Colaboraciones, Luis Rivera Pagán

Poesía, profetismo y teología

“Hay que exponer los éxodos, los exilios,
lo que está escrito o pintado en la memoria…”
                                    El viaje oscuro Alfredo Pérez Alencart


La rigurosidad académica del pensar teológico no tiene porque contradecir la sugestividad poética de su discurso ni su desafío profético, como por años han demostrado a la saciedad, desde la teología el brasileño Rubem Alves[1] y desde la poesía el peruano/salmantino Alfredo Pérez Alencart. La poesía recorre los senderos del misterio, y, al así hacerlo, se hermana a la creatividad literaria que muchos, despistados por la rigidez del escolasticismo clásico, consideran su adversaria – la teología. Solo que esa cofradía resulta desafiante para múltiples custodios de ortodoxias y fronteras cerradas. Como bien afirmase el poeta y teólogo franciscano puertorriqueño Ángel Darío Carrero: “El poeta, al balbucir lo que pertenece al misterio, de suyo innombrable, roza siempre la ambigüedad, la irracionalidad y hasta la herejía… No me queda la menor duda: todo poeta es un profundo trasgresor.”[2]

Buena parte de la poesía iberoamericana transcurre con evidentes y sutiles resonancias de devoción religiosa, como lo muestra la magnífica antología editada con mucho cuidado y celo por el mexicano Leopoldo Cervantes-Ortiz, El Salmo fugitivo.[3] No se alejó de la verdad Víctor Serge al afirmar sobre la poesía de nuestros pueblos: “He pensado a menudo… que entre nosotros la poesía sustituía a la oración, a tal punto nos exaltaba, a tal punto respondía en nosotros a una constante necesidad de plegarias.”[4]

De esta conjunción añorada entre poesía, profetismo y teología es quizá la escritura de Alfredo Pérez Alencart la mejor encarnación – escojo este vocablo cristológico por referirme a un poeta que titula uno de sus libros Cristo del alma[5] y preludia otro con un credo de adhesión al Jesús galileo…

Pero yo solo sigo
al de las manos
mendigas,
galileo antes y ahora…
[6]



Ese Jesús, heterodoxo y transgresor, es nombrado por Pérez Alencart “poeta-profeta”. Poeta por encarnar la belleza máxima de la Deidad; profeta por enfrentarse – hasta el sacrificio ultimo, el del abandono y absoluto desamparo, seguidos por la tortura y la muerte ignominiosa en una cruz – a los poderes, temporales y religiosos, que en su tiempo pretendían maniatar y mutilar la imaginación humana, aquella que es capaz de concebir un mundo sin desposeídos ni despreciados. Jesús el “profeta-poeta de los excluidos”, el que “impele a testificar contra las zarpas de la injusticia…”,[7] se asoma continuamente en los versos de Pérez Alencart. Es ese Jesús, profeta y poeta, el que clama a sus seguidores…

“Hermanos… no me olviden cuando comploten contra mí
por decir que la verdad os hará libres, por pedir
de beber a una mujer que además es extranjera,
por responder con acierto a los nuevos Nicodemos,
por estar contra la lapidación de las desventuradas.
He visto rabiar a los psiquiatras de la Bolsa
cuando dije que los ricos deben vender sus posesiones
y repartir lo obtenido entre los pobres…
¿vendrá a sentarse conmigo algún hermano solidario
o deberé compartir en soledad ese inmenso Amor?”[8]

Pérez Alencart es poeta de honda y emotiva religiosidad. Su discurso poético revela un matiz esencial e inexpugnable de solidaridad – “esa ostentación de la fe la he cambiado por el Evangelio que se desvive por los desposeídos.”[9] Ese evangelio solidario le sirve de savia que nutre, inspira y embellece su escritura; pero que también le defiende de quienes pretenden convertir dogmas, rituales y jerarquías en semilleros de rencores y exclusiones. Y protege con fervor su escritura y su religiosidad profética y evangélica “de los profetas iracundos que azuzan ortodoxas persecuciones…”[10] La palabra del poeta es la respuesta a la Palabra: “la Palabra [que] se avergüenza si no vamos con los pobres del tiempo sucesivo, con los que no tienen techo, con los temerosos al catecismo de verborrea… Las lágrimas de Jesucristo remojan nuestros titubeos y aléjanos de levaduras farisaicas…”[11]


Pérez Alencart es poeta que ha peregrinado por incontables tierras americanas e ibéricas. Su estadía, ya por varios lustros, en Salamanca es una ofrenda de gratitud por la sacrificada entrega de tantos ilustres escritores españoles – León Felipe, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Emilio Prados, Ramón Gómez de la Serna, entre otros – que tras la derrota de la República donaron a tierras americanas hospitalarias su creatividad y su verbo, pleno de ensoñación y nostalgia, y que labraron en América el hogar, para algunos final, de su poesía y sus frágiles y vulnerables pero tenaces y persistentes esperanzas.
Como pocos otros, Pérez Alencart hermana en sus versos a América Latina y España. La conjunción de poesía y profetismo inspira a nuestro autor iberoamericano a rendir homenaje a la memoria de uno de los mártires de la cruel guerra civil española: Miguel Hernández. En un hermoso poema, “Aquí estoy para vivir”, talla la efigie del gran poeta oriundo de Orihuela, no solo como memoria, también como acuciante desafío:

“Porque sé que tu memoria quedó preñada de silencios
yo abro mi boca para no quedar pasmado
cuando otra vez los alacranes busquen nido en este suelo…
Y aunque por tu cárcel voy a entristecerme
y aunque a tu sufrir yo vaya a consolar, debo seguir
cantando a la vida renegrida, hermosa a pesar de los tragos
amargos, de las estocadas o de las pústulas
del hueso antiguo de Caín…
Quien custodia la palabra
es porque ya caminó por su misterio…
Talla epitafios para todos los odios mundanos con voz
de profeta de una tierra ardida y de un pueblo
que conoció sucias cuchilladas o copas rebalsadas de ceniza.”[12]

Migrante por décadas, Pérez Alencart conoce íntimamente las soledades que atormentan las almas de innumerables desterrados. Sobre todo, en estos tiempos, cuando la xenofobia se acrecienta y atormenta a tantos peregrinos que huyen de la miseria o la violencia para toparse con el menosprecio y el rechazo tajante. “¡Mejor que se ahoguen en el Mediterráneo antes que contaminar nuestros suelo!”, son las aterradoras palabras que constantemente resuenan en sus oídos. En ese viacrucis, la poesía de Pérez Alencart se trasfigura en hermandad con los despreciados por el color de su piel, la extrañeza de su idioma o su peculiaridad étnica y cultural.

“En un rincón cualquiera solloza el extranjero
con vida entrecortada:
a golpes le mudaron de domicilio.”[13]


Conoce bien los efectos terribles de la deshumanizante xenofobia que como un tsunami crece amenazante en muchos países occidentales, agentes de innumerables invasiones, conquistas, imperios y masacres. Su poesía exclama entonces,

“Pienso en vosotros,
caminantes del desierto,
hombres que no se amilanan
ante las distancias.

Pienso en vosotros,
desesperados trajinantes de nieves,
selvas, ríos, páramos y mares:
no existe viaje irrealizable ni puede
la melancolía acabar
con vuestra meta.

Pienso en vosotros,
trepadores de alambradas: cayendo,
levantándose, resistiendo inclemencias
con el nervio vivo
vibrando por días propicios.”[14]


En 1991, Pérez Alencart recibió en Salamanca, como invitado especial, a nuestro Francisco Matos Paoli, cuya obra poética conocía y respetaba. Lo acompañó en un recorrido por los senderos de esa hermosa capital de la literatura y la teología ibéricas, tan repleta de excepcionales memorias (Francisco de Vitoria, fray Luis de León, Miguel de Unamuno). En honor a Pérez Alencart, Matos Paoli compuso un extenso poema titulado Salamanca, del cual reproduzco estas breves líneas…

“Salamanca,
porque tú, como Martí
me ofrendas en frenesí
un fulgor de rosa blanca…
Salamanca, traigo sed
del caribe, fuente mía
que mana en la profecía.”[15]


No es ese homenaje a Salamanca y a Pérez Alencart la primera convergencia que encontramos entre poesía y profetismo en los versos de Matos Paoli. Inolvidable es este famoso verso de su clásico Canto de la locura,

“Yo quisiera vivir
sin tener que ser profeta,
estar abierto en el agua como flor de loto,
perder la huella de la noche,
no sostener más la perla del abismo,
huir hacia el cafeto florecido
que en simplicidad alaba.

Pero es imposible, Dios mío.”[16]

Son múltiples y muy fértiles, en América Latina y en España, las intersecciones entre la poesía, la espiritualidad, el pensamiento teológico y la solidaridad profética. Ya lo había vislumbrado genialmente, en el siglo diecinueve, José Martí, desterrado, poeta y profeta como Pérez Alencart…

“¡Son como siempre los humildes, los descalzos, los desamparados, los pescadores, los que se juntan frente a la iniquidad hombro a hombro, y echan a volar, con sus alas de plata encendidas, el Evangelio! ¡La verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen!…[17]

Las religiones en lo que tienen de durable y puro… son la poesía del mundo venidero.”[18]

La poesía de Alfredo Pérez Alencart enaltece y encumbra esa ilustre tradición. Merece por ello nuestro más profundo homenaje y sincera gratitud.


[1] Rubem Alves, O poeta, o guerreiro, o profeta (Petrópolis: Vozes, 1992).

[2] Ángel Darío Carrero, Perseguido por la luz (Madrid: Editorial Trotta, 2008), 13.

[3] Leopoldo Cervantes-Ortiz, El salmo fugitivo: antología de poesía religiosa latinoamericana (Barcelona: Editorial CLIE, 2009).

[4] Citado por Carlos Monsiváis, Antología personal (San Juan, Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2009), 96.

[5] Cristo del alma (Madrid, España: Editorial Verbum, 2009).

[6] Alfredo Pérez Alencart, Cartografía de las revelaciones (Madrid: Editorial Verbum, 2011), 7.

[7] Cristo del alma, 15.

[8] Cartografía de las revelaciones, 59s.

[9] Ibíd., 118.

[10] Ibíd., 86.

[11] Cristo del alma, 64.

[12] Cartografía de las revelaciones, 27-30.

[13] Alfredo Pérez Alencart, Los éxodos, los exilios (1994-2014) (Lima, Perú: Universidad de San Martín de Porres, 2015), 37.

[14] Ibid., 191.

[15] Francisco Matos Paoli, “Salamanca”, en Arca de los afectos. Escritores y artistas en homenaje al poeta Alfredo Pérez Alencart por su cincuenta Aniversario, editado por Verónica Amat (Madrid: Editorial Verbum, 2012), 336-337.

[16] Francisco Matos Paoli, Canto de la locura (San Juan, Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1976), 78.

[17] José Martí, “El cisma de los católicos en Nueva York”, en José Martí, obras escogidas (La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos, 1979), tomo II, 162.

[18] José Martí, “La excomunión del Padre McGlynn”, en José Martí, obras escogidas, tomo II, 210.

Foto 6

Luis Rivera-Pagán (San Juan de Puerto Rico, 1942). Profesor emérito del Seminario Teológico de Princeton. Autor de varios libros, entre ellos, “Evangelización y violencia: La conquista de América” (1992), “Entre el oro y la fe: El dilema de América” (1995), “Mito exilio y demonios: literatura y teología en América Latina” (1996), “Diálogos y polifonías: perspectivas y reseñas” (1999), “Teología y cultura en América Latina” (2009), “Peregrinajes teológicos y literarios” (2013) y “Ensayos teológicos desde el Caribe” (2013). Es Huésped Distinguido de Salamanca y Premio Iberoamericano de Ensayo ‘Alfonso Ortega Carmona’, otorgado en Salamanca en 2013. ty6



3 thoughts on “Poesía, profetismo y teología”

  • PEDRO J ÁVILA 25/02/2019 at 1:47 am

    Muchas gracias, Maestro, por compartir este magnífico escrito.

    Responder
  • julio collado 26/02/2019 at 9:32 pm

    La poesía de Alfredo Es poliédrica en su sencillez. Se presta, por eso, a muchos análisis. Este es uno de ellos. El engarce del poeta con el Galileo, amigo de los desterrados, los marginados, los pobres es hoy muy necesario. porque soplan vientos contra todo lo bello que representa el Evangelio: una humanidad fraterna, no solo con las otras personas sino con todos los habitantes de la tierra. Una teología ecológica. Eso es lo que leo al abrir los poemas de Alfredo. Por eso, es tan necesaria.
    Gracias por este comentario, que me ayuda en ese descubrimiento.

    Responder
  • Juan Carmelo Martínez Restrepo (JUAN MARES) 17/04/2019 at 1:17 am

    La Poética de Pérez Alencart es como el pájaro sonoro de Juan de la cruz en lo alto del Ciprés: canta. Es un continuador de una ya larga tradición de la poesía Mística, que viene encadenada, desde los libros poéticos y Sapienciales del Gran libro de libros, pasando por de Asís, los destacados del siglo de oro español y sor Juana Inés de la Cruz hasta nuestros días.

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