Gerardo Oberman, Poemas de

Poemas de Gerardo Oberman

CREO SIN CREDOS

Creo en el Dios que encendió el primer sol,
que hizo latir la vida y que la hizo hermosamente diversa,
que salió a jugar, desnudo, por los jardines del universo
sin miedo al tiempo, sonriendo, saludando a la brisa.

Creo en un Dios que se hizo amigo de sus creaturas,
que abrazó al árbol y nadó con los peces,
que se sentó junto al león y al cordero
y danzó con los pájaros en el aire.

Creo en un Dios que caminó con las personas,
que les enseñó a soñar y las impulsó a ser libres,
que les señaló un horizonte de plenitud hacia donde ir…
Pero no entendieron o no quisieron o tuvieron miedo.

Creo en un Dios que fue encarcelado en prejuicios,
que fue amordazado por conceptos y doctrinas,
que fue encerrado en espacios oscuros y opresivos,
que fue limitado en su capacidad de amar y sanar.

Creo en un Dios que quiere liberarse de tanta cadena,
que desea sacudirse el polvo de los viejos credos
y romper las estructuras de las formas y los dogmas
para volver a ser un Dios inclusivo, amplio, generoso.

Creo en un Dios que busca hacerse presente, real, auténtico,
en tantas otras formas de creer, de celebrar, de vivir;
un Dios que trata de seguir revelándose en la historia
de las mujeres y de los hombres que jamás perdieron de vista
aquel horizonte, aquella luz, aquel mundo posible.

Creo en un Dios dispuesto a descender a los infiernos
de los injustamente sometidos,
de las violentamente marginadas,
de las atrapadas en redes de engaño y de muerte,
de los estigmatizados por ser distintos,
de los migrantes sin tierra, sin hogar, sin misericordia,
de las mutiladas, violadas, golpeadas,
de las víctimas de los odios que hieren y matan,
de los silenciados, los desaparecidos, los nadies.

Creo en un Dios que quiere resucitar y resucitarnos
de tantas formas de estar muertos,
de tantas maneras de vivir sin sentido,
sin pasión y sin compasión

Creo en un Dios que nos anima a ser comunidad,
a ser cuerpo, a ser encuentro solidario
de unas y otras, de unos y otros,
a construir espacios alternativos con lugar
para cada ser humano
en su compleja y rica diversidad.

Creo que en esos espacios,
el pan que se comparte se hace sacramento
y que la copa que pasa de mano en mano,
sin prejuicios,
es gloriosa manifestación del poder de un amor
capaz de transformarlo todo.

Creo en un Dios que no ha perdido las esperanzas,
a pesar de todo,
y que, de tanto en tanto,
vuelve a sonreír.

Nacimiento, de Miguel Elías

DIOS HECHO CRIATURA

Dios revelado en lo pequeño, 
en lo frágil, en lo humilde, 
en lugares inesperados 
y ocultos a la vista de los poderosos, 
ilumínanos el sendero hacia tu pesebre abierto, 
hacia tu divinidad humanizada, 
hacia tu ternura solidaria;
déjanos encontrarte para afirmar la fe
y para renovar los sueños
que se nos han dormido 
de tanto esperar…
Dios hecho criatura, 
que te dejas abrazar 
y que te nutres del seno materno,
que te recuestas en cuna
hecha por manos pobres,
que te duermes oyendo cantar
a las mujeres y a los hombres sencillos,
guíanos como a los sabios de oriente,
con una señal que podamos descubrir
y que nos coloque en el sitio correcto,
allí donde tu gracia se hace cuerpo,
donde tu amor mira de frente,
donde tu misericordia siente el frío y el calor,
donde tu compasión 
se encuentra con la vida concreta
de tu pueblo sufrido y necesitado.
Dios del llanto y de los pañales, 
que elegiste llegar así, naciendo,
ensancha el establo estrecho 
y haznos lugar junto a quienes 
te buscan con sinceridad
y te ofrecen lo que son y lo que tienen,
sin otra intención que la de adorarte
y dejarse transformar 
para regresar a la vida,
a construir, 
contigo,
mundos nuevos. 

Icthus IX, de Miguel Elías

NO MURIÓ POR MÍ



Tiempo de Pascua.
Tiempo de rituales repetidos
y de palabras dichas mil veces.
Tiempo de silencios de muerte,
de ayunos, de promesas y de procesiones.
Tiempo de euforia que se contiene,
porque parece pecado anticipar el final
que ya conocemos
y que debería inundar todo de vida.
Tiempo de superficialidad e hipocresías:
“¡Felices pascuas!”
Tiempo de iglesias que de mil maneras diferentes
pero de mil maneras tan iguales
no saben decir otra cosa que lo que siempre se ha dicho:
“Jesús murió por nuestra salvación”.
Pero, ¿sabés qué?
Jesús no murió por mí.
Jesús murió a causa de la cobardía,
la ambición, la soberbia, el amor al poder,
de quienes no entendieron su mensaje,
de quienes le temían a lo nuevo,
de quienes se habían construido un dios a su propia medida,
de quienes no aceptaron su propuesta de vida en plenitud
no para unos pocos, sino para todos y todas.
Aquella muerte no salvó a nadie,
ni siquiera a quienes creían que se iban a salvar de Jesús.
Lo que me salvó y te salvó
y sigue salvando
es aquel Jesús que se hizo persona,
que se identificó con la gente,
que fue bebé y lloró,
que fue niño y jugó,
que creció y trabajó,
que fue llamado a una misión y la asumió,
que se detuvo ante el dolor de otros y otras,
que fue solidario en gestos, en palabras, en acciones,
que no calló lo que debía ser dicho
y que, aún temiendo, siguió adelante,
por amor, por puro amor.
No fue su muerte, tan cruel e injusta.
¡Fue su vida!
Si la muerte fuera salvadora,
¿qué sentido tendría la resurrección?,
¿con qué razón celebraríamos la Pascua?
La muerte no salva,
aunque se escandalice la teología.
Salva la vida.
Por eso la resurrección es el gran anuncio,
es el gran tema, es la gran noticia de este tiempo.
Por eso la piedra se corre, la tumba se abre
y se oyen pasos en el huerto.
Dios resucita a Jesús
para condenar eternamente a la muerte,
para anunciar que la VIDA triunfa
y que la fe en ese Jesús que vive,
que vence a los mercenarios del terror,
es la que salva y la que libera.
Lo dice Pedro, con tanta claridad:
“a ese mismo Jesús a quienes ustedes crucificaron,
Dios lo ha hecho Mesías y Señor”.
Jesús no murió por mí.
¡A Jesús lo mataron!
Jesús murió porque lo torturaron con saña,
porque lo quisieran desaparecer y hacer callar,
y porque lo mataron los poderosos de siempre.
Jesús sí nació por mí.
También vivió por mí,
enseñó, sanó, perdonó, amó y resucitó por mí.
Y por vos y por cada persona.
Jesús no murió por mí
ni por vos ni por nadie.
Tal vez algún día
dejemos de honrar su muerte
para empezar a celebrar su VIDA.

Ángel,pintura de Miguel Elías

BUENAS VENTURAS

Benditas las personas a las que las puertas del reino 
les son abiertas de par en par
porque en su pobreza han sabido hacer realidad
el proyecto solidario de Jesús,
porque han entendido lo del “pan nuestro”,
porque viven en mundos sin puertas ni techos
pero, a la vez, sin muros ni exclusiones.

Benditas las personas que tienen hambre 
y que, desde ese lugar de insatisfacción,
reclaman, resisten, marchan, protestan
ante las injusticias de un mundo cruel y perverso.
En su búsqueda de dignidad y equidad 
serán saciadas por la gracia de un Dios
que ha elegido caminar de su lado.

Benditas las personas que lloran 
los dolores que duelen a sus prójimos
y que, aún en su propia angustia,
han aprendido a sonreír y a cantar,
a abrazar y a cuidarse unas a otras.

Benditas las personas odiadas y despreciadas
por quienes dicen amar y ser fieles a su fe,
pero a las que solo les preocupan sus espacios pequeños,
sus privilegios exclusivos, su moral selectiva 
y su destructiva teología de méritos y prosperidades.

Benditas las personas insultadas y perseguidas 
por compartir el mensaje liberador e inclusivo de Jesús.
¡Hay insultos que son un maravilloso regalo!

Benditas las personas cuya riqueza no es poseer 
sino saber compartir, extender la mesa, 
hacer más grandes los espacios, construir puentes,
fabricar huecos en los muros y sembrar flores en las grietas.

Benditas las personas que han aprendido a reír, 
que descubren la belleza en las cosas simples, 
que no conocen el rencor 
y que duermen plácidamente.

DESENAMORADO

Hoy quisiera declararme desenamorado.
Desenamorado de los amores edulcorados,
de las relaciones posesivas,
de los abrazos que aprisionan la libertad,
de los besos hipócritas y de las caricias falsas,
de las miradas turbias y de las sonrisas torcidas.

Desenamorado de las imposiciones del mercado, 
de los regalos que se compran con dinero,
de los brindis fugaces,
de los encuentros obligados,
de las cenas de apariencia y de las fotos de ocasión,
de las flores que esconden sus espinas
y de los “te quiero” sin pasión.

Me declaro desenamorado 
de quienes han hecho del amor 
apenas una palabra vacía de todo contenido,
y de quienes promocionan al amor
como un mero contacto físico, 
sin alma, sin compromiso, sin relación.

Me declaro desenamorado
de quienes confunden su hedonismo con amor,
de quienes maquillan sus odios con palabras bonitas,
de quienes viven amores de cabotaje, amores selectivos, 
amores pobres, amores interesados, amores egoístas.

Me desenamoran las personas cobardes, 
las gentes que nunca se han jugado por alguien o por algo,
aquellas que le temen al “qué dirán”, 
las que tienen miedo de perder sus privilegios,
las que prefieren conservar en lugar de arriesgar,
las que no se mueven de sus sitios de confort,
las que nunca han buscado hacer bien a otros,
las que no saben desprenderse ni reaprenderse,
las que solo militan la causa de su ambición,
las que no conocen el poder de la solidaridad
ni la bendición de ser comunidad.

Me desenamora la vida aburrida, 
la fe adoctrinada, la teología aburguesada, 
la religión de las repeticiones
y la poesía que rima.

Icthus VIII, de Miguel Elías

JESÚS DEL BUEN VINO

Jesús de las fiestas y del buen vino, 
amigo de la gente simple que se reúne para celebrar,
bendícenos con tu compañía creativa,
llena los vacíos que amenazan el buen vivir,
transforma la escasez en abundancia,
la avaricia en compartires.
Jesús que te encuentras con el pueblo 
que necesita poder bailar y reír y creer,
convierte la tristeza en risas, 
las angustias en esperanza,
la pasividad en movimiento,
la religiosidad en espiritualidad,
la apatía en solidaridad,
la distancia en abrazos,
los miedos en confianza.
Jesús de Caná, hijo de María, maestro, 
echa de tu espíritu en este mundo agotado
y, a tu señal, será un mundo nuevo.

Peonías, de Miguel Elías

¿AMAR?

 ¿Amar?

¿Amar a quien escupe su odio en la cara de sus prójimos?
¿Amar a quienes asesinan los sueños de niños y niñas?
¿Amar al que explota al obrero y se queda con su jornal?
¿Amar al xenófobo, al homofóbico, al filo-nazi?
¿Eso nos pedís, Jesús?

¿Amar a quien ayer torturó y a quien hoy reprime?
¿Amar a quien decreta en favor de los ricos de siempre?
¿Amar a quien quita medicamentos a los enfermos?
¿Amar a quienes se ríen del dolor de sus prójimos?
¿Cómo creés que eso sea posible, Jesús?

¿Amar a quien persigue a las personas solidarias?
¿Amar a quien encarcela a sus adversarios?
¿Amar a quienes predican evangelios que alienan?
¿Amar a quien arrebata la vida de otro ser humano?
¿Así nomás? ¿Sólo amar?

Si, amar, amar y volver a amar.
Porque el amor impulsa a buscar la justicia. 
Porque el amor echa fuera los miedos que acobardan.
Porque el amor guía a quienes trabajan por el fin de las opresiones. 
Porque el amor allana el rumbo hacia la plenitud.
Porque el amor une a quienes quieren ser fieles a Dios.
Porque el amor desenmascara a los violentos, 
a los perversos, a los asesinos, a los hipócritas,
a los acosadores, a los mentirosos, a los encubridores, 
a los que lucran a costa del sufrimiento del prójimo,
a quienes son insensibles al dolor ajeno.

Amar los expone, los desenmascara, los pone en evidencia.
Amar pone luz sobre sus vidas miserables. 
Amar, los condena y nos libera.
O tal vez les dé la ocasión de la redención…
(pero eso será tarea de Dios).

(Intentando desentrañar Lucas 6:27-38)

Gerardo Oberman

Gerardo Oberman (Argentina,1965). Pastor ordenado de las Iglesias Reformadas en Argentina desde 1993. Realizó sus estudios de teología en el ISEDET (Buenos Aires) y en la Universidad Libre de Amsterdam (Holanda). Es presidente de las Iglesias Reformadas en Argentina desde 2009, habiendo sido parte de su directiva desde comienzos del 2000. Ha colaborado en diversos organismos ecuménicos en Argentina, integrando la directiva de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. Uno de los fundadores y Coordinador continental desde sus orígenes (2004) de la Red Crearte, espacio dedicado a la formación y renovación litúrgica y musical en América Latina. Ha colaborado, desde esa vocación litúrgica, con numerosas organizaciones en todo el mundo: Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, Federación Luterana Mundial, Consejo Mundial de Iglesias, entre otras. Entre otros, tiene publicado el poemario “Barro y cielo” (Hebel, Santiago de Chile, 2017). Forma parte del Consejo Asesor Iberoamericano de TIBERÍADES.

San Pablo, de El Greco, apunte de Miguel Elías



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*