Poemas de

Andrea Cabrera: ‘Estoy’ y otros poemas de tiempos distintos

Desde Tiberíades les dejamos conocer ocho poemas inéditos de la colombiana Andrea Cabrera. Aunque ella no se considera poeta, lo cierto es la viene acompañando desde su juventud. Los seis poemas de la segunda parte fueron escritos a los diecinueve años, y son los que pudo rescatar porque estaban en su correo. Sus cuadernos de poemas y canciones fueron destruidos por un salvaje con el que estuvo casada. Los dos primeros fueron escritos el pasado mes de diciembre. Las dos fotos de ella fueron hechas por José Montoya, su actual compañero.

TIEMPO ACTUAL

ESTOY

Quise borrar de este libro tan sosiego
La eternidad.

Quise cerrarlo para siempre
Pero encontró consuelo.

Quise arrancar las palabras
Que determinaron su vitalidad
Y también quise tallarlo como piedra
Y se sostuvo cual diamante.

Sin éxito logré su ausencia
Y logré permanecer.

DECISIÓN

Taciturna se encontraba la noche
Que acompañó los recuerdos tormentosos de mi pecho.

Como una vorágine
Mi conciencia derrotó cada imagen
Que en la lontananza del olvido se exiliaron sus latidos.

La claridad de la aurora
Trajo destellos que tornasolaron mi soledad,
Soledad que un día intento recordar
Y solo vio el espejismo
De un tiempo etéreo sin luz.

No halló vitalidad en ellos,
Dejaron de ser aquella herida abierta
Que dolía en el ayer.

TIEMPO PASADO

I PARTE

NO VAYA A SER TU DESTINO LEJOS DEL MIO

En una época arrasada,
en una luna opálida,
disvariado encuentro hoy mi pensamiento.

Rescato mis ilusiones del olvido y
palpita en mi interior un corazón desconocido,
hermoso y quizá distante…
Es tu corazón amado mío.

¿Cuándo llegarás?

Muéstrame su camino, oh Dios,
no me alejes de él
no vaya a ser tu destino, amado mío,
lejos del mío.

REAVIVO MIS ILUSIONES Y TE DIVISO

En mis pensamientos te he dibujado.

Entre ríos de azucenas a mi lado te he soñado
por tí siempre he esperado.

Juegos que despertientan pasiones,
expectativas de larga espera de nuestra promesa,
que revelada por Dios
nos preparó.

Todo de mí le diste para ir tras de él,
todo de él me diste para que me encontrara.

Dios nos permitía soñar.

Dios nos permitía jugar.

II PARTE

DECLARACIÓN

Aunque no se hablar de amor
de lo que en verdad sentimos los dos
confío tu caminar a mi lado.
Lejos de la mentira vulgar,
del dolor estridente o del altivo recuerdo de otra persona.

El amor es creyente y estoy en tus manos.

El aire es dulce al respirarlo cuando estamos juntos.

Cuando es de noche,
cuando es de día,
cuanto más te amo.

No veo lo que os dirige, pero,
puedo percibirlo
en tu voz,
en los labios que me besarán
e iluminarán como rayos de sol en una limpia mañana.

¿A dónde os llevará Dios?

Mar murmurante, tambores redoblando…

Tan sólo una acción lo dirá.

Andrea Cabrera en la Plaza Jairo Varela, de Cali

LOS VERSOS SE ENCIERRAN EN MI SUSPIRO

Mi corazón palpita radiante ante tus ojos,
un destello de tu alma atrae mi mirada.

Mostradme cómo se enamoran nuestras vidas,
cómo perciben la alegría nuestras almas,
cómo cristalinas se embriagan.

Embriagadme en tu ser,
en los corceles negros y finos
que adornan el amanecer de tus ojos.

Leedme en mi oído
esa sensación atrevida,
ese poeta en su rima.

Susúrrame en los labios
que cuando los tocas
es el verde ameno,
es el valle,
es la rosa.

Oíd vuestras vidas realizadas
en el cielo eterno,
en el aire que respiras
en el viento fresco.

Sentid
cómo nuestras almas
se entrelazan y se aman.

Sentid
cómo nuestros corazones
unidos palpitan,
al tiempo de un suspiro,
a nuestro ritmo.

Sentid
cómo unidos
hallamos un lenguaje compartido.

UNA NOCHE

Cuando te hablo palabras de amor,
susurro tu nombre y anuncio a tu oído
mientras lo acaricio, que…

Decir que es de noche,
que estamos solos
y que nuestros cuerpos tiemblan,
es caer en alturas desmedidas,
en fiebre de libertad.

Decir que busco las rimas en tu dulce piel,
que con destreza me desplazo
y en tu aroma me embriago,
es decir que me entrego entera
y me estremezco de placer.

Estar sin tí no quiero,
ni de nuestro lenguaje
ni fuera del bello manto de Dios.

Lugar de exilio hallé en tu senda
porque mi abrigo eres.
Dibujo tu presencia con mi canto
porque presa a ambos estoy.

NO ENCONTRÉ ALGUIEN COMO TÚ

Rompes con la física,
con el espacio,
con el mismo tiempo que no existe.

Trasciendes mi vida y es en vano la distancia que nos aleja.

Enredado en mi alma estás;
me deleito en tu fragancia mi dulce amor,
mas al cantar,
al reír,
al soñar,
al hacerte un verso que no será,
me entrego a tí mi ruiseñor.

Desde el momento en que desperté pensando en conocerte,
en ahondar como un niño en su suave lecho,
sigo tejiendo recuerdos como lo hago ahora con tus besos,
con las caricias que bordo en mi piel,
en nuestro deseo,
en mi sombra.

Me envuelves en tus brazos,
en la maravilla de tu mirada,
en el frescor de tu sonrisa,
a veces maliciosa,
a veces lo contrario.

Los senderos que os conducirán,
no van lejos y esperan encontrarnos
¿Iréis?

Los latidos de mi corazón no cesarán,
te seguirán hasta el final del camino.

Andrea Cabrera González (Cali, Colombia, 1985). Estudió 4 semestres de sociología en la Universidad del Valle, donde comenzó a escribir y este amor a las letras la llevaron a estudiar Licenciatura en Literatura en la misma universidad. Su tesis se centró en la adaptación cinematográfica del cuento “Era un balón número cinco “, del escritor bugueño Harold Kremer. Entre el 2012 al 2015 vivió en México, donde ejerció como docente de un colegio judío ortodoxo. Actualmente cuenta con una sólida trayectoria de 18 años en la docencia y reside en la ciudad de Cali.

José Montoya, Alfredo Pérez Alencart y Andrea Cabrera

 




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