Poemas de

Julio Collado: Poemas inéditos a Santa Teresa y a San Pedro de Alcántara

DE CÓMO TERESA SE ENGOLFA EN LOS LIBROS Y EN EL AMOR

Desde muy pequeña, Teresa observa, observa y aprende.
Y lo cuenta con una gracia, tan sencillamente,
que enamora.
De su padre, recoge la piedad y el respeto
a toda persona pues se niega a tener siervos.
De su madre, absorbe lo penoso que resulta
ser mujer y madre y la necesidad de evadirse.
A escondidas del padre, en los libros de caballerías,
colmados de aventuras y de amores inflamados,
hija y madre encuentran el alivio
a la diaria rutina y sus “trabajos”.
Y Teresa llevó esa afición a tal extremo
que, si no tenía libro nuevo, no hallaba contento.

Con la edad y con los libros, la adolescente Teresa
comenzó a “traer galas” en manos y cabello.
Curiosa y atrevida como era, las vanidades del mundo
se aposentaron en su cuerpo
y, quizás, cual Oriana enamorada,
con su Amadís, por el Rastro paseaba.
Su padre medroso y aturdido
por los derroteros que habitaba su doncella
acomodo le buscó, de Gracia en el convento.
Y allí, ¡dichosa ventura!, encuentra
al Amadís que buscaba sin saberlo.
Y es tan distinto a los hombres conocidos
que se entrega a él sin límites y sin remedio.
Como las heroínas de sus libros.
Por eso, años después, escribiría:
Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

TERESA SE ESCAPA DE CASA

Dudó algún tiempo Teresa
entre ser monja o casada
porque ambas cosas temía
y entrambas le llameaban.

Su padre muy decidido,
por casarla se inclinaba;
pero ella lo daba vueltas
del matrimonio asustada.

Después de pensarlo mucho
el asunto se aclaraba
y se lo contó a su padre
que mucho se renegaba.

El día que se lo dijo
el padre así le hablaba:
Mientras viva en este mundo,
pierde, Amor, toda esperanza.

Cabezota que es Teresa
si tiene elección tomada,
persiguiendo sus lecturas
a la aventura se lanza.

Convence a su hermano Juan
para escaparse de casa
y llegarse hasta el convento
que al norte se levanta.

De nombre La Encarnación,
una amiga allí esperaba
para encontrar entre ambas
el silencio que buscaba.

Y el día dos de noviembre,
día de todas las almas,
mil quinientos treinta y cinco,
la aventura comenzaba.

Tan dolorosa fue la partida
porque al padre abandonaba,
que después escribiría:
“Cada hueso se apartaba
y, si no fuera por Dios,
la partida fuera errada”.

Santa Teresa, pintura de Miguel Elías

SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

                                                                                   “Volé tan alto, tan alto
que le di a la caza alcance.
                                                                                                          Juan de la Cruz

Desde el ventanal, la torre
esquilmada
del castillo y, tocando el cielo,
Los Galayos.
Gredos nevado.

Una nube, velo sutil, gatea
la hendidura de la montaña.
Más abajo,
el verde pardusco de los pinos
y las jaras.
Y más cerca, oye el río
desbocado
la Triste Condesa
bajo el puente pintado
en las postales de antaño.

Y en la Plaza del Castillo,
tu cuerpo hecho árbol,
Pedro de Alcántara, bronce
de amor, te elevas
como el pájaro solitario
del mudo y triste suelo
y vuelas de ataduras libre
al soñado
banquete del cielo.

Para no quedar huérfano
y solo en esta tierra
como una nube viajera
aunque tu luz me ciegue,
he de subir y descifrar contigo
el misterio que te envuelve.

LA ZARZA SIN PINCHOS

                                                                                   “Larga, larga como una soga
y tiene dientes como una loba”.
                                                                                                     Adivinanza popular

Desde el Palacio nunca terminado,
destartalado y lóbrego, seminario
donde se asentaba mi niñez de estudiante
como aprendiz de cura como decían
en el minúsculo pueblo que me vio nacer,
no se divisaba tu convento, pero tú,
Pedro de Alcántara, eras mi santo soñado.

Y con ese sueño en la cabecita infantil,
el paseo de los jueves por la senda frondosa
que iba de Arenas al Santuario
entre castaños, manzanos, nogales y helechos
se me antojaba
la más fiel imagen del Paraíso, aquella
que me habían insuflado con fruición
las narraciones de la Historia Sagrada.

Al descubrir al fin tu casa y beber
en su recinto el agua más fresca
que recuerdo, remanso del viaje, soñaba
con pasar sin que nadie lo notara,
los muros que acunaron tu figura, leve
árbol que el cielo alcanzó con sus ramas.

Un día, el sueño se hizo posible
y dentro, en la huerta, ¡qué emoción!
toqué
como la Magdalena la zarza enamorada
que retiró sus pinchos y procuró
para ti la cama más suave de este mundo.

Aquel lejano y tan cercano encuentro
contigo y tu zarza,
ha quedado     en mis recuerdos de niño
como la historia más maravillosa.

Julio Collado (Muñopepe, Ávila, 1949), poeta, columnista del Diario de Ávila, profesor, conferenciante, coordinador de talleres literarios en institutos abulenses y en la sede de la Fundación Caja Ávila, así como guionista y presentador de Campañas de Animación a la Lectura en diferentes radios y televisiones de su ciudad. Como escritor tiene publicados cuatro libros de literatura infantil en la Editorial Edelvives, además de haber participado, con cuentos, poemas y relatos, en varios libros colectivos (Rutas literarias por Ávila y provincia; Una métrica diferente; Chile en el corazón, Arca de los afectos, Palabras del Inocente, No Resignación, por citar algunos). Participó, como poeta invitado, en el XVII Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca, dedicado a Gastón Baquero.

El poeta Julio Collado (foto de Jacqueline Alencar)

Imagen de cabecera: Santa Teresa, pintura de Miguel Elías




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