Irma Césped

Aproximaciones a ‘Historia Universal de una trenza’, de Marcelo Gatica

Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello;
atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando
el viento del norte pegue con fuerza. Nuestro
cabello es una red capaz de atraparlo todo,
Paola Klug

Marcelo Gatica (Cauquenes, Chile, 1976): Profesor de Castellano, Doctor en Literatura Hispanoamericana, Universidad de Salamanca. Y, a mi parecer, su más importante título, Maulino, Lector incansable del Aire, del Tiempo, de la Memoria.

Como alumno de Castellano en Santiago de Chile se destacó por su interés por los estudios literarios, y por la poesía cuya creación incitó y, en colaboración con algunos compañeros, publicó el poemario colectivo Taller Literario (2001), el libro de poesía a tres manos A-Trio Poético (2003) y en la revista de poesía Calíope varios poemas (2000-2003). Recibió el Premio de Poesía de la UMCE (2003). Continuaron sus producciones con ‘Crucial’ (con Pablo Gutiérrez, 2014), ‘Portafolio. Poemas a Pie de Página’ (Con Camilo Cantillana, 2014). ‘Buelos barios: boladas boludas’, de Rodrigo Lira Canguilhem,  El Extramuro (2018) y El mar ya no es (2020).

Radicado en Europa, ha divulgado a nuestros poetas a través de sus investigaciones: “Rodrigo Lira Canguilhem: Una propuesta poética en tiempos de desolación”, su tesis doctoral en Salamanca; en Estonia ‘Vientos del sur / Lounatuuled’, antología de poesía chilena seleccionada e introducida por él, con traducción de Carolina Pihelgas, Mariliin Vassenin y Helina Aulis. Tallin, (2015).

Marcelo, descifrador de lo oculto, nos sorprende con Trenzas, la Historia universal de una trenza…. Pareciera misterio de la palabra no dicha hubiera quedado trenzado en la infinita espiral del cabello que oculta el dolor que los hablantes líricos creados por Marcelo Gatica los revelaran poéticamente, en las cinco divisiones de la obra, dedicada cada las abuelas, madres, padres, hijas, hermanas, tías…. Historia de las trenzas que van desapareciendo junto a un mundo que debe ser cantado para no ser olvidado:

I – La memoria del viento           A Rosa Fuentealba Sepúlveda y Luisa Castro Suárez
II – Decálogo silente                     A Hilda Bravo Fuentealba
III Penúltimos atardeceres         A Rosa Fuentealba Sepúlveda y Rodolfo Gatica Castro
IV – Corte                                      A Mirla Gatica Bravo, y Karen Gatica Bravo
V – Mamá y el reino de agua     A Mariana Fuentealba Gatica, y Verónica Gatica Cárcamo

I.- En La memoria del viento se escuchan las acalladas voces ancestrales de Rosa y Luisa… Como hojas arrastradas por el viento susurran a través de las estaciones climáticas, oscuros secretos que sólo conservan una certeza: “las aprendices de tierra poseen partículas y raíces en el corazón que no son de este mundo ni del otro”, porque sus dolores les descubrieron la maravilla de beber de las partículas elementales de la naturaleza, en la otra orilla del ojo, en el borde del viento. Es decir, en el campo gravitatorio de los ángeles. (Mi madre siempre sospechó el verdadero oficio de la abuela”).

II – Como Yahvé, la hablante lírica trenza su Decálogo en el silencio de la íntima comunicación de mujer-tierra: “Toca la tierra hija, envuélvete con su humedad como un gusano en fotosíntesis. Saboréala como si fuera una fruta. Observa detenidamente el tiempo vegetal tras el ruido terráqueo, contempla sus pasos de agua. Recuerda que el ojo es el corazón apócrifo del cuerpo. Por mucho que atrapes ciertas imágenes, y recuerdos, flotarán en la orilla de una nada sin ritmo. Sumérgete en el barro sideral y sus huellas. Si aprendes a tocar la tierra no perderás la memoria infante, la esperanza de desplazarte eternamente por la luz, es decir, sumergirte sobre las pisadas diáfanas de ciertos ángeles que fueron mujeres.”

III – En los descuentos del poema “00/00/06” de los Penúltimos Atardeceres se cierne la muerte-nacimiento:

                   “00/00/00

Te sumerges en la arena
de espalda a las piedras.
Tus ojos yacen ingrávidos
en un cielo que comienza a rasgar tu
nariz y tus diminutos ojos negros van absorbiendo toda
la luz de la noche.
Tu corazón atrapa todo el viento de las horas.
Mientras tanto,
comienza a
florecer un ángel
de luz,
un roble en tu costado.

IV – Corte – Es el corte la violencia que se impone en la vida de cada persona… con tijeras que hieren más allá de la piel:

Luego frente al espejo
sin decir una palabra
con la dignidad de Juana de Arco.
Nos rapamos el cabello, el corazón
y los ojos.
¡Corte! ¡Corte!
¡Corta! ¡Hija! ¡Corta!¡Mamá!
(A veces las tijeras rompen la piel como
si fuera tierra arada que en su momento
o florecerá como roca viva).

Es un mundo que se quiebra en cada trenza que se corta, una historia que se enrojece, como si fuera roca viva… un 4 de octubre… 4 muchachos, Claudio Lavín Loyola, Pablo Vera Torres, Miguel Muñoz Flores y Manuel Plaza Arellano, corren por sus vidas…

“No hay aparato que mida el ritmo cardíaco
de los caballos al vuelo ni de los que miran
la muerte con los ojos abiertos.
En los corazones más tiernos se da una paz de estrella
de cometa alejado a la realidad vulgar del ladrido.
Cuando los muchachos corrían bajo la luna del lobo.
Stark soltó al minotauro metálico que se tragó los cuerpos.”

Caen las trenzas… cambian las costumbres… se pierde la vida… “Pero el espíritu es otra cosa. Hoy. Amanece a 45 años en este poema.”.

El poeta chileno Marcelo Gatica

V – Mamá y el reino de agua. La rebeldía de la niña: “Mamá, no creo en las palabras gotas de lluvia bajo la infamia del Ojo postizo. Me cansa la geometría de la trenza, el jumper pegado al cuerpo en la sala de clases. Tatuada. Al control de lectura cotidiano de unos cuervos sin ojos. Ser trozo de carne pasarela y gemido para aquellos bancos de la plaza atestados de manadas de ojos erectos de ladridos. Me cansa la risa gaseosa, el payaso de turno el que me ve en la cama en la cocina, limpiando la mierda. Me cansa que un verso de amor sea líquido entre las piernas.” Y la niña, ahora primera Ingeniera de árboles, descubre como la economía ha determinado la destrucción del paisaje amado:

“La dieta de los insecticidas fue arrasando la infancia,
y nuestra mirada vegetal se la zampó un
holograma, una postal. Los eucaliptos y pinos se
engulleron el agua mezclada con la civilización
de las ranas.
En su Apocalipsis se llevaron fragmentos de memoria
territorios líquidos que ya no volverán.
A las ranas
se la comieron los Eucaliptos.”

En el Patio de agua se conserva la magia de la abuela y con ella esperanza… Vendrán otros tiempos:

“Y el patio se llenará de un cielo vertical.
Una llama de tiempo donde cabe el color rojo de mi rubbik.
La combinación exacta para completar la migración del agua.
En el ojo del patio la abuela traduce del viento
el lenguaje de los ángeles.
Y el patio se llenará de libélulas, abejas: flores al vuelo y de cabros chicos
que sueñan en ser árboles.
Frente al peso de las estatuas el patio
se llenará de sol y fuego.
Y bajo la geología de la trenza se ancla
como memoria como ventana
como veleta de espíritus un magma oceánico
que refresca la piel para dar
el siguiente paso de agua.”

Desde una mirada simbólica Historia Universal de la Trenza es Signo, Metáfora y Alegoría del Verbo que se hizo carne y de la carne que se hace Verbo… Evolución e involución, Misterio de la Creación toda… juego regido por el misterio del tres y sus leyes… Trinidad, Trimurti, la gran Triada.

Desde la antigüedad la humanidad ha recurrido al trenzado del cabello con diversos fines, tal vez el más importante, el ornato y la manifestación de poder y posición económica y social. Diacronía de la trenza, derivada de una forma latina popular, “trinitiare (trabajar algo dividiéndolo en tres cabos), verbo formado a partir del distributivo trinus, que se usa preferentemente en plural trini, y que quiere decir «que consta de tres» o «de tres en tres»

En la trenza están presentes las tres energías creadoras de cuanto existe y de cuanto podamos imaginar: Aceptación, Negación y Conciliación, trivia que la mujer aprende, desde su infancia a resolver juntamente con la Tesis, la Antítesis y la Síntesis que debe conciliar en bien de la familia.

El numen de Marcelo Gatica, a través de su Historia Universal de la Trenza nos entronca con el misterio del trino que cada uno de nosotros es un óvulo fecundado por un espermatozoide como zigoto crece y se multiplica diferenciándose para transformarse en una carnalidad física, una cultura mental socio-familiar y un espíritu, supuestamente divino. Se trenzan en nosotros el cuerpo, la mente y el espíritu, o si se prefiere, en términos científicos, somos ADN (Ácido fosfórico, Desoxirribosa y bases Nitrogenadas), trenza genética que nos define socio-culturalmente. Nacer significa ingresar en una comunidad, en una cultura que asigna roles y funciones. Tradición que traiciona al Ser que soy:

“La tradición de cultivar trenzas de la abuela
era una estrategia para eludir el llanto:
la cárcel silente del cuerpo, y así posarse
en el silencio calmo de un espejo de agua.
Aquel ejercicio fue traspasado hasta mi madre
que quedaba desnuda como esos grises naranjos
de un atardecer desolado.
La tradición de hacer trenzas de la abuela
a mi madre y a sus hermanas se fue desplazando
en la piel de las más pequeñas.
Cortar la trenza, los años frente al espejo,
y evaporar la cárcel del cuerpo.
Cortar aquel hechizo sanguinario de lo no dicho.
Cortar de raíz el corazón.
Cortar y dar a luz un amanece
r rompiendo la tierra, tatuando mis huellas.
Fue el inicio de mi cuerpo desplegándose
libremente al viento”.

Irma Césped
Maestra de Literatura Medieval
Instituto Pedagógico de Chile
Actual (UMCE)

Imagen de cabecera: Acuarela del artista chileno Izak One




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