Poemas de

Raúl Vallejo: siete poemas de ‘Mística del tabernario’


Tiberíades agradece al poeta ecuatoriano Raúl Vallejo por permitirnos difundir esta muestra de su libro “Mística del tabernario” (Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 2018).
Serie: Libros dedicados y/o enviados a A. P. Alencart /8

AUTORRETRATO, 2015

El acertijo de mundo que soy es poema
habitado por nombres que evoco en vano.
Trasparencia de rosa desnuda en jardín
que pregunta si soy Juan Ramón Jiménez
y como César Vallejo padezco en jueves duros
el hambre de mis huesos húmeros;
Juana Inés de la Cruz, si es el claustro de mi sexo
en barroco hipérbaton la necedad.
Tinta verde, caldillo de congrio y América,
siendo Pablo Neruda, fueron mi Sur,
Rubén Darío, traje de cisne y japonerías
tras púrpura cortinaje de un Versalles otoñal;
Porfirio Barba Jacob, sinestesia que agita
la voluptuosidad de una fruta en mi mano.
Testarudo sobre un mulo al filo del abismo
como Lezama, rapsoda de Trocadero,
y soy Jorgenrique Adoum cuando una mujer
desnuda marxiste en mi Ecuador amargo;
Alejandra Pizarnik, si metáforas de Seconal
me ofrecen un sueño que eterno se deslíe.
Soy espectro del que fui y esbozo del que anhela
ser en esta innominada poesía mía.

Ante tus ojos de guepardo

¿Cuántos hombres he sido antes de ser el que te sonríe
el que mira tus ojos de guepardo con sus pupilas dilatadas?
Si descubrieras la giba que esconde mi traje
carnosidad secreta que acumula tanto fuego encendido
tanta leña convertida en brasa inextinguible
¿cuál de aquellos hombres preferirías que fuera hoy día?
Estoy hecho de retazos, de parches e hilachas
llevo el olvido adherido a mis huesos
llevo la memoria diluida en mi sangre.
Resucitado por la rugiente mirada que me descubre
sobreviviente de lo cotidiano sin heroísmo posible llevo
arena de la playa de mi pueblo en mis torpes zapatos de mundo.
Tú lo sabes mientras acaricias mi mejilla: si solo fuera
memoria existiría como espectro en volandas;
si, en cambio, solo fuera olvido sería sombra
que se desvanece como nieve de verano. Mas soy
memoria y olvido y esta sonrisa mía bebe la prolongación
de vida que la pupila marihuana de tus ojos de guepardo le regalan.

Él, ella

Ella era él en un cuerpo que no le pertenecía.
Después, él fue ella en un cuerpo libre de etiquetas.
Ahora es ella y es él y su encanto es la corriente
de un río que fluye, que brama y arrasa escrúpulos.
Él, ella, procreación de identidades;
su ser es un estuario en el que desembocan
las almas que se liberan de la vergüenza de sus tumbas.

Paisaje urbano # 1

Camina con la mano sobre su oreja
sin pausa camina, con la mano
sosteniendo la oreja escondida
una caracola que atiende secretos,
urgencias, amores, negocios, tonterías.
No ve a la gente que también camina
con la mano sobre la oreja, que no mira
a toda la gente incansable para sostener
un grillete de presidario mordiendo la oreja.
El paisaje de caminantes ha cambiado
la ciudad es una multitud de orejas ocultas
por una mano que empuja hacia ellas
el grillete que habla, que oye; palpita
una lengua que lame hasta el tímpano.
Se extravía entre las manos fundidas
a las cabezas de tantos caminantes solos.
Aún cree que es una persona que camina
con una mano sobre la oreja perdida:
la ciudad está llena de grilletes agarrados,
con dientes seductores, de orejas ciegas.

Selfie

El rostro se apropia de sí mismo
y es rastro impregnado
espejo del ojo que contempla
al que se ve ojo que mira.
Sonrisas del otro que es el yo
que lo captura desde la mirilla
incrustada, vigía que atalaya
a través de infinitos espejos.
Fotografía de uno mismo destinada a redes virtuales;
urgencia inútil de sabernos etiquetados en muros ajenos.

Ayotzinapa

Cuarenta y tres corazones
extraviados en la muda
herida de la tierra.
Cuarenta y tres esqueletos
calcinados bajo el sombrero
emplumado de la Catrina.
Cuarenta y tres silencios
como calabacitas inútiles
en el lecho de un río.
Cuarenta y tres soñadores
del abecedario y los números
para niños de pupitres vacíos.
Cuarenta y tres desaparecidos,
que son estadísticas junto a miles
que tampoco están y también amaron.
Cuarenta y tres calvarios
para que la poesía abandone
el pueril malestar del poeta.

Sofía y la Vida

Sofía pide a la Vida: —Poesía quiero
y la Vida responde: —Poesía llevas en tu mirada
que al mundo ve con la luz de tus ojos de Bécquer.
Mas Sofía replica: —No quiero la poesía que ya tengo,
quiero la poesía de quien me mira.
La Vida clava sus ojos en el infinito del cielo:
—Ay, Sofía, lo que tú quieres levantará morada en ti
con la daga del mundo atravesada en el arcano de tu pecho.

Raúl Vallejo Corral (Manta, Ecuador, 1959). Doctor en Historia y Literatura por la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. Ha publicado en los últimos años: El perpetuo exiliado (2016, Premio Internacional de Novela «Héctor Rojas Herazo», 2015, y Premio Real Academia Española, 2018); Patriotas y amantes. Románticos del siglo XIX en nuestra América (ensayo, 2017); Gabriel(a) (2019, Premio de Novela Corta «Miguel Donoso Pareja», 2018); y Poéticas de Guayasamín (texto transgenérico, 2022). Es autor de los poemarios Cánticos para Oriana (2003), Crónica del mestizo (2007, Primer lugar en la VI Bienal de Poesía «Ciudad de Cuenca»); Missa solemnis (2008); Mística del tabernario (Premio «José Lezama Lima», 2017, otorgado por Casa de las Américas, La Habana, Cuba); y Trabajos y desvelos (2022). Miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.
Más información en:
www.raulvallejo.com

El poeta Raúl Vallejo

 




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