Alfredo P. Alencart

Poemas del portugués Pedro Tamen, traducidos por A. P. Alencart

Tiberíades tiene el privilegio de publicar estos poemas que A. P. Alencart tradujo, en 2006, de Pedro Tamen (Lisboa, 1934-2021), poeta y traductor. Licenciado en Derecho por la Universidad de Lisboa, fue presidente del Pen Club de Portugal, editor de la Editora Moraes (1958-1975), administrador de la Fundación Calouste Gulbenkian (1975-2000) y director-adjunto de “Flama”. La temática religiosa, primero, y las vertientes del amor, después, centran su decir poético. Premio D. Dinis de la Fundación Casa de Mateus, el Gran Premio de la Crítica, el Gran Premio de Poesía Inapa, el Premio del PEN Club de Portugal, el Premio Literario Inés de Castro y el Premio de Poesía Luis Miguel Nava. Entre sus libros están: Poemas Para Todos os Dias (1956); O Sangue, a Água e o Vinho (1958); Primeiro Livro de Lapinova (1960); Poemas a Isto (1962); Daniel na Cova dos Leões (1970); Escrito de Memória (1973); Os Quarenta e Dois Sonetos (1973); Horácio e Coriáceo (1981); Agora Estar (1984); Delfos, Opus 12 (1987); Caracóis (1993, con Júlio Pomar); Tábua das Matérias (recopilación de sus libros publicados entre 1956 y 1991); Guião de Caronte (1997); Escrita Redita (1999, antología); Memória Indescritível (2000); Retábulo das Materias (2001) y Analogia e Dedos (2006), entre otros. Su poesía completa está reunida en Retábulo das Matérias (1956-2013).

Estas traducciones aparecieron en la “antojolía” “DICHOSA SAUDADE. QUINCE POETAS PORTUGUESES”, publicada en Venezuela el año 2007.

Portada de Dichosa Saudade, antología de poetas portugueses seleccionada y traducida por A. P. Alencart

LOS NAUTAS

Cuando hasta pasada la tarde navegaban
la luz que dentro venía sobreponiendo
la lentejuela delgada de otro sol
al movimiento sombrío, idéntico, rodeando
los brazos inquietos, la sorpresa
que sólo de presentirse les dolía.

A la fría sal que sobre los pies sentían
y a la oscuridad más profunda, al somnoliento
y tosco sonido de la cuerda y de la madera,
a las aflicciones del hambre y al débil gemido
de una saudade parda, a la soledad
sin espejo, a la gula insaciable, al miedo

-a todo combatía una pasión
tan nueva en ellos, otrora nebulosa,
cual ha de ver, de ver con los ojos abiertos
hasta sentir en el friccionar de los dedos,
el mínimo paisaje, más completo
que los montes abúlicos, patrios y cambiados:

a la contracción de la vela, al pez lento
surgiendo de pronto, ignotas flores,
colores purulentos, vasto y breve espacio
para estridentes pájaros libres
y otra vida mayor,
y todavía incierta
que no saben si es de este o de otro sueño.

 

MI MUERTE NO TE DOY

Mi muerte no te doy.
Tuviste todo el resto
-la flor, la siesta, el crepúsculo,
la inquietud del día 8,
el control de las madres, de las manos
de las curiosas palabras que no dicen nada.
Todo lo tuviste: ¿estás contenta?

¿Feliz por tener todo lo que soy?
¿Feliz por perder todo lo que seré?

 

EL MAR ESTÁ LEJOS,
PERO NOSOTROS SOMOS EL VIENTO

El mar está lejos, pero nosotros somos el viento;
y el recuerdo que atrae, hasta ser él,
es de otro y semejante, es aire de tu boca
donde el silencio pace y la noche acepta.
¿Dónde estás, que niebla me perturba
tanto que no veo los ojos de la mañana
como tú misma la vez y te aprovecha?
Cabellos, dedos, sal y larga piel,
donde se encierra tu vida los ofrece;
y es con manos solemnes, fugitivas
que te recojo viva y me concedo
la hora en que las olas se confunden
y nada es necesario a la orilla del mar.

ESCRITO DE MEMORIA

Formado en derecho y soledad,
a las oscuras te busco cuando brilla la lluvia.
Es verdad que miras, es verdad que dices.
Que todos tenemos miedo al agua pura.

¿A qué dioses te debo, si te debo,
qué asombro es este, si hay razón para él?
¿Cómo te busco, entonces, si estás aquí,
o, si no estás, por qué te quiero poseída?
¿Cuáles ojos y cuál noche?
Aquella
cuando estuviste por decirme tu nombre.

UN FADO, PALABRAS MÍAS

Palabras que dijiste y ya no dices,
palabras como un sol que me quemaba,
ojos locos de un viento que soplaba
en ojos que eran míos, y más felices.

Palabras que dijiste y que decían
secretos que eran lentas madrugadas,
promesas imperfectas, murmuradas
en cuanto nuestros besos permitían.

Palabras que decías, sin sentido,
sin quererlas, más sólo porque eran ellas
que traían la calma de las estrellas
a la noche que asomaba a mi oído…

Palabras que no dices, ni son tuyas,
que morirán, que en ti ya no existen
-que son mías, sólo mías, pues persisten
en la memoria que arrastro por las rúas.

 

TE ESCRIBO DE CERCA

Te escribo de cerca, como si la mano
te fuese un ligero objeto aflorado,
como si de la calle te llegase
la tímida certeza para la compra
de los minutos siguientes. De cerca,
como el sol, como la cigarra.
Como un silencio pleno
que te viniese a los ojos de mañana
y amarte fuese la vestimenta
elegida al comenzar el día.

 

LA TINTA NEGRA QUE BAILA EN EL PAPEL

La tinta negra que baila en el papel
garantiza la eternidad del que empuña
el objeto frío y danzarín
(imaginaba yo un día, o simplemente
fingía creer). La tinta
de cualquier color y el papel
o hierro donde se inscribe
pasan volátiles como los dedos
llenos de intenciones y como
el sonido del cuco tres veces repetido.
Al silencio siguiente nadie siquiera
responde, pues no sabe
que haya habido un sonido, una verdad, un antes.

LLAVE, KLEE

Eres, como en Klee,
la máquina de chillar,
la liquidez perfecta de los movimientos,
la música de los sordos.

¿Qué húmedo pilar
sustenta, amor, el palacio
en que me refugio y duermo
que no sea tu canto

al canto de mi día?
Eres, como en Klee,
la virgen matemática
que todo me desvenda

y sin que yo haga cuentas
calculas sumas, zumos,
entre el hueco de las olas
y la azul astronomía.

SIBILA, DI QUE SÍ, SIBILA

Sibila, di que sí, Sibila
tus vientos tempestuosos, pero arrulla
nuestra pura sorpresa, cercano halo
donde se alinea, ciñe la sobremesa
de la vida inmensa, grueso y gordo callo
abierto de par en par a las potestades
donde el futuro aborta y pardo trastorna:
Sibila, sabes que prosigo,
que este camino preparo antes de venir
perdido y despedazado como el cordero
inventado después y donde cabes,
y donde hablas, mi centeno y trigo;
por eso, ahora, agónico pedir
es este mi tormento que te agrada
-Sibila, que mujer, el otro lado
de mí y de este mundo sea libre
de las iras desmedidas, de lo que genere
la rabia rigurosa del roído fin,
y venga aprisa soberbia como arado
a cortarme la carne para que el fruto
fructifique conmigo en todas las vidas.

 

Otra imagen de Pedro Tamen

 

 

 

 

 




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*