Enrique Viloria

Recuento de opiniones sobre la poesía amazónica de A. P. Alencart

Tiberíades publica este recuento realizado por el escritor venezolano Enrique Viloria Vera, a petición de Lancom Ediciones, con el deseo de presentarlo al Ministerio de Cultura de Perú para publicar el poemario Madre Selva.  Fue hecho hace 3 años. Viloria Vera, quien publicó dos libros de ensayo sobre la poesía de Pérez Alencart, acaba de fallecer. Agradecemos al editor Aldo Gutiérrez, por permitirnos su publicación.

Madre Selva se publicó en 2002 coincidiendo con la celebración del primer centenario de Puerto Maldonado, la ciudad natal del poeta, cuya municipalidad lo nombró Hijo Ilustre, mientras que la Universidad Nacional Amazónica de Madre de Dios (UNAMAD) quiso reconocerle como su primer Profesor Honorario. Relevante es la figura de Alfredo Pérez Alencart como profesor de la ocho veces centenaria Universidad de Salamanca, desde donde ha venido haciendo una invaluable labor cultural especialmente vinculada con la poesía de España y América latina. Recuérdese que es el coordinador, desde hace 22 años, de los reconocidos Encuentros de Poetas Iberoamericanos, que cada octubre organiza con el patrocinio del Ayuntamiento de dicha ciudad castellana.

Pero especialmente relevante es su obra poética, con 16 poemarios publicados y sobre la cual se han escrito más de 200 ensayos por catedráticos y críticos de cuatro continentes. Sobre la misma, así se decanta el catedrático y poeta español Juan Antonio González Iglesias: “Hay veces en que Alfredo Pérez Alencart pronuncia la palabra Amazonía. Así, con ese acento que de pronto nos recuerda que él viene de allí. Lo hace audible. Digo Amazonía para decir América. La gran aportación de Alfredo Pérez Alencart a nuestras letras es que él comunica con su poesía su conquista mayor: que todo sea uno. Su vida americana y su vida española, su mundo amazónico y su mundo europeo, sus versos torrenciales y su precisión ética. Alfredo Pérez Alencart es, por encima de todo, un poeta único que ya ha publicado unos cuantos libros definitivos y emocionantes. Ha dicho lo que nadie sino él podría decir. Su lenguaje contiene realidad, literatura, dos mundos que son solo uno, familia, amigos, trascendencia que no hiere, sino que cura. En su poesía es donde da su fruto todo, en la ternura general con que despliega sus líneas dentro de cada poema. Lleva bien la sobredosis de amor que corresponde a un poeta. La comparte sencillamente, sin alboroto. La pone en la existencia de los demás”. O también el profesor y poeta portugués António Salvado, Medalla de Honor del Ministerio de Cultura de su país: “Raramente encontraremos en la poesía actual en lengua española poeta que, como Alfredo Pérez Alencart, alumbre un horizonte temático tan polifónico y tan ramificado. En verdad, la obra hasta ahora publicada de este poeta peruano-español clarifica, en su ejecución, floraciones multiformes que diríase, reconcilian absolutamente todos los elementos y todos los escalones vivenciales que singularizan y reflejan al Hombre en su condición de criatura con un destino y de creador con talento intemporal”.

Esta obra es única y original, pues no tiene antecedentes en cuanto se refiere a la poesía de Madre de Dios. Cierto es que, en la selva norte, especialmente en Loreto, se cuenta con referencias destacables de poetas con obra arraigada en la selva, pero en Madre de Dios había una carencia de referencias autóctonas. Madre Selva llenó este vacío, pero al estar editada en España pocos ejemplares llegaron a Perú y a Puerto Maldonado. Por ello muchos estudiantes, a instancias de sus profesores de literatura, comenzaron a fotocopiar poemas para leerlos en clase.

Su poesía, ya desde 1992, atrajo la atención de del poeta chileno Gonzalo Rojas, Premio Cervantes de las Letras y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, entre otros, quien dejó escrito: “Alfredo Pérez Alencart, único en su luz, en su grandeza, en su diálogo con la Poesía”.

Por su parte, Delfina Acosta, poeta y periodista paraguaya Premio Nacional de Poesía “Roque Gaona” y Premio de Poesía “Pen Club de Paraguay”, deja constancia de su valoración general respecto a los versos del poeta de Puerto Maldonado: “Los poemas de Alfredo Pérez Alencart son para leerlos desde cualquier ángulo, pues sus palabras se desplazan alegres, tristes, triunfantes, desde el verso mismo, o sea, desde la cuestión de la creación poética. He ahí el secreto de la gran belleza de los poemas de este poeta del Perú que echó a caminar con su poesía a cuestas, y solamente se fijó la meta de llevar consigo, a donde sea que vaya, el agua de su poesía. Todo el mundo, la naturaleza, los ríos, la vegetación sin rumbo, la tierra en permanente mudanza, el amor, la comunión del ser humano con los cielos y con los abismos, el deleite de la vida frugal, la necesidad de encontrar en los rostros de los hombres y de las mujeres el propio rostro, hallan esencia abundante en sus temas poéticos. Desde que leí la obra de Alfredo Pérez Alencart tuve la certeza de que la poesía podía salvarse, todavía; también supe que a partir de ella se podía soñar con levantar un mundo nuevo, diferente, significativo, pleno de imágenes iluminadas, de caminos confiables. Palabras de belleza natural, y dichas a tiempo, pues, son las de Pérez Alencart”.

Entre los poetas peruanos, cabe mencionar dos referencias, entre otras muchas. Primero el criterio del poeta Eduardo Chirinos, profesor de literatura que fuera en Estados Unidos y Premio Casa de América de Poesía: “Una vez, caminando por las calles venerables y contrarreformistas de Salamanca, Alfredo me señaló la placa de un antiguo convento, donde se leía “Madre de Dios”. Se trataba, sin duda, de una de las muchas hermandades religiosas que laboran o se recluyen en esta ciudad de piedra. Pero en ese momento sentimos el calor del trópico calentando las aguas míticas del Amarumayo (‘Río de la Serpiente’), las calles barrosas y húmedas de Puerto Maldonado, los sueños de tantos que abandonaron sus lugares para probar suerte allá lejos, donde habitan el pecarí y el jaguar. Entonces entendí que esa modesta placa era la cifra de la vida y la obra de este abogado y poeta peruano que ha hecho de Salamanca su querencia y de Madre de Dios el entorno mítico de su vida. Ambos lugares representan la fatal escisión entre el hombre y Dios, y entre el hombre y la naturaleza. Esta doble escisión es, en la poesía de Alfredo, esencialmente religiosa. Pues la palabra religión no viene, como muchos quieren creer, de ‘religare’ (lo que une lo humano con lo divino), sino de ‘relegare’ que alude a la escrupulosa separación entre lo sagrado y lo profano. De esta conciencia nace la mejor poesía, aquella que revela el deseo por indagar los límites de nuestra condición humana”.

Y la otra es una carta, escrita desde Madrid el 10 de octubre de 2003 por el poeta peruano Antonio Claros, hombre sumamente riguroso con sus comentarios, fallecido en España: “Alfredo: Te estoy escribiendo de una manera tardía para agradecerte… sobre todo por tu libro Madre selva: he salido de su lectura gratamente sorprendido. Hermosos poemas, algunos de largo aliento, como “Soliloquio ante el río Amarumayo”, que me ha gustado mucho. Todos los poemas que conforman el libro tienen su hermosura, la riqueza de su armónico lenguaje. Lenguaje que se da en imágenes de una memoria poética: un escribir espontáneo, pero también metafórico. Y no sólo eres ese buen “catador de esencias cotidianas”, sino de las que están más allá, las del sueño de la infancia. Poesía de mirada limpia, sincera, jubilosa, dulcemente orquestal, en acción de gracias. Te felicito muy sinceramente…”.

Pero no solo poetas se han manifestado sobre Madre Selva. Está, por ejemplo, la opinión de uno de los narradores latinoamericanos con mayor proyección internacional, Antonio Skármeta, Premio Nacional de Literatura de su país y Miembro de la Academia Chilena de la Lengua, quien recientemente escribió: “Gracias, Alfredo, por Madre selva. Libro ancho en el tiempo y preciso en la formulación. Eres verdaderamente ‘un catador de esencias cotidianas’. Te abrazo”.

Otro narrador, esta vez brasileño, Cláudio Aguiar, Premio Nacional de Novela ‘José Olympio’ y Presidente del Pen Club de Brasil, escribe: “Tu Madre Selva, en verdad, me ha impresionado mucho, pues hablas con una factura de poeta difícil de ser alcanzada en tema tan complicado: la saudade por la tierra natal. Has logrado expresar un sentimiento fuerte que sólo los que salen o rompen con sus raíces son capaces de decir. También yo soy un poco desterrado de mi Ceará y comprendo tu grito de saudade de tu inolvidable ribera, de la selva, de la gente sencilla y hospitalaria, de los amigos, del aire que nos hace falta… Has escrito un libro precioso que será leído y recordado siempre por aquellos de tu patria y, también, por todos los que un día salieron físicamente de su suelo natal y allí permanecen en espíritu o en estado de vigilia permanente” (31-12-2002).

Por su parte, el novelista ecuatoriano Javier Vásconez, destaca: “He leído tu libro Madre selva con sumo interés. Me he quedado impresionado por tu capacidad fabuladora, por la delicada inmersión de tus palabras en la selva, en la naturaleza, por ese apego al mundo del mito y del recuerdo. Tantos hombres y mujeres olvidados, tantos ríos, desiertos, animales y pájaros que revolotean por nuestra conciencia, ¿dónde están? Quizá para eso está tu poesía, Alfredo. El poema ‘Vi ojos de mujer yaminahua…’ me encantó. En pocas palabras y mucha belleza, es la historia del mestizaje americano”. (17-8-2002)

Desde otros ámbitos culturales, Vesna Floric, escritora y traductora serbia, añade: “Toda sagrada intimidad tiene complicidad de la memoria”, escribe Alfredo Pérez Alencart. En su poesía, pues, la palabra olvido no existe, toda ella está llena de recuerdos: de su madre selva, del río Amarumayo, de sus gentes, de todo aquello que algún día será pasado más en sus versos siempre estará presente. Sus estrofas llenas son de nostalgia y de tierra, ese ser querido y ese otro ‘yo’ intrínseco al poeta que se alimenta de ella y nutre su poesía. En sus poemas las palabras son cuidadosamente elegidas, ‘se expresan con cautela’, nos transmiten lo que el poeta fue, lo que ahora es y lo que siempre será, buscador de poemas donde encerrar sus bellas palabras, instantes de la vida, el paisaje de su tierra natal y su Salamanca querida”.

Dos destacados poetas latinoamericanos, Raúl Zurita y Circe Maia, se han pronunciado sobre el libro de Pérez Alencart. El chileno Premio Nacional de Literatura de su país y Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, expresa: Te escribo para decirte que me encantó, pero con E mayúscula, Madre Selva, sobre todo el ‘Soliloquio ante el río Amarumayo’. Este es un gran libro y un gran poema. El libro La voluntad enhechizada también es muy bueno, tal vez incluso es más perfecto que Madre Selva, más maduro, pero siento que tiene algo más forzado, un propósito que está impuesto como si aquí sí se quisiera ‘pagar un tributo a la tierra’. En el otro no hay tributo porque son los sueños de la tierra los que hablan, no tú. Espero con sumo interés ese tercer libro del que me hablaste”. (15-10-2005)

La uruguaya, Premio Nacional de Poesía de su país, escribe: “Alfredo: He leído -y disfrutado mucho- tu libro Madre Selva. Es notable cómo ahora, y a través de los poemas, tu personalidad se despliega con tanta riqueza en una especie de diálogo con el lector, al que llevas de la mano hacia tu mundo propio. Fue como si apareciera una nueva dimensión de la vida, una vida verde y cálida, que empieza a envolver también a quien te lee. ¡Muy auténtico tu libro y muy hermoso!”. (24-10-2005)

Y desde Centroamérica, el hondureño José Antonio Funes, doctor en Literatura Hispanoamericana y representante de su país en la Unesco, dice: “Tu libro Madre Selva ha sido un excelente compañero de mis noches y de algunos viajes en metro. Bellos poemas, amigo. Hay uno, en particular, que me parece conmovedor, humana y estéticamente. Es “No dejaron cazar a don Luis Sanihue”. Hay en estos poemas un amor profundo a “la tierra”, como que has puesto tus oídos y tu corazón en ella para escuchar también el ritmo de tu sangre. Veo que tienes una facilidad increíble para ‘cantar’ desde el sobrio paisaje castellano (en La voluntad enhechizada) hasta la más profunda selva amazónica, con sus gentes sencillas y sabias. Te felicito”. (7-1-2003)

En Perú Lancom ha editado dos obras de Alfredo Pérez Alencart. En 2013 publicó una antología suya, titulada ‘Monarquía del Asombro’ y en 2014 editó su libro ‘Memorial de Tierraverde’. Para sustentar la elección de esta obra para rescate y/o primera edición en Perú, lo primero que debemos señalar es que su lectura resulta conmovedora, con un ritmo que destila música de los versos, con una dimensión lírica de elevadísimo nivel y con un entrañamiento inusual en la temática amazónica, particularmente la que concierne a la selva sur peruana enclavada en el Departamento de Madre de Dios. Es un libro que llega a cualquier lector, aunque se encuentre en otro continente, como lo reconoce la periodista española Angélica Tanarro: “Bueno, el otro día tenía que viajar en un horrible autobús de línea (soy pro-transporte público, otra rareza mía) y entonces fui a la estantería y mi mano agarró Madre Selva. Y en medio de la estepa castellana me llegaron acentos, me llegaron colores de otras aves, me vinieron rostros y aires cálidos y el viaje se hizo amable y compartí tus emociones (y al fin para eso escribimos ¿no?). O sea que gracias otra vez, pero ahora GRACIAS. Seguiré poquito a poco. Lo disfruto”. (20-11-2005)

Múltiples han sido los comentarios que se han sucedido a lo largo de estos años, de académicos que sustentan la calidad de ‘Madre Selva’ y, por ello se traduce la necesidad y la importancia de su edición en Perú, y no ‘por nacionalismos ridículos’, como señala el poeta argentino Santiago Silvester, Premio Nacional de Poesía de su país y Premio Internacional de Poesía ‘Jaime Gil de Biedma’, en España: “Finalmente, es una pena que no haya leído allí tu Madre Selva, para que charláramos sobre ese libro. Me alegra mucho que no te hayas despedido totalmente de tu tierra, que aparezca en tus recuerdos, no por nacionalismos ridículos, ni para vivir de la nostalgia, sino por las mejores razones. De ahí el tratamiento que le das al lenguaje: una mezcla de pensamiento con afectividad, que está para mí en la base del oficio de poeta (10-11-2005). O la valoración del poeta chileno Sergio Macías, Premio Gabriela Mistral y Premio Pablo Neruda: “Saboreo tu libro Madre selva. Hermosa edición y buen prólogo, y lo que sigo leyendo muy profundamente es porque “Me acerqué al encantamiento”. Poesía de realidades y de hechizos, donde el mundo y nuestro tiempo son desnudados con un claro lenguaje que asombra. ¡Felicitaciones poeta! (18-09-2002).

Pero vayamos a las críticas realizadas por catedráticos y especialistas, que sustentan nuestro propósito. Entre ellas están las del catedrático español Antonio Sánchez Zamarreño, de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca, quien en pocas líneas esboza la síntesis del poemario: “De tu libro Madre Selva, siguen en mí ecos imborrables, especialmente de poemas tan grandes como “Peticiones” (tan cósmico, tan verbalmente excelso), “Luciérnagas” (pura maravilla, con el que me he identificado no sabes cómo), “Emigrantes en Japón” y “El emigrante japonés” (tan vivos, tan biográficos, escritos, también, con la “infatigable lucidez” del trasterrado, con su aliento nostálgico: “Sé que olisquean tamales en sus sueños”), “No dejaron cazar a don Luis Sanihue” (texto de gran intensidad profética y con final espléndido), “Crianza” (el que mejor te expresa, siempre en lucha contra “la costra insolidaria”), “Madre”, “Una orquídea” (¡qué pureza de perfiles, qué hermoso!) y tantos. La impresión que me queda de todo esto es que, en ti, el decir se identifica con el ser. No hay un logro poético superior a éste. Escribes como eres: “Y de boca en boca / (y de vértigo en vértigo) / rescato hasta el hollejo/ del tiempo vivo que me resta”. Es un programa vital y un programa poético. Un abrazo” (21-10-2002)

Joaquín Marta Sosa, catedrático jubilado de la Universidad Central de Venezuela y miembro de la Academia Venezolana de la Lengua, comenta Madre Selva: “…Dice el poeta que “aquí las respuestas deben ser sagradas”, y lo son también las preguntas, cuya sacralidad, la de ambas, consiste en su pertinente humanidad, en el coloquio que mantiene con ella desde personajes y circunstancias e historias peculiares, concretas, que son las alteridades de la biografía sentimental del poeta con las cuales documenta él sus diálogos y convocatorias. Poesía, pues, plena de una vigorosa voluntad poética, que -de hecho- impregna la totalidad de lo que escribe nuestro autor, desde un lenguaje que resulta tan característico por su constante cabalgar en la metáfora, en la alusión y el simbolismo, en un extraño clasicismo que diseña y perfila el andamiaje del poema, fortalecido, paradójicamente, por la intensidad moderna, el aliento de vanguardia que pautan a todos y cada uno de sus textos. Se trata en estos poemas de que el lenguaje sea capaz de crear y de descubrir las facetas plurales y recónditas, emotivas y sentimentales, de lo creado. Que desde su lucidez traduzca comunicabilidad, accesibilidad, claridad patente y reflexiva, alejada de lo intelectualista y de conceptualismos, directa, pues, como una flecha que cruza sin cesar días y tierras, noches y aguas. No hay experimentalidad con el lenguaje sino voluntad rigurosa de inquirir por todas sus posibilidades y dotarlas de valor poético. Es decir, para nada importa que al principio sea el verbo si al final no surge la comunicación, el coloquio plural, el placer epicúreo y báquico en el paladeo y otorgamiento de la palabra”.

Otro español, Tomás Sánchez Santiago, catedrático de Literatura en León, destaca la fuerza y la dicción poética de nuestro paisano, totalmente alejada a la autocomplacencia de la poesía que se escribe en España: “He estado leyendo durante este tiempo los poemas de tu libro Madre Selva. Muchas gracias por todo. La edición es muy limpia y llena de esencialidad. Se agradece. Aunque lo mejor está dentro, en esa serie de poemas verdaderamente tensos, tanto los que expresas en verso como esas prosas que en nada recuerdan la autocomplacencia de buena parte de la poesía de acá. Tu fuerza y tu energía en la dicción poética vienen directamente de las voces grandes de la poesía hispanoamericana, donde siempre he pensado que están los fundamentos de la mejor poesía del siglo XX en nuestra lengua, más arriesgada allí que aquí, entre nosotros, quizás por ese educado y chato sentimiento “metropolitano”. Un poema como “Palizadas” resumiría posiblemente muy bien esto que quiero decir aquí. Gracias, pues, por recordarnos que la lengua española sigue encendida (27-09-2002).

Por su parte, Carmen Ruiz Barrionuevo, catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca y una de las más reconocidas académicas en su especialidad en el mundo iberoamericano, en un largo ensayo analiza el libro. Aquí un extracto: “Como estamos viendo el espacio de la “Madre Selva” combina múltiples sentidos y en esa poliédrica interpretación asoman los más evidentes de todos, el que se nos señala en la primera palabra del  título, el presente expresado en el poema “Madre” que alude a la relación materno filial, pero también al ámbito de lo natural, -recordemos que ha nacido en Madre de Dios- expreso en el poema “Madre selva”, uno de los finales de esta primera parte, y en el que se nos descubren algunas claves de este itinerario y de este poblamiento espacial; así como en “Pido perdón por las ausencias” (p. 60) se ofrece la captatio benevolentiae del caminante poeta, y se culmina, rezo y ruego, en el “Soliloquio ante el río Amarumayo” (pp. 61-68). Son estos tres poemas de cierre definitivos en varios sentidos. El primero “Madre selva”, porque define y recrea el ámbito; el segundo porque establece el puente entre presente lejano y el pasado añorado y recreado, y el último “Soliloquio ante el río Amarumayo” porque expresa con gran aliento y variación de versos, el resumen de cuanto significa el camino emprendido. Si los ríos son las vidas, el río es la corriente profunda que emerge de la tierra, que enciende los recuerdos, que propicia el viaje y los encuentros con los otros, que hace emerger la responsabilidad ante lo contemplado, pero también constituye el enlace con la vida propia, su puesta al día, el repaso y el renacimiento en el corazón del paisaje…”.

Finalmente, el criterio de Alfonso Ortega Carmona, catedrático de Filología en la Universidad Pontificia de Salamanca y director de la Cátedra de Poética ‘Fray Luis de León’: “Esta obra o libro de versos, no sólo se distingue de toda la anterior poesía de Alfredo Pérez Alencart por su inspiración en la realidad, donde él tiene sus raíces, elevada a la gloria de la fantasía, sino que, además, gracias a la relación entre perfección formal, pensamiento y estilo pujante, marcará un nuevo período en tiempo venidero. Nos sentimos como introducidos en la fragua de la esencia de las cosas. Pues aquí vemos todo moverse y agitarse como dentro del mundo visto y sentido por el poeta. Como se nos ha mostrado ya en La voluntad enhechizada, este poeta sólo se parece a sí mismo, partícipe del cetro de la lírica, hoy con frecuencia en manos de poetas hispanoamericanos. La voz de este poeta, que tanto nos recuerda a Neruda y a Miguel Hernández, los haya leído o no, es un clamor que no se puede limitar, es la voz virgen de la Selva Madre, sólo vivida por quien con ella se identifica por su misma cuna. Es una voz corazonada, envuelta en el relicario de árboles y animales del bosque. Es como piel de árbol robusto descortezado, por donde fluye el dolor de hombres y de los seres vivientes. Con raíces en carne viva y con el alma convertida en aposento de pájaros, de chicharras, de ríos invernales, de emigrantes, idos y recuperados. La presidencia de todo ello la tienen el corazón y un amor sin descanso a su “Madre Selva”.

Y concluimos con el rotundo comentario del poeta brasileño Reynaldo Valinho Alvarez, quien ha obtenido los más importantes premios poéticos de su país, entre ellos el Premio “Jabutí”, el “Olavo Bilac”, de la Academia Brasileña de Letras y el “Fernando Chinaglia” de la Unión Brasileña de Escritores:

“Alfredo Pérez Alencart, profesor peruano radicado en Salamanca, es un poeta telúrico, nutrido en la savia de la Amazonía natal, savia esa que también circula y palpita en sus numerosos poemas inspirados en el paisaje de la infancia, de donde obtienen fuerza y vitalidad. Poeta que combina, de modo admirable, la subjetividad de la emoción con la objetividad de lo cotidiano, Alencart armoniza ideas y sensaciones en un registro propio e indeleble, fundiendo abstracción y concreción en versos que captan, con rara capacidad de percepción, las huellas recíprocas del hombre y de la naturaleza, en su convivio inevitable en la soledad del universo. Dotada de amplia y contagiosa empatía con el lector, la poesía de Alfredo Pérez Alencart construye un puente sólido entre las indagaciones de la naturaleza y las respuestas del hombre contemporáneo”.

Salamanca, octubre de 2019

 

Enrique Viloria Vera (Caracas, 1950- Margarita, 2022). Abogado por la Universidad Católica ‘Andrés Bello’ (Caracas, 1970), posee una maestría del Instituto Internacional de Administración Pública (Paris, 1972) y un doctorado en Derecho Público de la Universidad de Paris (1979).  Individuo de Número Electo (Sillón Nº 4) En la Universidad Metropolitana de Caracas fue Profesor Titular VI, Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES), y Decano de Estudios de Postgrado, así como Director Fundador del Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri (CELAUP) y Coordinador de la Cátedra Venezuela Ricardo Zuloaga. Adicionalmente, es Investigador Emérito del Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca (CEIAS). Fue igualmente titular de la Cátedra Andrés Bello en el Saint Antony´s College de la Universidad de Oxford en el Reino Unido y Profesor Invitado por la Université Laval en Canadá. Es autor o coautor de más de ciento treinta libros sobre temas diversos: derecho, gerencia, administración pública, ciencias políticas, economía, historia, poesía y crítica literaria, artes visuales y humorismo. Su obra escrita ha sido distinguida con el Diploma ‘Tomás de Mercado’ de Estudios Económicos otorgado por el Centro de Estudios Iberoamericanos de Salamanca (CEIAS), el Premio Iberoamericano de Ensayo ‘Alfonso Ortega Carmona’ de la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos de Salamanca, con el Premio Medalla Internacional Lucila Palacios del Círculo de Escritores de Venezuela, con el Premio de la Academia Venezolana de Ciencias Políticas y Sociales, y con Menciones de Honor en el Premio Municipal de Literatura (Mención Poesía) de Caracas y en la Bienal Augusto Padrón del Estado Aragua. En la prensa salmantina fue colaborador del periódico impreso Tribuna de Salamanca, del periódico digital SALAMANCArtv AL DÍA y de la revista Crear en Salamanca.

 

Viloria Vera y Pérez Alencart (foto de Jacqueline Alencart)

Imagen de cabecera: Alfredo Pérez Alencart junto al río Tambopata (foto de Jacqueline Alencar, 2014)




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