J. A. Monroy

San Juan de la Cruz y la noche oscura del alma

 

Una de las primeras ediciones de la Enciclopedia Espasa decía que San Juan de la Cruz –su nombre era Juan de Yepes– había nacido en Fuenterrabía, Guipúzcoa. De haber sido así tal vez el siglo de oro español no habría contado entre sus genios al gran místico. El pintor asturiano Darío Regoyos dijo que Castilla es el paisaje más espiritual del mundo, porque en kilómetros a la redonda no se ve nada comestible.

La Espasa ha corregido el error en las nuevas ediciones y concuerda con todas las biografías que existen del místico en que éste nació en Fontiveros, Ávila, probablemente el 24 de junio de 1542. Era el último de tres hermanos.

¡Qué España aquella! Rafael Torres la pinta “oscura, pobre y triste”. Reunía todos los síntomas de la locura y la intolerancia religiosa. La Inquisición, el Concilio de Trento, la Contrarreforma. “Tres reyes bastante infames –sigue Torres-, Carlos I, Felipe II y Felipe III, los que marcan el cénit y el declive del Imperio español, pasan sobre el país dejando una huella indeleble de negrura e intolerancia”.

A San Juan de la Cruz le gustaba recordar que era hijo de un pobre tejedor. El padre murió cuando el futuro poeta sólo tenía nueve años. Al enviudar, la madre decidió trasladarse a Medina del Campo (Valladolid), donde el niño Juan de Yepes trabajó como aprendiz de carpintero, sastre, escultor y pintor. Después de estudiar las primeras letras en el Colegio de la Doctrina para niños pobres, decidió ingresar en la orden carmelita. Aquella España de ocho millones de habitantes tenía doscientos mil hombres y mujeres al servicio de la Iglesia católica. Era el mejor refugio contra el hambre y la pobreza.

El año 1567, cumplidos 25 años, San Juan de la Cruz fue ordenado sacerdote. Para entonces ya había realizado estudios de Filosofía, Teología, Latín y otras disciplinas en el campo de las Humanidades. Por esta época conoce a Teresa de Ávila, de quien fue primero discípulo y luego maestro. Desde entonces los dos lucharon juntos por el ideal de la orden carmelita, librando las mismas batallas y sufriendo idéntico tipo de persecuciones. Santa Teresa dijo de San Juan de la Cruz que era el varón más santo y más sabio que la Iglesia católica tenía en aquellos tiempos.

Víctima de las intrigas frailunas, San Juan de la Cruz fue detenido y encarcelado en una pequeña habitación sin luz en un convento de Toledo. Allí fue torturado y sometido a una severa disciplina a pan y agua. En este encierro empezó a escribir su obra más celebrada, el “Cántico espiritual”. Consiguió escapar del convento descolgándose por una ventana y huyó de Toledo. Entre 1578 y 1591 desarrolló una gran actividad en Andalucía, fundando conventos de los carmelitas descalzos en varias poblaciones. Éste fue el período de más intensa labor literaria. Enfermo, agotado físicamente, con una pierna ulcerada, el 28 de septiembre de 1591 se trasladó a Úbeda, donde falleció el 14 de diciembre. Un año después su cuerpo fue llevado a Segovia.

Firma San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz no escribió mucho. La Biblioteca de Autores Cristianos, de Madrid, publicó en 1940 su obra completa en un tomo de 850 páginas. Sus escritos pueden dividirse en mayores y menores. Entre los primeros destaca el “Cántico espiritual”, seguido por “Subida al Monte Carmelo”, “Noche oscura del alma” y “Llama de amor viva”. Entre las obras menores se incluyen “Avisos y sentencias”, “Epistolario” y una serie de poesías de extraordinaria belleza. Algunas de estas poesías son versiones en sentido religioso de poesías profanas.

La obra más celebrada de San Juan de la Cruz es, sin duda, el “Cántico espiritual”. Quien no lo haya leído debe hacerlo. El místico utiliza metáforas y comparaciones espléndidas para darnos a conocer las excelencias del amor divino en las almas. Coincidiendo en la forma y en el sentido con Santa Teresa, San Juan de la Cruz nos lleva en progresión desde los grados inferiores a los más altos del desposorio y el matrimonio espiritual.

Aún cuando el “Cántico espiritual” suena mucho a “El Cantar de los Cantares”, de Salomón, la estructura general es distinta. Para el filósofo José Luis López Aranguren, “El Cantar de los Cantares” es un poema “sobrecargadamente sensual” en su interpretación literal, en tanto que el “Cántico espiritual” “no es nada sensual pero sí hondamente erótico en su trasposición poética”.

La influencia del bíblico “Cantar de los Cantares” en el “Cántico espiritual” salta a la vista desde los primeros versos. San Juan de la Cruz se apoya en Salomón para sus composiciones líricas.

Véase una muestra en la canción primera y tercera del “Cántico”:

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo, huiste,
Habiéndome herido;
Salí tras ti clamando, y eras ido.
Buscando mis amores,
Iré por esos montes y riberas,
Ni cogeré las flores,
Ni temeré las fieras
Y pasaré los fuertes y fronteras.

La poesía de San Juan de la Cruz está considerada como la más brillante que produjo el Siglo de Oro español. Su singularidad consiste en que es una poesía a la vez ascética y erótica; dramática y lírica. Principalmente mística. Miguel Salabert insiste en que si mística quiere decir misterio, o viene de él, “no hay poesía más misteriosa y más enigmática” que la de San Juan de la Cruz. Para Aranguren, “la vida mística se asienta sobre la soledad buscada. El alma ha de allegarse por sí, sin interpretaciones externas, a Dios hasta fundirse con Él”.

Busto de San Juan de la Cruz y Catedral de Salamanca (foto de José Amador Martín)

Así es la poesía que nos dejó San Juan de la Cruz. Y así era también su teología. En diciembre de 1990, la Junta de Gobierno de la comunidad andaluza organizó en Granada un encuentro para discutir la vida y la obra de San Juan de la Cruz. Intervinieron personalidades de varios países, especialistas todos en los místicos españoles y en la poesía del Siglo de Oro. Entre estos especialistas estuvo el pastor protestante inglés Colin Thompson, quien afirmó que “la obra de San Juan de la Cruz es más protestante que católica”. Thompson añadió que su espiritualidad “estuvo marcada por el apego a la Biblia y a la interioridad”, ambas actitudes protestantes.

Thompson inscribió la figura de San Juan de la Cruz dentro de “la iglesia inconformista”. Estas congregaciones disidentes, añadió Thompson, “representan, dentro del campo protestante, un deseo paralelo al que animó a Santa Teresa y a San Juan: el retorno a la Iglesia primitiva y a una vida que no admite un cristianismo tibio”.

Volviendo al filósofo López Aranguren, “si de Martín Lutero se ha dicho que funda la prosa alemana moderna, también de San Juan de la Cruz cabría decir, quizás, que es el fundador de la moderna poesía –erótica y mística- española”.

Juan Antonio Monroy (1929) nació en Rabat, Marruecos, de padre francés y madre española. Es periodista y escritor. Ha fundado y dirigido cinco publicaciones, ha escrito 57 libros y más de 3.500 artículos. Conferenciante ampliamente solicitado, ha pronunciado conferencias en Universidades y Centros culturales en unos 30 países de América Latina, Europa y en 36 estados de la Unión Norteamericana. Ha viajado por 83 países del mundo y publicado tres libros de viajes. Doctor Honoris Causa por el Defenders Theological Seminary de Puerto Rico, por la Universidad Pepperdine de Los Ángeles, California y por la Universidad de Abilene, en Texas. En mayo del 2012 la misma Universidad de California le entregó ante tres mil personas una placa como reconocimiento a cincuenta años de intensa labor literaria. Días más tarde la Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos, en una entrañable ceremonia que tuvo lugar en la Universidad de Salamanca lo distinguió como “hombre del año” 2011, ofreciéndole ese Premio. Monroy figura inscrito en la tercera edición del anuario Quien es quién en las Letras Españolas, del Instituto Nacional del Libro Español y en el Who´s who in Western Europe, de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, edición 1981. Habla francés, inglés y árabe, además de español. Juan Antonio Monroy forma parte del Consejo Asesor de Tiberíades.

Juan Antonio Monroy (foto de Jacqueline Alencar)

(Imagen de cabecera: Retrato de San Juan de la Cruz, de Miguel Elías)



One thought on “San Juan de la Cruz y la noche oscura del alma”

  • Guillermo Néstor Gitz 23/06/2020 at 4:22 am

    Estoy de acuerdo que San Juan de la Cruz y otros poetas místicos españoles, en que escribieron con mentalidad protestante. Es decir, eran genuinamente bíblicos. No recargaron sus poemas con parafernalia santoral ni con mariolatría. Exaltaron a Dios y su Hijo. Y como podemos apreciar, su amor por ellos es delicadamente amatorio y gozosamente sacrificial.

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