{"id":10317,"date":"2026-09-08T19:03:37","date_gmt":"2026-09-08T18:03:37","guid":{"rendered":"https:\/\/tiberiades.org\/?p=10317"},"modified":"2026-09-08T19:09:14","modified_gmt":"2026-09-08T18:09:14","slug":"disponibilidad-institucional-y-canonizacion-heuristica-en-la-critica-literaria-por-santiago-said","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tiberiades.org\/?p=10317","title":{"rendered":"Disponibilidad institucional y canonizaci\u00f3n heur\u00edstica en la cr\u00edtica literaria, por Santiago Said"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1996 una de las revistas acad\u00e9micas m\u00e1s respetadas del mundo anglosaj\u00f3n llamada <em>Social Text<\/em> acept\u00f3 un art\u00edculo falso titulado \u00abTransgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity\u00bb, cuyo autor era un f\u00edsico te\u00f3rico de la Universidad de Nueva York llamado Alan Sokal. Dicho art\u00edculo era una parodia deliberada del estilo posmodernista, repleta de jerga t\u00e9cnicista y declaraciones pol\u00edticas, pero sin contenido cient\u00edfico real. En su art\u00edculo, Sokal fingi\u00f3 argumentar que la realidad f\u00edsica, incluyendo la gravedad, era un constructo social. El prop\u00f3sito de Sokal fue revelar que las opiniones, por m\u00e1s rid\u00edculas que sean, son aceptadas en las academias, no tanto por su rigor y objetividad, sino en la medida en que coincidan con las preconcepciones ideol\u00f3gicas y pol\u00edticas de las universidades.<\/p>\n<p>Este esc\u00e1ndalo fue llamado el <em>asunto Sokal<\/em>, cuyo efecto fue revelar que las academias universitarias, especialmente las facultades de humanidades y ciencias sociales, padecen de un prejuicio ideol\u00f3gico de querer ver la racionalidad y la objetividad cient\u00edfica como herramientas de dominaci\u00f3n del hombre blanco occidental.<\/p>\n<p>Naturalmente, por razones de supervivencia, la respuesta de las academias no se hizo esperar. Acusaron a Sokal de utilizar una estrategia que permite a los cient\u00edficos \u201cmantener su autoridad y poder en la sociedad\u201d, desviando el tema de la cr\u00edtica de la ciencia, a la cr\u00edtica de los cient\u00edficos.<\/p>\n<p>Si bien es verdad que el conocimiento cient\u00edfico tiene contextos culturales, los detractores de Sokal cometieron el error de convertir ese diagn\u00f3stico parcial en una ontolog\u00eda general que declara que no existen verdades objetivas, sino que todo est\u00e1 determinado por el poder, ignorando que la falibilidad de la observaci\u00f3n o del observador no cambia el hecho de que lo que se est\u00e1 observando est\u00e1 asentado en una realidad objetiva.<\/p>\n<p>Un ejemplo ilustrativo de este tipo de falsa generalizaci\u00f3n es un art\u00edculo titulado \u201cGuerras de la ciencia, imposturas intelectuales y estudios de la ciencia\u201d, publicado por la <em>Revista Espa\u00f1ola de Investigaciones Sociol\u00f3gicas<\/em>, escrito por Rub\u00e9n Blanco. Dicho art\u00edculo pretende refutar el experimento de Sokal a trav\u00e9s de la explicaci\u00f3n del contexto en el que surgi\u00f3. Sin embargo, el problema de fondo que recorre este art\u00edculo es que nunca enfrenta directamente los argumentos de Sokal. Ni siquiera los cita. Simplemente los rodea mediante desplazamientos, generalizaciones y explicaciones de motivos que caen en las descalificaciones personales, pues acusa a Alan Sokal de no comprender los \u201cestudios culturales de la tecnociencia\u201d (Blanco 144), pero jam\u00e1s indica en qu\u00e9 se equivoca o por qu\u00e9 no los entiende. Tambi\u00e9n incurre en una falacia de hombre de paja al decir que \u201cSokal se constituye como autoridad universal del conocimiento humano, tanto en el campo de las ciencias naturales como en el de las ciencias sociales y humanidades\u201d (Blanco 144). Sin embargo, lo anterior es una conclusi\u00f3n falsa a la que llega Blanco, pues en realidad Sokal jam\u00e1s hace semejante declaraci\u00f3n ni se asume como tal.<\/p>\n<p>No obstante, m\u00e1s all\u00e1 de la falta de argumentos y descalificaciones personales, es importante reconocer que estos prejuicios, a pesar de haber sido expuestos como falencias, se han hecho carne y han colonizado las aulas y las academias. Ya no sorprende a nadie escuchar en los p\u00falpitos de las universidades\u2014tanto en Am\u00e9rica como en Europa y Ocean\u00eda\u2014a algunos profesores decir que \u201cla objetividad es blanca\u201d, convencidos de que est\u00e1n en lo correcto y, no s\u00f3lo eso, tambi\u00e9n afirmando lo anterior como una realidad cient\u00edfica.<\/p>\n<p>Estas incoherencias y mentiras hist\u00f3ricas, que antes pudieron ser consideradas rid\u00edculas, se vuelven tanto m\u00e1s visibles como peligrosas en la medida en que ciertos autores con tanta influencia, como Sandra Harding, quien compara la mec\u00e1nica cl\u00e1sica con un \u201cmanual de violaci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, o Luce Irigaray, quien afirma que la f\u00f3rmula E = mc\u00b2 es una \u201cecuaci\u00f3n sexuada\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, o Jean-Paul Sartre, quien asegur\u00f3 que \u201cmatar a un europeo es matar dos p\u00e1jaros de un tiro\u201d (Sartre, 1965, 12), gradualmente convierten sus declaraciones en verdades dominantes en las universidades occidentales. Sin embargo, en la actualidad estos prejuicios no s\u00f3lo siguen vigentes, sino que se han transformado en dogmas, en donde el pensamiento objetivo ha sido desplazado por el compromiso pol\u00edtico.<\/p>\n<p>De la manera como han pasado a formar parte de las academias de humanidades y ciencias sociales, estos dogmas han sido considerados por la cr\u00edtica literaria como disciplina y t\u00e9cnica, en mayor o menor medida vinculados al dominio de la metodolog\u00eda y los marcos te\u00f3ricos para el an\u00e1lisis de obras literarias. Las consecuencias de tal colonizaci\u00f3n intelectual desde el \u00e1mbito de la literatura se manifiestan en que, al estudiar una obra literaria en particular, la mayor\u00eda de estudiantes y cr\u00edticos literarios piensan autom\u00e1ticamente en Michel Foucault, Judith Butler, Edward Said, Pierre Bourdieu o Jacques Derrida como referentes anal\u00edticos incuestionables. Consecuentemente, sus teor\u00edas y aplicaciones de an\u00e1lisis sobre la literatura son ahora dogmas institucionalizados y, como todo dogma, se reproducen solos despu\u00e9s de haber sido inoculados. El costo de que estas ideas sobre c\u00f3mo estudiar la literatura dominen completamente los programas universitarios, las revistas acad\u00e9micas y los congresos de filolog\u00eda, ha sido que el enfoque del estudio verdaderamente literario haya quedado relegado a una simple curiosidad de la historia de la cr\u00edtica literaria o, peor todav\u00eda, a su desaparici\u00f3n por consider\u00e1rsele \u201creaccionario\u201d.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista m\u00e1s inmediato se puede advertir que existe un atajo mental que en la psicolog\u00eda han llamado \u201cheur\u00edstica de la disponibilidad\u201d. Es, pues, un fen\u00f3meno esencialmente cognitivo, descrito por Daniel Kahneman y Amos Tversky, que considera que los seres humanos recordamos algo con m\u00e1s facilidad cuando creemos que ese algo es m\u00e1s importante de lo que realmente es.<\/p>\n<p>Seg\u00fan sus propios postulados, este sesgo tiene lugar gracias a dos factores que son la frecuencia y la probabilidad (Tversky &amp; Kahneman, 1973, 208). La heur\u00edstica de la disponibilidad, por tanto, se nos presenta como un decidido diagn\u00f3stico de los actuales departamentos de literatura, puesto que estas metodolog\u00edas posmodernas no s\u00f3lo son modas intelectuales pasajeras. En realidad, estos marcos te\u00f3ricos se han vuelto cognitivamente autom\u00e1ticos y permanentes, ya que, justamente, gracias a la frecuencia con la que se repite en los cursos de literatura las palabras \u201copresi\u00f3n\u201d, \u201cinterseccionalidad\u201d, \u201cg\u00e9nero\u201d, \u201craza\u201d, \u201cpatriarcado\u201d, \u201cdescolonizaci\u00f3n\u201d, \u201cidentidad\u201d, \u201cdeconstrucci\u00f3n\u201d, \u201cneoliberalismo\u201d, el estudiante o el cr\u00edtico inmediatamente las relaciona con la literatura, resultando, lamentablemente, en que no exista en su mente ninguna otra forma de entender la literatura m\u00e1s que dentro de los l\u00edmites de estas teor\u00edas. Se revela tambi\u00e9n as\u00ed que, a trav\u00e9s de la frecuencia con la que estos enfoques aparecen en <em>papers<\/em>, seminarios, debates y disertaciones, se convierten entonces en el lenguaje dominante de legitimaci\u00f3n cr\u00edtica y a sus art\u00edfices en autoridades can\u00f3nicas de los estudios literarios.<\/p>\n<p>Esta conquista intelectual por parte de la irracionalidad posmoderna amerita cuestionarse con seriedad. La primera pregunta que surge es \u00bfc\u00f3mo lograron estos enfoques legitimarse como canon? Al constatar que en el horizonte mental de la mayor\u00eda de estudiantes y cr\u00edticos de la literatura han desaparecido nombres como William K. Wimsatt, Monroe C. Beardsley, Allen Tate, William Empson, Ren\u00e9 Wellek, Cleanth Brooks, John Crowe Ramson, I. A. Richards o el propio T. S. Eliot, de modo tal que hoy ser\u00eda dif\u00edcil explicar en un curso de teor\u00eda literaria cualquiera qui\u00e9nes fueron estos cr\u00edticos y por qu\u00e9 la recuperaci\u00f3n de sus ideas es imprescindible para el beneficio mismo del arte literario, nos damos cuenta que la propia academia universitaria recompensa otros lenguajes y considera el estudio de estos pensadores como algo \u201cya superado\u201d o incluso in\u00fatil, como si la cr\u00edtica literaria fuese una ciencia perfectible cuyas autoridades m\u00e1s inmediatas y actuales fuesen el ep\u00edtome de la objetividad. Pero \u00e9sta ser\u00eda una respuesta tard\u00eda. Debemos, por tanto, ir hacia los or\u00edgenes de esta hegemon\u00eda cultural.<\/p>\n<p>La siguiente cita de Antonio Gramsci debe, por cierto, valer como una precisa respuesta, adem\u00e1s de ser una directiva educadora respecto a los prop\u00f3sitos expl\u00edcitamente pol\u00edticos que tienen las academias hoy en d\u00eda:<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de la escuela unitaria representa el inicio de las nuevas relaciones entre trabajo intelectual y trabajo industrial, y no s\u00f3lo para la escuela, sino para toda la vida social. El principio unitario se reflejar\u00e1, por tanto, en todos los organismos de cultura, transform\u00e1ndolos y d\u00e1ndoles un nuevo contenido. (Gramsci, 1967, 148-149)<\/p>\n<p>Fuera de los c\u00edrculos intelectuales, el declive del marxismo como ideolog\u00eda capaz de persuadir a millones de personas en Occidente comenz\u00f3 entre finales de los a\u00f1os sesenta y los ochenta. El marxismo sigui\u00f3 siendo absolutamente influyente en las universidades, pero gradualmente lo fue menos entre la poblaci\u00f3n a medida que su calidad de vida mejoraba a trav\u00e9s de pol\u00edticas de mercado libre. Sin embargo, el marxismo no desapareci\u00f3. La fascinaci\u00f3n de sus ideas consigui\u00f3 mantener su presencia en los departamentos universitarios de humanidades y ciencias sociales. Que el marxismo cultural tenga hoy una absoluta capacidad de control sobre las academias de humanidades y ciencias sociales es cosa que no puede refutarse. Esa preponderancia se explica porque el marxismo, en la pr\u00e1ctica, siempre ha terminado en dictaduras asesinas que \u00fanicamente obtienen defensa a partir del idealismo de los propios acad\u00e9micos e intelectuales de Occidente; sin embargo, para los individuos que no pertenecen a la esfera intelectual y acad\u00e9mica, la revoluci\u00f3n socialista dej\u00f3 de ser atractiva. La teor\u00eda de la hegemon\u00eda de Gramsci, por tanto, plante\u00f3 que, a diferencia del marxismo ortodoxo que afirmaba el control pol\u00edtico a trav\u00e9s del poder sobre la estructura econ\u00f3mica, tambi\u00e9n se consigue a trav\u00e9s del control sobre instituciones culturales como la escuela, la prensa y las universidades.<\/p>\n<p>El objetivo pol\u00edtico del marxismo detr\u00e1s de colonizar la academia es lograr una transformaci\u00f3n radical y permanente de la sociedad civil y las instituciones democr\u00e1ticas occidentales, utilizando a las universidades como mecanismo de subversi\u00f3n dentro del propio sistema. Este mecanismo de difusi\u00f3n, al principio, no trat\u00f3 de suprimir ideas diferentes, sino que trat\u00f3 de organizar y utilizar los preceptos marxistas en la cultura y, en este caso, en el pretendido an\u00e1lisis de la literatura. Su difusi\u00f3n no necesit\u00f3 militancia activa. Fue estructural. Los profesores formados en los sesenta y ochenta fueron los que tomaron decisiones de contrataci\u00f3n y crearon c\u00edrculos de investigaci\u00f3n. Asimismo, la jerga te\u00f3rica y los enfoques de estudio de la literatura (poscoloniales, feministas, <em>queer<\/em>) han creado sus propios espacios (revistas especializadas, asignaturas, incluso licenciaturas y posgrados).<\/p>\n<p>Una academia libre estar\u00eda dispuesta a incluir los enfoques posmodernos dentro de los programas de estudio literarios. En cambio, la academia actual no necesita excluir activamente a los detractores y cr\u00edticos de su enfoque hegem\u00f3nico. Su reacci\u00f3n ante ellos est\u00e1 basada simplemente en negarles existencia dentro de las aulas, en no darles lugar dentro de los programas de estudio. Eligen como afirmaci\u00f3n general una rudeza de regimiento de teor\u00edas que tienen en com\u00fan la idea de que la verdad no es otra cosa que una construcci\u00f3n de poder y la raz\u00f3n es un instrumento hist\u00f3rico de opresi\u00f3n. Es, por lo tanto, un m\u00e9rito de las teor\u00edas de la deconstrucci\u00f3n y del resto de los enfoques populares de la posmodernidad el tener el control de las narrativas, no a trav\u00e9s de la fuerza, sino del control de las instituciones que forman el pensamiento. Vale la pena recordar que antes de la hegemon\u00eda del pensamiento posmoderno en las universidades, el socialismo argumentaba que la \u00fanica v\u00eda de llegar al poder ten\u00eda que ser a trav\u00e9s de la revoluci\u00f3n armada. Fue, efectivamente, a la inversa. Las universidades se convirtieron en el campo de batalla decisivo para su hegemon\u00eda porque son los espacios que forman a las dem\u00e1s generaciones. Ocupar los espacios institucionales en donde se determina qu\u00e9 es conocimiento leg\u00edtimo y que no lo es, fue decisivo para que el marxismo moldeara posteriormente las instituciones pol\u00edticas, las empresas, el vocabulario y hasta la forma de entender la literatura.<\/p>\n<p>La doctrina posmoderna que domina hoy los estudios literarios, la cual Harold Bloom llam\u00f3 la \u201cEscuela del Resentimiento\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>\u2014y no pudo estar m\u00e1s acertado\u2014, es antiest\u00e9tica e ideol\u00f3gica adem\u00e1s, en un sentido espec\u00edfico, porque si se quisiera indicar el sentido general aproximado que le da a la literatura como objeto de estudio, la misma ser\u00eda m\u00e1s llevada a hablar de pol\u00edtica antes que de est\u00e9tica, lo cual es una involuci\u00f3n antes que una evoluci\u00f3n en los estudios del arte. A ello se le agrega que las academias de humanidades y ciencias sociales han reemplazado la raz\u00f3n por una nueva clase de fe y una ortodoxia que tiene a sus propios herejes. Cualquier intento de cuestionar dichas ideas es una prueba de disidencia. Cada vez es m\u00e1s com\u00fan enterarse de linchamientos medi\u00e1ticos, destituciones, hostigamiento e incluso amenazas y agresiones f\u00edsicas hacia estudiantes y profesores que se atreven a expresar posturas opuestas al pensamiento dominante en instituciones acad\u00e9micas. Existe, por tanto, un mecanismo de disciplina intelectual que funciona a trav\u00e9s del miedo a ser expuesto como \u201cintolerante\u201d, \u201cracista\u201d o simplemente est\u00fapido. De esta manera, las universidades se han convertido en los espacios m\u00e1s t\u00f3xicos para intercambiar ideas y construir el di\u00e1logo racional.<\/p>\n<p>Otra consecuencia de esta concepci\u00f3n totalitaria y a la vez contradictoria de los estudios literarios es el ataque contra la definici\u00f3n misma de literatura. Por un lado, desde la visi\u00f3n marxista hasta la foucaultiana, se plantea que la literatura est\u00e1 determinada por instituciones de poder y, por ello, es un reflejo del mismo. Por otro lado, desde la posici\u00f3n de Lyotard hasta Terry Eagleton, la literatura no cuenta con una definici\u00f3n fija. Este tipo de concepciones acarrean contradicciones que nunca obtienen respuestas. En primer lugar, si toda afirmaci\u00f3n de verdad, incluyendo la literatura, est\u00e1 determinada por una instituci\u00f3n de poder, esta misma idea expone el intento de ejercer poder sobre c\u00f3mo interpretar la verdad y, por lo tanto, sobre la literatura. En segundo lugar, si la literatura no puede contar con una definici\u00f3n clara, entonces cualquier cosa podr\u00eda ser considerada como literatura y, justo por ese abismo de ambig\u00fcedad, la literatura no existir\u00eda. Esto conllevar\u00eda a anular los estudios literarios dado que no habr\u00eda un objeto literario al cual analizar.<\/p>\n<p>Esta Escuela del Resentimiento niega la existencia de la autonom\u00eda de la obra de arte, ignora la experiencia est\u00e9tica, desprecia la cr\u00edtica inmanente y carece de un juicio cr\u00edtico de la raz\u00f3n porque considera la raz\u00f3n kantiana como \u201cproducto de un <em>sujeto<\/em> definido como <em>racional<\/em> <em>y aut\u00f3nomo<\/em>\u201d (Amor\u00f3s, 1991, 101). Naturalmente que, una vez que se ha asumido esta actitud hacia la obra literaria, las academias terminan en el error del puro relativismo y convierten el an\u00e1lisis formal en una posici\u00f3n conservadora que resulta inc\u00f3moda, no por falta de rigor anal\u00edtico, sino porque lo interpretan como una desviaci\u00f3n moral a ignorar.<\/p>\n<p>No siendo, sin embargo, \u00e9ste el lugar apropiado para profundizar en cada una de las caracter\u00edsticas de los estudios literarios que actualmente se ense\u00f1an en las universidades, puesto que las mismas presupondr\u00edan un debate mucho m\u00e1s extenso, necesitamos volver al punto del cual se hab\u00eda partido para cuestionarnos lo siguiente: \u00bfqu\u00e9 pierde la literatura al ser estudiada exclusivamente bajo las metodolog\u00edas hegem\u00f3nicas de la posmodernidad? La respuesta inmediata y m\u00e1s lac\u00f3nica ser\u00eda que la literatura ha perdido su naturaleza art\u00edstica. Al encontrarnos frente a este hecho, la p\u00e9rdida del car\u00e1cter art\u00edstico de la literatura se debe considerar como el resultado de tres factores.<\/p>\n<p>El primero, que es esencial para comprender la gravedad del mismo, es justamente la p\u00e9rdida de las categor\u00edas est\u00e9ticas. En su aspecto m\u00e1s externo, una categor\u00eda est\u00e9tica es un principio organizador de la experiencia del arte que integra su forma y su contenido. A tal respecto podr\u00eda formularse aqu\u00ed que, cuando la literatura deja de ser un objeto de an\u00e1lisis que puede estudiarse con criterios est\u00e9ticos, pasa a convertirse en un campo de an\u00e1lisis de poder, un espacio en donde supuestamente las estructuras de opresi\u00f3n se reproducen a trav\u00e9s del lenguaje. Sabiendo esto, con mayor raz\u00f3n se debe, pues, admitir que existe una heur\u00edstica de la disponibilidad en donde las categor\u00edas est\u00e9ticas como \u201cbello\u201d, \u201cfeo\u201d, \u201csublime\u201d, \u201cabsurdo\u201d, \u201csiniestro\u201d, \u201ctr\u00e1gico\u201d, \u201cc\u00f3mico\u201d o \u201cgrotesco\u201d, se reemplazan por t\u00e9rminos pol\u00edtico-ideol\u00f3gicos como \u201cpatriarcado\u201d, \u201candrocentrismo\u201d, \u201cperformatividad\u201d, \u201calienaci\u00f3n\u201d o \u201ccolonialismo\u201d. Al surgir este reemplazo de las categor\u00edas est\u00e9ticas por t\u00e9rminos ajenos a la literatura y el arte, las relaciones de la literatura con la cr\u00edtica se invierten y su an\u00e1lisis se vuelve inestable, pues el criterio de estudio cambi\u00f3 de las categor\u00edas est\u00e9ticas a categor\u00edas pol\u00edticas. La proclamaci\u00f3n de la presunta importancia de la examinaci\u00f3n cr\u00edtica de las condiciones sociales en las que se produce la obra literaria se da, precisamente, en detrimento mismo de la obra como objeto est\u00e9tico.<\/p>\n<p>As\u00ed como la desaparici\u00f3n de las categor\u00edas est\u00e9ticas se puede considerar decisiva como factor de la p\u00e9rdida del car\u00e1cter art\u00edstico de la literatura, tambi\u00e9n lo ser\u00eda la desaparici\u00f3n de su humanidad. Es bien visible la importancia de este factor en lo relativo a la concepci\u00f3n que referentes marxistas como Luk\u00e1cs o Eagleton tienen sobre la causa eficiente de la literatura, ya que para ellos son las fuerzas materiales y el contexto de la \u00e9poca los que condicionan el contenido y la forma de la obra literaria. Para ellos no existe un autor que escriba la obra desde su individualidad y talento. Para ser m\u00e1s preciso, los dos comparten la afirmaci\u00f3n de que el autor es tanto m\u00e1s talentoso y libre en la medida en que funciona como un mediador que transforma las contradicciones subyacentes de la sociedad\u2014y es consciente de ellas\u2014 para convertirlas en una obra de arte. Sin embargo, es f\u00e1cil darse cuenta que caen en una contradicci\u00f3n, puesto que, si el autor est\u00e1 condicionado por su realidad material, entonces no deber\u00eda ser del todo activo. Si el autor es completamente fiel al registro de las fuerzas vivas de la historia y la lucha de clases de su momento, entonces esa misma fidelidad es lo que determina su pasividad. Es decir, seg\u00fan esta concepci\u00f3n marxista de la causa eficiente de la literatura, el autor tiene que ser lo suficientemente receptivo a su contexto para ser verdaderamente un autor talentoso.<\/p>\n<p>A este nivel, una vez m\u00e1s, esta visi\u00f3n marxista de la literatura se remite al lenguaje. Roland Barthes lleg\u00f3 a afirmar que no eran los hombres los que hablaban, sino el lenguaje el que hablaba a trav\u00e9s de ellos, model\u00e1ndolos y someti\u00e9ndolos a la dictadura de la lengua. \u201cPero la lengua, como la ejecuci\u00f3n de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir\u201d (Barthes, 1993, 120). Se sigue de esto que, a pesar de que ya no son las fuerzas vivas de la historia, sino el lenguaje el que moldea la literatura, el autor, en su individualidad y talento, tambi\u00e9n queda eliminado. De esta manera desaparece la humanidad de la literatura, pues se niega la singularidad del autor, se reduce su talento a su capacidad de registrar las supuestas contradicciones subyacentes de la realidad y, al mismo tiempo, la literatura deja de ser una creaci\u00f3n para ser considerada una producci\u00f3n. Por lo tanto, la complejidad an\u00e1rquica del proceso de creaci\u00f3n de la literatura se desplaza por un m\u00e9todo que trata de encuadrarlo como una f\u00f3rmula o receta destinada a la repetici\u00f3n: la de someter la calidad literaria a la pretendida identificaci\u00f3n de las tensiones de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Debe, sin embargo, verse claro que, en esto, hay s\u00f3lo un resultado al querer reducir la causa eficiente de la literatura a un simple efecto del lenguaje o de las fuerzas vivas de la historia. El resultado de esa reducci\u00f3n es la captura de su libertad, tanto creativa como cr\u00edtica. Esa exigencia de un registro de las condiciones hist\u00f3ricas se vuelve una jaula ideol\u00f3gica que conlleva, no s\u00f3lo a querer etiquetar dicha exigencia como criterio de calidad, sino tambi\u00e9n coaccionan el an\u00e1lisis para centrarlo en el contexto y no en la obra misma.<\/p>\n<p>La literatura es mucho m\u00e1s que palabras de una lengua y es algo que trasciende su contexto y su \u00e9poca. En este punto, por ende, la calidad de una obra literaria no est\u00e1 determinada por intereses ideol\u00f3gicos, ni por su pretendida fidelidad con su contexto, ni tampoco en su utilidad pol\u00edtica o social. Para existir, la obra literaria no necesita nada m\u00e1s que su propia autonom\u00eda. La exigencia posmoderna, en la irracionalidad que le es propia, determina que la literatura tiene que adaptarse a los intereses ideol\u00f3gicos que proclaman hist\u00e9ricamente desde las academias, cuando en realidad es el talento natural del ser humano el que le da la regla al arte literario.<\/p>\n<p>Tal como se ha explicado anteriormente, la exigencia por parte de la academia para que la literatura se adapte a sus preconcepciones ideol\u00f3gicas conlleva, finalmente, al \u00faltimo factor que ha generado la p\u00e9rdida del car\u00e1cter art\u00edstico de la literatura. Este \u00faltimo factor es la p\u00e9rdida de su finalidad como arte. Se entra as\u00ed en una discusi\u00f3n sumamente dif\u00edcil, justamente porque requiere explicar cu\u00e1l es el fin de la literatura como obra de arte y no otra cosa.<\/p>\n<p>Para comenzar, adem\u00e1s de la consideraci\u00f3n ontol\u00f3gica de la literatura, tambi\u00e9n por razones de car\u00e1cter te\u00f3rico, resulta esencial reivindicar su libertad, dado que la experiencia y el placer est\u00e9ticos se logran sin ning\u00fan inter\u00e9s de por medio. Es en la contemplaci\u00f3n y reflexi\u00f3n de la obra literaria que nos damos cuenta de la libertad que le es inherente. Sin embargo, en la actualidad las academias en donde se pretende estudiar la literatura tratan de subordinar su valor a una finalidad pol\u00edtica, moral o social. De la misma manera, es ya algo totalmente generalizado reducir el valor literario a la importancia de su contenido. Por lo tanto, en cada aula, <em>paper<\/em>, libro de investigaci\u00f3n, ponencia o debate se encuentra y confluye la instrumentalizaci\u00f3n de la literatura para un fin generalmente pol\u00edtico o ideol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Y, puesto que todo lo que est\u00e1 fuera de la obra, antes como despu\u00e9s de su creaci\u00f3n, es s\u00f3lo algo externo a la propia experiencia est\u00e9tica, no deber\u00eda ser considerado como un criterio de valor est\u00e9tico. No obstante, queriendo esclarecer ese algo externo a la experiencia est\u00e9tica, las academias afirman que, si la lectura de una obra se vuelve un an\u00e1lisis inmanente, conllevar\u00eda a empobrecer la literatura, porque se le despojar\u00eda del contenido o de las interpretaciones posibles que puedan desprenderse de ese contenido. En el fondo, como se ha mencionado, act\u00faa un inter\u00e9s ideol\u00f3gico en querer utilizar la literatura para confirmar preconcepciones pol\u00edticas. No es la utilidad (moral, ideol\u00f3gica, social, pol\u00edtica, filos\u00f3fica o cient\u00edfica) lo que determina el fin de la obra literaria como arte, sino a la inversa. Es la falta de utilidad, en su sentido m\u00e1s amplio, lo que determina su finalidad como obra art\u00edstica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Referencias:<\/h3>\n<p>Amor\u00f3s, Celia (1991). <em>Hacia una cr\u00edtica de la raz\u00f3n patriarcal<\/em>. Barcelona: Anthropos.<\/p>\n<p>Barthes, Roland (1993). <em>El placer del texto seguido por Lecci\u00f3n inaugural de la c\u00e1tedra de semiolog\u00eda ling\u00fc\u00edstica del Coll\u00e8ge de France pronunciada el 7 de enero de 1977<\/em>. Madrid: Siglo XXI.<\/p>\n<p>Beardsley, Monroe C. (1981). <em>Aesthetics. Problems in the Philosophy of Criticism<\/em>. Indianapolis: Hackett.<\/p>\n<p>Blanco, Rub\u00e9n (2001). \u201cGuerras de la ciencia, imposturas intelectuales y estudios de la ciencia\u201d, <em>Reis: Revista Espa\u00f1ola de Investigaciones Sociol\u00f3gicas<\/em>. 94, pp. 129-152.<\/p>\n<p>Bloom, Harold (1995). <em>El canon occidental: La escuela y los libros de todas las \u00e9pocas<\/em>. Barcelona: Anagrama.<\/p>\n<p>Brooks, Cleanth (1947). \u201cThe Language of Paradox\u201d from <em>The Well Wrought Urn: Studies in the Structure of Poetry<\/em>. New York: Harcourt, Brace and Company.<\/p>\n<p>Eagleton, Terry (1988). <em>Una introducci\u00f3n a la teor\u00eda literaria<\/em>. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Eliot, T. S. (1959). <em>The Use of Poetry &amp; The Use of Criticism. Studies in the Relation of Criticism to Poetry in England<\/em>. London: Faber and Faber.<\/p>\n<p>Empson, William (1949). <em>Seven types of ambiguity. A study of its effects in English verse<\/em>, London: Chatto and Windus.<\/p>\n<p>Foucault, Michel (1999). \u201c\u00bfQu\u00e9 es un autor?\u201d, en <em>Entre filosof\u00eda y literatura. Obras esenciales, Volumen 1<\/em>. Barcelona: Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>Gramsci, Antonio (1967). <em>La formaci\u00f3n de los intelectuales<\/em>. M\u00e9xico: Grijalbo.<\/p>\n<p>Harding, Sandra (1996). <em>Ciencia y feminismo<\/em>. Madrid: Ediciones Morata.<\/p>\n<p>Irigaray, Luce (1994). <em>Thinking the Difference: For a Peaceful Revolution<\/em>. New York: Routledge.<\/p>\n<p>Kant, Immanuel (2022). <em>Cr\u00edtica del juicio<\/em>. Madrid: Tecnos.<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs, Georg (1966). <em>La novela hist\u00f3rica<\/em>. M\u00e9xico: Era.<\/p>\n<p>Lyotard, Jean-Fran\u00e7ois (1987). <em>La condici\u00f3n posmoderna<\/em>. Madrid: C\u00e1tedra.<\/p>\n<p>Marx, Karl &amp; Engels, Friedrich (2014). <em>La ideolog\u00eda alemana<\/em>. Madrid: Akal.<\/p>\n<p>Sartre, Jean-Paul (1965). \u201cPrefacio\u201d en <em>Los condenados de la Tierra<\/em>. Frantz Fanon. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Sokal, Alan &amp; Bricmont, Jean (2022). <em>Imposturas intelectuales<\/em>. Barcelona: Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>Tversky, Amos &amp; Kahneman, Daniel (1973). \u201cAvailability: A Heuristic for Judging Frequency and Probability\u201d, <em>Cognitive Psychology<\/em>. 5, pp. 207-232.<\/p>\n<p>___________ (1974). \u201cJudgment under Uncertainty: Heuristics and Biases\u201d, <em>Science<\/em>. 185, pp. 1124-1131.<\/p>\n<p>Wellek, R. &amp; Warren, A. (1949). <em>Theory of literature<\/em>. New York: Harcourt, Brace and Company.<\/p>\n<p>Wimsatt, W. K. &amp; Beardsley, M. C. (1946). \u201cThe Intentional Fallacy\u201d, <em>The Sewanee Review<\/em>. 54, pp. 468-488.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> <em>Cfr<\/em>. Sandra Harding (1996). <em>Ciencia y feminismo<\/em>. Madrid: Ediciones Morata.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> <em>Cfr<\/em>. Luce Irigaray (1994). <em>Thinking the Difference: For a Peaceful Revolution<\/em>. New York: Routledge.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Harold Bloom (1995). <em>El canon occidental: La escuela y los libros de todas las \u00e9pocas<\/em>. Barcelona: Anagrama.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-10318 size-full\" src=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Foto-Autor.jpg\" alt=\"\" width=\"2048\" height=\"1900\" srcset=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Foto-Autor.jpg 2048w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Foto-Autor-300x278.jpg 300w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Foto-Autor-1024x950.jpg 1024w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Foto-Autor-768x713.jpg 768w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Foto-Autor-1536x1425.jpg 1536w\" sizes=\"auto, (max-width: 2048px) 100vw, 2048px\" \/><\/p>\n<p>Santiago Said. Es cr\u00edtico literario y escritor. Es autor de <em>Cat\u00e1basis. Narraciones de horror y abyecci\u00f3n<\/em> (Par Tres Editores 2022) y <em>Relatos de amor miasm\u00e1tico<\/em> (Par Tres Editores 2023). Actualmente cursa un posgrado en Victoria University of Wellington, en Nueva Zelanda.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En 1996 una de las revistas acad\u00e9micas m\u00e1s respetadas del mundo anglosaj\u00f3n llamada Social Text acept\u00f3 un art\u00edculo falso titulado \u00abTransgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity\u00bb, cuyo autor era un f\u00edsico te\u00f3rico de la Universidad de Nueva York llamado Alan Sokal. Dicho art\u00edculo era una parodia deliberada del estilo posmodernista, repleta de jerga t\u00e9cnicista y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":10320,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[977,976],"class_list":["post-10317","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colaboraciones","tag-critica-literaria","tag-santiago-said"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10317","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10317"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10317\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10319,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10317\/revisions\/10319"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/10320"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10317"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10317"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10317"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}