Poemas de

Ingrid Zetterberg. A mi amado Señor Jesucristo

  • Fotografía de portada de José Amador Martín

HIMNO DE AMOR

Ya viene por los montes
el aroma de los olivos
y llena los estanques
de escogido perfume.

Ya viene tu luz
a rodearme
como antorcha de eterna flama.

Me sobrecoge tu presencia,
el rumor de tus pasos
en el extenso valle.

Ven, rodéame
con tu cinta de oro,
dibuja trenzas
en mis cabellos,
que yo te entrego mi alma.

Melodías de violín
se extienden en la oscuridad
entre la danza
de las luciérnagas.

Ven, y dame a beber
del vino grana de tus manos
que hace arder mis labios
de intensa sed.

¡Ah! mi voz es débil murmullo
que implora,
que canta este himno
a tu hermosura.

¡Ah! mi Jesús,
el que se adueñó de mi esencia,
tú lo eres todo
en la plenitud de mi vida.

ALLÁ

Señor,
vuelve tus ojos a mí.
Allá,
sólo un poco
más allá
está el bosque
de cristal,

y en sus aguas
compasivas
quiero mecer mi descanso;

y recoger
en el vacío
una música olvidada,
para ofrecerte
en la armonía
mi danza silenciosa.

Fotografía de José Amador Martín

TUS OJOS

¡Tienen tus ojos
tan bella inocencia!

Mas todo lo insondable
e inmenso de la vida
encuentro en tu mirar.

Resplandor y oscuridad
son tus ojos para mí,

pues tu mirada lleva
claridades y brumas
entrelazadas.

En ella descubro la vida,
en ella se esconde la muerte.

VERDAD DESNUDA

Dios existe,
no tiene rostro
ni tiempo,
pero lo llevo dentro.

Y en esta lluvia
de verano
asoma su piedad,
¡irresistible!

Dios existe,
jubiloso y triunfante
va conmigo,

pero a veces
desde mi fondo
y mi silencio
lo siento triste.

Fotografía de José Amador Martín

LUZ INTERIOR

Buscar tus frescas aguas
entre mis secos caminos,
y morir de esta sed
que yo muero
al pie del arroyo dormido.

¡Vivir para no vivir,
qué inútil existencia!

No me cierres esa puerta,
déjala entreabierta,
por allí asomó tu luz
hasta tocar mi sombra vieja.

Buscar tu fuego
y sólo hallar cenizas
por estos fríos caminos
manchados todos de gris.

¡Vivir para no vivir,
qué inútil existencia!

Tu música le basta
a mi cansado espíritu,
¡cuántas veces te he hallado!
¡cuántas veces te he perdido!

ASÍ ES MI PAZ

¿Qué será
esta nueva paz
que habita en mí?

Suave, como la espuma
que se desliza
en la sinuosa orilla.

Meditabunda,
como caminante
en una playa de invierno.

Así es mi paz.

No supe de su comienzo,
y no sabré
de su final.

Y yo sé que ahora
vive en mí,
silenciosa.

¿Vino mi paz
de aquellas altas hojas
prendidas en las ramas?

¿O vino del mar
agreste
que en su rugir me llama?

Mi paz viene
de tu Espíritu,
lejano e intangible,

que sabe retozar
entre las flores,
con deleite de niño;

que sabe amarme
como un amante
inmortal.
 

 
Ingrid Zetterberg (Lima, Perú). Estoy casada, soy cristiana, tengo cinco hijos y tres nietos. Escribo poesía desde los once años de edad. En 1,985 obtuve una Mención de Honor a nivel nacional en el concurso de poesía “Manuel González Prada”, y en 1986 me otorgaron el Primer Puesto a nivel nacional en el concurso de poesía “César Vallejo”, ambos certámenes convocados por la Asociación de Poetas del Perú. Toda mi obra está registrada en Safe Creative Cta. 1006080193112.




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