Poemas de

Enrique Villagrasa: ‘El espejo refleja la luz que recibe’ y otros poemas

Tiberíades agradece al poeta Enrique Villagrasa por permitirnos difundir una muestra de su último libro, FOSFENOS (Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2024, pp. 215. Prólogo de José Luis Rey). La selección ha sido hecha por el poeta A. P. Alencart


El espejo refleja la luz que recibe

No me gritarás más frívolo espejo,
por ser el más notable juglar vivo,
pues mis ojos haciéndose fosfenos
han dibujado noche sin estrellas.

Señora tras amores de doncellas,
sin fuerzas, por llorar, me voy al lecho.
Cómo recuperar feliz estado
cuando en desgracia me hallo con fortuna.

Son mis momentos de dulce silencio
enriquecido mi pecho con dicha
tras sobrevivir al venturo día.

En gloriosa mañana lujuriosa
te prometo hermosísimo trasiego.
No te apenes jamás por lo que hiciste.

Poesía contemplativa

Mantienes la poesía alimentando la tragedia.
El tiempo busca con manos marmóreas,
en las cristalinas arenas de la clepsidra,
el gozo y la alegría de la religión popular.

¿Acaso tú puedes criticar a los dioses de Homero
en tu esfuerzo renovado de búsqueda de Dios?
¿Cuál es pues tu destino, poeta; qué haces aquí,
si eres con la página y sin ella no te multiplicas?

Tal vez, el quietismo de Eurípides tenga continuación
en el de Miguel de Molinos; o ¿cuál es el destino
de los hombres frente a los dioses o a Dios?

También preguntamos si el destino de las personas
interesa mucho o poco, o tal vez nada a los dioses.
Mi refugio está en Francisco de Asís y su Cántico.

El cierzo resplandece

El cierzo acaricia las sonrisas de tu tierra,
limpia y deshace tu pasado.
Y convierte tu mundo en un lugar abierto
a todas sus posibilidades, poesía.

El cierzo arranca tu máscara de la rutina.
Allí, en mi tierra, te pone frente a su página
en blanco: ese espacio sin límite.

En tu poesía todo es designado por el lenguaje.
Significante y significado en el norte del texto.
Tu poesía es otra cosa. Está más allá del margen.

Detrás de tu Burbáguena, de sus paisajes, de la
fuente y la viña: realidades secretas en tu caminar.
Paisaje, imagen, idea, palabra angular: del poema
su significado. La belleza del pueblo resplandece.

La palabra que nos habla, la que escuchamos,
no la que escribimos, es toda la poesía.

XVIII

El otoño siempre es un paisaje de dudas y noviembre
siempre llora lágrimas ocres. La tarde entra en el mar.
El calor de la noche se refleja en sus manos cuarteadas.
La pesca se ha llevado el aliento de los marineros.
El patrón será el único que escapará a su justicia marina.
El límite infinito de la noche se deslavaza en la lejanía.

XX

La voz de los caminos es la memoria del poeta.
La palabra poética es memoria del pasado. El
presente no existe y el futuro no lo he visto. Todo
es tradición y nuestro dar testimonio. Palabra
clandestina, tal vez mercenaria, que nos vela
y revela. Los evangelios apócrifos saben de ello.

XXXIII

Abismo que es la noche. Que es la palabra. Que es el gesto.
Que es tu abuelo regando las patatas en la huerta. Sencillez.
Ver como se dobla la rama del cerezo. El peso de sus frutos.
Bajo el peso de la sombra despierta la luz que ilumina caminos.
Tarragona está más allá del río Jiloca. Y a veces nos dejan salir
y cruzar el puente y ser metáfora en el desierto, con el errante.

Conciencia y nieve

Anda el día
Anda la noche.
Anda
la nieve
sin parar

Como el aliento de tu boca
en trance. Sobre su eje telúrico
del suave metal azul de Rubén
Darío. Es Burbáguena y
dispensada de la fuente está
su alargada sombra. La nieve
cual versos alzados en todas
las fronteras del poema. No
separemos el arte de la vida
y el amor del conocimiento.

La poesía es pasión y algo más,
eso que siempre cambia de lugar.
La poesía se sabe igual a la vida
misma. Como el poeta rompe con
la costumbre. No es la conciencia
de su tiempo, ni del porvenir.
Anda el día.
Anda la noche.
Anda
la nieve
sin parar

Bajo su hechizo

Bajo su hechizo reposaré eternamente.
No lamentaré más la ofendida belleza,
ni el imposible amor del río Jiloca.
El verso anuncia el valor de la ribera.

Su signo de mármol sedente escucha
con los ojos bajos y sonríe con dulzura.
El cincel graba el significado de la memoria.
Había desertado de entre los vivos en busca
de otro vivir más poblado, de ese futuro
prometedor, para él y los suyos: desierto abierto.

Soñaba con esas inversiones prometidas;
pero, hasta el momento no se ha interpretado
ningún adagio en este cementerio desierto.
Y todos escucharon como dormidos
la canción de la fuente y su eco.
Pues todos habían caminado sonámbulos
por la tierra yerma del fuego.
Por no mirarte más, te dejé pensar que yo,
soñador de una imposible poesía,
iba también quejumbroso y sombrío por la vida,
y que, más infeliz que tú, sin aquel querer
que moriría pronto contigo, quedaría solo.

Nunca acerté con el origen del río. Aguas arriba.
Pero en su seno fecundo y misterioso deposité
el germen de los tiempos y su rotundo tronar.

Hundiéndose en el recuerdo, su murmullo
despierta afectos alegres y juveniles.
Contemplo aquella fuente de la vía lejana,
encendida en el último adiós de la noche.
Única compañera sobre la vasta soledad de hoy.

Desandas el camino de la fuente

Desandas el camino de la fuente, de la vía, de la viña.
Y de pronto recuerdas el silencio de los membrillos.
Las escolares voces caminaban ligeras hacia el colegio.

Y hoy como ayer todo recobra vida, vuelve con su luz.
No es lo más hermoso, aquello que puede recordarse.
Tañen tus pasos, se escuchan jotas en los tres bares.

Tal vez, esta mañana, otra vez entornes los párpados
y veas las sinuosas pozas del río de tu juventud.
Y dónde quiera que leas, sabrás el porqué de los versos.

Sin recorrido ya en el poema regresamos al barrio Moral.
A la terraza de casa desde donde sueñas el mar y su brillo.
Vas y coges las cerezas con su sabor. Más rojo y más negro.

Aquel cálido verano, a veces rodeado de bar y bulla.
Aquellas tardes camino de la ermita de San Pedro,
mártir de Verona. Caía el sol y se secaba el verso.

Enrique Villagrasa González (Burbáguena, Teruel, 1957). Lector de poesía. Ha escrito diversos libros de poemas. Ha sido incluido en varias antologías y están traducidos algunos de sus poemas a otros idiomas: al árabe; al francés; al italiano; al húngaro; al inglés; al ruso; al chino; al rumano; al croata; y al portugués. Colabora regularmente como crítico en Librújula, librujula.com, Turia y Alhucema. Su última publicación es Fosfenos (Huerga y Fierro). Figura en Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesía spagnola contemporanea (Stilo Editrice, 2020) y en La tierra y la nada. Una antología poética de la España despoblada (Bala perdida, 2022). Es director de la colección de poesía Rayo azul (Huerga y Fierro). Y sus poemas se han publicado últimamente en las revistas Ágora, papeles de arte gramático; en Poesía y Métrica; y en la revista portuguesa Poesía/Plural. Pertenece al consejo editorial de la revista digital de poesía contemporánea AVPLA (Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana).

Villagrasa y Martín Rodríguez Gaona, en la Feria del Libro de Madrid



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