Máximo G. Ruiz

Máximo García Ruiz: Vanidad de Vanidades

Tiberíades con congratula en publicar este cuaderno poético inédito de Máximo García Ruiz.

VANIDAD DE VANIDADES
(Por la senda de Eclesiastés)

Proemio

¡Felicidad!
Yo le pregunté al viento
y busqué sabiduría,
¿dónde podré encontrarla?
¿dónde estará escondida?
¿alguien la tiene cautiva?
Buscaré por los caminos,
preguntaré en palacios, aldeas y alquerías.
¿Tal vez la sabiduría?,
¿la ciencia?, ¿la riqueza?, ¿los placeres?,
¿la juventud o la vida en compañía?,
¿dónde estás felicidad?
Es como perseguir al viento,
todo al fin es vanidad.

Capítulo 1

Ciertamente todo lo efímero y pasajero
es vanidad.
Vanidad de vanidades. Sin provecho para el hombre
es su afán.
La tierra permanece en su lugar,
el sol alumbrará cada día
sin que nadie lo pueda evitar
y una vez cumplida su tarea,
se volverá a ocultar.
El viento, que sopla y sopla
sin saber de dónde viene
ni tampoco a donde irá,
mueve las aguas del río
y las conduce a la mar,
que las devuelve a las nubes
para que rieguen la tierra
y otra vez vuelta a empezar.
Nada hay nuevo en que afanarse,
no importa lo sucedido
ni lo que sucederá,
no hay memoria que alcance a descubrir
la verdad.

                                    ***

Vanidad de vanidades todo al fin es vanidad,
¿qué provecho tiene el hombre?,
¿de qué le sirve su afán?
Generación viene y generación va
y por mucho que se afane
de nada le servirá.
Imposible enderezar lo torcido,
añadir más agua hasta desbordar el mar,
contar las estrellas del cielo,
sin aumentar tristeza y vacuidad.
A mayor sabiduría, mayor es la vanidad.

Vanitas, de Edwaert Collier

Capítulo 2

Cohelet ¿sabio por ser rey o rey por ser sabio?
penetra los misterios de la vida
buscando felicidad.
La riqueza y el placer como las flores del campo
se difuminan al anochecer.
Los deleites se enmohecen
y el poder se marchita y ensombrece.
todo es vanidad y aflicción de espíritu
todo nuestro esfuerzo de nada servirá.
La risa enloquece y el placer
de nada aprovechará.
El mismo sol sale para necios y sabios,
ricos y pobres respiran el mismo aire,
la lluvia de las nubes nos moja por igual,
si el poder se machita,
si ni el sabio ni el necio memoria han de dejar,
si nada de nuestro esfuerzo prevalecerá,
entonces, pregunta el sabio, ¿para qué trabajar?
¿qué provecho tiene al hombre la riqueza acumular?

                                               ***

Y si el poder no sirve para hallar felicidad,
si todo lo conseguido no es más que vanidad
y aflicción de espíritu,
sin provecho para el hombre, agotado de buscar,
¿qué diferencia al sabio del necio en su actuar?
Uno y otro serán olvidados. De nada les servirá
en el viaje que ambos emprenderán.
Entre tanto, coma y beba con cordura,
de la mano de Dios;
cada día, sin buscarlo, le traerá su propio afán.

Capítulo 3

Todo exige un orden y su propio lugar
tiempo de herir y tiempo de curar,
sin que falte en la vida
tiempo de reír y tiempo de llorar.
Si Dios no lo ordena,
todo es transitorio, todo es temporal,
fruto permanente de la vanidad.
Tiempo de juzgar
Dios retribuirá al justo
y pondrá a su alcance la felicidad.
Para el injusto todo es vanidad.
Todos han salido del lodazal
y todos al polvo volverán.
Así es que no hay cosa mejor
que gozar del trabajo
sabiendo que la muerte les identificará,
que lo que haya de venir, vendrá.

Capítulo 4

La fuerza siempre está en manos del opresor,
las lágrimas de los oprimidos no tienen consolación.
La envidia del hombre conduce al necio a la perdición;
si compartes tu riqueza os ayudaréis los dos
cordón de tres dobleces resiste mucho mejor,
caminar en solitario es vanidad y aflicción.

Capítulo 5

Ante Dios mejor es oír que hablar,
Él escucha al hombre sabio
y detesta al insensato
que habla sin meditar.
Si a Dios algo prometes,
cumple tu promesa sin tardar,
mejor es que no prometas
si la promesa vas a olvidar,
pues donde abunda los sueños
abunda la vanidad.
La perversión del derecho
digna es de represión,
sobre el más poderoso
siempre hay otro mayor.
Cuando falta la justicia
y el dinero es el señor,
el sueño desaparece
el rico duerme peor.
Desnudo viniste al mundo
y desnudo has de volver,
todos los bienes ganados,
salvo comer y beber,
de nada han de valer.

Capítulo 6

¿Qué más tiene el sabio que el necio?
¿qué más tiene el pobre que aprendió a vivir?
¿Quién sabe cuál es el bien del hombre?
Más vale disfrutar de lo escaso que el deseo que pasa.
El exceso es vanidad y aflicción de espíritu.
La riqueza al insensato no le da felicidad,
Dios es el que provee la facultad de gozar.

Capítulo 7

Lo que somos importa más que lo que aparentamos.
No respondemos de nuestro nacimiento,
pero somos responsables de como morimos.
Los caros perfumes no ocultan nuestro hedor,
solo la buena fama sobrepasa a la muerte.
Mejor es la tristeza que hace al hombre reflexivo
y le induce a una conducta sabia y prudente
que la alegría frívola y vanidosa que embota los sentidos.
El sabio se identifica con el que sufre
mientras el necio se embrutece con el placer.
Escucha con atención los reproches del sabio
y huye de las cantinelas de los necios,
cuyos aplausos halagan los sentidos
y corrompen el corazón.
La paciencia y el dominio propio, que vencen la ira,
aseguran el éxito y evitan el dolor;
mejor que su inicio es el fin de las cosas
que ofrece el fruto y el premio al trabajo.
Tiempo de paz o de guerra, de alegría o de dolor,
nunca otro tiempo fue necesariamente superior.
La mente sabia reconoce el tiempo y el juicio.
Ciencia y riqueza ayudan a vivir mucho mejor,
porque escudo protector las dos son;
pero mejor que ambas cosas, la sabiduría de Dios.
Nadie puede enmendar o modificar Su obra,
ni enderezar lo que Él torció.
así, pues, en el día del bien, goza del bien
y en el día del mal, reflexiona.

***

Para el justo el premio y al impío el castigo,
espera confiado quien ha creído en Dios,
pero la realidad le sale al camino;
a veces el impío recibe un premio mayor.
La felicidad es volátil. Igual que viene se va.
La fortaleza del sabio está en su sabiduría
pero la bondad del justo nunca es completa;
la maldad es una insensatez y la insensatez una locura.
Quien teme a Dios triunfará.

Capítulo 8

La sabiduría del hombre ilumina su rostro,
que, aunque no pueda garantizarle la felicidad,
disfrutará de la vida y distinguirá la muerte al llegar,
si bien de la muerte y del juicio nadie se podrá librar.
La sabiduría hermosea el semblante y da autoridad.
Si guardas los mandamientos, te librarás del mal.

***

Con frecuencia prevalece sobre el bien el mal
y mientras los impíos prosperan y son recordados,
los justos son humillados y olvidados.
También esto es vanidad que lleva a los mortales a pecar.
Los que temen a Dios tendrán su recompensa
mientras para el impío sus días serán fugaces como sombra.
Por eso, el bien para el hombre debajo del sol
es disfrutar de su trabajo y comer, beber y alegrarse
en los días que le da Dios.

***

Puse mi empeño en descubrir la sabiduría,
a examinar el trabajo que se hace sobre la tierra,
a conocer la obra de Dios debajo del sol,
sin llegar a comprender a Quién no tiene límite alguno.
Aunque el sabio diga que sabe, nada llega a saber.
¡Insondables son los juicios y los caminos de Dios!

Capítulo 9

Tanto el justo como el sabio están en las manos de Dios,
el éxito de sus obras no depende de ellos.
Ni su justicia ni su sabiduría. Depende tan sólo de Yavé.
¿Objeto de amor o de odio? ¿Quién lo podrá saber?
Todo permanece oculto. Todo a todos puede suceder.
Justo e impío la misma suerte pueden correr,
nadie, sea puro o impuro, malhechor u hombre de bien,
podrá impedir que llueva para todos y el sol salga
para buenos y malos, para justos e injustos también.

***

Mientras hay vida hay esperanza,
mejor es perro vivo que león muerto,
nada sabe ni espera el muerto,
de quien no queda memoria.
Se acabó la envidia y el odio,
No hay lugar para el amor
ni espacio para la esperanza.
El muerto no participa
en lo que sucede debajo del sol.

***

Dios se agrada de la felicidad del hombre,
le invita a comer su pan con gozo
y a beber su vino con alegría.
Las blancas vestiduras son símbolo festivo
y el ungüento, sobre la cabeza, agrada a Dios.
Goza de la vida y del amor todos los días de tu fugaz vida,
para poder sobrellevar mejor el trabajo que aguantas bajo el sol.
Disfruta cuanto a la mano te venga hacer,
porque en el sepulcro a dónde vas,
ni obra, ni razón, ni ciencia, ni sabiduría
encontrarás.

                                    ***

Inútil es el esfuerzo humano,
tanto físico como intelectual,
para alcanzar el éxito pretendido.
Ni de los más ágiles el correr,
ni de los fuertes el vencer,
ni de los sabios el triunfar
ni aún de los cuerdos deslumbrar.
Somos dueños del principio, pero no del final;
ni la hora de su muerte conoce el hombre:
cuando más alegre y confiado tiende su mano
para recoger el éxito que tiene a su alcance,
surge un imprevisto que le hace fallar.

***

Más vale la sabiduría que la fuerza,
pero la sabiduría del pobre es despreciada
y sus palabras no son escuchadas.
Más vale la sabiduría que las armas de guerra.
Se oyen mejor las palabras del sabio en calma
que los gritos del necio que manda a necios,
aunque la gloria del sabio sea efímera.
La sabiduría enseña a vencer el miedo,
y a moderar la audacia.

Capítulo 10

Las moscas muertas hacen heder el perfume
y una pequeña locura mancilla al sabio y honorable.
Un pequeño acto de locura
puede destruir las más grandes obras de sabiduría.
El sabio tiende hacia el bien,
mientras el necio se ofusca en el error.
No luches contra el poderoso enfurecido,
la mansedumbre impide grandes males.

***

La impericia del poderoso impera bajo el sol,
los ineptos ocupando el puesto de los valerosos
causan la ruina de todos.
Tan solo la sabiduría y la prudencia evitan el mal.
Vale más la sabiduría que la fuerza.
Cuando falta la sabiduría de nada sirven los conjuros.

***

El sabio habla con gracia
tranquila y serenamente, con amabilidad;
el necio, con su arrogancia e imprudencia,
muestra su necedad.
Y en cuanto al futuro, nadie sabe lo que sucederá.

***

Triste nación la que sufre de pésimos gobernantes
que convierten el comer y beber en desmedida intemperancia
y conducen al país a la ruina.
Dichoso el país que goza de hombres nobles y eficaces.
que comen y beben a su debido tiempo con mesura y contención.
La pereza llena de goteras la casa
y la negligencia hace caer la techumbre.

Vanidad de vanidades, y todo tipo de vanidad. Óleo que representa al rey Salomón ya anciano y meditabundo (Isaak Asknaziy)

Capítulo 11

Echa tu pan a las aguas,
que después de mucho tiempo lo hallarás.
Comparte lo que tienes que no sabes lo que vendrá.
Las nubes se llenan de agua
y la derraman sobre la tierra con generosidad.
El que al viento mira no sembrará
y el que mira a las nubes no segará,
actúa, pues, libremente y Dios te compensará.
La prudencia es necesaria, pero hay que arriesgar,
de Dios su estrategia nadie conocerá.

***

Dulce y agradable es la vida
aunque en ella, además del gozo y la alegría,
serán muchos los días de tinieblas y dolor.
Disfruta los días de tu juventud,
sigue los impulsos de tu corazón
y goza de todo lo que resulte atractivo a tus ojos,
pero no olvides que de todo te pedirá cuentas Dios.
Mocedad y juventud vanidad son.
Los esfuerzos del hombre para alcanzar la felicidad
son como perseguir el viento. La felicidad
pasa como una sombra fugaz.
no se encuentra en las cosas de este mundo
pues solo es posesión de Dios.

Capítulo 12 (Epílogo)

Mientras dura la juventud,
antes de que lleguen los días malos,
antes de que se oscurezca el sol,
la luna y las estrellas pierdan su luz,
y vuelvan las nubes del invierno tras la lluvia,
cuando vendrán los días tristes y sombríos de la vejez
y dirás: no tengo ya contentamiento,
¡acuérdate de tu Creador!
Antes de que lleguen los años de la ancianidad
y se encorven los fuertes,
falten los dientes para masticar,
cese el trabajo, se nuble la visión
y se vayan cerrando todas las puertas
que comunican con el exterior;
cuando cesará la voz de las aves,
enmudecerán las hijas del canto
y faltará la fuerza para volver a Dios
¡acuérdate de tu Creador!
Los cabellos del anciano florecerán
como florece la flor del almendro;
se pondrá pesada la langosta y caerá la alcaparra,
como languidece y cae la vida del anciano,
porque el hombre se dirige a su eterna morada.
Las plañideras llorarán su ausencia
y el oro y la plata perderán su valor;
tornará el polvo a la tierra de la que brotó
y el espíritu volverá a Dios que lo dio.
Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

UNA NOTA FINAL

Tal y como el sagaz lector habrá podido descubrir, el texto que precede es una versión libre, muy libre, del libro de Eclesiastés, en la que hemos tratado de respetar el espíritu de Cohelet; incluso, cuando el ritmo lo ha permitido, mantenemos el propio vocabulario, para resaltar lo que resulta más evidente: lo viejo y lo nuevo de la realidad que, para muchos, pasaba entonces y pasa en la actualidad desapercibida. Al no tratarse de una transcripción del texto original, optamos por desestimar pasajes que, o bien eran repeticiones de ideas ya expuestas, o bien se trataba de incisos de los que decidimos que podríamos prescindir, sin menoscabo del mensaje holístico que desarrolla en origen el texto.
La gran pregunta del autor es si el hombre puede encontrar en la tierra la felicidad plena que anhela su corazón. Y sobre esa pregunta gira el contenido del texto. Su recorrido por todas aquellas cosas que ofrecen felicidad le hace concluir que se trata de esfuerzos vanos semejantes a perseguir el viento. Pero sus investigaciones le ayudan a descubrir que sí existe una felicidad relativa que se puede encontrar en la ciencia, en las riquezas, en los placeres de la mesa, en la juventud, en el hogar… Y añade algo más. Todos esos medios de felicidad relativa son un don de Dios y, por consiguiente, hay que gozar de ellos en el tiempo que Dios los pone a nuestro alcance.
El otro núcleo de reflexión es el posible pesimismo que algunos críticos han atribuido a Cohelet. No, el autor no es un pesimista decepcionado que hubiera podido llegar a la conclusión de que no merece la pena vivir. Tampoco es un optimista soñador que ve arcadias inexistentes. Cohelet es una persona realista que hace un análisis de la vida y de la sociedad en la que vive con un realismo a veces desgarrador. Por consiguiente, insiste en que aprendamos a gozar los bienes que Dios nos proporciona sin poner el empeño en buscar una felicidad plena, algo que no existe. Haciendo tal cosa, mostrará sabiduría. Lo demás, por definición, es vanidad de vanidades.
Agosto de 2020

Máximo García Ruiz en la Plaza Mayor de Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)


Máximo García Ruiz (Madrid, 1938), es licenciado en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana de Costa Rica, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha ejercido como pastor bautista durante cuatro lustros y como profesor de diferentes materias teológicas en la Facultad de Teología UEBE de Alcobendas, Madrid, durante cuatro décadas y como profesor invitado en otras instituciones y universidades. Ha ocupado diferentes cargos en la Unión Evangélica Bautista de España, entre otros como presidente, y ha sido secretario ejecutivo y presidente del Consejo Evangélico de Madrid. Es miembro de la Asociación de Teólogos/as Juan XXIII. Figura en el selecto Diccionario de Teólogos/as Contemporáneos, publicado por la Editorial Monte Carmelo. Ha publicado numerosos artículos de ensayo y reflexión teológica en diferentes revistas nacionales y extranjeras y es autor de 28 libros de historia y ensayo. También es autor de los libros de poesía Entre la Luz y las Tinieblas (Hebel, 2017), Poemas bíblicos (Hebel, 2019) y Nada es para siempre (2019). En la actualidad, además de su actividad literaria, es profesor emérito de la Facultad de Teología UEBE y miembro del Consejo Asesor de TIBERÍADES, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos

García Marquina, Soler, Carlos García Carbayo (Alcalde de Salamanca), Vitale y Máximo García, durante la recepción a los poetas).

 



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