Colaboraciones, Stuart Park

La poesía amorosa de A. P. Alencart

(*) Texto leído el 12 de mayo de 2017 en la Feria del Libro de Salamanca, durante la presentación de la antología ‘Una sola carne’ (Diputación de Salamanca, 2017, pp. 182. Edición y selección de Carmen Bulzan) 

La antología de Alfredo Pérez Alencart que hoy se presenta en Salamanca, la ciudad de sus amores, contiene los versos de un hombre enamorado desde el fondo de su alma, como declara el propio poeta, otro Adán cuyo amor hace menos duro su destierro, como también confiesa en otro de sus poemas. El poeta entiende por Paraíso «la condensación del amor que no se pierde en ningún sueño», es decir, un amor tan inquebrantable como la fe, y con estas palabras su teología del amor queda perfectamente plasmada.

Una sola carne contiene pasajes de un erotismo de alto voltaje, y lectores más cualificados que yo habrán de desgranar sus imágenes, trazar la curvatura de sus ritmos y seguir el rastro de sus cadencias. A fin de cuentas, ¿cómo podrá un pobre británico de las Islas frías y lluviosas acompañar el arrebato de este poeta peruano-salmantino en el huerto tropical de sus amores? Mi misión es más académica, y trataré tan solo de ubicar la poesía de Alfredo en el marco de la literatura sagrada que la inspira.

En efecto, el jardín cerrado del Edén inspira la poética amorosa de Alfredo, como el propio título de esta colección anuncia. Ahora bien, el homenaje a Durero que adorna la portada del libro, obra del pintor y profesor Miguel Elías, retrata a la primera pareja en el umbral de su propio destierro, no en su primigenia felicidad, y de este modo ancla al lector en el mundo real y no en el de los sueños. Nos recuerda que el amor que inspira estos versos les es dado a muy pocos. Los avatares de la vida con sus separaciones y luto, frustraciones y desengaño, desamores y traición, o sencillamente las circunstancias de la vida que desaconsejan o impiden el compromiso del amor, forman parte de la realidad humana, y no todos conocen la plenitud que aquí se retrata.

No todos conocen, tampoco, la dimensión espiritual que ha hecho doblemente afortunado a nuestro poeta: la fe en Dios que descubrió, primero, en la propia Jacqueline (‘Mujer de fe inagotable, yo te doy las gracias por haberte imantado a mí’) y que a lo largo de los años ha inundado su alma y moldeado su poesía. Felix ille! –exclamaría el clásico; y añadimos: Bienaventurados los dos, y privilegiado el lector de esta asombrosa celebración del amor.

Ahora bien, nuestra mentalidad moderna recela del hecho religioso como inspirador de una poética de amor humano. Lo expresa muy bien Carmen Bulzan en su Introducción sobre los poemas seleccionados: «Leyendo los poemas de amor de Alfredo Pérez Alencart, quedé sorprendida al descubrir su enfoque especial sobre el amor carnal espiritualizado, o el amor espiritual encarnado. El espíritu y la materia, lo sacro y lo profano, mano a mano». Y nos preguntamos: ¿cuál es la visión del amor humano que transmite la Biblia?

Una sola carne son palabras que sirven de pórtico para la creación del hombre y la mujer, el texto constitucional que consagra la unidad perfecta de los dos. A pesar de ello, una interpretación sesgada del texto de Génesis ha lastrado la relación hombre-mujer a lo largo de la historia, hasta hoy. La creación de la mujer a partir de la costilla del hombre como Varona frente al Varón, lejos de describir un principio jerárquico, como han aseverado muchos, establece su igualdad. «No es bueno que el hombre esté solo», –dijo el Creador–, y la unión del amor tiene como finalidad prevenir la soledad, antes, incluso, que animar a la función procreativa.

Alfredo Perez Alencart en la Feria del Libro

Este no es lugar para desarrollar teologías, sin embargo, sino valorar la potencialidad simbólica del texto bíblico, la que destruye los mitos nocivos de la inferioridad de la mujer ante la superioridad abusiva del varón. El simbolismo de la Creación vertebra todo el poemario, como queda refrendado en los versos de Alfredo que cito a continuación:

Tú, a ti hablo
hembra del hombre,

varona que haces temblar a
tu otra costilla.

Tú eres la fuerza
del mundo,

mujer
que aguardas la noche
para preñar de luz
al hombre

que privatizaste
para tu amparo

y deleite.

Hermosas historias de amor jalonan el texto bíblico, ciertamente, todas ellas relatadas con la concisión y la ausencia de adorno que caracterizan a los narradores bíblicos. Pero como para compensar este natural recato, incluso suplir el silencio del Edén, la escritura sagrada se explaya en un extenso poema de belleza sin igual, el Cantar de los Cantares que plasma el amor vivido en plenitud, sin ataduras ni coacciones, como reclama Alfredo en su libro, y que el poeta reivindica en su obra. En sus fascinantes e inspiradas Esquirlas, dice: «El Eros forma parte de lo Sagrado. Y antes que algún mojigato se escandalice, recuerde la Biblia y especialmente uno de sus libros más hermosos: El Cantar de los Cantares… El Cantar de los Cantares se hizo parte de mi respiración».

En ‘Esposa de mi atardecer’ exclama el poeta:

¡Besémonos largo, esposa de mi atardecer!
El juego verdadero no es un juego: Amar,
Dios mío, es una incesante prueba cabal,
De fuera hasta la vertiente de lo que no sé.

Convoca con urgencia a su amada: «¡Embriaguémonos, Amor, y no de vino!», en claro eco de los primeros versos del Cantar:

Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.
¡Oh si me besara con besos de su boca!
Porque mejores son tus amores que el vi

La voz del Cantar es la de otra morena venturosa, la hermosa Sulamita, y sus palabras se dirigen a Salomón. Se trata de nombres simbólicos, claro está. Salomón significa «quien da paz»; y Sulamita, «la que halla (o infunde) paz». La palabra šālôm, de donde Salomón y Sulamita, significa no solo paz sino también bienestar, salud y plenitud, tanto física como espiritual. He aquí el sentido profundo del amor que celebra Alfredo: la identidad que deriva del encuentro con el otro, la fortaleza que proviene de la unión, y la integridad de la persona que se descubre a sí misma en la armonía del amor. Un hilo de oro recorre el poemario: la paz y fortaleza que transmite el amor que se comparte «bajo el Eterno».

¿Quién no reconocerá en las palabras de Salomón el encendido elogio de nuestro poeta hacia la figura de Jacqueline?

Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía;
Fuente cerrada, fuente sellada.
Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves,
De flores de alheña y nardos;
Nardo y azafrán, caña aromática y canela,
Con todos los árboles de incienso;
Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas.
Fuente de huertos,
Pozo de aguas vivas,
Que corren del Líbano.

(Cantar 4:12-15).

Huerto cerrado, fuente cerrada, fuente sellada, –dice– para refrendar su exclusividad. Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano –añade–, para celebrar su vitalidad. Cito estos versos para reivindicar la poesía de Alfredo Pérez Alencart como heredera de una  tradición excelsa. Escuchémosle de nuevo, en ‘Piel de selva’:

Por su piel de selva
la reconozco
aunque no se gire

ante la visita
que hace su contento.

Ella desprende
colmados aromas,

cual milagro que,
de siglo en siglo
convierte la carne
en fruta.

Acariciarla
genera parabienes
o dicha

no postergada.

¿Cuál es el secreto de la energía creadora de Alfredo? Según leemos en este poemario, el amor que une a los dos inspira no solo la poética del autor sino su quehacer diario, el trabajo profesional, y la dimensión social. Una preocupación vital tanto de Alfredo como de Jacqueline, y de todos conocida, es su dedicación a la causa de los más necesitados, los refugiados y maltratados que duermen bajo los puentes y andan errantes por la tierra (reflejado en ‘Lo más oscuro’). No se trata, por tanto, de un mundo irreal, sino de «el espíritu y la materia, lo sacro y lo profano, mano a mano» que citábamos al principio. Escuchen su testimonio en ‘Eres mi Corina’:

Muchos se preguntan de dónde sale tanta fuerza,
desconcertados ante el caudal de mis empresas
y el firme avance que sin trastabillar presento.
No puedo, aun queriendo, contestar a todos ellos.
¿Cómo explicarles que es amor el combustible
de todos estos vuelos? ¿En qué lenguaje decir
que una sonrisa tuya abre en mí otro frente,
un impulso que de repente invita a caminar de nuevo?

El lenguaje de Alfredo es arrebatador, lleno de fuego y pasión, anhelo y deseo, que evoca sin remilgos su unión con Jacqueline. Escribe en un poema titulado ‘Patria’:

No hay más patria
que tu entrega
ni hay más mundo
que este amor.

El poeta crea un mundo único, su propio jardín cerrado, al que invita a contemplar a sus lectores con la distancia suficiente como para conservar el decoro, sin ruborizar. Tarea imposible, si no fuera por la poesía, y Alfredo es un poeta consumado, maestro de la alquimia de la palabra que hace de lo carnal, espíritu, y viste de carne lo espiritual.

En un fragmento exquisito, inspirado, que nos invita a participar en la celebración gozosa de su unión, Alfredo evoca las bodas bendecidas por la presencia de Jesús en Caná, cuando transformó el agua en vino:

            Mujer, sirve tú el vino porque –desde la Boda– te corresponde la primera señal.

Más que alquimia, por tanto, se trata de un milagro. De un modo misterioso, «mistérico» diría el poeta, el lenguaje de Una sola carne se transforma en libación vertida en el altar sagrado del amor.

Termino, como es justo, con mi propio homenaje a quien enciende el corazón del poeta e ilumina su caminar, Jacqueline, la amada «morena» de su particular Cantar. De ella escribe nuestro poeta, el hombre más libre del mundo, preso de su amor:

Estaba escrito
que cayera prisionero
de ti.

A medianoche,
cuando te ciñen mis manos,
una luciérnaga
anota en lo oscuro

el nombre del Amor.

¿Qué más se puede decir? Resulta, en el fondo, que lo sacro y lo profano se fusionan en una sola realidad, y que «el Eros forma parte de lo sagrado». El creyente que ama es un hombre completo, y de esta plenitud nos habla en este libro el poderoso verbo de un gran poeta, nuestro amigo y hermano, don Alfredo Pérez Alencart.

Con Jacqueline Alencar y las poetas y traductoras rumanas Liliana Popescu y Carmen Bulzan, en Craiova

Stuart Park nació en la ciudad inglesa de Preston, condado de Lancashire, en 1946. Tras cursar estudios en el Preston Grammar School ingresó en el Downing College de Cambridge, donde se licenció en Filología Románica. Colaboró intensamente con la Christian Union de la Universidad, dedicando sus veranos en España a la misión internacional Operación Movilización. Entre 1967 y 1971 participó, junto con David F. Burt, en los comienzos de los Grupos Bíblicos Universitarios (GBU) en Madrid. En 1970 se casó con Verna Reed, oriunda de Castile en el Estado de Nueva York, que colaboraba en la misión universitaria. Entre 1971 y 1972 vivió en Castile, y de 1972 a 1976 en Philadelphia, donde obtuvo el doctorado en la Temple University con una tesis sobre Don Cristalián de España (1545), novela inédita de la escritora vallisoletana Beatriz Bernal. A partir de 1976 la familia traslada su residencia a Valladolid. Stuart se dedica a la enseñanza del inglés, en 1981 funda Warwick House, centro lingüístico-cultural, y en 1996 se incorpora como director del Colegio Internacional de Valladolid, hasta su jubilación en 2012. Desde 1976 es miembro de la iglesia evangélica sita en la calle Olmedo 38 de Valladolid. Tras volver a España reanuda su colaboración con los GBU, dirigiendo estudios en campamentos estudiantiles y dando conferencias sobre temas bíblicos en diversas universidades del país. Miembro de su Comité Ejecutivo durante más de veinte años, ejerce como presidente de GBU de 1987 a 1997.  Desde 1996 Stuart Park es director de Alétheia, la revista teológica de la Alianza Evangélica Española. En 1991, bajo el sello de Publicaciones Andamio, Stuart Park publicó Desde el torbellino. Job: más allá del dolor humano’. Siguen otros títulos publicados por la misma editorial: Bajo sus alas. Rut: más allá del amor humano’, en colaboración con David F. Burt (1993). En 1995 publica ‘In memóriam’; en 1996 La señal. Jonás: más allá de la voluntad humana’, en colaboración con David F. Burt. En 2000 publica El cetro de oro. Ester: más allá del poder humano’, en colaboración con David F. Burt y David Pradales Ciprés; y Diez historias’, en 2004. Durante este tiempo publica, bajo el mismo sello editorial, varios estudios monográficos: La Biblia. Un libro para la postmodernidad’ (1988), Literatura y Biblia.El Señorío de Cristo y las letras’ (2ª ed. 1995); ¿Resucitó Jesús?’ (2ª ed. 1995); ¿Cómo interpretar la Biblia?’ (2ª ed. 1995); y Jesucristo hoy (1997). A partir de 2009 comienza una nueva y fructífera etapa de intensa actividad literaria. Publica libros de temática muy variada bajo el sello Ediciones Camino Viejo: Las hijas del canto. Las aves del cielo en la tradición bíblica y la poesía de José Jiménez Lozano’ con Prólogo del Premio cervantes José Jiménez Lozano (2009); En el valle de la sombra. Conversaciones con Sirio’ (2010) que relata las conversaciones con un amigo íntimo durante los últimos días de su vida. En el mismo año reedita ‘Diez historias’. En 2011 aparecen tres libros: El lucero de la mañana. La tumba vacía de Jesús’,que reexamina la evidencia de la Resurrección; El camino de Emaús. Parábola y símbolo en la narrativa bíblica’, que explora la hermenéutica bíblica desde el magisterio de Jesús; y Doce nombres’ que recorre la historia bíblica a través de algunos de sus personaje más emblemáticos. En 2012 publica Magníficat. María la madre del Señor’ y reedita ‘Desde el torbellino’. En 2013 publica Cartas a mis nietos’, un recorrido por la historia bíblica de forma epistolar, yEl cordón de grana. Historias de mujeres en la narrativa bíblica’. En el mismo año aparece Jardín cerrado. El Cantar sublime de Salomón’, y en 2014 publica La vida breve. El libro de Qohélet’, con prólogo de Pablo Martínez Vila, y Siete Palabras’, una reflexión acerca de las últimas palabras de Cristo en la Cruz. Más recientes son La palabra suficiente; Conversaciones con Aurelio, en torno a la fe; Junto al mar de Tiberias, Las señales que hizo Jesús; In memoriam, El dolor humano y la consolación de Cristo; Rut la moabita; De Egipto llamé a mi hijo, sobre la historia de José y, finalmente, Mesías, el texto de Jennens que inspiró el Oratorio de Händel (2018). Es miembro del Consejo Asesor de TIBERÍADES.

Stuart Park

 




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