Alfredo Pérez Alencart

“Los excesos milenarios”, de Dennis Ávila, traducido al portugués por Leonam Cunha y prologado por Álvaro Alves de Faria

Un libro para la Lusofonía

(Alfredo Pérez Alencart)

Salamanca es un sólido puente poético con Iberoamérica. Así se incluye –en plano de igualdad– a Portugal y a ese país-continente llamado Brasil. Un galardón como el Premio Internacional de Poesía ‘Pilar Fernández Labrador’, que no concede ni un Euro, sabe recompensar a quienes tiene FE en su credibilidad y prestigio.

Otro de los variados ‘premios’ de este Premio salmantino, es la traducción del libro ganador al idioma de Camões, Pessoa, Jorge Amado o José de Alencar, este último uno de los grandes novelistas del romanticismo brasileño. Lo cito porque me honro de formar parte de esa estirpe nordestina.

Pues bien, no hay pandemia que atenúe o frustre lo ofertado en las bases de la convocatoria. Y antes de lo previsto, ya contamos con la traducción completa de “Los excesos milenarios”, de Dennis Ávila. La misma ha estado a cargo de Leonam Cunha, joven poeta brasileño (del nordestino Estado de Rio Grande do Norte), abogado y estudiante de Doctorado en la Universidad de Salamanca. Él ya ha hecho similares encargos con otros libros premiados: de la cubana Lilliam Moro (IV edición), del costarricense Juan Carlos Olivas (V edición) y del salvadoreño Luis Borja (VI edición).

(Una recomendación: si algún poeta o académico está pensando en que se traduzca su obra al portugués, bien puede contactar con él y ponerse de acuerdo en las condiciones de su trabajo. Lo hará mejor que bien: leonam_cunha@hotmail.com)

La Muerte del Jardinero Vegano, obra de Luis Cabrera y portada para la versión portuguesa

También contamos, más rápido de lo esperado, con el prólogo del libro, que lleva la firma de Álvaro Alves de Faria, uno de los notables poetas actuales de Brasil y a quien Salamanca supo homenajear hace una trece años. Acceder a su página en la Internet es una buena cura de humildad para quienes tengan pretensiones: verán que se suman a otras casi seis millones y medio visitas…

http://www.alvaroalvesdefaria.com

Alves de Faria, también periodista y narrador, ha escrito los prólogos para las ediciones en lengua portuguesa de los últimos cuatro premios Pilar Fernández Labrador. Al final reproducimos el dedicado al libro de Dennis Ávila.

La pintura de portada del libro, por segundo año consecutivo, es del artista cubano-español Luis Cabrera Hernández, profesor en la escuela de Grabado de la Casa de la Moneda de España. Un maestro en estas lides.

El libro saldrá bajo el sello editorial del Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca (CEIAS) y, además de una edición en papel de tirada limitada, tendrá una versión digital para ser descargada libremente desde cualquier lugar de la Lusofonía. La edición en español saldrá editada por la Diputación de Salamanca, en cuidada edición.

En las próximas semanas seguirán conociéndose el avance de los otros ‘premios’ del Premio PFL.

SEIS POEMAS INÉDITOS EN CASTELLANO Y PORTUGUÉS

(Primicia para Tiberíades)

Foto de José Amador Martín

PRIMERA NOCHE

Hay una certeza: son las cinco de la tarde
y voy a ser un árbol.

Estoy sembrado en el terreno baldío
que se entregó a mi espíritu.

Lo cruzo de lado a lado,
sin más preámbulo que mi perplejidad.

Es tiempo de dormir para los animales del día.
Se estiran los animales nocturnos.

Desvelo luminoso,
no distingo entre la sed o el insomnio.

La noche es una ballena que descansa.
Las estrellas, su escolta.

El aire custodia la luna, hermosa,
al otro lado de este musgo cósmico.

Sobrevivo a mi cansancio.

La montaña toma sorbos de tiempo.
Abro los ojos y esta es la oscuridad.

La red de lo que veo
vuelve vacía en cada intento.

Alencart, Elías, Fernández Labrador y Cunha, con la edición portuguesa del libro de Juan Carlos Olivas. Foto de Jacqueline. Alencar


PRIMEIRA NOITE


Há uma certeza: são cinco da tarde
e vou ser uma árvore.

Estou plantado no terreno baldio
que se entregou ao meu espírito.

Cruzo o terreno de um lado a outro,
sem mais preâmbulo além de minha perplexidade.

É tempo de dormir para os animais do dia.
Alongam-se os animais noturnos.

Desvelo luminoso,
não distingo nem sede nem insônia.

A noite é uma baleia que descansa.
As estrelas, suas protetoras.

O ar dá refúgio à lua, bela,
do outro lado deste musgo cósmico.

Sobrevivo ao cansaço.

A montanha toma uns goles de tempo.
Abro os olhos e eis a escuridão.

A rede que vejo
volta vazia a cada tentativa.

Homenaje a Remedios varo, de Miguel Elías


PALABRA TAMBOR


Dialogo con mi árbol. Emulo su raíz,
su tronco, sus ramas fuertes.
Por él caminan animales y silencio.

Estoy aquí para curarme. Cien metros
y un día me separan de otro buscador.

No podemos hablar; lo imagino
escarbando respuestas en su cuestionario.

El río inunda mi visión:
un sonido hermoso y limpio.

La selva se transforma.
Algo más fuerte comienza a borrarla.
El día es una sinfonía de tonos.
La montaña muestra su semántica.

Vuelve la noche con su manto estelar.
Más allá del tiempo, la mirada tardía del alba.

Dennis Ávila y Julieta Dobles

 


PALAVRA TAMBOR


Dialogo com minha árvore. Emulo sua raiz,
seu tronco, seus galhos fortes.
Por ela caminham animais e silêncios.

Estou aqui para me curar. Cem metros
e um dia me separam de outro buscador.

Não podemos conversar; imagino-o
escavando respostas em seu questionário.

O rio inunda minha visão:
um som belo e limpo.

A selva se transforma.
Algo mais forte começa a apagá-la.
O dia é uma sinfonia de tons.
A montanha mostra sua semântica.

Volta a noite com seu manto estelar.
Muito além do tempo, o olhar tardio da aurora.

Pintura de Miguel Elías

EL CANTO DE LOS PÁJAROS


Reposan los pinceles del vuelo.

La noche es un nido,
sobre ella tejen sus párpados.

Son perfectos en su entidad salvaje:
el color de los flamencos
y su bello contraste con el día.

Su plumaje permite contemplar
una respiración de cuerpo entero.

Abren los ojos y buscan un brebaje:
la trenza que ilumina su llamado al sol.

Parvada de cantos, lo dice la montaña:
procuran que amanezca.

Pintura de Miguel Elías


O CANTO DOS PÁSSAROS


Descansam os pincéis do voo.

A noite é um ninho,
sobre ela tecem suas pálpebras.

São perfeitos em sua entidade selvagem:
a cor dos flamencos
e seu belo contraste com o dia.

Suas penas permitem contemplar
uma respiração de corpo inteiro.

Abrem os olhos e procuram uma poção:
a trança que ilumina seu chamado ao sol.

Bando de cantos, diz a montanha:
procuram que amanheça.

Soportales de la Mayor de Salamanca. Foto de José Amador Martín

 


MECÁNICA DEL TIEMPO


El tiempo cae de pie. Su consigna
es un aplauso, una burbuja que estalla.

Persiste en su hallazgo;
río de arena por donde atraviesa el mundo.

Sus agujas son brazos cruzados,
un vértice entre lo insatisfecho
y el segundo dictado por la resignación.

Los primeros relojeros se quebraron frente al jet lag;
nuestros ancestros inventaron el hipo
lejos del sol
y su mirada pálida al otro lado de la nieve.

Al igual que el mar, vigila su partitura.
Es el tiempo y cae de pie como la lluvia.

 

MECÂNICA DO TEMPO


O tempo cai em pé. A palavra de ordem
é um aplauso, uma bolha que explode.

Ele persiste em sua descoberta;
rio de areia por onde atravessa o mundo.

Suas agulhas são braços cruzados,
um vértice entre a insatisfação
e o segundo pela resignação decretado.

Os primeiros relojoeiros se estragaram com o jet lag;
nossos ancestrais inventaram o lamento
           longe do sol
e seu olhar pálido lá do outro lado da neve.

Como o mar, resguardam sua partitura.
É o tempo, e ele cai em pé – como a chuva.

Portada de la edición portuguesa del libro de Lilliam Moro. Ilustración de Miguel Elías

PACTO MARINO


El mar no está solo, lo acompaña su espíritu de balsa.

Credencial oceánica, de cerca es un caballo;
a la distancia una perfección horizontal.

Le gusta que le digamos mar,
también entiende si lo llamamos memoria.

Poco o nada le interesan sus barcos oxidados
y menos el hielo que se vuelve mar.

No tiene ojos, pero sus olas insisten
sin perder de vista la arena y los peñascos.

Marea baja, marea alta,
el universo rige su vaivén sagrado.
A veces calma, otras, tragedia;
asume su acuerdo lunar.

El mar no está solo: custodia el infinito.

A. P. Alencar y Luis Cabrera, en Salamanca y con la antología Segun voy de Camino, versos del primero ilustrados por él (foto de J. Alencar)


PACTO MARINHO


O mar não está sozinho, vai acompanhado de seu espírito de balsa.

Credencial oceânica, de perto é um cavalo;
nas distâncias, uma perfeição horizontal.

Ele gosta que o chamemos mar,
mas também entende se lhe dizemos memória.

Pouco ou nada lhe interessam os barcos enferrujados
e menos ainda o gelo que se torna mar.

Não tem olhos, mas suas ondas insistem
sem perder de vista a areia e os penhascos.

Maré baixa, maré alta,
o universo rege o vai-e-vem sagrado dele.
Às vezes, calma; outras, tragédia;
assume o seu acordo com a lua.

O mar não está sozinho: ele protege o infinito.

DUALIDAD

El atardecer, en el fondo, es un eclipse.

El día, una mirada que devora.
La noche, un montículo que cubre la luz.

Elementos cardinales: toda casa
esconde un pasado de piedra,
la ceguera se despeja para el cenit.

Un trozo de madera
toma su lugar en la ceniza.

Astro del tiempo:
mañana en la noche, luna en el sol.


DUALIDADE


O entardecer, no fundo, é um eclipse.

O dia, uns olhos que devoram.
A noite, um morrinho que tapa a luz.

Elementos cardeais: toda casa
esconde um passado de pedra,
a cegueira se desanuvia para o zênite.

Um pedaço de madeira
toma seu lugar em meio às cinzas.

Astro do tempo:
uma manhã dentro da noite, a lua sobre o sol.

Alves de Faria en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)

Prólogo

POESIA PARA UM PLANETA ENFERMO
(Álvaro Alves de Faria)

Antes de tudo, a poesia é revelação. O homem. A terra. É a natureza de todas as coisas. Ao poeta caberá sempre usar suas ferramentas de palavras para emoldurar esse mundo que, quase sempre, não se mostra ao olhar comum. Quase tudo permanece escondido num beco. É o poeta que sai à procura das joias raras para mostra-las às pessoas. Essas observações se fazem necessárias, depois de se percorrer poemas deste belo “Excessos Milenares”, do poeta hondurenho Dennis Ávila Vargas que, para situar melhor sua poesia, especialmente deste livro, dividiu a obra em três partes: Elementos cardeais, A noite celeste e Relatório medular. Esta poesia é uma poesia de grandeza poética, de um autor que conhece bem o seu ofício de dizer em forma de poemas esse elemento que permanece escondido aos olhares, mas não ao olhar de um poeta atento ao que vive em seu redor.

O planeta está enfermo. A ganância parece vencer. E o mundo vai sendo destruído aos poucos pela irresponsabilidade de alguns que não medem as consequências de atos desprezíveis. Tudo em nome de negócios que pertencem a apenas alguns, em detrimento das pessoas, os habitantes da Terra. Comecemos logo no primeiro poema, no qual o poeta afirma: “Nada começa aqui, tudo é antigo/ o fogo – deidade matriz -/ convida ao seu calor e também ao seu incêndio”. Não poderia ser melhor. Três versos que dão início a uma obra poética com as palavras certas para o mundo que apresenta quase sempre dissabores de toda ordem. É a maneira de a Poesia participar mergulhada nesta destruiçao em que faltam rumos ou em que esses rumos são apenas desvios não verdadeiros que podem conduzir a vida do homem nas circunstâncias de uma vida difícil de viver.

Dennis Ávila Vargas elabora, no fundo, um longo poema de desvendar o que nem sempre se mostra. Essa, afinal, é finalidade de uma poesia que se quer presente e nunca distante da realidade de um mundo esfacelado por todo tipo de maldades que a poesia enfrenta e luta para clarear uma paisagem quase sempre escura, com muitas pedras provocando atropelos e percalços difícil de ultrapassar. Mas a poesia consegue. A poesia sempre conseguirá, se for sentida pelos poetas que não se deixam levar pelas facilidades reinantes. O poeta, em grande parte deste “Excessos milenares” preferiu cursar os caminhos de um lirismo contundente pela beleza e pelo que pode informar ao homem. Dentro disso, o poeta utiliza versos que buscam o encantamento. Veja-se, por exemplo: “Há uma certeza: são cinco da tarde/ e vou ser uma árvore”. Ou: “Entrego o olhar a um pedaço da noite”. Mais: “Minha estrela da manhã está muito distante”. E ainda: “Humildade para irradiar a paz/ povoada de ausência”. São versos tocantes. Versos de poesia. De uma imensa poesia que pertence à vida do homem. E a toda natureza, equivale dizer à vida, que é o essencial. Assim, o poeta se debruça em vários horizontes do mundo para se fazer presente. Vejam este poema “Universo voraz do inatingível”:

Nos telhados, velhos para-raios sustentam o inverossímil.

A energia desce e ilumina o espaço
por um segundo nuclear.

Um piscar de olhos no que se vê se escuda.
O resplendor deixa uma marca no que foi perdido.

Ciclo efêmero, abdômen de vaga-lume;
as coisas belas são inacessíveis e breves
como sapos de vidro.

Portada de la versión portuguesa de UMIT, de Luis Borja, premio 2019. Ilustración de Luis Cabrera

A palavra “efêmera” desse poema é o poema completo, se assim desejar o poeta, porque traduz tudo que está ao redor de cada um. O efêmero rio, o efêmero sentido, a efêmera vida. O efêmero mundo. O efêmero planeta agredido dia e noite, noite e dia, com ferimentos profundos que o fazem sangrar, as florestas que desaparecem, as águas que se esgotam, os pássaros que perdem o voo. Os animais tentam de salvar dos incêndios das matas, o homem predador olha com seu orgulho doentio. E a ordem parece ser destruir, cavoucar a terra até que a terra desapareça. E onde entra a poesia nisso, feita de palavras e gritos? A poesia se faz necessária para até esclarecer o sentimento que, de alguma maneira, ainda existe em todo lugar. É algo que precisa ser resgatado. O poeta recorre a Antoine de Saint-Exupéry para se situar: “O Pequeno Príncipe temia que os baobás/ comessem seu planeta inteiro/ Às vezes eles cresciam como aranhas/por dentro da terra”. Aranhas crescendo por dentro da terra significa certamente destruir tudo. Por fim a um planeta. Recorreu o poeta a imagens do escritor francês dono de uma poesia que atravessa os anos com uma mensagem que nem todos ainda compreenderam.

Dennis também lembra a vida angustiante da poeta norte-americana Sylvia Plath, que acabou com a vida praticando o suicídio quando todos os caminhos se fecharam, dizendo que o inverno, em Sylvia Plath, não são as árvores cheias de neve, como pode parecer. Na verdade, sua botânica urbana – observa – é uma gata branca que a tempestade arranha. Pior é saber que essa tempestade sempre existirá na vida do homem e que outras Sylvia Plath seguirão pelo mesmo caminho, tal o peso das águas que caem das nuvens, tantas vezes com uma violência difícil de suportar. Não é à toa que o poeta afirma que “somos uma âncora à deriva pelas margens deste abismo”. Tem razão. O abismo estará sempre à espreita. Sempre estará presente. É preciso nunca esquecer que “a noite é um ninho/ sobre ela tecem suas pálpebras”. Sendo assim, é preciso saber que “sentir é um pacto ligado à respiração/ sentir é encher de pássaros o corpo”. O poeta deixa claro sua intenção de elaborar sua obra poética em nome da vida. Afinal, esta é a vida. Ainda. Então é preciso preservá-la e respeitá-la também para que tudo se conclua. Mais um poema para que a poesia traduza a possibilidade de seguir de acordo com as normas da vida. Vejam este “Sistema Solar”:

O sol é uma coordenada mestra.

Vibra em sua meditação
como um baú de fogo no frio cósmico.

Presente em casa excesso milenar,
doem sua ausência e sua queimadura.

Pureza e esplendor: em forma de pólen
ou chuva solar, sustenta a vida.

Ciência e espiritualidade coincidem:
a sua voz transcende a matéria.

Estrela central, magma do Grande Mistério,
todos os caminhos vêm do sol.

Há sempre o começo, o meio e o fim. Muitos começam pelo fim e outros terminam logo no começo sem viver o meio. É tudo mesmo um grande mistério, que só os iniciados podem compreender porque estão mergulhados no infinito das coisas e do ser. Está no ser essa grande palavra a ser ainda desvendada, revelando porque existe e onde existe. A verdade é oculta e o ocultismo necessita de cuidados especiais dos humanos, porque não pode haver erro. O caminho está aberto, basta caminhar. Talvez não seja tão simples como pode parecer. Trata-se do transcedente. O poeta escreve em outro poema: “Qualquer forma de vida é irrepetível/ e soprando-se pelos terrenos baldios/ conquista rios que nascem duas vezes”. Nascer duas vezes, somente na poesia. E por esse motivo o poeta escreve o que sente e tem como certeza, embora sejamos flores passageiras paridas da mesma raiz. Aliás, sempre da mesma raiz, como pode se notar nesta obra, no conjunto de seus poemas interligados, levando a um universo difícil de se descobrir. Tudo da mesma raiz, como haverá de ser sempre. Caminha assim esta obra, buscando sempre os segredos que se guardam na própria natureza e no fundo da vida, onde estão as palavras que ainda vivem, não sucumbiram aos baques fatais de um tempo que esmaga qualquer aceno, qualquer busca, qualquer silêncio, qualquer caminho, deixando o sentido mais cruel da ausência de tudo.

Álvaro Alves de Faria y Pilar Fernández Labrador en el Ayuntamiento de Salamanca (2007. Foto de Jacqueline Alencar)

A poesia de Dennis Ávila Vargas se mostra pronta para enfrentar esse cenário tantas vezes sombrio para levar o que ainda resta da luz, uma espécie de profeta a mostrar que nem tudo se perdeu. “De todas as doenças/ a mais comum é a saudade da casa”, diz ele em um verso que tem vida própria assim sozinho, separado do próprio poema como se fosse ele, o verso, o próprio poema e sua poesia possível. Como epígrafe na terceira parte de seu livro, o poema utilizou um pequeno poema de São João da Cruz, uma indagação: “O peixe que sai da água/ alívio ainda não carece/ que na morte que padece/ no final lhe fale a morte/ Que morte haverá que se iguale/c ao meu viver lastimoso/ pois quando mais vivo, mais morro?”. Esses versos, na verdade, podem ser aplicados para explicar toda a poesia aqui escrita. É como se o poeta partisse daí para sua trajetória, para sua observação nem sempre feliz: “Dos aviões/ dá para ver os rios que morreram antes de nascer”. É assim que se apresenta o planeta de hoje, devastado perversamente. Mas a natureza tem como responder à altura. E responde. “A selva se transforma/ Algo mais forte começa a apaga-la/…/ muito além do tempo o olhar tardio da aurora”. A palavra parece pequena diante desse caos que habitamos. Qual a porta de fuga? Não existem portas de emergência. O poeta observa dm um poema que “a poesia é um cinzel que esculpe um almanaque”. E é verdade. Um simples almanaque. Tudo se transforma num almanaque. Por isso não há descanso, é preciso ir atrás. É preciso revivê-lo por direito à vida. O poeta acredita que existem instantes que persistem no futuro, talvez um sonho porque, de alguma maneira, é ainda preciso sonhar: “Os sonhos entram pelo sono/ e morrem na realidade;/ Vejo-os passar como janelas de trem”. Seja como for, esse sonho haverá de existir sempre, senão não a vida se nega, deixar de existir. O poeta sabe que a fé escala degraus da ansiedade. Tem de ser assim, a poesia é assim, a poesia vai mais fundo, não deixa se perder em devaneios inúteis que nada dizem a vida. Tem-se mesmo que atirar-se nessa escada que não desvenda caminhos, mas está lá convidando os passos da procura. Os espíritos observam que a selva devora a selva. A vida devora a vida. Não há como evitar. Esse, afinal, é o cenário de um tempo ruim, como diria o dramaturgo brasileiro Plínio Marcos. Um tempo ruim. Difícil de atravessar e viver. Um tempo de negação. O que se vê é o brilho de um Sol que insiste a brilhar como uma estrela que quinta grandeza. O Sol é necessário com sua luz. O planeta enfermo necessita de luz para sarar suas feridas cada vez maiores. Cabe à poesia criar essa possibilidade.

O poeta fala do cosmos, dos pássaros, das árvores, as imensas árvores, dos rios. Sobretudo da toda a natureza, da qual dependemos. Sempre vamos depender. Nada como a poesia para cobrir tantas chagas. E os ferimentos são enormes, nem sempre têm cura. Assim, poderá chegar um dia qualquer de negação absoluta, de toda escuridão. E o poeta dá sua sentença certeira:

“Todos adormecerão, inclusive os homens de negócios”.

     São Paulo – Brasil

Foto de José Amador Martín
Dennis Ávila y el tucán



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