Colaboraciones, George Reyes

La poesía lírica como un suave hablar de Dios

Ensayo de George Reyess

Mucho de la poesía lírica le ha representado tanto al lector común como a la crítica literaria especializada un material difícil de entender. ¿Cómo leer este género principalmente aquel en verso libre y lleno de imágenes poéticas —a veces hasta empalagosas—  que representan múltiples posibilidades de sentidos?[1] ¿Cómo leerlo cuando la premisa de la autonomía o liberación  del texto en relación a su creador y su contexto es la presuposición primaria que guía hoy la lectura de todo texto literario? No intento en este ensayo  responder a estas interrogantes ni equiparar una creación humana como la poesía con la revelación escrita de Dios ni descubrir nuevos aspectos de las verdades cristianas; lo que pretendo es plantear, sin rigurosidad académica alguna, la siguiente hipótesis: que hay un punto de contacto básico entre la poesía lírica artística y la teología, y que, a pesar de su imperfección,  la primera, la poesía lírica, es, en muchos casos, — dependiendo de su creador—[2]  un suave hablar sobre Dios,[3] por lo cual requiere de interpretación.  Describiré primero lo que entiendo por poesía lírica artística. 

Fotografía: José Amador Martín

POESÍA LÍRICA ARTÍSTICA

     En su sentido más convencional y amplio, la poesía lírica es la creación que expresa un sentimiento como manifestación intensa de la experiencia del yo.[4] Entre los principales elementos que confluyen en la configuración de ella se destacan, además del sentimiento, una constelación de imágenes con un alto valor simbólico, brevedad, concentración y densidad, normalmente en primera persona.

    Pero esa constelación de imágenes no posee propiedades discursivas como tal, es decir, propiedades racionalizadas y lógicas propias de las ciencias naturales modernistas con  elementos conceptuales, y cuyo interés está en  proponer postulados que pasen la prueba de la observación, la experimentación y la verificación. La poesía lírica —y la poesía en general—  no tiene que ver, pues, con rigor conceptual ni con precisión ni objetivación matemática alguna; su materia prima es el sentimiento, pero en relación dialéctica equilibrada con la lucidez o el intelecto que le permitirá optar por la estructuración  y el lenguaje más conveniente que le permitirá expresar así el sentimiento y su intención comunicativa con cierta precisión.

      En conclusión, la poesía lírica es arte escrito y experiencia vivida condensada y ficcionada en palabras;[5] de ahí su poder o sus connotaciones mágicas para llevar al lector a sentir una encantadora experiencia estética recreada con la que se identifica y llega a ser su confidente momentáneo. Su rigor y objetivación es erguirse como un arte comunicativo indirecto, oblicuo y provocativo que interpela a su lector; lo lógico en ella es reemplazado por la poesía, es decir, por aquella  constelación de imágenes que al poeta le permite  plasmar su experiencia poética profunda.[6] 

Fotografía: José Amador Martín

UN SUAVE HABLAR DE DIOS

     A la luz de lo anterior, hay un modo básico en que se da un vínculo entre la poesía lírica y la teología. Además, hay un modo también básico que permite que la poesía lírica se constituya en un suave hablar sobre el Dios Trino y Uno.   

     En cuanto al primer modo, este tiene que ver con la noción de teología.  Además de palabra divina, la Biblia es una obra literaria, entre otras razones, por estar escrita en lenguaje humano por medio del que el Dios Trino y Uno —su autor divino—  y aquellos por medio de quienes El habla (los autores humanos) expresan sus profundas estructuras de la experiencia. En este sentido, siendo la Biblia el hablar de Dios, su contenido es teología en el sentido restringido y propio del término; teología  no alude aquí a ninguna dialéctica mental o reflexión teológico-filosófica académica racionalizada y objetivada propia del contexto  occidental, en la que Dios es convertido en sujeto de premisas conceptuales entretejidas con hilos propositivos y argumentativos. Es así que se podría decir que, al igual que la poesía lírica, esta teología, poseyendo rigor discreto en sí misma, e involucrando una disciplina profunda, no tiene nada que ver con precisión conceptual  matemática; así lo evidencian, por ejemplo, los salmos (Antiguo Testamento) y las parábolas (Nuevo Testamento), si bien esta poética posee detrás de su lenguaje una verdad y un fin pedagógico transformador. En la teología señalada, lo lógico es remplazado por lo poético comunicativo; de ahí que desde el ángulo literario sea posible hablar de Teopoética y de Jesús de Nazaret como poeta.[7]

Fotografía: José Amador Martín

      En cuanto al segundo modo, este tiene que ver simplemente con el contenido y la estructura del poema. Es este modo el que permite, ya lo dijimos,  que la poesía lírica sea un suave hablar sobre el Dios Trino y Uno; esto es  cuando el poeta decide  volcar su persona e integrar discretamente en tal acto la teología —el Dios Trino y Uno—  en la palabra poética y viceversa, incluso en la forma del texto y mediante un lenguaje universal no místico —no religioso—, pero metafísico con jirones más de luz que de sombra. Esto concuerda bien con la más alta de las pretensiones de la poesía que es, además de conmover, deleitar y enseñar, sobre todo iluminar con aquella  luz que sale de entre las cenizas. Además de creador y dador del verso y la poesía, Dios puede ser su huésped; estos no siempre cantarán a los mustios cementerios, aunque la creación poética conlleve en sí misma un grito ahogado de experiencia; tampoco ellos cantarán siempre a la muerte nietzscheana de Dios ni siempre constituirán una toma de posesión de algún reino alejado del cielo. Consecuentemente, la poesía sin lenguaje místico puede ser también teológica, incluso en su forma o estructura. Tomemos un ejemplo:

TRIO DEL ALBA

+Nací en la planta de un pie errante que amasa asfalto
en constante cambio de humo 
en gerundio ayer, 
mañana en el pasado.
+Brotó mi cabello de raíces vírgenes,
+del vacío de brazos largos hasta el colmo.

+Cuando se amortaje el sol como noche que se viste en día,
+en la rayuela de mojadas hojas se haya orinado el lago de los eros,
+del estanque en cocción de flores ―miel de pajarillos―
se hunde el agua 
en la vena seca
de los huesos.

+El aullido de los lobos me resoplan su aliento que columpia mi respiro.
+El complot del llanto, de la pena, se astilla con la espuma de la boca,
la espada de odio 
quiebra se en el puño
de piedad de ángel... 
+Me callaré mañana porque en el silencio oigo el ruido de la paz del alba.  

LA INTERPRETACIÓN

      Ya que la creación estética se halla estrechamente vinculada a la hermenéutica o interpretación, requiere de ella; la misma obra, lo hemos dejado ver, es una especie de enunciado del artista, el poeta.  Por eso es que, incluso porque este hablar lírico discreto sobre Dios cuelga el baldón de la inteligibilidad que responde al estilo del poeta, exigirá del lector y, sobre todo, del especialista (el crítico literario) de un trabajo interpretativo que lo revele como tal: un suave hablar sobre Dios, en su contenido y forma; hay que recordar que el juicio que de la obra hacen ambos es en sí mismo ya interpretación.


George Reyes (Los Ríos, Ecuador, 1960) es poeta, ensayista, editor y educador teológico, teólogo escritor y presbítero ecuatoriano, residente en la Ciudad de México. Es licenciado y tiene dos maestrías en Teología, además de ser candidato PhD en Teología. Ha publicado dos libros sobre hermenéutica bíblica y es coautor de dos libros de Teología. Sus ensayos teológicos han sido publicados en revistas especializadas y en sitios virtuales tales como Ensayistas Hispanoamericanos. Sus dos poemarios son El azul de la tarde (Santiago de chile, Chile: Apostrophes Ediciones, 2015) y Ese otro exilio, esa otra patria (Santiago de Chile, Chile: Hebel Ediciones, 2016). Forma parte de la Antología de Poesía Mundial Poetas del siglo XXI y es miembro del Consejo Asesor Iberoamericano de la Red Tiberíades.

Las
fotos que ilustran el ensayo son de José Amador Martín

[1] Quedaría claro ya desde aquí que hablo de poesía lírica artística, diferenciada de la académica culteranista (que intercala referencias culturales) y de la de lenguaje prosaico versificado generalmente de corte social.

[2] Hay que recordar,  como bien afirman los teóricos  literarios,  que el arte es siempre un reflejo de su creador; toda voz poética es encarnación de una mira particular, como alguien ha dicho, aunque no en todos los casos ella puede hablar sobre Dios o ser teológica.

[3] O también un suave hablar sobre la dura y “líquida” realidad contemporánea, sin necesariamente lenguaje prosaico ni panfletario versificado.

[4]Nótese que  “todo poeta habla siempre en causa propia y nunca en otra; y lo llamará egocentrismo solo el que (adrede) no tiene en cuenta que esta ‘causa’ propia del poeta y solo de él, o sea lo dicho en el poema, se difunde al pensamiento de cada cual”, Carlos Javier González Serrano, “‘Microlitos’: los aforismos y textos en prosa de Paul Celan”, https://apuntesdelechuza.wordpress.com/2015/10/20/microlitos-los-aforismos-y-textos-en-prosa-de-paul-celan/>.

[5] Lo cual no quiere decir que la poesía sea solo un devaneo emocional sin intención comunicativa y sin ninguna encarnación de una mira de la realidad.  La poesía parte de la realidad del poeta.

[6] Sin embargo,  la poesía nunca alcanza a captar ni a expresar en plenitud el modelo ideal, vital, que el artista tenía en mente a la hora de crear  por medio del  lenguaje. Por eso hay quienes piensan que la poesía,  al tiempo que  refleja a su creador,  es un fracaso; Alvaro Arias, “La poética de Guillermo Carnero”, Verso Blanco (15 de octubre 2015), < http://www.ritmosxxi.com/poetica-guillermo-carnero-14056.htm>.

[7]Ver John D. Caputo, “Prólogo”, en Luis Cruz-Villalobos, “Poesía Teológica”, <http://www.crearensalamanca.com/vinculos-entre-poesia-y-teo…>. Se sabe, pues, que Jesús no pretendía tal intención.




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