Meriam Bendayán

Meriam Bendayán

El hombre

¿Qué es el hombre?
Pienso

Hablando están
mis manos de barro
cantando la canción conocida
que nadie escucha.

El hombre camina
en su afán
en sus ojos certeros
se vislumbra el dolor.

Y es nuestro barro
quien gime sin voz
a diario prosigue su delirio.
Nadie quiere mirar
el espejo sonoro
que muestra el ritmo zigzagueante
de nuestros propios engaños.

Transita el hombre
buscando limpiarse
usando sus mejores trajes.
Y la herencia
marchita anquilosada
clama en las arterias
tenebrosas del olvido.

He visto las manos alzadas
quebradas las rodillas.

Y la esencia, desplegada busca
pero el hombre se cubre
de excusas dispuestas
de razones calzadas
una tras otra
mientras el fango engañoso
duerme su propio consuelo.

Y la mente providente
espera
espera
y el espejo redondo observa
y la conciencia callada
despierta su sopor pausado
a los pies de quien guía
nadie calla sus múltiples miserias.

¿Qué es el hombre
para que de él te acuerdes?

Marco Martos y Meriam Bendayán


Cual tapiz

Fueron arduos los caminos
desplegados en constantes claroscuro
fueron vastos los sueños
que componían mares para buscar estrellas
y mudas poblaban mi piel cual emisarias
que vagaban en pos de lo perdido.
Sino caduco, vigente y sin embargo
necesario para al fin llegar.

Cuando tronó su voz
emergieron los torrentes de mil aguas
para quedar desnuda y despoblada
por entero descubierta
la absurda curvatura del yo
y el eje desgastado de mi piel.

La verdad saturada
simple como la lluvia
hace brotar la hierba de la tierra.
Como mudar escamas marchitas
y volver de la muerte
para recobrar la vida.
Aprendida la lección
encuentro silenciosa cada razón perdida
se fecunda la entrega
y mis pasos van regando este sendero.

Carente de cita,
vencida he llegado al lugar deseado
crece la tarea en mi pecho
iluminándolo todo
aunque no brilla igual ilumina.
Forjada bajo el dosel de tu arco
me cubriste cual tapia
para vivir, amándote.


Alguien nace


Perdí la brújula
y el camino atesorado
extravié sudores
y nadie lo sabe.
Todo en derredor
todo me fue quitado.

Quizá debo empacar
alegrías muertas
retazos de fotos y zapatos
sin tocar los pliegues
de nuestras heridas
sin rozar el precipicio
de tus ojos negros.

Desgarrando nadas
mutilando añoranzas
no hallamos el amor
salvo
tus pequeñas manos
resbalando mi cintura rota.

El rito titubeante
confluye
lleno de mentises.

Así declina
la batalla infructuosa
perece su marcha.

Aquí
dentro
alguien nace.

Cinta amarilla


Detrás del sequedal
crecen arrayanes.
Y la cinta amarilla
juguetea en el viento.

Sacudí las alas
que me fueron
dadas
curé mi patita
la que fue quebrada.

Y ligera
miré deslizarse
la cinta amarilla.

Ondea la brisa
armoniosa
todo calza
todo sugiere volar.

Desnuda
ejecuto la salida
pausada
despliego el vuelo.

Vislumbro repentino
del asombro
asomo fiero
tejiendo
filigranas bordadas.

El sol ilumina la tarde
y deslazada
la cinta amarilla
celebra su innegable victoria.

Las poetas Meriam Bendayán y Celia Flores

Corazón

Ese vehículo generoso
que traspone la frontera
invisible de la razón.

Arte lleno de remiendos
que incautado asoma lentamente
sus manitos a la luz de la ventana.
Y de pronto reflexiona en su curso
abrigado al calor de una piel
y lleno de sopor pregunta
¿cómo despertaré  la noche oscura?,
¿cómo empezaré el parto sin gesta ni luz?

He descubierto el dorso de tu espalda
he conseguido abrir la celda dura
y salir con el día cuando atisba la aurora.

Extiende tus alas rotas, corazón
corazón remendado
sediento del camino y sin cesar
bajo el sigilo de la gran mirada
sueña sin anuncio, sueña corazón.

Y  ahí, encumbrado en la cima, canta
canta donde tu Amor aguarda
y la libertad abre su entraña
y la vida levanta el sepulcro
y vas dando voces corazón.

Escapo

Cuando la noche llega
cuando llega la calma
todos duermen
aparentemente duerme también
todo lo que me persigue
duermes al fin
(eso espero).

Y sutilmente
como quien camina de puntas
levanto mis ropas
cojo mis pocas pertenencias
una bolsa de paja que contiene
el oro soñado
el azul de una mirada
un par de manos hacedoras
y un corazón nuevo
salgo a buscar lo no encontrado
salgo a buscar lo verdadero
escapo.

Acaso así
obtenga la mirada que tiña
de azul esta mañana grisácea
acaso, así
escapando encuentre al fin
el país de lo esperado
y tus milagrosas manos
y mi bolsa de paja
hallen la suerte de verterse.

Esperando están
el oro soñado
el azul de una mirada
un par de manos hacedoras
y un corazón nuevo.

Mientras en derredor
todos duermen.
Mientras pueda
saldré caminando despacio
saldré casi desnuda
sólo porto una bolsa de paja
es todo lo que tengo
todo.

Escapo silenciosa
para ser
al fin y al cabo para ser
la hora del parto está cerca
escapo, escapo.

Bendayán en la presentación de su poemario Mudanza

Parto

En la penumbra
la matriz se abre
y en su cáscara
partida
empieza, el parto.

Silencioso
el sacramento llega
el asombro nace
nace
como el águila
mudando plumas
y escamas.

Apenas anoche
entre cortinas raídas
entre sangres y espinas
brotaron
las alas anunciadas
desplazando el tatuaje
de mi vientre maduro.

Parto
de linaje perpetuo
de sudores
y entrañas abiertas.
Carente de aldabas
late
late solemne
propagando su vuelo.

El camino se abre
pienso
pienso en el albor que se desliza
en la brisa que atisba la cima.
Ahí voy enceguecida.
Ahí voy preñada al filo coronando.
Ahí voy naciendo en el vértigo
que sobrevuela el mañana.

Bendayán en un río de la selva amazónica peruana

Oh selva

Que brille el sol en mis pupilas
y que los crepúsculos suntuosos
se reflejen en tu cielo
y bajen para acariciar mis sienes.

Que los pájaros levanten
su vuelo sagrado
y traspasen el horizonte
con el festivo batir de sus alas.

Que la copa de tus arboles
Oh selva, sea mi cobijo
y almohada, también el sello
que me tatúe por dentro.

Que tus entrañas alimenten
y fecunden lo más hermoso
que tus faldas, bañadas
por mil ríos sacien la sed.

Que tus pechos gigantes
viertan lo más bello
entrelazando el botín
de la mejor esperanza.
Este latido misterioso
palpita plagado de verde
como río tributario de mi sangre
que nada más, te añora.

Con Samuel Bendayán, su padre

Sin ti

A veces cuando llueve me llega tu presencia
como si de pronto un ave sobrevolara mi ser
en busca de su nido.
Llega tu sonrisa cálida
tus amplias manos
tu abrazo dispuesto.

A veces cuando llueve
llueven mis ojos por ti.

Solo a veces,
cuando la añoranza gime su propia canción
y trae tus cantos de ayer, con el aire de hoy
tus tangos y tus valses
pugnando por salir como tus sueños
tu selva y su aroma lejano sobrevuelan mi ser.

Me dejaste colmada de sueños
caminando la esperanza de cumplirlos
uno a uno.
Me dejaste tu estrella, la que no está rota
tu reloj sin tiempo
un pueblo y un destino por extender
por componer mañanas.

Me dejaste tu bitácora de vuelo con mil odiseas
y mamá que como siempre dice que no llora
Sin ti
caminaré bajo el cielo de Abraham
mi discurso de fe.

Al abrigo de tu recuerdo
con la brisa de tus sueños reflejados aquí
iré a la plenitud de la estatura plena
para tomar las armas y asaltar victorias.

Surcando el sendero impalpable
con quehaceres diversos abro trocha
para desarraigar y plantar
como quien toca el lugar esperado,
caminos nuevos.

Por la gracia del Dios de nuestro pueblo
y por ti, papá Samuel.

A veces cuando llueve
llueven mis ojos por ti.

Costumbre

Vieja costumbre
hurgar
la pared oscura
de tus ojos
beber
la hiel amarga
de tu boca

Vieja costumbre
esperar
lo que no llega
delirio absurdo
de creerte

Voy
partiendo
el pan
a solas

Como
adolescente
solitario
masturbo
las sienes
hiero los talones
muerdo los dientes

Rito insano
de conjuro
vetusto

Más el puñal
nace afilado
para cortar
el caudal
enmohecido

Vencido
el miedo
revoco
el camino
sinuoso

Para instalar
la vida
vuelvo a nacer
desde tu tumba

(Inédito)

Ofrenda

Ahora
nace el rio
cuando silva
el viento

Ahora
menguo
en fusión
fecunda
Oh verdor
silvestre

Calza
la noche
al día
artesano
silente
cortando
el abismo

Nada
es igual
nada!

Canto
mientras
recojo
lagrimas rotas
en una latita
vieja

Danzo
descalza
mientras
llegan
coronas
a mi cintura
a mis talones
aun mi pecho
rebosa
favor y gracia

Brillan
mis ojos
y sin palabras
beso tu nombre

(Inédito)

Meriam Bendayán en Lunahuaná

Meriam Bendayan (Lima, Perú, 1957). Es economista egresada de la Universidad Ricardo Palma (1986). Diplomada en Contrataciones del Estado, capacitada en reconocidas instituciones gerenciales como ESAN, UPC o IPAE. Proviene de una familia de escritores y artistas originarios del departamento amazónico de Loreto. Ha publicado los poemarios “Mudanza” (2009), “La guerra Invisible” (2011) y “Puetka, un lugar para todos” (2013).  Poemas suyos han aparecido en diversas antologías y revistas literarias peruanas pertenecientes a colectivos de la Universidad Ricardo Palma, del Círculo Literario Viernes Literario o del Círculo Amantes de la Literatura. También en publicaciones de España, Chile, Estados Unidos, Colombia y otros países. Forma parte del Consejo Asesor Iberoamericano de Tiberíades.

TEXTO DE A. P. ALENCART PUBLICADO EN EL POEMARIO ‘LA GUERRA INVISIBLE’

La poesía como bálsamo, pero también como promesa. La poeta reconociéndose en la temperatura de su corazón y en el de los demás, buscando cumplir una misión de universalidad. Los poemas como garzas blancas portadoras de mensajes, libres ya del grande silencio que guardaban más adentro de la boca-madre. Así pienso tras merodear por los veinte textos que Meriam Bendayán ofrece en su castellano del Perú, en su verdeante musicalidad de transterrada, no sólo del precedente anclaje familiar (ésa selva y su espesura ardiente: “Quisiera, de pronto, navegar el Ucayali.”), sino también de otras errancias forzosas poniendo cerrojo a orientales tierras prometidas. Pero mejor, oigámosla: “Extiende tus alas rotas, corazón/ corazón remendado/ sediento del camino y sin cesar…”; “Soy la raza humana,/ que persiste en su marcha…”.

No se equivoquen al estimar sólo candor en las propuestas de Meriam Bendayán. El candor es ingrediente para la inocencia de su mirada atenta, proclive al necesario asombro. Ella ha ordenado sus textos en dos secciones, cual arcas de un cúmulo de gritos y plegarias. Indignación ante la bajeza de algunos, rastreros en pos de prebendas o favores (“Sólo hace falta beber la misma copa./ Y todos transitan en silencio la ruta marcada”;o estos otros versos: “Mientras caen argumentos y engaños/ persisten los dardos/ y voy aprendiendo el misterio de encontrar/ toda la victoria en un solo lugar.”); y además entrega al Dios de sus mayores, renaciendo en el Hijo, como cuando dice a su padre Samuel, ya fallecido: “Sin ti/ caminaré bajo el cielo de Abraham/ mi discurso de fe, caminos nuevos”. Y entonces empieza “el recuento sagrado de todas las cosas”; renaciendo en sus cánticos, que surcan de lo terrenal hasta ampararse en lo místico y lo divino. Tienen savia de Juan de Yepes y de Teresa de Cepeda y Ahumada (“Habitaré a tu abrigo y moraré bajo tu sombra;/ has llegado al fin, amado mío.”). Albergan semilla de protesta y Vida en Libertad. Aquí tienen el sencillo Pan Nuestro que ella promete a su hermana Martha; aquí tienen esa “Mudanza/ para vivir sin un lugar, bajo el lenguaje del agua prodigiosa/ que  cambia…”; aquí tienen las potestades del amor que ha destilado Meriam Bendayán.

Dedicando uno de sus poemarios





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