Poemas de

Carlos Budil

Desde Tiberíades, nos complace compartir con nuestros lectores tres poemas del joven poeta sevillano Carlos Budil, a quien agradecemos que haya elegido nuestra plataforma para darlos a conocer.

El templo y la ciudad

Coronado de verde óxido,
tu baluarte de piedra
se yergue sobre el acantilado
de la fe.

Allí donde la gracia de Dios
es recuerdo de pasado oscuro,
son consuelo tus muros
del alma abatida.
No lisos, mas moteados
de majestad petrificada
que gloriosa rinde
la visión del peregrino
que llega.

Vengan las dulces trompetas,
el tremor del órgano,
a azuzar la llama que
tras tus puertas escondes,
sagrario de significados eternos.

Aquello que te hace latir
habrá de vencer a la bestia
amenazante, hacedora
de geometrías de cristal
que con odio agujerean
cielos grises.

Contra ella, el bronce tañido,
en el aire extasiado,
congrega a los que colman
sus anhelos trascendentes,
olvido de pulsiones adolescentes
por el siglo deificadas.

Pueblo oscuro

Ni en la mañana, ni tras el ocaso,
sus calles se precian de ser
vaso de derrame
para sangre joven.

Rugidos metálicos
de fábrica inhabitada
quiebran por momentos
la paz fúnebre.
No se turba el aldeano,
por viales catódicos anestesiado.

Fuera, gélido aire.
Dentro, festivales y viajes
sin compañía disfrutados
que en imágenes descubren
su potencial irrealizable.

Con el sol en su cénit,
no mengua la oscuridad.
Desaparecidos son el mercado,
la plaza en ascuas,
el templo visitado.

Mas, llegan los días
de descanso urbano.

La casa apartada
y algunas calles
placer altivo exponen.

El hombre que habita torres
acristaladas peregrina,
tras un icono cadavérico.
Pues no hay sosiego cierto,
vida cierta,
en este valle mortecino.

El domingo empieza
sin misa ni familia
y, al caer la tarde,
las legaciones
de semejantes espacios
abandonan.

La oscuridad no cesa.

El hombre intranquilo

En autómata apresado te has vuelto.
Tu amo es exigente y
vierte sus hediondos ungüentos,
en las marchas que repites sin cesar.

De apariencia metálica,
por influjos eléctricos rodeado,
se afana tu espíritu en gritar
sus anhelos eternos.
Pero el rumor que guardas
se enquista en muros de soberbia
bien ataviada, de la que te precias,
ante el ganado de tu especie.

El alma y el olor de la carne
no son del agrado del rebaño que pace,
en prados de plástico encendido.

Los demás siguen a su amo.
Viven por él sin conocerlo.
Lo aman sin entenderlo.
¿Qué diferente serás tú?
Así pues, obedece sus mandamientos:
procúrame un cuerpo,
santifica las imágenes,
deshonra lo viejo,
no tomes asiento en lo oculto.

Intranquilo predica la nueva.
Conformándose sin estar
dispuesto a vivir por la apariencia
de sus actos.

El rumor no calla,
ni callará nunca.

Carlos Budil Gómez, 23 años, ha vivido la mayor parte de su vida en Sevilla, donde estudió el grado en Historia; posteriormente se trasladé a Reino Unido a continuar sus estudios y actualmente reside y trabaja en Alemania. 

Foto de cabecera: Imagen de Christel SAGNIEZ en Pixabay




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