Lucas Magnin, Poemas de

Como el salmista y otros poemas

Poemas de Lucas Magnin

Como el salmista

Quisiera llorar como el salmista
pero los años me escurrieron los ojos
y ahora la angustia
se parece a la aridez
de frotar un trozo de tiza en el paladar.

Quisiera gritar como el salmista
pero tengo la conciencia disfónica,
llena de palabras vacías,
y ni siquiera mis chillidos logran
penetrar el silencio.

Quisiera enojarme como el salmista
pero toda la furia ahora se llama
buen trato, amabilidad y adultez,
porque treinta años de domesticar la rabia
son una piedra pesada.

Quisiera alabar como el salmista,
contra todo pronóstico,
a pesar de cualquier vicisitud,
pero la adoración es un fenómeno vital,
un privilegio de los libres, y a veces
esa expectativa se siente como una arrogancia.

Quizás no pueda sentir hoy como el salmista,
quizás mi canto no logre romper el techo.
Quizás en este día de penumbras
el único sustantivo que siga soportando el vendaval sea
Jesucristo
y mi esperanza
solo deba consistir
en aferrarme a ese madero.

FOTO: www.lucasmagnin.com

Contra todos los pronósticos

Yo
            nací,
            crecí,
            me hice,
            soy:

egoísta, vanidoso, falso,
inconstante, traicionero,
mentiroso, irresponsable, cruel,
falto de misericordia,
obtuso, pasivo, hiriente,
interesado, desinteresado,
tendencioso, lujurioso, prejuicioso,
malvado, terco, celoso,
cobarde, ambiguo, calculador,
cambiante,                              inaccesible,
frío, necio, orgulloso,
arrebatado, desagradecido, inmaduro,
lascivo, pedante,
rencoroso, desubicado.
Culpable.

Cada día le doy motivos
más que sobrados
a Dios
para que suprima
mi vida miserable
de este planeta,
para que me arranque
de su presencia pura.

Cada día,
contra todos los pronósticos,
mi Dios realiza el milagro
de renovar su apuesta.

FOTO: www.lucasmagnin.com

Oración desnuda

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS, artífice constante de cada pálpito nuestro, Dios cariñoso y también sublime hasta el derrumbe de nuestra pasividad.
 
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, al menos en teoría, ya que nuestros pasos se encargan de convertir tu dulce Nombre en un campo de batalla.
 
VENGA A NOSOTROS TU REINO, aunque lo digamos sin la más mínima conciencia de todo lo que implica: abrirte cada puerta, tomar tu voluntad como único ladrillo, tener todas las banderas de nuestro reino como meras pancartas más o menos divertidas.
 
HÁGASE TU VOLUNTAD inclusive cuando eso signifique, por definición, dejar de hacer la nuestra, abdicar a las certezas más hondas, elegir tu voz cascada por encima del canto de las sirenas.
 
EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO aunque practicar todos los días la trascendencia sea mucho más arduo que presenciar sermones dominicales, aunque la existencia de otra vida deje en jaque a la presente y nuestros huesos epicúreos se resistan al inmenso placer de vivir como si la muerte realmente existiera.
 
DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA, recordándonos así cuatro verdades infames: que el tuyo es el único pan que sacia; que somos seres forjados por la carencia; que no somos las únicas almas con hambre en la tierra; que podemos usar nuestros días para paliar la angustia de otros.
 
PERDONA NUESTRAS OFENSAS, y no prestes demasiada atención a la irresponsable forma en la cual, después de haber solicitado tu perdón, seguimos utilizando cada respiración para encadenarnos a la condena.
 
COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN, cosa que intentaremos con mayor o menor ímpetu según el color del cielo, no dejando nunca de recordar que el pecado de los demás tiene espinas que duelen diferente, que nuestra maldad tiene muchísimos atenuantes y que nos aterra tener que entregarte el hacha con la que nos gusta hacer justicia.
 
NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN pero cuando eso pase, te rogamos que nos permitas difamarte, maldecirte a toda voz por habernos abandonado, esperando que no guardes rencor por todas las veces en las que aún nos ensañaremos contra tu Nombre para no ver el desierto que crece en nuestro pecho.
 
Y LÍBRANOS DEL MAL, de ese mal que nada en nuestra sangre, de esas tentaciones que nos enamoran, de esa indiferencia que nos permite mirar el mundo sin sentir sus heridas.
 
Porque decido creer que TUYO ES EL REINO, EL PODER Y LA GLORIA POR SIEMPRE, y que en tu inmensa sabiduría no permitirás que triunfe la miseria, sino que nos llevarás, entre los escombros del proyecto humano, por encima de las crisis históricas, los dramas individuales y la retórica del absurdo, más allá del valle de sombra de muerte.
 
AMÉN.

FOTO: www.lucasmagnin.com

Lucas Magnin nació en 1985 en el interior de la provincia de Córdoba, Argentina. Es compositor, escritor, conferencista y gestor cultural. Es, además, Licenciado en Letras Modernas (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina), Laureado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Siena, Italia) y Maestrando en Estudios Teológicos (Universidad Nacional de Costa Rica).
Después de haber liderado varios proyectos musicales, emprendió una carrera solista en el año 2010. Abrió conciertos de artistas internacionales como Eros Ramazzotti, Il Divo, Ricardo Montaner, Luis Fonsi, David Bisbal, Las Pelotas, Vanesa Martín y Américo. Como solista, ha publicado dos discos:
Inocencia (2012) y Experiencia (2015).
Como escritor, ha publicado artículos, ensayos, poemas y cuentos en antologías y revistas académicas. Su primer libro, el poemario
Fervores y vestigios fue publicado en el año 2012. A fines del 2016, publicó el libro Arte y fe. Un camino de reconciliación. En marzo de 2019, sale a la venta su tercer libro: Cristianismo y posmodernidad. La rebelión de los santos.




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