Colaboraciones, Marcelo Gatica

Cuando la poesía se oxigena con el Misterio. Comentario de Marcelo Gatica

Barro del Paraíso: Cuando la poesía
se oxigena con el Misterio

 En el principio estaba el Misterio. El Misterio era Dios. Dios era Misterio… Delante del Misterio se ahogan las palabras, desfallecen las imágenes y mueren las referencias. Lo que nos cabe es el silencio, la reverencia, la adoración y la contemplación.
Leonardo Boff

Barro del paraíso (2019), el nuevo libro del poeta Alfredo Pérez Alencart posee un claro sello bíblico pero que también se ancla en un rica intersección de la mejor poesía peninsular y el voltaje latinoamericano como lo señala el poeta Raúl Zurita en Arca de los afectos (2012).

Desde “Inscripición”, preludio con que abre el libro, constatamos su vocación de fe y la dedicación a su amado Galileo. Es que la labor poética en Alencart se cobija bajo el marco de la Palabra en mayúsculas y de su experiencia bio-bibliográfica como lo destaca en este pórtico: “No merma la Poesía que se abona con las raíces de un largo camino donde no han escaseado misterios y prodigios. Aquí me tienen en un apeadero de esa senda que se vuelve Palabra en mi corazón de hombre. Y aquí les dejo estos treintaitrés frutos escritos en 2010, resultado de un gozoso adentramiento en del delta del Misterio, aquel que siempre nos ofrece un punto de resistencia y al que se debe volver para encontrar lo íntimo que se acopla a la Esperanza”.

Barro del paraíso, junto a sus libros anteriores, va completando una obra orgánica y reconocible. Sin lugar a dudas, podemos referirnos sin prejuicios a la existencia del pensamiento poético de Alencart, que al dialogar con los textos bíblicos le otorgan una potencia versificadora y un  contenido inconmensurable a su obra. Una poética con este despliegue se deshace del prejuicio de lo religioso como opio y se sumerge en la tradición de la poética bíblica, lo cual renueva su propuesta estética.

Alencart nos propone un viaje al origen, a la esencia, a aquel barro prístino pero que paradojalmente se mantiene incólume. Uno de los hilos vectores es la luz y la sangre desplegada por el carpintero, que nos lleva al Génesis. Pero salvo un detalle. El tiempo para los hebreos no era dominado por el cronos lineal (occidental), ni por lo post ni lo moderno sino que el futuro adquiere forma de círculo. Es decir, el futuro se conjuga en el pacto antiguo y donde el presente también yace ensamblado al origen de los tiempos. La promesa hecha en el paraíso reclamada por el poeta para la vida y para resistir las embestidas de la muerte. Lo que constatamos en el tremendo poema que da el nombre al libro:

La sangre no arrepentida busca feudos ajenos,
faros para desertar del cordón umbilical, pira de huesos
quemándose más allá del muro que quedará sellado
con un torrente de lacre la amarilla madrugada
de las invocaciones y glaciales despedidas.
¿Quieres saber de mi desnudez con sabor a entrega?
Tiembla por aquí la suprema fuerza de los ruegos.
Retumba a los lejos la metamorfosis de una tempestad
que desbautiza
para que la espalda cargue sacos con tierra de castigo
o siglos de piedra y lenguajes laberínticos de Babel.
Reúno el barro de mi nacimiento para no enloquecer
ni aderezar el jardín con sortilegios cuya combustión
me destete bajo la atenta pupila de esta hora de justicia.
Fuera de los milagros uno siempre está a oscuras,
ocultando inmundas llagas, chocando con árboles
desgajados, gritando al tramposo espejo de los sueños.
Yo no juego a perder el camino cual hijo pródigo,
pero el soplo del deseo es huracán adherido al barro
que me tocó del paraíso, resucitando tras cada muerte
de mi carne sobre carne compañera, abrogando tiempos,
disponiendo que el sentir no se aparte del asombro.
¿Quién soy con esta sangre caliente que puede vencerme?
¿Quién me habla dentro de las durísimas leyes?
¿Quién será mi sombra si hay otra hirviente travesía?
¿Quién ganará la partida cuando el sol esté al revés?
Sigo con preguntas antiguas para este hoy menos vacío,
absuelto de tantos exilios por el Dios que me es bastante.
Pero ya no he vuelto a probar frutos que amargarían mi boca,
abriendo nuevo calvario en el pecho del Maestro
que conmigo va dondequiera que voy.

Portada de ‘Barro del Paraíso’, publicado por Ars Poetica, de Oviedo

Alencart no esquiva la realidad con todas sus paradojas y limitaciones. Asume hidalgo El valle de sombras, una de las figuras existenciales más potentes de las elegías de David en los Salmos. En este sentido el poeta huye de la caricatura proselitista de lo eclesial evasivo. La vida transita con todas sus oscuridades. Pese a la belleza de las metáforas, la realidad es sucia sanguinaria y la mayoría de las veces injusta. En este punto su voz poética se ensambla con la voz profética de Amós, denunciando las injusticias de la época. Como lo señala en el poema titulado “Larga vida a los profetas”:

Soy pobre y sé que dura es la noche del hombre
con hambre que poco espera de otra mañana,
hundido en la lluvia, ronco de frío, con los ojos
cerrados en medio del charco que moja sus sueños
para que nazcan muertos por el drama de todos los días.
Claman Amós y los demás, pero los poderosos
se marchan de la plaza sin ofrecer pan alguno
a las bocas con hambre, a los llenos de espíritu.
¡Báñalos, Señor, con el inmundo purín de los cerdos,
y repúdialos para que no te hallen ni en el fondo del mar!

Pese a la esperanza, el camino, y el reino que instaura el Galileo. El mundo está plagado de fariseos, falsos seguidores de Dios. Los llamados sepulcros blanqueados. Los fariseos permanecen arañando la fe de los que buscan la versión original del Misterio. Como se evidencia en el poema “Piedras” que alude al texto conocido del casi linchamiento de la mujer adultera, donde interviene el Galileo, instaurando la ética por sobre las costumbres legalistas de su época.

Hoy también muestra tu repudio a los falsarios
que no ofrecen consuelo bajo el fervor de su prisa
ni dejan de lado esos amuletos que les avasallan.
Por ello apilan juicios y prejuicios buscando tirar piedras
o cal viva sobre quienes están en palpitante mansedumbre.

En esta misma coordenada temática, destacamos el poema titulado “Los secretos del trueno” que muestra la paradoja y falta de integridad de los fariseos. El abismo que separa la palabra del hecho:

¿Hasta cuándo seguiremos desvestidos de la fe,
cuerpo a tierra y sin respiración que nazca del equilibrio
de sentencias y adoraciones?
¿Así estaremos varios siglos adelante, quemando
las palabras que dan vigor para resistir las tempestades?

En otro orden de ideas estamos ante una obra con fuerte contenido pascual. No por casualidad su presentación será en Semana Santa. Ya desde la configuración del número de poemas, cuyo centro es la vida desplegada del Galileo. Asimismo, los principios del Sermón de la montaña, emergen en los versos de cada poema. En esta coordenada, el sacrificio debe ser leído como apertura de esperanza e instauración del reino. Pues había que pasar el trago amargo y dejarse moldear.

En este sentido el cuadro Miguel Elías, el pintor de los poetas, muestra a Dios como el alfarero del hombre, y Cristo tomó el lugar de hombre, asumiendo como el barro la forma de vida propuesta por su Padre, experimentando dolor, y despojo como esperanza. Un Dios humano diría Moltmann en su lúcida obra, “El Dios Crucificado”. Es decir, un Dios cercano y creíble porque ha experimentado la desolación, y no está sentado en una nube de un Olimpo imaginario. Un Cristo creíble porque habita zonas marginales de la sociedad, donde el habitad es la intemperie, aquel valle de sombras por donde no hay esperanza, como se constata en el poema titulado “En el lugar de los hechos” de fuerte carga existencial que nos recuerda los salmos hondos de David.

Oh Dios, ¡que ya no corneen mis horas!, ¡que ya
no me hacheen desde todos los flancos!,
¡que ya no me chasqueen los dientes!
Mando la desgracia monte abajo y ocupo el lugar
señalado, blandiendo la espada que parte en siete
al jinete de la maldad

A. P. Alencart con Cristina Klimowitz, en el Ayuntamiento de Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)

 

Para Alencart la esperanza no habita un no lugar o topo imaginario. Una utopía movediza y líquida. Asume la misión de poetizar el Misterio. Lo sacro se ancla en lo terrenal. El apocalipsis no es la versión cinematográfica de películas americanas de un futuro inexistente. Ahora, hay que luchar con la bestia, con el egoísmo, con la invisibilidad de la desgracia y el horror del prójimo. Ahora es el tiempo de la resistencia del reino. Idea destacada en su bello y paradójico poema “Solo se profana lo sagrado”:

Y me hago ministro del misterio. Nada más deseo
que la íntima llamarada flameando dentro de mí
junto al cuerpo que sangra por todos. 

Cabe destacar que dentro del pensamiento poético-profético de Alencart la mujer es rescatada, otorgando un giro a ciertas añejas interpretaciones teológicas, dando espíritu poético a la letra. Una jugada un tanto temeraria y seguramente criticable para alguna escuela teológica, como en el poema “Al principio no fue así”: He aquí respuesta de Jehová: Una nueva relación habrá / por la fresca visión del Mesías que llegará para decir / “Al principio no fue así”; y serán iguales hombres y mujeres / que lo sigan, y aquel que se quite escamas de los ojos / reconocerá una apóstol en Éfeso y una diaconisa en Cencrea. En este giro el poeta rescata a Hulda, unas de las pocas profetizas del Antiguo Testamento. Hulda, mediadora con lo más Amado, ora en silencio/ Por el cumplimiento de la profecía horizontal.

En suma, estamos frente a un libro indispensable no sólo para el público de corte cristiano, sino para todo lector que gusta saborear de buena poesía. En Barro del Paraíso, se evidencia el crecimiento de una sólida obra teopoética construida en un largo tiempo reflexivo de los ricos textos bíblicos. Pienso que Alencart ha logrado posicionar y aunar en su propuesta Poesía y Teología. Áreas cuyas ondulaciones serían aparentemente diferentes. La poesía se mueve con una soltura que refresca los principios teológicos, pero que se nutre de estos mismos fundamentos. No hay que olvidar que el primer capítulo del Génesis, es uno de los más bellos poemas sobre el Misterio, un panegírico a la creación, y que el carpintero de Galilea nos dejó la más alta poesía en sus enseñanzas como un eco de aquel Misterio del origen, aquel barro del principio, aquel barro del paraíso que permanece intacto en las manos del Alfarero, que permanece en sus seguidores después de dos mil años.

Marcelo Gatica (Cauquenes, Chile, 1976), poeta y Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca, con una tesis titulada titulada: “Rodrigo Lira Canguilhem: Una propuesta poética en tiempos dedesolación”,dirigida por Carmen Ruiz Barrionuevo. Ha publicado los poemarios ‘El extramuro /Väljaspool-müüre’ (Estonia, 2018), ‘Anclado al Pescador de Mares’ (2016), ‘Crucial’ (con Pablo Gutiérrez, 2014), ‘Portafolio. Poemas a Pie de Página’ (Con Camilo Cantillana, 2014). En Chile publicó Barios buelos: boladas boludas’, del chileno Rodrigo Lira Canguilhem (Piélago Casa Editorial, Santiago de Chile, 2016), y en Estonia ‘Vientos del sur / Lounatuuled’, antología de poesía chilena seleccionada e introducida por él, con traducción de Carolina Pihelgas, Mariliin Vassenin y Helina Aulis. Tallin, 2015). En su país también publicó el poemario colectivo Taller Literario (2001), el libro de poesía a tres manos A-Trio Poético (2003) y poemas varios en Calíope, revista de poesía (2000-2003), obteniendo el Premio de Poesía de la UMCE (2003). En España y Portugal ha publicado en las antologías ‘Poesía para un existir’ (2010), ‘La hora sagrada’ (2010), ‘El paisaje prometido’ (2010), ‘O Divino’ (Portugal, 2011), ‘Poemas identificados’ (2013), ‘Arca de los afectos’ (2013), ‘He muerto… y he resucitado (2015), ‘Umbrales de la memoria’ (2015), ‘Un extenso continente (Castelo Blanco, Portugal), Salamanca, raíz de piedra y letras (2017), ‘Explicación de la derrota (2017), ‘Das Águas Á Dança das Folhas” (2018, Editoria Labirinto, Portugal). Ha recibido el Accésit del Premio Internacional de Poesía “Luis López Anglada” (Burgohondo, Ávila, 2008) y el primer accésit del Premio González-Warris de Poesía (Barcelona, 2012). Es sudirector de TIBERÍADES.

Marcelo Gatica leyendo en el Teatro Liceo de Salamanca (foto de José Amador Martín)


One thought on “Cuando la poesía se oxigena con el Misterio. Comentario de Marcelo Gatica”

  • Juan Carmelo Martínez Restrepo (JUAN MARES) 12/04/2019 at 8:08 pm

    Formidable texto donde se encomia no solo a la lectura de un libro poético para teoperegrinos y profanos, desde la lucidez de la palabra cuando ella se surte desde el mar de las páginas sagradas.

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