Colaboraciones

Harold Alva: Seis poemas de ‘A tiempo completo’ y notas sobre su poesía. XXVII Encuentro de Poetas Iberoamericanos. Fotos del acto.

Tiberiades se congratula en publicar los poemas que en Salamanca leyó el peruano Harold Alva, así como los textos que sobre su obra fueron comentados por A. P. Alencart y Omar Aramayo. La presentación se celebró en el Salón de Actos del Colegio Fonseca, de la Universidad de Salamanca.


Sobre la poesía de Harold Alva

“Las numerosas casas del poeta se superponen y conviven, redescubriendo el fundamento nativo en una sola habitación donde resuena el monólogo, -urgente, necesario, rebosante de sentido- del sobreviviente. Y aquí la poesía abraza los múltiples rostros del mundo; recompone la naturaleza fragmentaria de la existencia a través de las palabras. Harold Alva encarna el tiempo de la lucha, pero también la frontera que abre la puerta a los sueños y la esperanza.”
VALERIA DI FELICE, Italia

“Si tuviera que definir la poética de Harold Alva con un solo adjetivo, sería “estremecedora”. Después añadiría otros: “agreste”, “primigenia”, “onírica”, “subterránea”. Pero creo que lo fundamental es su capacidad para estremecer, lograda a través de las depuradas y sorprendentes metáforas e imágenes. Leyendo sus poemas, me invade la sensación de una selva cerrándose a pasos agigantados sobre una figura solitaria, un grito desgarrador o una manada de animales salvajes cerniéndose sobre su presa. Es una poesía para ser leída con un fondo sonoro de tambores, al borde de un acantilado. Contribuye a crear este ritmo intenso, a menudo frenético, la ausencia de signos de puntuación y la brevedad de los versos o la construcción de prosas poéticas.”
MARINA CASADO, España

“Los sonetos de Spleen tienen algo de Darío, de Baudelaire, de Verlaine, de Poe, de Rimbaud. Son nocturnos atravesados por la lívida luz de los relámpagos. En ellos ruge la tempestad.”
DAISY ZAMORA, Nicaragua

“Dentro de una tradición entrañable: la de la poesía peruana, el notable Harold Alva nos muestra un nuevo giro. Estos poemas feroces, angustiados, iluminadores, están condenados a lo que para Borges era la peor de las condenas: están condenados a perdurar.”
RAÚL ZURITA, Chile

“A lo largo de esta naturaleza viva, Harold Alva nos comparte muchos animales que hacen su aparición como estados de ánimos: la serpiente que escribe, el gorrión que ama, el halcón que calla. Un lobo con su nostalgia acróbata que aúlla, el puma con la presión arterial al límite, el león al acecho de la primera manzana; y cada uno de estos rugidos y aullidos tienen forma de pájaros. El poeta se escucha en ellos y ve su reflejo en sus desiertos. La poesía tiene la función de asumir una búsqueda, y en ella la angustia suele aparecer con todos sus fantasmas; el poeta vuelve a ser un hombre negado por la lluvia, pese a que alcanza a descubrir una flor amarilla, / un girasol / hablándole / con su lenguaje solar. Y en este rito de buscarse y encontrarse, de dar pasos y respiros, acaba por aceptar las réplicas en el sismo interdisciplinario de la vida.”
DENNIS ÁVILA, Honduras

Un plano ideotemático se corresponde con una perspectiva filosófica a partir de postulados que están implícitos. Esto se comprueba intertextualmente en este verso de Harold Alva: “Morir debería ser un acto de dignidad”. Otro tema en la poética de este poeta es la utilización de los animales. Estos animales no adquieren un protagonismo principal dentro de los poemas, sino que sirven como símbolos expresivos o apoyatura para que el sujeto poemático nos permita mirar junto al autor cómo se abre y cierra una ventana, el horror de un mundo.
LEYMEN PÉREZ, Cuba

A. P. Alencart, Harold Alva y Omar Aramayo (foto de A. Holgado)

SEIS POEMAS DE ‘A TIEMPO COMPLETO’

EL ÚNICO ANIMAL QUE NOS ESCUCHA

Mi corazón es la autopista
que recibe las voces

su voz como una bella pregunta
en el silencio de la noche
moviéndose con la emoción
del único animal que nos escucha

hay una función especial
para estos viajes:
dibujar al otro lado del insomnio
un árbol
sus hojas múltiples
para quebrar la lumbre

mi tos como una vieja campana
despertándome
para cuidar sus ojos

aquellas flores oscuras
que escribo
en mi bitácora de náufrago
sin que nadie sospeche
que en sus puertas
mi voluntad es una máxima
un grito de batalla
un mensaje de capitulación
con la madrugada.

(1998)

LAS VÉRTEBRAS DEL FUEGO

Sobre tu sombra sangran
Los picos de las águilas
Los huesos de la calavera
Que sintoniza frenética mis sueños
Esta pesadilla que me lanza al ático
De la abadía
Donde reposa incólume tu cuerpo
Tu estructura de gata
Tu aliento que ingresa
Como un tornado a mi celda
Como una serpiente que petrifica
La tarde y sus motivos
La tarde y esta sentencia que insulta
El vuelo de las gaviotas
La estela que denuncia tu condición
De fiera
Tu sangre que se mezcla
Con mi corazón de fiera
Y lo posee como un leopardo que intuye
La destrucción imperceptible
De estos ecos
De estas palabras que insisten
Como un leopardo ansioso
Que corre en la Savannah
Que incendia el reflejo de los manantiales
Donde habitan como algas mis silencios
La onírica catedral
Que exculpa tus ausencias
El lenguaje de otra tribu
Que aúlla como un coyote
Y yo te espero asediado por este laberinto
Por esta ráfaga de culpas
Que destejen mi nombre de tus labios
El exquisito mar que ataca con su brisa
La sonda que sujeta mis huesos
Como un cocodrilo
Como la maligna bestia
Que reina en mis pesadillas
El mundo donde despedazo
Esta mandíbula de fuego
Esta mandíbula de diamante
Esta mandíbula de tigre
De música que ha roto
La soledad del equinoccio
Y yo te espero con mi terror
A las madrugadas
Con este miedo que insulta
Las ventanas de los edificios
Las puertas que se abren
Y yo te espero
Y me arrojo a tu frente
Como un Telémaco que impreca
Para recuperar su Ítaca
Y tú:
Veneno de la oscuridad
Isla caníbal
Elevas tus manos a la proa
De los trasatlánticos
Y emerges como un ángel
Que ha transfigurado sus alas
Allí tu voz retorna
Y las montañas son las mismas calaveras
Que subordinan
La lengua de esta ciudad
De este montículo de occisos y concreto
Tu voz depreda las estructuras sangrientas
De este instante
Los músculos de gorilas
Que destrozan los sembríos
Las chacras donde he mudado de piel
Con el repertorio de otros cuervos
Y yo te espero para destruir las cercas
La sórdida estructura de las caballerizas
Donde un potro
Ha escrito tu nombre en la frontera.

(2006)

LIMA

La física de tus manos
Contradice mis leyes naturales
La devoción por conservar el aliento
En una gruta donde nadie
Ejecuta oraciones como cábalas
Versos como ráfagas
Que atentan contra mis hábitos
Animales de azufre
Demonios que salen a la caza de un orate
Que se oculta noche a noche
En los hostales de Lima
En sus intestinos de asfalto
Que esperan impacientes
El último estertor
Mi atípica presencia de fantasma
Y tú
Dulce animal
Escala de grises sobre la orfandad
De mi cuaderno
Brillas como el anillo del sol
En esta época de catástrofes apocalípticas
Tú mi violenta partitura
Mi fiera urbana de certeros zarpazos
Mi bestia incólume con quien apelo al adjetivo
A su virtud de ventana
Desde donde grito este poema
Con la ilusión de un cadáver
Que intuye que su muerte no es definitiva
Que intuye que tu muerte no es definitiva
Que se arranca el cráneo
Y lo cuelga
En los cordeles del horizonte
Con la misma prepotencia de un sismo
Que sepulta los puentes y las casas

Ternura hereje entre mis manos
Miedo que me asalta durante la mañana
Te enfrentas a la física
Y apareces en mi fortaleza imaginaria
Te detienes al centro
Con la precisión de una pantera
Y yo me quedo quieto
Sé que la luna es insuficiente
Cuando leo tus palabras
La noche también es insuficiente
La noche y su gran ojo
Que da vueltas con la velocidad de un paso
Que en vano pretende conquistarte
Cuando apenas ha sonado el silbato
Y el réferi se instala con asombro
En mis decisiones
En mi poema
En mi oscuridad
En mi boca que se abre
Cada vez que tú retornas con un verso
Y Lima entera se detiene
Y Lima entera se inclina frente a tus pasos
Y Lima entera se conmueve
Con el filo de tu lengua
Que parte en tres la dicción del aire
El rumor de los malecones
Mi grito que trepa los edificios
Y escribe tu nombre en las ventanas
Y escribe mi nombre en tu ventana
Y nadie puede leerlo porque carecen del espanto
Y la capacidad de nuestras visiones
Del alfabeto que aprendimos a tararear
Cuando los dedos se formaron
Como las columnas de un ejército
Que partió a colonizar la piel
Con las membranas de los otros
Y los otros se quedaron allí
Solitarios en sus cuerpos
Mientras la vida se esfumaba en otra parte
Y nosotros asimilamos la tensión de los accidentes
Y así nos reconocimos
Y así incendiamos estas calles
Y así le dibujamos pájaros a esta noche
Pájaros a las bancas del Kennedy
Pájaros a nuestras palabras
Pájaros a los ojos de las paredes
Pájaros a la soledad
Pájaros a la lengua que ahora nos eclipsa

(2011)

FILOSOFÍA DE UN PUENTE

De un momento a otro
El mundo es la calle donde observas
Cómo cae el agua de los techos
El parque de la nostalgia
Que empieza a sitiarte con sus bancas
Para que tu sombra se reduzca
A una vieja cuadra
A los pasos que se anuncian
En la edad del último poema
En su encabalgamiento
Preocupado por la respiración
Por la tos de un verbo
Que enfrentado a su silencio
Detiene la brisa del malecón
El tedio de un árbol
Que copia la rutina de los ciclistas
La ansiedad de los runners
En un símil que nada tiene que ver
Con mi voluntad de corsario
La maldición de un puente
Que se rebela contra el vacío
Y la tarde mordiéndonos
Con la voracidad de un animal
Como quien interpreta una tocata
Un himno marcial
Una bandera de resistencia.

(2019)

Harold Alva (foto de A. Holgado)

YO ESQUIVABA ESTE POEMA

Este es el poema del que hui durante décadas,
en sus verbos un león detiene sus fauces,
sabe que no gana nada si lo ataca,
por eso lo rodea como quien increpa
el filo de sus adverbios;
el resplandor de sus imágenes
que caen
con la prepotencia de una serpiente
que lo muerde por dentro.

Yo esquivaba este poema:
cerraba las puertas
para que no tenga opción con sus recursos,
por eso aprendí
a consumirme en las metáforas,
en las antítesis de la tarde
cuando el agua
duplicaba las imperfecciones de mi calle:
fui el más puntual de sus escapistas,
el lobo que con sus garras
era capaz de quebrar la belleza de un narciso
preguntándose en la fábula
si sus dientes eran más perfectos y brutales
que la convicción de un símil
o de una hipérbole que empaña
las ventanas de una casa;
el alarido de quien sabe que ha perdido
el músculo de sus palabras,
la fibra de su rabia,
el relincho de aquellos caballos
que galopan en la carretera
sin la prepotencia de sus escuadras.

Yo me escondí durante años de este poema,
lo sabe el malecón a donde iba a refugiarme,
la Sáenz Peña y el silencio de su alameda,
la banca frente al Neptuno
sobre la que reinterpretaba esta barbarie,
este nudo que no sé cómo desatar
ahora que el ángel más bello de la masacre
me dicta los mensajes,
las cartas de navegación,
el ministerio de otras capitulaciones,
de otro coso dónde destajar
el pellejo de otras bestias;
lo sabe también el cuervo de mi niñez,
su aleteo que vislumbra los charcos
y las piedras donde aúllan
los zorros de la ausencia.

Yo escribía huyendo de este poema,
hasta que un día
se abrió frente a mí
una flor amarilla,
un girasol hablándome
con su lenguaje solar,
con esa música sacra
que me devolvió a la luz y sus fantasmas.

Yo ensayé para huir de este poema,
aprendí a convivir con la desolación
reinventándome,
picoteándome las plumas como un águila
en la montaña más insólita,
debía blindar al animal que represento,
debía blindar mis manos y sus nervios,
lo esquivé porque una historia
es escribir un poema sin padre
y otra es escribir un poema
sin padre y sin madre,
sin sus ojos inundándome de parques,
sin sus ojos abiertos poblándome de parques;
ahora el tiempo es un orco que amenaza,
un Polifemo que busca ciego
dónde fundar su Ítaca.

Este es el poema del que hui durante décadas,
en sus verbos un león continúa al acecho
de la primera manzana,
de aquel soplo brutal
que transformó mis hábitos de caza,
en su boca arde un incendio forestal,
quiero detenerlo o abrazarlo,
no puedo:
yo soy el hombre negado por la lluvia,
el trago impar de la madrugada,
las últimas arcadas.

(2022)

SPLEEN/ XXXVI

Conozco los ojos del precipicio,
he apuntado su pánico en mi agenda,
los reptiles que oculta en la trastienda
incapaz de ofrecer un sacrificio.

Sé del animal que canta en los tejados,
el huracán brutal contra el abismo,
esta emoción juglar, el cielo mismo
en su ecuación lunar a los costados.

Conozco la tormenta que lo inhibe:
su voluntad por sostener el fuego
es la cal que lo enciende y lo proscribe.

La trampa del reloj es solo un juego,
una señal de alerta que la escribe
el cuervo que se espanta cuando llego.

HAROLD ALVA (Piura, Perú. Abril de 1978). Escritor, editor y analista político. Director de Editorial Summa. Preside la organización del Festival Internacional Primavera Poética y la Fundación Iberoamericana para las Artes. Es autor de los libros: “Ejercicios de escritura” (2024), “Ceremonia” (2023), “Tocado por la lluvia” (2022), de las antologías poéticas “Monologo del sopravvissuto” (Di Felice Edizioni, Italia, 2024, traducción de Emilio Coco), “A tiempo completo” (Universidad Juárez Autónoma de Tabasco), México, 2024) y “La épica del desastre” (Valparaíso Ediciones, España, 2020). Publicó “Lima” (2012), “Sotto voce” (2003), “Morada & sombras” (1998), entre otros. Ha participado como expositor en diversas ferias de libros y festivales de poesía en Estados Unidos, México, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, España, Grecia, Italia y Portugal. Antólogo de “La primera línea”, y director de Poesía Iberoamericana, colección de cien títulos que publicó el 2020 con la Municipalidad de Lima. Director fundador de Contrapoder, fue director cultural de la Cámara Peruana del Libro, conductor y productor de programas de radio y televisión. En 2021, el Excmo. Ayuntamiento de Salamanca (España), lo declaró Huésped Distinguido. Ha sido coordinador general de la Feria Internacional del Libro de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2024 (México). Editor general de Círculo de Lectores, es miembro del Consejo Internacional de la Fundación Vicente Huidobro y de la revista Códice.

Harold Alva durante la presentacion (foto de Lizette Espinosa)
Harold Alva en el Colegio Fonseca (foto de Luis Aguiar)

 




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