Poemas de

Harold Alva: ‘Multiplicación de la mañana’ y otros poemas

Tiberíades agradece al poeta peruano Harold Alva por permitirnos difundir esta muestra de su libro “Tocado por la lluvia” (Editorial Summa, Lima, 2002).

Serie: Libros dedicados y/o enviados a A. P. Alencart /7

MULTIPLICACIÓN DE LA MAÑANA

Las tres de la mañana,
siempre son las tres de la mañana:
el reloj se detiene con la emoción de un gato
que rasga mis sandalias.

Las voces llegan despacio
en idiomas que apenas reconozco,
el espejo muerde mis manos
con los ojos que duplico en sus filamentos
como si acaso lo necesitara
para capturar su fe;
el miedo de las tarántulas teje una plegaria
con la inseguridad de la serpiente.

Yo soy el tacto impersonal de la vigilia,
el búho que se detiene
en la rama de aquel pino
para observar cómo se quiebran
los pies de su esqueleto,
las alarmas de las casas que interpretan
la música del día,
su época de manifestaciones,
la emoción de los dementes
que acuchilla la tranquilidad de un incendio
que hace crepitar mi habitación,
su bosque de eucaliptos,
el avance irregular del agua
en los canales de esta ciudad
expuesta al precipicio.

Nada hay en la oscuridad,
nadie hay en la oscuridad,
solo el vidrio duplicándome,
arrojándole a mis palabras la cera de una vela,
el desequilibrio de un verso
que llega impuntual
en su diligente cruzada contra el frío,
contra la indolencia del lugar común,
contra la inconducta del otro que Soy Yo
haciendo muecas para llamar tu atención.

La luna sabe lo que quiero decir,
por eso en sus cráteres
ha sembrado otra lengua,
otro alfabeto
para desaprender las réplicas.

YO ESQUIVABA ESTE POEMA

Este es el poema del que hui durante décadas,
En sus verbos un león detiene sus fauces,
Sabe que no gana nada si lo ataca,
Por eso lo rodea como quien le increpa
Por el filo de sus adverbios;
Por la tusa de sus imágenes
Que caen
Con la prepotencia de una serpiente
Que lo muerde por dentro,
Yo esquivaba este poema: cerraba las puertas
Para que no tenga opción con sus recursos,
Por eso aprendí
A consumirme en las metáforas,
En las antítesis de la tarde
Cuando el agua
Duplicaba las imperfecciones de mi calle:
Fui el más puntual de sus escapistas,
El lobo que con sus garras
Era capaz de quebrar la belleza de un Narciso
Preguntándose en la fábula
Si sus dientes eran más perfectos y brutales
Que la convicción de un símil
O de una hipérbole que empaña
Las ventanas de una casa;
El alarido de quien sabe que ha perdido
El músculo de sus palabras,
La fibra de su rabia,
El relincho de aquellos caballos
Que galopan en la carretera
Sin la prepotencia de sus escuadras;
Yo me escondí durante años de este poema,
Lo sabe el malecón a donde iba a refugiarme,
La Saénz Peña y el silencio de su alameda,
La banca frente al Neptuno
Sobre la que reinterpretaba esta barbarie,
Este nudo que no sé cómo desatar
Ahora que el ángel más bello de la masacre
Me dicta los mensajes,
Las cartas de navegación,
El ministerio de otras capitulaciones,
De otro coso dónde destajar
El pellejo de otras bestias;
Lo sabe también el cuervo de mi niñez,
Su aleteo que vislumbra los charcos
Y las piedras donde aullaban
Los zorros de la ausencia.
Yo escribía huyendo de este poema,
Aprendí a sobrevivir la muerte de mi padre
Escupiéndole a la teología,
Al mito de sus libros,
Al misterio de la fundación de estas ciudades,
Vagué lustros derrotado por la tiniebla
Hasta que un día se abrió frente a mis cauces
Una flor amarilla,
Un girasol hablándome
Con su lenguaje solar,
Con esa música sacra
Que me devolvió a la luz y sus fantasmas;
Yo ensayé para huir de este poema,
Aprendí a convivir con la desolación
Reinventándome,
Picoteándome las plumas como un águila
En la montaña más insólita,
Debía blindar al animal que represento,
Debía blindar mis manos y sus nervios,
Lo esquivé porque una historia
Es escribir un poema sin padre
Y otra historia
Es escribir un poema sin padre y sin madre,
Sin sus ojos inundándome de parques,
Sin sus ojos abiertos poblándome de parques;
Ahora, sin raíces,
El tiempo es un orco que amenaza,
Un Polifemo que busca ciego
Dónde fundar su Ítaca;
Este es el poema del que hui durante décadas,
En sus verbos un león continúa al acecho
De la primera manzana,
De aquel soplo brutal
Que transformó mis hábitos de caza,
En su boca arde un incendio forestal,
Quiero detenerlo o abrazarlo,
No puedo:
Yo soy el hombre negado por la lluvia,
El trago impar de la madrugada,
Las últimas arcadas.

NATURALEZA MUERTA

Pinto un árbol a la altura del silencio,
Un río a diez metros de distancia,
(para no ahogarlo),
Un lobo entre el follaje
Al acecho de las palabras,
Pinto un cuervo en una de sus ramas,
Un libro de Pizarnik,
Una bitácora: un mapa de lluvia
Sobre el tronco singular de una pizarra.

En Bogotá el frío es una figura literaria,
Un pretexto para intentar la lumbre
Y en la lumbre
El tacto imparcial de una fogata.

PRIMERA IMPRESIÓN DE LA MAÑANA

Siempre hay una puerta
Al final del cielo
O una ventana que es lo mismo;
Un gato arañando la madera
O mordiéndose la lengua,
Que es lo mismo;
Siempre hay una pregunta
Al otro lado de la carretera
O una respuesta sobre las dunas,
Que es lo mismo;
Un lobo al acecho de otro lobo,
Una cicatriz en los ojos,
Un mapa para encontrar el corazón
O el primer árbol de manzanas,
Que es lo mismo;
Siempre hay un ciervo
bramándole al vacío
O una casa habitada por el miedo,
Que es lo mismo.

Siempre hay un lugar
Para el refugio,
O una calle dónde ocultar la voz,
Que no es lo mismo.

SPLEEN

Mi padre venía a este parque,
Se sentaba en una de sus bancas,
Acaso en esta donde toco
La cal del crepúsculo que advierte
La lengua de un orate
Que le hace una llave a mi nostalgia,
Yo lo observaba a prudente distancia
Y pensaba en los años
Cuando me hablaba de sus hazañas,
De su puntería con las armas,
De su habilidad para infiltrarse
En las bandas que asolaron
La tranquilidad de esta ciudad,
Sus calles como lagartos;
Y pensaba cuánto tendría que pasar
Para relevarlo de ese hábito
De contarle a los parroquianos
Los nombres y apellidos
De todos sus fantasmas,
Y calculaba en los relojes
Los días que faltaban;
Y me imaginaba con canas
Sentado aquí
Narrando sus hazañas:
Jamás advertí
Que el calendario me haría trampa
Y que a los cuarenta y cuatro
La nieve caería en mis palabras.
Ahora, no hay nadie en este parque,
Ni una sombra a quien hablarle,
Solo el fantasma de mi padre,
Mirando a prudente distancia,
Cómo lo extraño
En esta vieja banca.

Harold Alva, Luis Díaz-Granados y A. P. Alencart, en el Gimnasio Moderno de Bogotá (2022)

NOCTURNO DEL CUERVO

Un cuervo sabe
de qué está hecho el precipicio,
por eso lo enfrenta:
lo cubre con sus alas.

Un cuervo grazna
porque decidió romper con las palabras,
con su retórica de metáforas,
el vidrio donde acude
para reconciliarse con la fragua;
con aquellas manchas
que aprendió a interpretar
cuando se calla:
la múltiple contradicción
que termina ensuciándole las aguas.

Un cuervo lleva el corazón
apretándolo a sus garras,
por eso continúa,
por eso ilumina el vacío:
lo cubre con sus alas.

REPASO

Un hombre se detiene
al centro de la madrugada:
observa sus manos con el desconcierto
de quien no sabe cuándo perdió sus alas,
pregunta por su nombre,
escribe sobre el árbol
donde leía con los pájaros,
se toca los ojos
con la inseguridad de un ciego
que desconoce los dedos del relámpago
y se pregunta si la lluvia
tiene algo que ver
con las voces que lo llaman.

Un hombre repasa
el zumbido de las flechas,
la incertidumbre por el blanco,
la velocidad de su acción
en la empuñadura del arco.

Nadie hay alrededor,
solo la sospecha de un poema,
sus líneas clavándose
con el ímpetu de una campana
y su voz, encendida,
escribiéndose en las ventanas.

Harold Alva (Piura, Perú, 1978). Escritor y analista político. Fundador del Festival Internacional Primavera Poética, del suplemento ContraPoder que publica con el Diario Expreso, de Editorial Summa y de Estación Central Producciones. Entre su obra destaca “Morada & Sombras” (1998), “Libro de Tierra” (2000), “Sotto Voce” (Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2003), “Lima” (La cuarta edición fue publicada por la Municipalidad de Lima en un tiraje de diez mil ejemplares), “La épica del desastre” (Valparaíso Ediciones, España, 2021), “A tiempo completo” (Universidad Nacional del Altiplano, Puno, Perú, 2021), “Tocado por la lluvia” (Publicado por El Suri Porfiado, Argentina; Valparaíso Ediciones, España; Mago Editores, Chile, y Editorial Summa, Perú, 2022), la antología de poesía iberoamericana “ La Primera Línea”, publicada en coedición con el Ministerio de Cultura del Perú, entre otros libros. Ha participado en ferias internacionales y festivales de poesía en Chile, Argentina, Ecuador, Colombia, EEUU, España y Portugal. Fue director cultural de la Cámara Peruana del Libro, conductor y productor de radio y televisión, candidato a la alcaldía de Lima (2017) y al Congreso de la República (2020). El 2021 el Ayuntamiento de Salamanca (España) lo reconoció como Huésped Distinguido. Actualmente preside la Fundación Iberoamericana para las Artes.

El poeta peruano Harold Alva

Los poetas A. P. Alencart, Luz Mary Giraldo y Harold Alva, en Bogotá (2022)

Foto de cabecera: Selfi de Harold Alva acompañado por A. P. Alencart y Héctor Hernández Montecinos, en Bogotá




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