrame, Señor, tu salón de la fama.

Acompaño a los caídos,
a los que aran la tierra con sus rodillas,
los que no regalan al suelo un beso condescendiente,
sino que lo muerden,
lo mastican y lo digieren para dar vida.
Derríbame, Señor, para mirarte a los ojos.

Reivindico al Carpintero tenaz,
soplos de serrín y Espíritu Santo,
cicatrices de astillas y clavos
estigmas de mi terco estrabismo.
No escatimes, Señor, tu cincel sacro.

Reivindico al que conoce
el valor de darse,
de vaciarse,
vaciarse
vaciarse
vaciarse
hasta vaciar su tumba.
Aunque no entiendo nada.
Sumérgeme, Señor, en tu misterio.

Juan Carlos Martín leyendo en el Encuentro Los Poetas y Dios, en Toral de los Guzmanes (foto de Jacqueline Alencar)

Salmo 29

 

Voz del Eterno que aplasta los bosques,
Soplo de vida que frena avenidas,
Sismo conciso que arrasa los cedros,
Onda de sal que revienta las piedras,
Sacra Torá que repele los templos,
Voz del Eterno que calla campanas,
Voz de Yahvé que se oculta a los tronos,
Silbo apacible que funde avalanchas,
Hálito santo que riega mis plantas,
Voz galilea que siega las lanzas,

Trueno de gracia:
Sé garfio a mi hocico,
Sé freno a mis voces.
Libera palabras.

Sangre del Logos:
Limpia mi herida,
Sana a este sordo.
Libra a este mudo.

Sunami del Verbo:
Asola mi casa,
Arrasa cimientos,
Haz lo que debas.

Anega esta sala.

 

 

Con Julio Pérez, Roberto Velert y Viviana Rivero en Encuentro ADECE – Barcelona (FOTO: MGala)

 

 

Viene con el aire…

 

Viene con el aire,
Trae el olor del perro mojado
Es una ola de pretéritos imperfectos
No hay cómo agarrarlo
Lacera los dedos del hortelano más cínico
Es mi pasado
Es mi pecado
Es mi pared
Es mi verja de alambres y voltios
Digo que no, pero soy yo
Soy yo, inocultable, ni más ni menos
Soy yo, cojo, manco, ciego y mudo
Muerto erguido pertinaz

Llega el hálito desde lo alto
Con esquirlas de sol y abrazo
Verdugo de ojalás y subjuntivos,
Las manos marcadas me soportan
Sin alergia a mi médula purulenta
Sin balances, sin recuentos,
Sin debes y haberes en mi plato
Sin la náusea
Es la puerta, es la casa, el salón cordial y hospitalario
La mesa puesta, y huele a pan y café de mañana
La cama hecha, el edredón cálido
Los brazos abiertos
Ropa limpia
Beso de Padre
Lágrimas de dicha
¡Es la gracia!

 

Juan Carlos Martín con otros poetas del encuentro de Toral (2013, foto de Jacqueline Alencar)

Nana del crucificado

(con Miguel Hernández)

Por el suelo con clavos
mi niño juega
entre tablas y escuadras
ea la ea.
Inhala, niño,
sorbe el aire de agujas,
siente su frío.

El serrín es arena,
madera inerte,
la harina de sus gachas
cruje los dientes.
Come, hijo mío,
hay un mundo en el plato
rogando alivio.

De la teta del vino
mi niño mama
su boquita se llena
del agua grana.
Traga, chaval,
la mañana está clara
tras el umbral.

Gotas de sangre y agua
mi niño llora
por cien pupitas vivas
de carne rosa.
Por mil heridas,
por dos costados rotos
que dan la vida.

En la noche más negra
mi niño yace,
una manta infinita
quiere asfixiarle.
Niño, levanta,
que nazca el nuevo día
a tu palabra.

En un trono de incienso
mi niño reina.

 

 

Juan Carlos Martín presentando tres libros publicados por ADECE (Encuentro en Santiago de Compostela. Foto MGala)

 

 

Vahído rancio

 

Un bufido tibio recorre los campos de Dios.
La halitosis antigua de los fariseos
esparce semillas de cartón
forradas de orillo.

Sabios de onánica sabiduría
Regalan nuevas estampitas
de santos con gafas, librotes,
etiquetas de juguete
y halos verde bilis.

Ante su espejito mágico, cuentan pulgares alzados
y ensayan el propio hacia abajo,
se peinan sus mitras
y lustran los capirotes.
“¡Qué listo soy, por Dios, y qué santo!”.

Se prueban su Armagedón con chorreras,
revisan que esté a punto la picota
y vuelven a la carga, taconeando con yemas garbosas
sobre las almas de los incautos,
sobre el nombre de los soldados,
sobre la matriz de la mies.

Mientras tanto, lejos,
donde aún reina, clandestino,
el papel,
los analfabetos clamamos
tristes, pero confiados:
“Guárdanos, Señor, de tus guardianes”.

 

 

Tere Cortés, Juan Carlos Martín, Jacqueline Alencar y A. P. Alencar (Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca, 2018)

 

 

 

Tributo a Las moradas

 

We are ugly but we have the music.
Leonard Cohen

Me acuerdo de ti en Fonda Castelo,
tus silencios de fuego y de luz;
en el séptimo piso,
al final del pasillo,
donde el vértigo azul que no entiende
de vidrios, ventanas ni puertas.
Pisabas la uva,
metal en virutas.

tocabas el cielo,
yo chapoteaba en el cieno de normas y leyes.
Celaban las sabandijas ponzoñosas en barahúnda de trampantojos,
se cernían con lisos peldaños
lóbregas rampas de códigos graves,
suelas macizas de barro y de plomo,
y tú, nada,
mirabas con palomas de helio
y cantabas:
“Comamos y bebamos,
porque ayer ya morimos
de tanto no haber muerto”.
“La enramada alcemos y sirva de incienso”
gritabas
“Comamos y bebamos,
que a la tarde, a la noche, al alba, nos levantaremos”.

Hoy miro a mis pies y me hallo a las puertas,
maderos de sangre volaron los puentes,
no veo las escalas, tan solo descensos,
columnas de nube, murallas de fuego
que vienen, que bajan,
yugos de aire que elevan mis cargas.
Quiero correr y ya había llegado,
exprimo las uñas, cancelo mis párpados
y no hay otros soles, ya era de día.

Hoy rompo ascensores y quemo escaleras.
Juntos dinamitemos los muros, castillos, paredes
y descabecemos bedeles de paja.
Está clara la aurora, ahora lo veo,
y van dos milenios,
a tomar viento las velas, candiles, linternas.
Comamos, bebamos,
la mesa está puesta,
hay pan, hay sangre, hay agua,
tú pon los cabellos, yo pongo el perfume,
miremos al sol, miremos al suelo,
y recuerda:
tenemos visita.

Juan Carlos Martín Cobano leyendo sus versos en el Teatro Liceo de Salamanca (2017, foto de José Amador Martín)

 

Pábilos humeantes

Que me traigan el humo dijo Ciro
y le trajeron todas sus victorias.
(Aníbal Núñez, Pebetero)

Pábilos humeantes,
cañas cascadas,
secuoyas partidas.
Sube un genuino incienso de derrotas,
los laureles mejor contados.

Grama seca en procesión,
yesca en tropel hacia su sino,
huestes de estopa ascendente.
Canta el búho de las soledades
gestas de paladín desertor.

¿Llegará la lluvia?
¿Traerá la riada aluviones?
¿Caerán coronas, guirnaldas,
diplomas o sellos reales?
Me encontrará al descubierto
la pedrada de mis vanidades.

¿Soplará el solano?
¿Aventará tan sólo la cizaña?
¿Tumbará las torres de marfil
y los museos de hazañas disecadas?
Resistiré
en el reverente zarandeo de la palmera.

¿O se hará que nazcan futuros,
que mi ocaso aborte porvenires
de resurrección,
que se anuncien días nuevos
y horizontes sin cartografiar,
mapas en blanco que uno conoce,
sendas sin huella resueltas en edenes, en desiertos
y en todas partes,
y en todos los tiempos?
Diré amén a todo.

Martín Cobano entregando un premio a Stuart Park, durante el encuentro de ADECE celebrado en Valladolid (foto MGala)

Juan Carlos Martín Cobano (Carmona, 1967), filólogo, editor, librero, traductor y misionero (no necesariamente en ese orden) de origen andaluz y formación catalano-aragonesa. Ha impartido talleres y dictado conferencias en distintos países con la Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos (ALEC), es asiduo del encuentro Los Poetas y Dios (Toral de los Guzmanes, León) y del Encuentro de Poetas Iberoamericanos (Salamanca). Fundó una librería y una pequeña editorial, Setelee, pero se gana la vida como freelance para distintas editoriales estadounidenses. Hasta enero de 2018 fue secretario general de Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos (ADECE) y en la actualidad es secretario general de la TIBERÍADES, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos. Poemas y textos suyos se encuentran en las antologías ‘Los frutos del árbol’ (2015), ‘Explicación de la derrota’ (2017) y ‘Por ocho centurias’ (2018).

 

 

Juan Carlos Martín y A. P. Alencart, en el encuentro de ADECE celebrado en Madrid (foto de Héctor Rivas)

 

 




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