Alfredo P. Alencart, José A. Pérez Alencar, Poemas de

Alfredo Pérez Alencart y José Alfredo Pérez Alencar: Cuatro poemas para recordar a Alfredo Pérez Troncoso

Tiberíades se complace en publicar estos poemas atendiendo que en Perú y en otros países de la América Hispana se celebra el Día del Padre. La traducción al portugués la hicieron los destacados poetas Albano Martins y Leocádia Regalo.

UN ABRAZO MÁS

Si tu padre te pide un abrazo más
–un último abrazo interminable–
acude deprisa donde él espera
mientras siente flaquear su vida.

Abrazo cual razón de ser del hijo
buscando fusionarse con su ancestro;
abrazo que transmita gratitudes
por todo lo pasado y lo futuro.

Y aunque la garganta se te anude
y los ojos se muestren inundados,
acude con el corazón consolado
por el inmenso amor que nunca falla.

Todos tenemos un padre encarnado
cuyo mayor deseo es un abrazo más
con el hijo que está por otras tierras.

Un abrazo más y no tantas hazañas.
Un abrazo que guarde la memoria.
Un abrazo de hoy, pero indeleble.

Padre e hijo, torre y fortaleza:
un abrazo más que ya les sobreviva
volviéndolos uno solo en Dios.

Encuentro de padre e hijo, con la hermana lagrimeando (foto de Jacqueline Alencar)

MAIS UM ABRAÇO

Se o teu pai te pedir mais um abraço
– um último abraço interminável – ,
vai, corre depressa aonde ele espera
enquanto sente fraquejar a vida.

Abraço como razão de ser do filho
procurando fundir-se com o seu progenitor;
abraço que transmita gratidão
por todo o passado e todo o futuro.

E, embora a garganta se te embargue
e os olhos se mostrem alagados,
vai, corre para ele de coração consolado
pelo imenso amor que nunca falta.

Todos temos um pai de carne e osso
cujo maior desejo é abraçar de novo
o filho que vive em outras terras.

Dar-lhe mais um abraço e não grandes façanhas.
Um abraço que preserve a memória.
Um abraço de hoje, mas indelével.

Pai e filho, torre e fortaleza:
mais um abraço que lhes sobreviva
tornando-os um só em Deus.

(Traducción de Albano Martins)

Abrazo de padre e hijo, con la hermana lagrimeando (foto de Jacqueline Alencar)

LAS VOCES OÍDAS

“No sabes cuánto me ayuda oír tu voz”,
dice el padre, lejos, muy lejos del hijo
que llama para estar en comunión
bajo sus conmovedoras existencias,
rozando el espacio del mundo, el aire
de las ondas que trasladan sus voces,
el minuto del intercambio de palabras.

No puede ser indecible esta verdad
que oyen y sienten los dos, al teléfono,
esperando el turno de sencillas frases
que evadan geografías o transmitan
parcos testimonios de los dos confines,
felices partituras del milagro de vivir,
esfuerzos van, intuiciones vienen…

Las voces se oyen en las entrañas,
en la médula ósea de cada cual, rastro
o melodía familiar e intransferible
en la cavidad auditiva mientras habla
el padre y escucha el hijo que tapona
los huecos inevitables de toda lejanía.

“No sabes cuánto me ayuda oír tu voz”,
repite el padre, y el hijo lo siente cerca
cuando va acabando, mientras promete:
“Cada semana te estaré llamando”.

Familia casi en pleno

AS VOZES OUVIDAS

“Não sabes como ouvir a tua voz me ajuda”,
diz o pai, lá longe, muito longe do filho,
que telefona para estar em comunhão
sob as suas comovedoras existências,
roçando o espaço do mundo, o ar
das ondas que transmitem suas vozes,
o minuto da troca de palavras.

Não pode ser indizível esta verdade
que ambos ouvem e sentem, ao telefone,
esperando a  vez de simples frases
que iludam geografias ou transmitam
parcos testemunhos dos dois extremos,
felizes partituras do milagre de existir,
esforços que vão, intuições que vêm…

Ouvem-se as vozes nas entranhas,
na medula óssea de cada um, rasto
ou melodia familiar e intransferível
na cavidade auditiva enquanto o pai
fala e o filho, que anula
os inevitáveis vazios da existência, escuta.

“Não sabes como ouvir a tua voz me ajuda”,
repete o pai, e o filho sente-o próximo
quando vai terminar, enquanto promete:
“Vou telefonar-te todas as semanas”.

(Traducción de Albano Martins)

Los tres Alfredos (Puerto Maldonado 2011)

Poemas de José Alfredo Pérez Alencar

AQUELLA VENTANA EN LA QUE SOMOS UNO
(Con el abuelo)

Tu mirada la sentía, vibraba en mí,
enardecida por el invierno,
abriendo un abanico de posibilidades
rehechas en el ocaso de las horas inexactas.

Tu mirada la palpé en el subconsciente,
como si descubriera el virginal aroma
del amor adolescente.
Es algo fulgurante que sólo yo siento.

Por eso recojo los papeles, Alfredo Troncoso,
esos papeles en los que pretendo hallar el paroxismo
de esta sobrevenida nostalgia.

En tu ausencia me escudo en elucubraciones
y soy partícipe de tu incandescente deseo,
que resuena en mí como una atemporalidad
de la que no puedo ni deseo escapar.

En la surgida lejanía te observé, lo recuerdo,
mientras tu silueta se diluía
en la distancia insalvable de un océano
y durante el interludio que nunca acordamos.

Nos despedimos sin un reconfortante abrazo.
cada uno a su manera,
cada uno en su momento.
Era más fácil así.

No nos agarramos la mano
porque lo perpetuo no se alimenta de rituales.

El vaticinio,
que con una simple mirada me dabas,
no fue instantáneo.
Me diste regocijo en el silencio.

Hago una catarsis de los momentos que nos faltaron.
En esas ocasiones escribía a las telarañas,
aquellas que recogen el polvo
de mis pensamientos pasajeros:
tú estabas arraigado en mi esencia.

Nunca desdeñé el aliciente de una mente apresurada,
pues es testigo del despertar tardío
en un paraje hastiado por las cicatrices,
donde todo se presenta como nuevo.

Olvidé el sosiego de una enseñanza
que forjaste con la resonancia de tus pasos.
Mientras, yo embelesaba a mi juventud,
aquella que me otorgaste,
con los espasmos de la inconsciencia.

Déjame decirte que acaricio aquellos momentos
como si fueran mariposas.
Escapo de las desavenencias,
pues sólo son pasado.

Te hago partícipe del todo
cuando ya eres un recuerdo insoslayable,
pero te siento presente, abuelo.

Vives y mueres en mí,
somos el éxtasis del sentimiento.
Ya no estás, me repito años después,
pero yo, tendido en el alféizar de lo inmaterial,
resurjo en tus ideas.
Ya nunca más te llamaré por tu nombre,
abuelo.

Ahora los halagos anónimos se topan con mi puerta
y sólo dejo entrar a la asonancia.

Mientras, tú respiras conmigo
en aquella ventana en la que somos uno.

Abuelo y nieto (foto de Jacqueline Alencar)

AQUELA JANELA EM QUE SOMOS UM
(Com o avô)

Sentia o teu olhar, que vibrava em mim,
incitado pelo inverno,
abrindo um leque de possibilidades
refeitas no outono das horas pouco exactas.

Apreendi o teu olhar com o subconsciente,
como se descobrisse o virginal aroma
do amor adolescente.
É algo fulgurante que só eu sinto.

Por isso reúno os papéis, Alfredo Troncoso,
estes papéis onde vou encontrar o paroxismo
desta repentina nostalgia.

Na tua ausência escudo-me em elucubrações
e participo do teu incandescente desejo,
que ressoa em mim como uma atemporalidade
a que não posso nem quero escapar.

Observava-te na lonjura, lembro-me,
enquanto a tua silhueta se esbatia
na distância irremediável de um oceano
e durante o interlúdio que nunca acordámos.

Despedimo-nos sem um abraço de conforto,
cada um à sua maneira,
cada um no seu momento.
Era mais fácil assim.

Não demos um aperto de mão,
pois a perenidade não se alimenta com rituais.

O vaticínio,
que me fazias com um simples olhar,
não foi instantâneo.
Agradou-me o teu silêncio.
Faço a catarse dos momentos que nos faltaram.

Nessas ocasiões escrevia às teias de aranha,
que recolhem o pó
dos meus pensamentos passageiros:
tu estavas enraizado na minha essência.

Sempre dei valor ao influxo de uma mente apressada,
pois é reflexo do despertar tardio
numa paragem farta de cicatrizes,
onde tudo se apresenta como novo.

Esqueci a calma do ensinamento
que forjaste com a ressonância dos teus passos.
Entretanto, eu gozava a minha juventude,
a que me outorgaste,
com os espasmos da insconsciência.

Deixa-me dizer-te que acaricio aqueles momentos
como se fossem mariposas.
Fujo das desavenças
pois ficaram no passado.

Faço-te participar em tudo
quando já és uma lembrança insuspeita,
mas sinto a tua presença, avô.
Vives e morres em mim,
somos o êxtase do sentimento.

Já cá não estás, repito a mim mesmo anos depois,
mas eu, estendido no parapeito do imaterial,
ressurjo nas tuas ideias.
Já nunca mais te chamarei pelo teu nome,
avô.

Agora os encómios anónimos encontram a minha porta
e só deixo entrar a assonância.

Entretanto, tu respiras comigo
naquela janela em que somos um.

(Traducción de Leocádia Regalo)

Retrato de Alfredo Pérez Troncoso, de Miguel Elías

EL ABUELO

Tu mirada me recuerda mi existir.

Nombro tu presencia como asombro
y, tras buscar tu admiración,
afianzo nuestro nexo.

Rompemos el tiempo,
mientras conviertes nuestro pasado
en una constante infinita.

Así olvido el abrazo que nos faltó.

Crezco junto a tu semilla,
mientras las lágrimas recorren mi cara,
deseando que desaparezca un después
o acariciando nuestros recuerdos.

Acuso tu ausencia, veo tu rostro,
siento tus deseos y juntos recorremos
tantos silencios.

Así evito el fuego de tu palabra
sellando la rebeldía de mi ser.

En un páramo de sentimientos,
tú y yo nos reencontramos.

Abuelo y nieto (foto de Jacqueline Alencar)

O AVÔ

O teu olhar lembra-me o meu viver.

Nomeio a tua presença com espanto
e, para além de buscar a tua admiração,
garanto a nossa ligação.

Atravessamos o tempo,
enquanto convertes o nosso passado
numa constante infinita.

Assim esqueço o abraço que nos faltou.

Cresço junto à tua semente,
enquanto as lágrimas me sulcam a cara,
desejando que desapareça o depois
ou acariciando as nossas lembranças.

Sofro a tua ausência, vejo o teu rosto,
sinto  os teus desejos e juntos guardamos
tantos silêncios.

Assim evito o fogo da tua palavra
a selar a rebeldia do meu ser.

Num planalto de sentimentos,
reencontramo-nos, tu e eu.

(Traducción de Leocádia Regalo)

Portada del libro de José Alfredo Pérez Alencart, donde se acaban de publicar los dos poemas dedicados a su abuelo

Imagen de cabecera: Los tres Alfredos (Puerto Maldonado 2014)



One thought on “Alfredo Pérez Alencart y José Alfredo Pérez Alencar: Cuatro poemas para recordar a Alfredo Pérez Troncoso”

  • Franklin Caceres 24/06/2022 at 1:39 pm

    Emotivos poemas. Gracias por compartir

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