La poesía es coordenada, navegación y símbolos. Así, El mar ya no es (Diputación de Salamanca, 2020), va y viene en una matriz de gratitud, madurez y propósitos, mediante asíntotas de luz que Marcelo Gatica Bravo traza para la estación movediza de la vida, a través del mar, el país de los recuerdos y múltiples dimensiones que vibran en este libro fraterno.
Ofrendado en tres partes de una agenda atemporal –con elementos que habitan la fibra miscelánea de los días–, el autor teje una lectura de profundidades alternas, soberanas al caleidoscopio de la gran poesía: < descubrir la lengua del mar es seguir la caminata en círculos de los elefantes < quizás no hay conciencia del primer paso < salvo la certidumbre de un oleaje eterno.
Marcelo ha procesado en este libro los axiomas del ser: en el encuentro con su padre, quien rema fuerte contra la enfermedad que lo lastima; en los diálogos cuánticos con su hermano, experto en números y en las raíces cíclicas de los meteoritos; en las huellas de gato sobre un piano contemplado por Lukas, su hijo mayor, con el radar de la belleza, al igual que el poeta Gatica Bravo cuando manifiesta su defensa de las ranas versus los eucaliptos.
Postales frente al mar (o fragmentos a la muerte de mi padre) es el primer capítulo del libro, acaso el más entrañable por la presencia astral del amor con que el poeta intenta sostener el aliento en cada verso: < Padre, en la sala de urgencias escarbas sobre la superficie del tiempo < arañas con estrategias de los años setenta < cuando pese a tener tu primer televisor sintonizabas los partidos de fútbol por la radio <. Ello son estas postales: cortometrajes de Marcelo y su padre, quienes sonríen por el jugador fantasma que ha tocado la gloria en el eco de un estadio vacío, del modo en que fluyen infinitas sensaciones en los monitores blancos de la infancia y en las interrogantes oceánicas frente a la temida ola.
Nótese el signo “<” (menos que) en estos poemas y la línea de tachado como herramienta de corrección. Señales numéricas y semántica para desplegar una teoría de conjuntos en busca de su ecuación, con la tristeza –variable dolorosa– que viene y a va en la membrana de la incertidumbre: < la metástasis no te deja tachar las palabras < (…) < la metástasis es como esa alga roja que derrite las gotas del espíritu <; todo para entender que, pese a la resistencia, amar también es soltar: < Papá, el silencio es el lenguaje de los elegidos porque el mar ya no es <.
El autor muestra su fe, con estudio y práctica, memoria y respeto: < el mar ya no es < parece un verso espuma en la piel de estos últimos días < Padre, ya cruzaste al otro lado del mar <. En la orilla de una playa sin tiempo, Noviembre de 2019, firma el poeta Marcelo Gatica Bravo (como de forma magistral van firmadas cada una de estas postales poéticas), para dar paso a, precisamente, el mar, el cual sigue remando en sí mismo debido a su espíritu imperecedero, a su metáfora de movimiento y camino, a su aura.
Poesía para aproximarse: < una vela encendida es una puesta de sol invertida < entonces < sólo entonces, retorno al sonido de la palabra contemplar <. Poesía, salto al interior: < coge una piedra y escribí lo indecible < lánzala al fondo abismal < no importa si se quema la tierra porque el mar ya no es <. Poesía y gratitud. Aprender a vivir es una metáfora del desprendimiento, un instante para trenzar la paz y la humildad: < sabemos a ciencia cierta que la palabra mar no cabe en ningún poema <.

Diálogos cuánticos (segundo capítulo del libro) es un cambio de sed. El poeta atiza el fuego y prepara un lienzo en el cósmico atardecer: allá afuera, cuando no alcanzan los telescopios ni los radares sólo la poesía atrapa los cometas como mariposas boreales; choca –generacionalmente– entre la oralidad ancestral y el mundo virtual del movimiento terráqueo / del agua / de la semilla muerta / que da fruto; para entender el meteorito –como lo decía el patrono de los océanos– y también a su hermano matemático que observa con ojos geométricos y tranquilidad de zapatero, porque puede proyectar la muerte o el meteorito individual a quien se lo pregunte, al ser todo relativo ante el fin del mundo.
El acto de vivir es una repetición de nacimientos, la huella que dejamos es el rastro cosechado por el tiempo. Cada segundo amplía el rumor del túnel. Se palpa sus paredes con gestos que toman el pulso a la oscuridad, mediante una madeja que sortea movimientos en el hálito que desciende al mar: tras la última ola de luz se balancea / una pregunta con forma de agua.
Del mismo modo baja la angustia que provoca lo voraz del sistema, en su forma de extender los laberintos hacia el salto fúnebre de la vacuidad, mientras se quema el Amazonas y un poeta se lanza como un muerto / que abre lentamente / la tapa del ataúd en fotos compartidas en Facebook por los seguidores imaginarios de Notre Dame y los incendios cuánticos del día a día.
Hoy todo el mundo lucha por las abejas / que son el ser vivo más importante del planeta / pero yo pretendo dar la pelea por las ranas. Cuánta razón en este antídoto de lo improbable, en cuanto me gusta de las redes sociales y la miel que habita la nuez de aire en el súbito amargor. Cuánto enojo justificado en lo contemporánea que se ha vuelto la desazón y su metáfora de hilos desgarbados, de incendios por aquí y por allá, a pesar del espíritu del ser en un niño que intenta salvar las ranas de su infancia, convocado por el adulto que propone golpear al viento para construir un estado de excepción entre / el espacio y el tiempo / (…) / que estalle en mil pedazos como / las escamas / de los ojos del que lea / estos versos de aire.
Posteos finales o pese a la temporada de sequía en el horizonte es el tercer capítulo de este libro revelador: a simple vista / parecíamos indiferentes / leyendo huellas de un naufragio / en los bancos de un otoño amarillo / hipnotizados por el abismo / de una hoja al viento. Esquirlas de realidad se unen en muchos de estos versos, en esta vastedad de agujas en que respira, pese a todo, el anonimato de la esperanza: un poema / es uno de los organismos vivos / que superará la extinción planetaria de los cálculos / (…) / mientras guardábamos / como el tesoro de un niño / la palabra mar en nuestros bolsillos.
El mar ya no es es, de hecho, un claro ejemplo a las posibilidades que, entre líneas, señala a los relojes, mas no al tiempo, a la existencia de anclas, mas no al acto que impide lanzarlas para obtener una raíz en la cima del diluvio. Para ello, Marcelo Gatica Bravo acude a un gran maestro: su hijo, que fotografía con las manos / las hojas de los árboles / y escucha el desplazamiento inadvertido de un caracol, y no porque su padre es un digno representante de la observación, sino porque el poeta es un ser humano al servicio del lenguaje y la verdad, ebanista de puentes para la contemplación, los abrazos en el porvenir y también para lo tachado durante la sed y el llanto.
Todo ello pese al meteorito que amenaza desde siempre, con la claridad que deja el dolor tras despedirse de un ser amado, los diálogos con la familia que comparte nuestros sismos e inundaciones, y también los obsequios de un nuevo amanecer, al ser el universo un sendero de semillas y estrellas, en cada orilla de sal y arena, de marea y espuma, con la página abierta del Gran Misterio, cúspide de los inviernos y armonía en el olor a tierra mojada que asume la poesía y su capacidad de estimular a un recolector de luz pese a la aparente temporada / de sequía en el horizonte.

Dennis Ávila (Tegucigalpa, Honduras, 1981), concentró sus primeros libros de poesía en la antología ‘Geometría elemental’ (Casa de Poesía, Costa Rica, 2014). En 2016, aparece ‘La infancia es una película de culto’ (Ediciones Perro Azul, Costa Rica), reeditado en el Proyecto Editorial La Chifurnia (El Salvador, 2016), en Trabalis Editores (Puerto Rico, 2017), en Amargord Ediciones (España, 2018) y en New York Poetry Press (2019); ‘Ropa Americana’ (Amargord Ediciones, España, 2017), reeditado por Puertabierta Editores (México, 2018); e ‘Historia de la sed’ (Amargord Ediciones, España, 2019). Ha participado en eventos literarios en Centroamérica, Puerto Rico, Cuba, Bolivia, México, Estados Unidos y España. Su poesía se encuentra seleccionada en diversas antologías y ha sido traducida al portugués, inglés, rumano, árabe e italiano. Este año obtuvo el VII Premio Internacional de Poesía ‘Pilar Fernández Labrador’ por su libro ‘Los excesos milenarios’.

Marcelo Gatica (Cauquenes, Chile, 1976), poeta y Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca, con una tesis titulada titulada “Rodrigo Lira Canguilhem: Una propuesta poética en tiempos dedesolación”, dirigida por Carmen Ruiz Barrionuevo. Ha publicado los poemarios ‘Historia universal de una trenza’ (2020), ‘El extramuro /Väljaspool-müüre’ (Estonia, 2018), ‘Anclado al Pescador de Mares’ (2016), ‘Crucial’ (con Pablo Gutiérrez, 2014), ‘Portafolio. Poemas a Pie de Página’ (con Camilo Cantillana, 2014). En Chile publicó Barios buelos: boladas boludas’, del chileno Rodrigo Lira Canguilhem (Piélago Casa Editorial, Santiago de Chile, 2016), y en Estonia ‘Vientos del sur / Lounatuuled’, antología de poesía chilena seleccionada e introducida por él, con traducción de Carolina Pihelgas, Mariliin Vassenin y Helina Aulis. Tallin, 2015). En su país también publicó el poemario colectivo Taller Literario (2001), el libro de poesía a tres manos A-Trio Poético (2003) y poemas varios en Calíope, revista de poesía (2000-2003), obteniendo el Premio de Poesía de la UMCE (2003). En España y Portugal ha publicado en las antologías ‘Poesía para un existir’ (2010), ‘La hora sagrada’ (2010), ‘El paisaje prometido’ (2010), ‘O Divino’ (Portugal, 2011), ‘Poemas identificados’ (2013), ‘Arca de los afectos’ (2013), ‘He muerto… y he resucitado (2015), ‘Umbrales de la memoria’ (2015), ‘Un extenso continente’ (Castelo Blanco, Portugal), ‘Salamanca, raíz de piedra y letras’ (2017), ‘Explicación de la derrota’ (2017), ‘Das Águas Á Dança das Folhas” (2018, Editora Labirinto, Portugal), ‘Llama de amor’ (2019), ‘Regreso a Salamanca’ (2020) y ‘Mundo Aquí (2020). Ha recibido el Accésit del Premio Internacional de Poesía “Luis López Anglada” (Burgohondo, Ávila, 2008) y el primer accésit del Premio González-Warris de Poesía (Barcelona, 2012). En 2020 obtuvo el Accésit del prestigioso Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, por su libro “El mar ya no es”, publicado por Ediciones Diputación de Salamanca. Es subdirector de Tiberíades, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos.
