Víctor Ilich

Ella: ¿la ayuda idónea?

Hace un par de semanas quise actualizar el sistema operativo del computador con el cual trabajo. Tenía uno ya obsoleto, de 2015. El problema surgió cuando intenté instalar la última versión vigente. La pantalla se fue a negro y ya no tenía sistema alguno, ni el antiguo ni el de última generación. Es decir, generé un desastre informático personal, el costo del arreglo implicó reformatear el disco duro.

No está de más decir que fue una semana intensa aquella del problema computacional. Tuve ayuda en la reparación, pero los desastres personales nunca son tan individuales, ya que siempre afectan nuestro entorno más cercano… las tareas de los niños tuvieron que esperar.

El nuevo sistema operativo que intentaba actualizar tenía nombre de mujer: Catalina. Esto me hizo recordar la película Ella (Her), de Spike Jonze, sobre un nuevo sistema operativo con inteligencia artificial con el cual el protagonista interactúa, vinculándose emocionalmente cada vez más, hasta pretender un encuentro sexual y establecer una relación real ––léase no artificial––. Usted sabe cómo son las sinapsis y sus asociaciones, incluso pueden llegar a ser laberintos hacia sepulcros blanqueados o calles sin salida. Un loop constante de errores y sinsabores.

El filme aludido aborda lo que entendemos por amor, e implícita o tangencialmente nos permite reflexionar sobre nuestra libertad y el concepto de elección en las relaciones más íntimas y profundas. En otras palabras, si es cierto que amar es una elección, entonces, elegimos a quién amamos y nos eligen para ser amados. Podríamos preguntar a una pareja de enamorados amantes clandestinos o libres del anonimato si es cierto lo relativo a la elección.

Puede resultar interesante también advertir que cada vez que el ser humano establece el qué y cómo entender algo, ajeno a cualquier referente distinto a su propia opinión, corre el riesgo de caer en una trampa, ya sea por el error, en el caso concreto de definir al amor sin considerar los propios sesgos (nuestros prejuicios), o por establecer estándares irreales (nuestras expectativas) aún consciente de esos mismos sesgos, mas desconociendo incluso las sutiles pero eficaces tendencias humanas autodestructivas alimentadas por la culpa. Lo sé, suena abstracto, pero los efectos de nuestra forma de pensar son muy concretos y perceptibles para nosotros y el resto, ya sea tarde o temprano.

 

En este contexto, el no actualizar nuestros conceptos aún sobre el amor y la libertad puede ser la raíz de muchos de los problemas en nuestra interacción con los demás. Es paradójico también saber que actualizarse en nuestra forma de pensar no pasa necesariamente por desestimar modelos antiguos por otros nuevos, sino por acoger aquellos referentes que ––ya probados–– dieron buen resultado en el pasado y, por ende, siguen tan vigentes hoy como antaño por sus expectativas de éxito comprobado: por sus frutos los conocerán, frutos dulces o amargos.

¿Cómo aprendemos a distinguir lo dulce de lo amargo? Probándolo, es una forma. Por la experiencia ajena, dirán otros. Aquí resulta pertinente mencionar un antiguo proverbio que escuché que reza que “el avisado ve el mal y se esconde, mas el simple pasa y recibe el daño”. Nadie me dijo que intentar actualizar mi sistema operativo tendría un par de dificultades y un sabor a angustia. Lo nuevo no está exento de dolor. Así que entender y considerar algo como nuevo, que puede o no ser mejor realmente, tampoco nos asegura ser inmunes al dolor.

La película permite sostener a más de alguien que nos podemos enamorar, entrar en ese estado de alegría y confianza, de todo lo que interactúe con nosotros o, en otras palabras y más preciso, de todo aquello que capte nuestra atención, nos permita sentirnos bien, le dediquemos tiempo y procuremos vincularnos de forma más íntima.

Samantha, el nombre del sistema operativo en la película protagonizada por Joaquín Phoenix, cree en las relaciones abiertas. Tenía la capacidad de enamorarse de muchas personas a la vez. Y pensé en la elección como concepto siempre exclusivo y, por ende, excluyente: no hay dos personas iguales ni relaciones personales íntimas idénticas. Cada relación es un universo de constelaciones propias y compartidas. Por ende, si amar en forma íntima y entregarse de esa misma forma toma tiempo ––somos un laberinto lleno de recovecos en constantes descubrimiento––, llegar a ser suficiente para una sola persona es un desafío que puede significar un largo trayecto, de toda una vida.

 

Simon de Beauvoir y Jean Paul Sartre tuvieron una relación abierta, según dicen. Y si ella llegó a decir que “no se nace mujer, se llega a serlo”… podría ser cierto entonces que se puede nacer hombre, lo que no significa llegar a serlo… eso también debe tomar un largo trecho. Somos libres de elegir en qué creer, pero una vez hecha la elección (expectativas), llegar a hacer aquello que elegimos, como por ejemplo amarnos el resto de la vida, al parecer, requiere un compromiso personal de largo aliento, no una imposición, ni amor bajo coacción.

En difinitiva, tres cosas aprendí al actualizar el sistema operativo: 1º Para actualizarse es necesario tener un corazón dispuesto o estar dispuesto a cambiar. 2º Es imposible pretender evitar las etapas naturales del cambio. Paso a paso, un paso a la vez, despacito para no tropezarse. 3º No hay que menospreciar las soluciones sencillas o simples, aun frente a problemas complejos. A veces, la solución, por evidente que parezca, pasa inadvertida.

Un clic también puede hacer toda la diferencia. Y para mí ese clic tiene nombre de flor.

 

Composición de Matías González Pereira

 

Víctor Ilich nació en Santiago de Chile en 1978. Egresado del Instituto Nacional y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae, en la cual estudió becado. Abogado y juez de garantía en la Región de O’Higgins. Autor de más de una docena de obras literarias. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos, escritores y críticos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris, Andrés Morales, Alfredo Lewin y Juan Mihovilovich.

Entre sus obras se puede citar Infrarrojo, poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le ha antologado; Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga (presentado por el ministro de la Corte Suprema y escritor Carlos Aránguiz Zúñiga y el ex ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Juan Guzmán Tapia); La insurrección de la palabra; Arte de un ocaso vital;  Baladas de un ruiseñor (poemario erótico romántico); Dragón, escorpiones y palomas; Hojas de té; La letra mata (un texto que resucita la palabra); El silencio de los jueces, un texto para sazonar el corazón, prologado, en su primera edición, entre otros, por Sergio Muñoz Gajardo, quien fuese presidente de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia (2014-2015); Disparates, poemario relativo a la libertad de expresión y los prejuicios (2016); Cada día tiene su afán (2017), que procura motivar en la lucha del cáncer, presentado por Haroldo Brito Cruz, quien también fue presidente del máximo tribunal del país, con ocasión de la celebración del Día Internacional del Libro.

Y, además, ha lanzado el poemario titulado Toma de razón, en coautoría con Roberto Contreras Olivares, poeta y ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, presentado en Hanga Roa, Isla de Pascua, en agosto de 2017. En abril de 2018 junto a otros tres jueces penales publicó el libro Duda, texto fruto del taller literario que impartió, el cual luego de terminar denominó “Ni tan exacto ni tan literal”. También, en octubre de 2019, en pleno estallido social en Chile, público Venga tu reino, poemario prologado por Felipe Berríos, S.J. y Alfredo Pérez Alencart, poeta y docente de la Universidad de Salamanca.

Por último, en marzo de este año 2020, publicó el libro Al derecho y al revés, que recopila las columnas de opinión y crítica literaria escritas bajo el alero del diario El Heraldo de Linares, quien patrocinó su cuidada edición. Libro prologado por Lamberto Cisternas Rocha, quien fuese vocero de la Corte Suprema.

Ilich forma parte de Tiberíades, Red Iberoamerica de Poetas y Críticos Literarios Cristianos

Créditos del cartel: El diseño global es fruto del trabajo de Matías González Pereira, de Navaja Suiza Design (navajasuizadesign en Instagram); las fotografías sobre las cuales se trabajó son de Ricardo Galaz (ricardogalaz_fotografia en Instagram), de Carlos Moreno Briones, juez de garantía de la región metropolitana y una fotografía tomada por el propio Ilich.

 




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