Poemas de

X ENCUENTRO DE LITERATURA CRISTIANA

El pasado 6 de abril se celebró el X Encuentro Cristiano de Literatura, en un acto realizado en el Aula Magna de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Este encuentro, organizado por la Asociación Cultural  Evangélica Jorge Borrow, contó con el apoyo de TIBERÍADES, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos. Aquí los textos presentados para el Encuentro, donde también se hizo entrega del Premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica 2019 a José Luis Andavert.

El reportaje fotográfico es de MGala, salvo las fotos de Escobar, Corral, Samprón y De Vicente, que son de Jacqueline Alencar.

José María Muñoz Quirós

Salmo en primavera

Porque nacemos,
ahora que es primavera,
y los días se alargan
como una inmensa cinta
de luz,
como una incansable
presencia de secretos veneros,
la vida reconstruye
sus efímeros pasos,
y se alarga en plenitud
hasta la cúspide
donde la cima del corazón alcanza
una nube de pájaros,
y el polen tembloroso
que cada flor emana
con insondable color
en los jardines, se diluye
hasta morir en las corolas
de los parajes del mundo.
Porque nacemos,
nos convoca la música del tiempo,
y escuchamos la llegada
de los gorriones que retornan
hasta el árbol secreto
que crece entristecido
en los bosques
que no conocen la memoria
de los lejanos paraísos,
la transparencia
de los abismos donde se asoman
los niños cuando sueñan.
Porque ahora
la fruta se colma
con una plateada pulpa de cristal,
con una gota de rocío
que se borda en las rosas,
y los días
se sumergen en una desbandada
de claridad
que se pierde en las copas
de los álamos blancos.
Y allí están,
descansando,
con la insondable voz
que nos habla al oído
del corazón, que nos va
dibujando
la presencia de lo desconocido,
el misterio que ahora se hace
palabra, verbo esencial,
sílaba derramada
en mí, y me transforma,
me impulsa a crecer sobre el barro
de mi silencio con un grito
que suena en mi alma
y me abre pasadizos secretos,
laberintos de espuma,
y un mar de amor
que descansa en las costas
donde la arena quema
en los cuerpos que esperan
otro sueño de sol, otra mañana
azul, ahora que es primavera
y Dios se viste con el traje
augural de las flores, ahora
que estoy también floreciendo
cuando pensaba que nunca más
tendría el ímpetu que la savia
del amor hace brotar en mi vida
otro fruto maduro y encendido.

Soledad Sánchez Mulas

Hombre-polilla del siglo XXI

(V El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz)

“Dichosas tus manos que se alzaron
y llevaron en procesión la cruz que se inclinó
y te dio la vida”
(Efrén el Sirio, Himnos sobre la crucifixión IX,1)


Sobre el hielo morado de la tarde,
tus silenciosas manos
acarician la luz.

Tus pies desnudos lloran.

Eres apenas una flor deshecha
sobre el cemento gris.
Ojos profundos de tanto precipicio,
labios de sal
de tanta y tanta lágrima.

Tan triste tu perfume,
tan largo el tiempo marcado en el reloj
de tus ojeras tristes.

Hombre-polilla del siglo XXI asido a mi cintura,
con tus ojos de sombra,
con tu boca de miedo,
con tu eterno temblor.

Mudos escombros por todas las aceras,
silenciosos capullos medrando en los cajeros,
dedos como carámbanos hurgando en la basura,
lejos de mí,
dentro de ti,
en tus ojos.

Me miras, Cristo mío, desde el ansia de su denso mirar.

La vida ruge en el mojado asfalto,
las voces pesan,
se empapa el corazón.

Sordos ante el susurro cireneo:
Simón detrás de mí,
urgiéndome a elevar el peso de su cuerpo,
el peso de tu cuerpo.

A sostener tu cruz.

Carmen Prada Alonso

Varada

Varada en el mar de tu luz,
bajo los rayos húmedos del alba,
siento el vértigo del júbilo
que me hace sonreír,
para que Tú me sonrías.
En este espiritual desierto
me llenas de amor sin plazos,
me siento ser, más que hacer,
me dejo seducir por ti,
renazco y me renuevo,
y el néctar de siempre Tú
me hace porción de tu pueblo.
Te escucho amorosamente,
sin distracciones,
y con firmeza proclamo tu primacía.
En mi alfar está al solaz
la alcarraza que guardará
la lluvia fresca de tu palabra,
y ofreceré agua al peregrino,
y el peregrino a otro peregrino,
cristianos unidos en tu amor,
semillas que fecundan
el vientre de todas las tierras.

Varada en el mar de tu luz
proclamo tu primacía.

José Amador Martín

Qué es la luz cuando oscurece…

¿Qué es la luz cuando oscurece la tarde y, perdidos,
nos aferramos a nuestro deseo último?
¿Estamos hechos, acaso, de esa luz que se agota
cual candela en el reino de la indiferencia?
¿Es acaso la espina de la Luz la que nos desgarra el alma,
la que nos vence?,
¿o un rosario de ausencias sobre el alma que nos devuelve
a nuestro tiempo de sombras…?
¿Es la Luz tu cara ensangrentada, la Luz de un  hombre
vencido de dolor, en la cima del orbe?

A tu luz, nuestro cuerpo de sombra, se nos muestra desnudo,
lleno de las espinas del desamparo.
¿Qué es la sombra? la espina de la falta de luz,
de los ojos cegados, del temor a la nada?
¿Los ojos del asombro cuando todo se escapa?
¿Tu cara ensangrentada en la cima del  Hombre?
¿0 un tiempo tendido de jardines marchitos, un rosario
de ausencias cuando todo está escrito?

Quiero encontrar al hombre en la cima del dolor,
al hombre sufriente que de rey fue coronado,
esa cima del dolor, interrogante, más allá de ser Dios,
más allá de ser hombre, al hombre en qué habitamos,
al hombre  que habita en las infinitas cloacas del espanto,
aquel que muere y enterramos cada día,
al hombre que somos en el triunfo y el fracaso,
Hombre coronado como rey y como esclavo
sobre el dolor de todos los humanos…

En tu imagen el sufrimiento es la espina diaria del dolor
incardinado en tu cuerpo, dolor que nos redime,
Jesús de ayer y ahora, vino que apuramos en nuestra noche oscura
que se puebla de fantasmas y temores, el hombre que somos
en el rostro que nos duplica en el espejo, el encarnado
en las vértebras y en los corazones que resucitarán algún día
cuando sean dados todos los abrazos que no pudimos dar,
en la memoria de los gestos.

La cima del dolor es una pregunta inquisitiva
alzada al cielo desde el peso del madero sangrante y doloroso,
la suma de todo lo que nos atañe más allá de los días
con sus dioses circulando y asentándose en altares,
deshaciéndose en oros y monedas.

¿Dónde habitas, Cristo nuestro, dónde está tu primera
y última pregunta , dónde tu corona de Rey?
La corona que es  gloria e Infierno, humillación
y cielo de los hombres.

La espina de la justicia nos dice que tenemos una ley
y según ella debe morir el hombre .
Aquí está el hombre, Jesús rendido y coronado de espinas,
objeto de burlas… un fantoche, un gusano.
Aquel gusano tronchado y medio muerto… ¿Donde está el Rey?
Acaso en el amor, rendido a la voluntad del Padre
y al amor incondicional a cada uno de nosotros.
Sin entenderlo, en la espina de la Misericordia,
Cristo reconstruye lo que los hombres destrozan con sus actos

¿Cuántas veces, Cristo mío, hemos sido nosotros las espinas?
¿Cuántas, mi Dios y mi Rey?

Juan Carlos Martín

Salmo 13

Para F., H. y familia


Pido permiso para apretar los puños,
para agarrar piedras de aristas infinitas y desmenuzarlas en polvo de grana y negro.
(Podría disolver peñascos de diamante con la furia de esta desazón sin cabeza).
Deja que agarre todas las hipérboles, que las apriete clavándolas en mi pecho.
Dame tregua para comerme todas las alharacas de huecos ancestrales,
para chapar con toda la estridencia las cancelas desde lo alto.
Concédeme, te ruego, aferrarme a ese hilo de concertina,
tirar de él con fuerza, que caiga la sangre en mi boca, en tu suelo.
Quiero, por una vez aunque sea, berrear como un crío,
molestar con mocos tu regazo.

Mañana, consentido quizás, volveré.
Mañana sabré hasta cuándo.
Abandonaré la mística de la vaca que mira el tren pasar.
Conoceré.
Cantaré.

Creo.

Verónica Amat

Coronado de espino

Oh ¡buen Jesús coronado de espino
clavándolo  con saña en tu cabeza
aquel sublime instante de grandeza
te hizo Rey de lo humano y lo Divino.

Fue una golondrina la que vino
a mitigar del odio la crudeza
llevándose en el pico con presteza
la espina que clavó un asesino.

Agradecida tu mirada triste
se hizo rosa la que fuera espina
ante el asombro de la impía gente.

Al pensar hoy, Señor, cuanto sufriste
quisiera ser como esa golondrina
sacando  cada espina de tu frente.

Araceli Sagüillo


Poema de la vida

Se llega hasta el fondo de la vida
entre candor y besos escondidos,
entre suspiros y perdones,
deriva la batalla.

Hemos pecado y perdonado
hasta la imaginación más severa,
hemos vivido en el contraste
agridulce de los siglos,
tragando palabras y llorando
hacia adentro.

Se secaron los árboles ante el deterioro
de nuestra sombra,
y queda solo un abedul
robando a su propio corazón.

En él la fuerza de las noches,
las tormentas sin sol, las lluvias
borrando gestos de algún dolor.
Nadie conoce las señas de la vida,
ni encontró el misterioso destino,
adormecido y resignado.

Nadie está seguro cuando escucha
su propia historia, en boca de otros labios.
Hay palabras que nunca se dicen,
porque son impronunciables,
sin embargo sirven,
para el deslumbramiento de algún
sobresalto.

Elena Díaz Santana

Todo es luz en ese instante

No sé desde donde me hablas, Señor,
para zarandear mi quietud y hacerme temblar.
Dime, Padre, dónde encontrar lo sagrado
en el ruidoso fragor de los días,
dónde el silencio y el tiempo demorado
para escucharte
y hallar en la caricia de tu voz,
las brasas con que ofrendar al hombre,
que porta, como tú, acacias en su frente,
ya sin flor y sin espinas.
Yo humilde poeta,
deseo encontrarme contigo
en el refugio de la palabra,
y sentir a su arrullo,
que hay razones para la esperanza,
aunque el camino sea angosto,
o hayan profanado lo más puro.
Confío en el abrigo de tus alas,
sobrevolando el albo territorio donde escribo,
pues semejante al de tu pecho,
es su cobijo.
Soy poeta que escribe en la orilla de la mar,
allí donde encallan los sueños,
que todos mis versos pertenecen al hombre
y nacieron para honrarte.

José Antonio Valle Alonso

Debió de ser un día en primavera


Debió de ser un día en primavera
¡Tan azulado, Amor, Tan azulado!
Enséñame a mirar a cielo abierto,
este cielo del alma que derramo.
En las riveras del sueño deslízate
por los pliegues humildes del descanso.
Tiende tu melodía inacabada,
siempre en germinación, tiende tu bálsamo.
Esta mañana, esta mirada limpia,
al cielo que serena mi voz y hablo
sin titubeos, calma, el aire lleno
de inocencia, de luz, abierto al grano
de la palabra, así, sola en la entrega
cercana para el vuelo bien templado.
Esta mañana, ahora, esta mañana,
a voleo los ojos y los labios.
Debió de ser un día en primavera,
un día como el de hoy, lleno de pájaros.

Francisco Javier Sánchez

Cristo del Calvario       

(de Gabriela  Mistral)

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén

Gloria Sánchez

A ciegas

Bajó para mí una estrella.
A ciegas…
Cuando caminaba a ciegas,
La noche bajó una estrella,
Desveló el secreto oculto
Deslumbrando mi interior,
Y caminé con ella a ciegas…
Y Aquel infinito Ausente
Que en mi alma persistente
Sin esfuerzo se instaló
Siendo el Dueño de mi vida,
Profundizó en su mirada
Y con manos entrañables
Acariciándome el alma
Desbarató la penumbra,
¡Y ya no fue más ausente!
No hay distancia que lo aleje,
No hay misterio que lo oculte,
No hay ceguera que lo ignore.
Su apariencia es humildad
Y su humildad esperanza p
Que adorna su dignidad.
El da sosiego y reposo,
Y al rescoldo de Su hoguera
Presiento su proximidad,
Y latido tras latido
Profundiza lentamente
Colmándome de su Gracia,
Quitando así la ceguera,
Ofreciendo la mañana
Con la aurora que la envuelve
Comenzando un nuevo día
Que regala sin dudar
La bendición de Su paz.
¡Que esa aurora sosegada
Bajó para mí una estrella
Y ya no camino a ciegas
Que se iluminó mi noche…
Con la Promesa más bella!

Sofía Montero García

Esencia  del sentir

Duerme el viento
en el silencio de un amanecer,
de una voz eterna
que clama en mi piel:
paz para la vida.
Destellos de cielo
brotan en mi ser,
abierto a un mar
de azules sentimientos.
Caminos de justicia
surcan palabras
de aliento y libertad.
Cristo, con su ejemplo,
guía mi sentir
con la verdad del amor
para vivir la esencia
de un nuevo pensamiento.

Leopoldo L. Samprón

Testamento

Os dejo la vida
sentada en la puerta
para que la llevéis
al lado del parque
y que todos los niños
jueguen con ella.

Os dejo el cariño
colgado en los árboles
bajo un roto paisaje
de luna y de agua.

Os dejo los versos
con aroma de trapo
hablando pausadamente
con anacronismos en la boca,
y la imagen del mar en sus ojos
para mirar dentro
de una inacabada melodía.

Os dejo en el río,
un cielo brumoso
con gaviotas verdes
de horizontes marinos.

Os dejo en la mesa
el dolor oscuro del pecho
y el plato vacío que quiere
llenarse de sol y de olas inmensas.

Y en la calle os dejo
un bosque de abrazos
orilleado de flores
nacidas del cierzo.

Os dejo la tarde
y el sol de las cuatro
y la Biblia abierta
para que la oigan
en la plaza del pueblo
y crean su historia.

Os dejo un vacío
llorando en el viento;
y con la luz en las pupilas,
camaradas…
me marcho en silencio.

En el desván
se quedan los sueños
con alma de nieve,
esos, también os los dejo

Marian de Vicente

Ante la corona de espinas

Miramos al censor, al que legisla, al escriba, al fariseo, al que juzga, al que vuelve la espalda, al que se lava las manos, al que mira y se calla, al hipócrita, al tibio, al que mancilla, al que teme perder poder, control; al que niega o traiciona… apuntamos a otros, miramos a otro lado, y así nos alejamos de mirar a la cara a todo lo que anida, más o menos velado, también en nuestro yo.

¿Cómo ir desengarzando
de tal corona espinas sin dolor?
Pero tú nos llamaste a la alegría

Despojado, Señor, y coronado
de espinas que forjaron nuestras manos.
Por cada espina, un gesto
tuyo nos interpela: si clavamos
una espina, tus ojos
nos enseñan a ver,
a contemplar al otro; si clavamos
una espina, tus manos
nos sanan, nos liberan; si clavamos
una espina, multiplicas tú el pan,
haces vino del agua.
Despiertas al dormido,
te apiadas del pequeño, del herido,
del aislado, del triste, del postrado,
de la mujer que juzgan
los que no se miraron a sí mismos,
devuelves a la viuda
a su hijo perdido.
y haces descender
al ofensor, ahora el ofendido,
que se alza para verte, y le conviertes.

Si clavamos
una espina, nos haces
descender,
te alojas en nosotros,
nos conviertes, nos das
la vida que no cesa.
Y contigo, ya en ti, resucitamos.

Allí donde forjamos
tu corona de espinas, tú nos muestras
tu reinado de Amor, el que perdura.

Vuelvo la vista. Trato
de perseguir tus huellas,
tu tiempo caminando, y voy
poco a poco, una a una,
arrancándote espinas.

¿Cómo desengarzar
sin dolor las espinas?

Por cada ser que empieza a ver,
por cada ser que se despierta,
por cada ser que recupera
la voz y la palabra;
por cada ser que vuelve a caminar,
que se pone en camino;
por cada ser que cae y se levanta,
por cada ser que es visto y es mirado,
que es reconocido,
que es atendido, que recobra
su altura y dignidad,
que recobra la vida;
por cada ser que sana cuerpo y alma,
que calma su hambre y sed
de alimento, palabra y esperanza;
por cada ser que cobra confianza,
que recobra inocencia,
que es purificado, liberado,
van cayendo, una a una, las espinas.

Manuel Corral


Recordando a Teresa, la andariega

Señor,
necesito oír tu voz clara
para orientarme en el camino
y llegar a tu ventana, ver tu rostro,
perderme en tu mirada.

Pero grita, alza la voz, no te calles,
aunque rompas tu garganta.
Te busqué desde las cumbres,
no te hallé en casa extraña,
recorrí los campos yermos, desolados,
silenciosos, tratando de escuchar el aire
porque aguardo tu llegada.

¡Ven Jesús!, que sin Ti todo me falta.
Porque te anhelo, Maestro,
mientras tanto, aparejo
en los lomos de la acémila mi carga.

Samuel Escobar

Allá va José Luis


Allá va José Luis:
recorriendo su España
o las rutas de América
con empeño sin par.

Allá va José Luis:
para que la Palabra
llegue a muchas más gentes
con estilo sin par.

Allá va José Luis:
ufano negociando con unos
y con otros:
¡Qué afán de difundir!

Hoy por todos los medios
tiene que difundirse
de Jesús el mensaje:
¡Y allá va José Luis!

Valencia, abril 2019

Alfredo Pérez Alencart

Renuente a la discordia

Traspasas
las noches de tormenta
usando atajos
para no toparte con
perros furiosos.

Entre ladrido y ladrido
cierras los ojos

y oras por ellos,
para que no se desesperen
cuando te sepan
feliz,

abriendo un regalo
que ni siquiera solicitaste.

Ése que sale en fuga
eres tú, renuente
a la discordia

pero en firme abrazo
con nuestro Amado
galileo.

(para José Luis Andavert)

Alencart, Andavert y Fernández
Montero, Sánchez, Díaz, Prada y Alencar, en la entrada del Aula Magna



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