Daniel Cotta

Daniel Cotta, Dios a media voz



DIOS A MEDIA VOZ

Premio Nacional de Poesía Mística (Albacara) San Juan de la Cruz 2018

(fragmentos)

Me has tocado, Señor, has sido Tú.
Lo has hecho con la punta de los dedos.
Andaba entre el gentío y me has parado.
Me cercaban sonrisas y quejidos,
Se me agarraban a los hombros sueños,
proyectos de grandeza.
Sentía manotazos, empujones.
Y de pronto,
¿quién me ha tocado?
¿Quién?
¿Quién me ha rozado
la túnica del alma
que he sentido un poder en mis adentros?
Como si el arco de un violín rindiese la voz de los cañones,
como si el vuelo de una mariposa detuviese un glaciar,
tu mano me ha parado,
me ha querido
en mitad de mi vida,
en mitad de mi muerte.
¿Para qué?
¿Qué milagro, Señor, quieres hacerme?

Foto de José Amador Martín

Escarba en mi interior y busca a fondo:
muy dentro está esa parte de mí que era tu imagen,
tu semejanza ya descolorida,
borrosa por el paso de mi carne.
Aparta paletadas de ceguera,
cava sin tregua hasta encontrarme el ángel.
Y entonces, esa espina
que te maldije antes
traspasará mi alma
igual que el sol, quebrándose,
traspasa el claro corazón del agua.
Preñadas de oro dejarás mis márgenes
y —ahora sí— en el fondo,
Señor, podrás buscarte,
seguirte
y encontrarte.
Y me dirás dónde quedó clavada
la punta de mi espina. Fue en tu sangre.

Me has tocado, Señor, has sido Tú.
Me has brindado una astilla del Madero
para que yo la lleve,
para que vaya acompañando a otros
que llevan sus astillas al Calvario,
en una procesión que abarca el mundo,
en una marcha que se llama Hombre.
Subimos lentamente,
sufrimos lentamente.
Algunos arraigamos en las piedras
o vamos encorvados hasta el suelo,
con el alma colgando por la boca.
Nos pesa nuestra astilla,
no podemos con ella.
¡Y aún queda tanto hasta llegar al Gólgota…!
La sangre y el sudor nublan la vista,
tanto, Señor, que ni siquiera vemos
que somos las astillas,
que somos el Calvario,
que somos esa Cruz,
que Tú nos llevas.

Foto de José Amador Martín

Embriágame, Señor, colma mi copa,
que se me suba al corazón tu amor.
Agítame, sacúdeme, descórchame,
que estalle el géiser ebrio de mi vida,
que toque el sol y luego inunde el suelo.
Para que Tú me lo emborraches todo,
para que todo me parezca Tú,
y vaya haciendo el loco por los días,
los años y los siglos.
Que sea regocijo, luz, burbuja,
que diga yo tus obras
en todos los idiomas del silencio.
Y cuando me derrumbe la resaca,
acércate otra vez para esperar,
para salvarme.

Me has tocado, Señor, has sido Tú.
Lo has hecho con la punta de los dedos.
Yo andaba distraído por los años,
obeso de esperanzas ya cumplidas,
como buscando nada.
Y de repente Tú,
Tú me has tocado.
Me has rozado la túnica del alma
y has volcado el milagro en mis adentros.
Y dolía.
Dolía, pero amaba.
Era metal fundido quemándome las venas.
Era metal que, al enfriarse, es oro.
Eso era mi dolor:
oro fundido.
Y ahora que percibo sus quilates,
ayúdame a tallarlo, a someterlo.
Que sea una medalla en mi garganta,
que sea una alianza en mi anular,
que sea un corazón, un lirio abierto,
que sea una sonrisa,
que sea la mañana,
que sea una oración,
que seas Tú.

Foto de José Amador Martín

 

Ese era tu regalo: amor y gracia,
envuelto bajo el lazo del dolor.
¡Y mis ojos, sin verlo!
¡Mis manos, sin abrirlo!
¡Y Tú, llama que llama al corazón!
Abierto para Ti lo tengo ahora,
abierto para que entre bien el sol.
Tú cántame, Tú enséñame al oído
el idioma de Dios,
imprime en mi cabeza la sintaxis
exacta del amor,
con verbos de silencio
y nombres de perdón.
Ahora que soy más que las estrellas,
ahora que me prestas tu dolor,
puedo oír la canción del Universo,
tu música, Señor,
oír cómo repara mis adentros
la música de Dios a media voz.

Daniel Cotta Lobato nació en Málaga en 1974, aunque reside en Córdoba desde 2008. Es Licenciado en Filología Hispánica y ejerce en la actualidad como profesor de Lengua en el instituto Nuevas Poblaciones de La Carlota. Ha publicado cuatro poemarios: Beethoven explicado para sordos (Diputación de Córdoba, 2016), por el que obtuvo el accésit del Premio Rosalía de Castro de la Casa de Galicia en Córdoba; Alma inmortalmente enferma (editado por De Torres Editores en 2017); Como si nada (2017), volumen nº 14 en la Colección DKV de Poesía, dirigida por José Mateos; y Dios a media voz, Premio Nacional de Poesía Mística (Albacara) San Juan de la Cruz 2018, publicado por el Excmo. Ayto. de Caravaca de la Cruz. Este otoño verá la luz su libro El beso de buenas noches en la editorial Renacimiento. Su incursión en la narrativa comienza en 2012, cuando publica su novela Videojugarse la vida (Funambulista), una obra de humor que sigue la estela del inolvidable Gurb de Eduardo Mendoza. En 2017 obtiene el VI Premio de Narrativa Infantil Diputación de Córdoba por El duende de los videojuegos, publicada por la editorial Premium en el año en curso. Ha publicado también una novela histórica, Verdugos de la media luna (Almuzara, 2018), con la que viaja a la Córdoba del siglo IX en el ocaso de la cultura mozárabe. Por otro libro suyo, recientemente quedó como finalista del Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana.




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