Luis Cruz-Villalobos, Poemas de

Luis Cruz-Villalobos

ATISBO A TU INMENSIDAD

Si te miro
todo se embellece
Y no es común que lo haga

Si te miro

¡Señor
qué hermoso eres!

Un atisbo
Un mirar casi de reojo
Un pequeño roce con mi pupila

¡Señor
que inmenso eres!

Un atisbo a tu inmensidad
Y todo cambia
como de la tierra al cielo

Si te miro
todo se ilumina
Y no es común que lo haga

Si te miro

¡Señor
qué distinto eres!

Que otro
Que totalmente otro eres

Si miro mi cara
Mi rostro y mi luz
Nada

Si miro a otros
Nada

¡Señor
qué único eres!

Un atisbo a tu inmensidad
y todo cambia
El cielo baja
y la tierra sube
y yo en ella

¡Señor
qué tierno eres!

Una mirada somera
Recatada
Casi furtiva
y todo se llena de Ti
y respiro
siendo otro
Nuevo
Esperanzadoramente nuevo

Allí Tú
Inmensamente personal e infinito

Aquí yo
Pequeñamente personal y finito

Allí Tú
Gloria primera y última

Aquí yo
Vanidad de hoy

¡Señor
qué glorioso eres!

¡Señor
qué vacío y efímero soy
ante tu presencia!

Y un atisbo
Un suspiro
Una gota en mi frente
Un beso solar
Y todo está allí
y luego acá

Luego un gesto mío
dirigido a Ti
Un te quiero y un gracias

¡Señor
qué amorosamente santo eres!

Foto de José Amador Martín

 

ORACIONES EN ALGÚN DESIERTO

I

Mi pecho sabe a arenas extensas
Mi pecho está seco
al caminar largos años
Y su sencillez de claro madero
se ha gastado

Estoy triste
Y desde estas tierras de dunas
y soles aguerridos
Te lanzo estas piedrecitas a tu ventana
Alto vitral de tu invisible casa

Aquí me tienes
Pobre como siempre
Diluido en dolores ocultos
con una carga nueva
Un cansancio que sabe a pena

Estoy opaco
Por no verte como quisiera
Por sentirte tan callado
Tan expectante por mí
Por mí
Que no sé distinguir entre mis manos
Que no sé leer el viento
ni cantar alegre en medio de la lluvia

Mírame mi Dios
Ve estos ojos pardos
gastados de mirar el horizonte
que siempre se aleja
Cansado de amar
Poco y todo
Nada y menos

Ven a mi noche
A mi desierto
desde donde a Ti clamo
como quien lanza piedrecitas
a la ventana de la amada
en plena noche
Silenciosa
Soñolienta
Para que se inicie el encuentro
luminosamente tibio
Furtivo y por poco
eterno.

III

Varias veces has llegado a mi choza
con tus obsequios de vida y de luz
Yo estupefacto
me he levantado
y no sabiendo qué decir
te he besado los pies
que misteriosamente no cubres

Varias veces me has venido a ver
por las noches
justo en medio de mis pesadillas
y con tu brazo de padre
has espantado a los que me espantaban
como quien aparta las moscas
de un pequeño panecillo de miel

Varias veces me has dicho al oído
que me amas
que me tienes gran cariño
y yo te he respondido con dos o tres lágrimas
y Tú has sabido entender
y me has alzado como el niño que soy
para Ti.

Foto de José Amador Martín

DIOS ROJO


A Patricia

En esos días lejanos
de descontentos y utopías
Dios decidió sumarse
a las filas de la roja revolución

Era extraño en Él
apoyar una causa tan dura
Especialmente una causa
donde se le consideraba ausente por definición
Pero allí estaba
Uno más en las huestes
que lucharían por el pueblo
hasta que el pueblo
fuese lo que siempre debió ser
Su propio dueño
libre y soberano

Recordó
para motivarse
Esos párrafos de San Lucas
donde describía a la primera comunidad
de nazarenos en Jerusalén
como hermanos y hermanas
que vendían todo lo suyo
Personal
Privado
Para hacerlo nuestro
De todos y cada uno
y le encontró más sentido
a su gesto de utópica decisión

Allí estaba Dios
siendo adiestrado
por esos jóvenes soñadores
que habían llegado desde la isla
y manejaban al dedillo
Rifles y fusiles
Bombas y explosivos
En fin
Herramientas del cambio
Recursos para la roja transformación

Dios tenía sus dudas
en especial
cuando aprendió a ocupar
aquellos cuchillos
de filo sin igual
Estos debían dar un veloz saludo
por las gargantas de los infelices
y listo
La vida volaría
como quien dice basta!

El entrenamiento fue completo
Aprendió a olvidar los nombres
y los números
Se hizo experto en amnesia
para resguardar a los compañeros

Pero una noche
La más oscura de todas
mientras Dios meditaba en silencio
Soldados vestidos de guerra
le capturaron en su casa
y lo llevaron ciego
a salas desconocidas
Donde conoció la muerte de muchos
Donde aprendió de golpe
el rostro más macabro de los hombres
Donde supo que muchos de aquellos
que Él había creado para el amor
No eran más que demonios encarnados
Bestias sin conciencia
que arrancaban palabras
con la violencia más experta y grosera
La más bastarda y siniestra

Dios lloró
Nunca lo había hecho de tal modo
Lloró de miedo
De pena
De rabia
De hambre y sed
De asfixia repetida
De espasmos eléctricos
De pudor violado
De silencio fiel y viril

Dios Rojo
Ensangrentado
Soñador
Equivocado o no
Da igual
Quién sabe dónde quedó
No hubo lápida
No hubo tumba
Fue un desaparecido.


VIVO POESÍA


Si acaricio demasiado mis palabras
no tendré tiempo
de besar a mi hijo
ni de hablarle con mis ojos
ni con mis brazos de nido

Por eso callo
y en vez de escribir poemas
vivo poesía.

Foto de José Amador Martín


IMAGINA

I

Imagina las mañanas infinitas
El sol dibujado sobre las ventanas
como amigo
Un saludo al nuevo día
que no es saludo sino alimento
Todos los pajaritos
cantando sobre el aromo
Y un abrazo
que traspasa las almas y el tiempo
Y mil suspiros
sobre los húmedos pétalos
Y millones de danzas
sin suspenso
Y nuestro matutino diálogo-divino
Y un desayuno modesto
pero de la mano con la paz

II

Imagina los días infinitos
El sol dibujado sobre nuestras cabezas
como amigo
Una permanencia juntos
que no es permanencia sino alimento
Todos los hijos
jugando sobre el aromo
Y una caminata juntos
que traspasa los muros y el tiempo
Y mil suspiros
sobre los pétalos húmedos
Y millones de danzas
sin suspenso
Y nuestro diario diálogo-divino
Y un almuerzo modesto
Pero de la mano con la paz

III

Imagina las tardes infinitas
El sol dibujado sobre nuestras espaldas
como amigo
Una despedida al viejo día
que no es despedida sino alimento
Todos los hijos bajando del aromo
Y un retorno al hogar
que traspasa el cansancio y el tiempo
Y mil suspiros
sobre los húmedos pétalos
Y millones de danzas
sin suspenso
Y nuestro vespertino diálogo-divino
Y una once modesta
pero de la mano con la paz

IV

Imagina las noches infinitas
El sol dibujado en el recuerdo
como amigo
Una permanencia juntos
que no es permanencia sino alimento
Todos los pajaritos durmiendo en el aromo
Y un abrazo
que traspasa las almas y el tiempo
Y mil suspiros
sobre los pétalos húmedos
Y millones de danzas
sin suspenso
Y nuestro nocturno diálogo-divino
Y un café modesto
pero de la mano con la paz.

Foto de José Amador Martín

JUSTO AHORA QUE ESTOY MUERTO

Qué recuerdas de mí ahora que estoy muerto
Qué tela se pinta en tu memoria difusa y clara
Qué espectro soy en tu pecho revoloteante

Dime dónde fueron a parar todos mis libros
Ahora que estoy muerto por los siglos amén
Dime dónde quedaron tan tristes y solitarios

Qué fue de mi música en sistemas binarios
Qué fue de mis poemas compulsivos en masa
Qué fue de mis canciones y de mis pinturas

Dónde quedaron mis bienes verdaderos
Esos pequeños tesoros que ya no recuerdo
Esas cosas que se abrían y cerraban y se iban

Dónde fue a parar mi guitarra negra y lacada
Esa que guardó algunos cantos y parió otros
Dónde fue a parar su aliento y su peso leve

Y en qué lugar quedaron mis penas y alegrías
Mis lamentos amargos y mis sosiegos extensos
Mis prisas y mis tareas siempre nuevas y bellas

Dónde quedaron los registros de rescate
De los que venían a mí buscando hilos ariadnos
Para escapar de las laberínticas y duras historias

Dónde han quedado ahora que ya he muerto
Mis vegetales predilectos junto a mi café
Mis panes y mis dulces que tanto me visitaban

Qué fue de mis lentes y de mis cinturones
De mis aparatos electrónicos y siderales
Que supieron tanto de mi centro y mi noche

Dónde fueron mis palpitaciones y mis besos
Las suaves manos mías que tanto te recorrieron
Y que sostuvieron tu cara y la mía en ocasiones

Y mis ojos dónde quedaron mis delgados ojos
Su miel oscura dónde fue a parar después de todo
Su persistente búsqueda de belleza dónde quedó

En fin querida y amada vida de mi pecho silente
Dónde fui a parar con mi mundo palpable
Justo ahora que estoy muerto por unos siglos amén.

 

Foto de José Amador Martín 

BREVES SALMOS DE SONATAS

I. Adagio

Mi Señor bueno
Cómo no cantarte con mis manos
Cómo no besarte los pies con mi música
Si todo lo has hecho para mi bien
Cómo no abrazarte desde de mi centro
Si tu luz es la luz
que me ha hecho cantar de alegría
Y me ha saludado cada mañana

Mi pecho se llena de la música de tu silencio
Y no tengo espacio para seguir en mí

Qué bello es tu rostro de atardecer
Tus ojos de medio día
Tu pelo estrellado
Tu boca de madrugada
Que perfecta es tu faz de eterno Creador

II. Allegro

Déjame danzar casi sin tocar la tierra
Pues Tú me llamas por mi nombre
Y me confortas el corazón
Déjame danzar la danza de la vida
Déjame cantar el canto del amor
Déjame proclamar el verbo de la luz
Pues Tú eres mi luz y mi vida y mi amor

Cómo lo haces para llenarme tan pleno
De tus sonidos de eternidad sencilla
Cómo lo haces para disfrazarte
De melodía sin igual
Cómo lo haces Padre nuestro

Bellos son tu cantar y tu caminar por mis horas
Bella es tu danza sin igual
En mi memoria y mi sueño y mi día

III. Andante

Pero en las horas lánguidas
Mi pecho se aprieta contra sí mismo
Y tu abrazo se extraña
Y tu abrazo se sueña
Como se sueña una vida más tierna

Pero quiero agradecer
Tu regazo invisible
Quiero agradecer
Tu regazo firme y paterno

Mi corazón es pequeño
Mi corazón es cada vez más de niño
Mi vida es mansa para Ti
Y quiere serlo infinitamente más
Para así con tu yugo ir camino arriba
Y descansar en tu promesa de paz

Quisiera no llorar en el lo hondo
Pero las rocas son duras y la lluvia es fría
Y el viento cierra los ojos
Y la arena se arrastra en la piel

No quisiera olvidarte
Pero perdona Tú mi dolor
Perdona mi sangre oculta que escapa

IV. Allegro

Sin embargo siempre me alzas
Desde las mazmorras oscuras me alzas
Desde las fosas abismales me recoges
Como sólo Tú sabes hacerlo
Padre
Sin demora
Padre
Sin desprecio
Padre
Sin violencia
Me recoges y me alzas
A las tiernas nubes de tu amor
Y allí vuelo completo
Y sé dónde volar
Y sé dónde reposar nuevamente
Pues Tú le das a mi vida su sentido y su rumbo
Tú le das peso a mis horas
Le das sal a mi sangre
Le das luz a mis ojos y pan a mis manos

Eres-el-que-eres
El-que-está
Y cobijas mi corazón de gorrión
Como tesoro eterno sin que lo sea
Aunque termina siéndolo para tu corazón infinito.




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