Alfredo Pérez Alencart

Cintio Vitier, primera centuria: visión de Salamanca y el Coronado de espinas

Hoy se cumple el primer centenario del excelente poeta cubano Cintio Vitier (1921-2009)

Creo q recordar que fue hacia finales de 1994 cuando conocí personalmente a Cintio Vitier y a Fina García Marruz. Habían venido a Salamanca, invitados por la profesora Carmen Ruiz Barrionuevo. Con ellos también llegó el poeta Roberto Fernández Retamar, entonces conocido en el mundo literario latinoamericano por ser director de Casa de las Américas.

Esos días hablé bastante con Cintio y Fina, especialmente en la recepción del Colegio Fonseca: nos unía la amistad con Gastón Baquero, una amistad que entre ellos se había suspendido durante varias décadas de exilio, por parte del de Banes, y de compromiso con la Revolución, por parte de esta pareja de excelentes poetas y personas.

Yo estaba culminando la recopilación de la obra completa de Gastón Baquero, por encargo de la Fundación Central Hispano, y, como tenía las primeras pruebas, se las enseñé a ambos. Fina me comentó que faltaba un poema cuyo manuscrito ella tenía en su poder, en La Habana, el cual había sido escrito por Baquero cuando tenía 16 o 17 años (luego ella me lo envió, por fax, gracias a la gestión de Carlos Barbáchano, agregado cultural de la embajada española en Cuba).

Con Cintio hablé mucho sobre Biblia y Poesía, lecciones que nunca olvido. Entonces me comentó que él había escrito un poema a Salamanca, cuando estuvo por vez primera en esta ciudad de su admirado Fray Luis de León.

Hoy he querido recuperar dicho texto.

 

Salamanca, de Miguel Elías

VISIÓN DE SALAMANCA

El dorado plateresco me está dando en la cara
en la tarde sosegada como un regazo maternal.
Siento ahora que vienen atravesando mis distancias
la rodilla misteriosa de la piedra y el amor de la mirada
que penetra como un paño azul las torres y las cresterías.
Los lugares se pierden en la palidez dignísima del pobre
que otra vez me acompaña a ver las escamas de blancura
o la noche prenatal del claustro en que escuchamos
la resistencia de los ceños como un tímido horizonte.
Nuestro paso en la tierra me recorre sin amparo,
sus ojos, mientras bebe la cerveza me destruyen gravemente
como si recordaran algo que tornara imposible lo que va a suceder,
y turbados nos alzamos para el desconocido sacrificio
arropándonos en la orfandad y terciopelo del idioma.
La tarde coge el oro y solemne en otras manos lo confía.
Luego estoy perdido deseando el panal de las estrellas insondable
y a punto de aclararse la dulzura que ardiente me posee
cuando el instante inesperado se abre y nos espera
desde la fundación tenebrosa de mi pecho.

(Sustancia, 1950)

Cristo, de Miguel Elías

Decía al principio, que Cintio fue el primer poeta de dilatada trayectoria que me habló de leer la Biblia y aprender de los grandes profetas y poetas contenidos en el Libro de los Libros, empezando por Jesús.Yo era un joven incrédulo y bastante huraño a cualquier idea o práctica religiosa; pero Cintio supo interesarme en las Escrituras, indicándome que, si quería lograr la excelencia, debía ir a la fuente de la Excelencia. Y quedó en mí la interrogante: ¿Cómo un magnífico poeta podía estar hablando de la Biblia y de Cristo? Mi supina ignorancia.

Gracias a Dios, solo quedó entre las muchas dudas íntimas que entonces tenía. En otro lugar he expuesto con amplitud ese encuentro con Cintio Vitier.

Y digo esto como prefacio para presentar cuatro poemas suyos, plenos de Cristo. Dice en otro texto suyo: “El único poder en que creo/ fue coronado de espinas”. Y de cierto que. tratándose de un cubano que se quedó en Cuba, también muchas espinas se lanzarán contra él, aunque ya esté muerto. La ideología política es nefasta cuando se extreman los vituperios y se esconde hasta lo poco bueno que haya podido hacer el denostado ‘rival’. Pero eso entre cristianos no debería darse, entiendo, a pesar de las posturas o banderías diferentes de cada uno: Cristo es, felizmente, el centro, la torre donde llegar para curar nuestras inmundas llagas.

Ahora prefiero exponer la savia de Cristo decantada en los versos de Vitier, quien otrora recibiera el Premio Nacional de Literatura (Cuba, 1988) o el Premio Juan Rulfo (México, 2002), el más prestigioso premio que se otorga en tierras americanas. Entre sus libros y antologías poéticas, podemos citar Vísperas (1953), La luz del imposible (1957), Testimonios (1968), La fecha al pie (1968), Hojas perdidizas (1988), Palabras a la aridez (1989), Poemas de Mayo y Junio (1990), Nupcias (1993), Dama Pobreza (1994) o Poesía (1997).

Y como el Señor cuando el pasaje de la samaritana, al genuino creyente en Cristo tendría que advertirle si está libre de Todo pecado, antes de arrojar la piedra (ideológica).

Que el Coronado de espinas siga acompañando a Cintio.

EN TU RED

Altísimo tú solo, desprovisto
de toda vacuidad y todo engaño,
si no pude seguirte por mi daño,
por tu gracia te vi mirarme, Cristo.

Por tu palabra sé que sólo existo
si toco a tientas la orla de tu paño,
aunque después me quede solo, huraño,
desdichado de mí, donde resisto.

Porque en mi ser otra pasión se halla,
la de no ser, la de faltar, la oscura,
tornándome este campo de batalla

que es el mundo completo, en miniatura.
Mas si salta en tu red tu criatura,
¡álzala, pescador, hasta tu playa!

 

TÚ ME HICISTE

(Santiago, III)

Tú me hiciste: que ellos
ahora me deshagan,
que en sus manos oscuras
aún quema tu venganza.

Hiriéndonos vivimos,
la sangre ardiente mana,
dándonos testimonio
de una invisible llaga.

La lengua entre los miembros
está contaminada,
inflama la creación,
del infierno inflamada.

Las bestias y las aves,
la serpiente es domada,
mas la lengua de fuego
borra la semejanza.

Y el gesto, y la amargura,
y la pobre mirada,
van abriendo la carne,
pudriéndonos el alma.

Cuando expriman la piel,
al foso sea echada:
carroña cainita,
tu mano la rehaga.

 

Cristo en la Cruz, de Miguel Elías)

PLEGARIA

(Fragmento)

Sensación general de algo abierto.// La ventana da al cielo,/ el cielo al cielo.//La vena abierta.// La llaga abierta.// … En lo cerrado lo abierto/ como su parte principal,/  la que lo abre/ a lo cerrado,/ la que lo sella como cerrado,/ cerrado-abierto.// Desaguadero, desangramiento/ ¿dónde?/ Siempre hacia arriba, o difuso/ por las entrañas, hacia los cielos/ que se abren unos a otros/ con la velocidad de lo inmóvil.// Estoy inmóvil volando/ a la velocidad del pensamiento,/ del deseo, de la nada,/ de la crueldad, de la plegaria.// El mundo está saliéndose de sí,/ vuela conmigo lento como un águila/ que es el espacio que a sí mismo se perfora.// (…) Lo final es lo abierto/ pero dónde/ si el dónde es un cerrojo.// Isla abierta, mar abierto, cielo abierto,/ hombre abierto, Dios abierto/ por el lanzazo en el costado.// Dios de cabeza/ desde su espacio, manando hacia arriba/ la sangre de su costado, el agua.// El agua siempre abierta,/ sin orillas, encima de los cielos, primer cielo,/ las aguas del principio/ donde se empolla la vida.// (…) El inmenso torrente de la ausencia/ desplomándose hacia arriba,/ hacia afuera, succionando/ cada partícula visible.// Lo visible como cerrado:/ parte de lo abierto, lo invisible,/ que bondadosamente, a cada instante,/ lo ayuda a estar cerrado, a parecerlo.// Pacto de lo visible y lo invisible,/ de lo ya visto con lo que todavía no se ve,/ con lo que se verá pero ¿cuándo?/ ¿Dónde?// Pacto de lo cerrado con lo abierto.// El grito, el alarido, la sangre derramada,/ el mar furioso/ contra sus límites, los ríos que se salen/ de madre.// Pero no ahora.// Sin duda estallaremos.// Pero no ahora.// Ahora estamos en la serenidad del estallido, volando hacia lo abierto con la velocidad de una plegaria.// Mi plegaria es mirar/ el sillón de hierro que estaba roto,/ ahora sano,/ inmóvil en la terraza abierta.

EL RESURRECTO

En un día agonizo y resucito
sin más cruz ni milagro que la vida:
estupor de la tarde inmerecida,
serenidad que se diría mito.

Paso angustia y rencor, el sordo grito
apenas late en la memoria herida,
los árboles me dan la bienvenida,
a reír en mi ciclo los invito.

Poema de la luz, entra en la sombra
y no dejes que pierda la esperanza
cuando vuelva a sentir que no me nombra.

Si eres mentira tú, no se me alcanza
qué puede ser verdad. Morir me asombra.
La noche está estrellada, y todo danza.

 

Cintio Vitier y Fina García Marruz, en Salamanca (foto de A. P. Alencart)

Cintio Vitier (La Habana, 1921 – 2009) Poeta, crítico e historiador cubano, uno de los miembros principales del grupo Orígenes. Su vida estuvo siempre marcada por la dedicación a las letras, como investigador, divulgador, crítico y escritor que cultivó la poesía, por encima de todos los géneros, y ocasionalmente la novela. Como poeta, su obra apareció siempre reunida en diferentes volúmenes comoVísperas (1933-1953) o Testimonios (1953-1968), y más tarde en Antología poética (1981) y Nupcias (1993). Otros poemarios suyos son Poemas de mayo y junio (1989) y Dama pobreza (1995). Su obra poética se divide en dos etapas: una primera marcada por la reflexión mística, intimista, y representada por los poemas recogidos en Vísperas, y una segunda etapa influida por la Revolución cubana, a la que se adhirió desde sus convicciones cristianas. Se ha dicho que su poesía está presidida por la inteligencia, no abstracta y conceptual sino mística, que parte de una oscura raíz y evoluciona hacia una forma lúcida y coherente, incluso en el cuidado de la métrica, como se percibe en el poema Imposible, que el poeta incluyó en su primera entrega colectiva. Con el tiempo, su preocupación se centró en el lenguaje y en una progresiva reducción de su naturaleza mágica. Cintio Vitier desarrolló también una importante labor de historiador y crítico literario. Entre sus ensayos cabe destacar Ese sol del mundo moral (1975), Temas martianos (1982) -escrito en colaboración con su esposa, la poetisa Fina García Marruz, Crítica cubana (1988) y Obras II. Lo cubano en la poesía (1998). De sus novelas merecen mencionarse De Peña Pobre (1980), en la que recorre cien años de la historia cubana desde 1895, y Los papeles de Jacinto Finalé (1984). Blog Biografías y Vida.

 

Foto de cabecera: Roberto Fernández Retamar, A. P. Alencart y Cintio Vitier (1994)

 

 

 




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