Poemas de

Manoel de Barros: Poemas del libro ‘Sobre nada’, traducidos por Leonam Cunha

 

(LIVRO SOBRE NADA, 1996)

Prefiero las líneas torcidas, como Dios. Niño yo, soñaba con tener una pierna más corta (porque así iba a poder andar torcido). Yo veía al viejo farmacéutico por las tardes, subiendo la pendiente del callejón, torcido y desierto… toc ploc toc ploc. Ese hombre destacaba.
Si yo tuviera una pierna más corta, todo el mundo habría de mirarme: allá va el niño torcido subiendo la pendiente del callejón toc ploc toc ploc.
Así yo destacaría. La consagración misma del Yo.

Escribo el idiolecto manoelés arcaico (Idiolecto es el dialecto que usan los idiotas para hablar con paredes y moscas). Necesito estorbar las significancias. El despropósito es más sano que lo solemne. (Para limpiar lo solemne de las palabras – uso boñiga). Soy un alguien de la higiene. Tal cual. Todo lo que pongo de cerebral en mis textos es simplemente una vigilancia a fin de no caer en la tentación de pensar que soy menos bobo que los demás. Tengo buen concepto para lo parvo. De ello puedo presentar certificado.

Soy un sujeto repleto de recovecos.
Los devanes constan en mí.
A veces me leo culantrillos.
Otras veces, a Proust.
Escucho a aves y beethovens.
Me gustan Bola Sete y Charlie Chaplin.

Abierto, se va a morir el día en mí.

Lo que no sé hacer lo deshago en frases.

Yo hice aparecer la nada.

(Representa el hombre como un pozo oscuro.
Aquí desde arriba no se ve nada.
Pero una vez que se llega al fondo del pozo ya se puede ver
la nada).

Perder la nada es empobrecerse.

Es más fácil hacer del disparate un obsequio que de la sensatez.

Todo lo que no invento es falso.

Hay muchas formas serias de no decir nada, pero la única verdadera es la poesía.

Tiene más presencia en mí lo que me falta.

La mejor manera que he encontrado de conocerme ha sido haciéndolo al revés.

Soy muy preparado de conflictos.

No puede haber en las palabras ausencia de boca: que ninguna se quede desamparada del ser que la desveló.

Mi amanecer será de noche.

Mejor que nombrar es aludir. No es preciso que el verso dé una noción.

Lo que sostiene la encantación de un verso (aparte del ritmo) es el ilogismo.

Mi revés es más visible que una farola.

Sabio es quien adivina.

Para tener más certezas, tengo que saberme en las imperfecciones.

La inercia es mi acto principal.

No salgo de dentro de mí ni siquiera a pescar.

Sabiduría tal vez sea estar siendo un árbol.

Estilo es un modelo anormal de expresión: lo mismo que estigma.

Un pez no tiene ni honores ni horizontes.

Siempre que quiero contar algo, no hago nada; pero cuando quiero contar nada, escribo poesía.

Yo quisiera ser leído por las piedras.

Las palabras me esconden sin cuidado.

Donde no estoy me hallan las palabras.

Hay historias tan verdaderas que a veces parecen haber sido inventadas.

Una palabra abrió su albornoz delante de mí. Desea que yo sea ella.

La terapia literaria consiste en desarreglar el lenguaje hasta poder expresar nuestros deseos más hondos.

Quiero la palabra que sirve en la boca de un pajarito.

La tarea de cesar es lo que tira de mis frases hacia delante de mí.

Ateo es una persona capaz de probar científicamente que no es nada. Se compara solamente con los santos. Los santos quieren ser los gusanos de Dios.

Lo mejor para alcanzar la nada es descubrir la verdad.

El artista es un error de la naturaleza. Beethoven fue un error perfecto.

Por pudor, soy impuro.

Lo blanco me corrompe.

No me gusta la palabra acomodada.

Mi diferencia es siempre para menos.

Palabra poética tiene que llegar al nivel de un juguete para en fin ser seria.

Para llegar, no me hace falta un fin.

Del sitio donde estoy ya me he ido.

Manoel de Barros, por Fausto Bergocce

Manoel Wenceslau Leite de Barros (1916-2014) fue un poeta brasileño ligado a las vanguardias de la literatura brasileña. Entre los galardones más importantes que recibió destacan: Premio Jabuti de Literatura, 1989, por el libro “O guardador de águas”; Premio Alfonso Guimarães de la Biblioteca Nacional, 1996, por el “Livro das ignorãnças”; Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura de Brasil, 1998, por el conjunto de su obra; Premio de la Academia Brasileña de Letras, 2000, por el libro “Exercício de ser criança”; y el Premio Jabuti de Literatura, del año 2002, por el libro “O fazedor de amanhecer”.
Poco traducido a otros idiomas, pero de obra muy vasta: i) Poemas concebidos sem pecado (1937), ii) Face imóvel (1942), iii) Poesias (1956), iv) Compêndio para uso dos pássaros (1960), v) Gramática expositiva do chão (1966), vi) Matéria de poesia (1974), vii) Arranjos para assobio (1980), viii) Livro de pré-coisas (1985), ix) O guardador das águas (1989), x) Gramática expositiva do chão: Poesia quase toda (1990), xi) Concerto a céu aberto para solos de aves (1993), xii) O livro das ignorãças (1993), xiii) Livro sobre nada (1996), xiv) Retrato do artista quando coisa (1998), xv) Ensaios fotográficos (2000), xv) Exercícios de ser criança (2000), xvi) Encantador de palavras (2000), xvii) O fazedor de amanhecer (2001), xviii) Tratado geral das grandezas do ínfimo (2001), xix) Águas (2001), xx) Para encontrar o azul eu uso pássaros (2003), xxi) Cantigas para um passarinho à toa (2003), xxii) Poemas rupestres (2004), xxiii) Memórias inventadas I (2005), xxiii) Memórias inventadas II (2006), xxiv) Memórias inventadas III (2007) y xxv) Menino do Mato (2010).

Los poemas traducidos aquí por Leonam Cunha​ pertenecen al decimotercero poemario de Manoel de Barros, Libro sobre nada.




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*