{"id":7547,"date":"2023-02-03T16:49:09","date_gmt":"2023-02-03T15:49:09","guid":{"rendered":"https:\/\/tiberiades.org\/?p=7547"},"modified":"2023-02-03T16:49:09","modified_gmt":"2023-02-03T15:49:09","slug":"gabriel-pavon-villamizar-la-bella-musica-relato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tiberiades.org\/?p=7547","title":{"rendered":"Gabriel Pav\u00f3n Villamizar: \u2018La bella m\u00fasica\u2019, relato"},"content":{"rendered":"<h3>LA BELLA M\u00daSICA<\/h3>\n<p>\u00a1Ganamos! \u00a1Se fueron con su m\u00fasica a otra parte! \u00a1Villas de Granada es, hoy por hoy, el \u00fanico territorio libre de esta ciudad!<\/p>\n<p>La guerra la empezaron en el 607. Eso es algo comprobado, y nadie se atrever\u00eda a desmentirlo. En honor a la verdad, Villas de Granada no era el barrio m\u00e1s silencioso de la ciudad (la pista del aeropuerto quedaba a menos de dos kil\u00f3metros), pero s\u00ed podr\u00eda figurar entre los m\u00e1s apacibles. La firma constructora \u201cPaz y Armon\u00eda\u201d hab\u00eda tenido la\u00a0lucidez de planear un conjunto cerrado que garantizara una vida muy tranquila a personas solas o parejas dedicadas a pasar la mayor parte del tiempo trabajando en casa (en el computador, la biblioteca, el estudio, la mesa de dise\u00f1o). \u201cEl conjunto fue proyectado con arreglo a las exigencias de la pareja contempor\u00e1nea necesitada de una alternativa distinta que combine el silencio y un estimulante contacto con la naturaleza\u201d, se ufanaba el cat\u00e1logo; lo que no dec\u00eda era que pareja contempor\u00e1nea quer\u00eda decir sin hijos, y eso se lo explicaba a uno luego el promotor de ventas cuando describ\u00eda a Villas de Granada como la \u00fanica urbanizaci\u00f3n de la ciudad construida, metro por metro, pensando en usuarios a los que se pod\u00eda brindar el lujo de un silencio pleno. No vend\u00eda apartamentos, solo arrendaba; de esa manera, no se padecer\u00eda la tortura de vecinos indeseables m\u00e1s all\u00e1 de unas pocas semanas. La peque\u00f1a urbanizaci\u00f3n aseguraba un silencio a pruebas de gritos y correr\u00edas infantiles. La empresa estimaba que las parejas con hijos o con el plan de tenerlos a muy corto plazo merec\u00edan \u201cotras condiciones m\u00e1s acordes con esos loables prop\u00f3sitos\u201d, y las invitaba a conocer las diversas soluciones: Villas de los Andes, para parejas con ni\u00f1os entre cero y cinco a\u00f1os; Villas de las Am\u00e9ricas, para familias con hijos entre cinco y doce; Ciudadela Mundo Nuevo, para familias con adolescentes, y Ciudadela Planeta, para todo tipo de familia. \u201cPaz y Armon\u00eda\u201d hab\u00eda pensado en todos los gustos y necesidades, y quer\u00eda satisfacerlos con el criterio y la versatilidad que requer\u00eda la arquitectura del nuevo siglo, muy respetuosa de las relaciones particulares entre el ser humano y el espacio, y bla, bla, bla. El promotor de ventas, con una voz bien timbrada, elegantes movimientos de mano, reluciente reloj en la mu\u00f1eca y mirando a los ojos, parec\u00eda muy convencido de lo que dec\u00eda. Contagiaba.<\/p>\n<p>Y me convenci\u00f3; no tanto por su entusiasta ret\u00f3rica de arquitecto reci\u00e9n graduado, sino\u00a0porque en realidad los de Villa Granada eran, en los trescientos sesenta barrios de la ciudad, los \u00fanicos apartamentos que parec\u00edan no dejarle al azar la existencia del silencio; ofrec\u00edan, adem\u00e1s, una generosa disposici\u00f3n de ventanales a prueba de ruidos ambientales.<\/p>\n<p>Y lo mejor: entre las edificaciones y las avenidas que lo rodeaban, se ve\u00eda una generosa\u00a0franja de unos treinta metros, compuesta por una arboleda salpicada de puentes japoneses, jardines y bancos de madera que invitaban a sentarse a leer en paz. Para m\u00ed, los ruidos externos de siempre (el rumor de los carros, el bramido de los aviones) eran parte de la vida urbana y me hac\u00edan falta. En Villas de Granada comprob\u00e9 que si quer\u00eda o\u00edr el profundo ronquido de la ciudad, bastaba con abrir una o dos de las quince ventanas, y as\u00ed sentirme acompa\u00f1ado. En casa detesto el silencio obligado: su presencia son\u00e1mbula no me deja dormir de noche, y de d\u00eda me incomoda con su aire de desolaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El alquiler rebasaba mi presupuesto, pero ese desajuste pod\u00eda equilibrarse si yo decid\u00eda\u00a0aceptar la vieja oferta de trabajar tres horas extras los s\u00e1bados en la oficina. Una cosa por otra. En ninguna otra parte de la ciudad podr\u00eda tener la certeza de no escuchar gritos de ni\u00f1os o ladridos de perros, que era otra de las condiciones para los inquilinos: no perros, no gatos; lo que equival\u00eda a no ladridos trasnochados, ni escandalosa caca en los prados ni maullidos fornicadores. Un para\u00edso. \u00bfY la m\u00fasica? \u00bfY los radios puestos a todo volumen?<\/p>\n<p>Con una sonrisa condescendiente, el promotor se acompa\u00f1\u00f3 en la penosa tarea de aludir\u00a0al estatus de los inquilinos: arquitectos, ingenieros, publicistas, historiadores, m\u00e9dicos,\u00a0delineantes, economistas, dise\u00f1adores, muchos profesores universitarios, ning\u00fan m\u00fasico; se hab\u00edan dado el lujo de rechazar a algunos artistas (\u201cpor aquello de la bohemia\u201d), as\u00ed como tambi\u00e9n a un par de abuelas con pinta de rezanderas (\u201cpor aquello de la falta de oficio, que las hace estar demasiado pendientes de la vida ajena\u201d). El perfil del conjunto, repet\u00eda el promotor, era gente se-lec-ta que destinaba gran parte de su tiempo en casa a una actividad intelectual que requer\u00eda de un ambiente especial, propiciador de la concentraci\u00f3n y la creatividad. Y, para rematar, el promotor dijo, acompa\u00f1\u00e1ndose de la mejor sonrisa vendedora: \u201cTranquilo, que aqu\u00ed nadie va a excederse de decibeles. A nadie se le ocurrir\u00e1 hacer sonar rancheras ni vallenatos, ni nada parecido\u201d. El gui\u00f1o c\u00f3mplice y luego, el cierre: \u201cLos gustos musicales van por otro lado\u201d. Risas.<\/p>\n<p>Me decid\u00ed por un apartamento en el s\u00e9ptimo piso, bloque A. Debo reconocer que tuve una luna de miel con el barrio durante los dos primeros meses. En el apartamento de abajo viv\u00eda un nuevo presentador de televisi\u00f3n cuya cara empezaba a ser muy reconocida en esos d\u00edas. Pronto me aprend\u00ed su nombre: Mauricio Sotomayor. En el primer mes, apenas lo sent\u00ed. Una noche en que me encontraba sumergido en el silencio, me llegaron las notas c\u00e1lidas del Andante from piano, del Concierto N\u00famero 21 in C, K 467, de Mozart, en versi\u00f3n de la Sinf\u00f3nica de Budapest. La m\u00fasica ven\u00eda acompa\u00f1ada del aroma de cannabis. Felicit\u00e9 mentalmente el buen gusto de Mauricio. Esa noche repiti\u00f3 una y otra vez la grabaci\u00f3n. Recuerdo haberme quedado dormido antes de lo habitual, arrullado por la m\u00fasica de Mozart.<\/p>\n<p>Durante casi dos meses, el vecino repiti\u00f3 su feliz rutina: llegaba entre medianoche y una\u00a0de la ma\u00f1ana, hac\u00eda sonar a Mozart durante media hora, y luego volv\u00eda al silencio. Aparte del concierto 21, sol\u00eda escuchar <em>Ein M\u00e4dchen oder Weibchen<\/em> , el aria de <em>La Flauta M\u00e1gica<\/em>, en versi\u00f3n de la Filarm\u00f3nica Slovack; eso entre semana, porque los viernes estaban reservados s\u00f3lo a los cornos y violines de Allegron maestoso from Sinfon\u00edaconcertante K 364. Eran notas tan relajantes como el sosegado fluir del m\u00e1s pl\u00e1cido de los r\u00edos. Llegu\u00e9 a distinguir cada una de esas piezas al segundo, aprend\u00ed sus t\u00edtulos y luego las busqu\u00e9 en una tienda de discos especializada en cl\u00e1sicos. Creo que ese fue el reinicio de mis relaciones con la m\u00fasica, porque despu\u00e9s de mi deprimente ruptura con Claudine, yo hab\u00eda renunciado con cierta naturalidad a escuchar cualquier tipo de m\u00fasica en mi apartamento; me produc\u00eda una aversi\u00f3n que ya iba para dos a\u00f1os. Yo era un adorador del silencio, tal vez por duelo, tal vez para escucharme m\u00e1s a m\u00ed mismo. La m\u00fasica del vecino llegaba de manera perfecta cuando me aprestaba e navegar por los remansos del sue\u00f1o, y en esos momentos era la mejor compa\u00f1\u00eda. Mi aceptaci\u00f3n de la m\u00fasica parec\u00eda una resurrecci\u00f3n lenta y gradual. S\u00f3lo la aceptaba unos minutos en la noche, despu\u00e9s de las doce y justo antes de caer en el sopor del sue\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00bfPor d\u00f3nde me llegaba esa m\u00fasica? Al principio cre\u00ed que era por el respiradero del ba\u00f1o o de la cocina, pero bast\u00f3 con aplicar con cuidado el o\u00eddo en esos dos lugares para descartar esas opciones y, mejor, buscar otras fuentes. La m\u00fasica se colaba a mi apartamento pese a las ventanas cerradas, que s\u00f3lo nos defend\u00edan contra los sonidos de afuera del edificio, no contra los de dentro. Al locuaz promotor de arriendos se le hab\u00eda pasado por alto notificarme que las divisiones entre los pisos eran m\u00e1s delgadas de lo deseable. Me conform\u00e9 con esa idea a la vez que me congratulaba por tener un vecino con tan buen gusto musical.<\/p>\n<p>Esa fue la parte buena. Pero cualquiera sabe que en la far\u00e1ndula, los personajes suben y\u00a0bajan con una rapidez que ya de por s\u00ed es un espect\u00e1culo aparte. Tal vez fue la fama r\u00e1pida o el dinero o ambas cosas lo que mare\u00f3 a Mauricio. La regularidad de sus costumbres comenz\u00f3 a desmoronarse. Cada noche llegaba un poco m\u00e1s tarde, hac\u00eda un poco m\u00e1s de ruido al entrar, aumentaba un punto el volumen de la m\u00fasica. Durante quince d\u00edas s\u00f3lo dej\u00f3 escuchar las so\u00f1olientas notas de Dies Bildnis ist bezaubend sch\u00f6n. Le dese\u00e9, de todo coraz\u00f3n, buena suerte a mi vecino: comenzaba a enamorarse. Parafraseando a un escritor ingl\u00e9s, yo dir\u00eda que era \u201cmala teolog\u00eda\u201d acompa\u00f1arse de Mozart cuando uno est\u00e1 comenzando a enamorarse. Pronto el tiempo me dio la raz\u00f3n. Un domingo a las cinco de la ma\u00f1ana fui despertado por unas notas empalagosas muy familiares. En el apartamento de Mauricio vibraba el Mozart m\u00e1s conocido, ese que de vez en cuando sonaba en la radio hasta en ritmo de merengue y que pod\u00eda tararear cualquier empleada dom\u00e9stica en cualquier arrebato de felicidad: el molto allegro de La sinfon\u00eda N0 40 en G menor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-7542\" src=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/2-1-798x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"821\" srcset=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/2-1-798x1024.jpg 798w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/2-1-234x300.jpg 234w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/2-1-768x986.jpg 768w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/2-1-1197x1536.jpg 1197w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/2-1-1596x2048.jpg 1596w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/2-1-scaled.jpg 1995w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>Tem\u00ed que el romance de Mauricio le durara mucho tiempo; o peor: que fuera in crescendo. Pero el amor es muy caprichoso. Las dos noches siguientes fueron de un silencio asustador. Pod\u00eda ser preludio de cualquier cosa, incluyendo la pavorosa marcha triunfal. Pero lo que vino fue peor: un mi\u00e9rcoles me despert\u00f3 el allegro de Eine Kleine Nachtmusik. Mauricio lo dej\u00f3 sonar unas diez veces, y de repente volvi\u00f3 a la oscuridad del silencio. Calcul\u00e9 que a ese paso, nuestro Romeo se nos casar\u00eda en menos de tres meses y pasar\u00eda a vivir en Villas de los Andes, para felicidad de todos.<\/p>\n<p>Estoy convencido de que esos eran los planes de Mauricio, pues en esas semanas llegaba temprano, y si pon\u00eda m\u00fasica, era tan suave, que nunca la alcanc\u00e9 a o\u00edr. Salvo los s\u00e1bados en la ma\u00f1ana, en los que escuchaba la Obertura de Las bodas de F\u00edgaro en la opulenta interpretaci\u00f3n de la Orquesta Filarm\u00f3nica de Londres. Ese fue el momento cumbre, por as\u00ed decirlo, de mi vecino, pues de ah\u00ed en adelante todo fue un derrumbe tan r\u00e1pido como aparatoso. Hubo dos semanas de quietud, incluidos los s\u00e1bados. Hasta que una noche subi\u00f3 por el respiradero un olor dulce que se quedaba en la garganta, como chocolate de nueva especie. Tan pronto reconoc\u00ed el olor, qued\u00e9 petrificado por la sorpresa: \u00a1base de coca! \u00a1Bazuco!<\/p>\n<p>No hubo m\u00e1s Mozart. En la presentaci\u00f3n del noticiero, la cara de Mauricio se hizo menos frecuente. Los televidentes, es decir, el pa\u00eds entero, pudieron haberse preguntado por qu\u00e9 no volv\u00eda a salir el simp\u00e1tico presentador en la pantalla. Yo lo sab\u00eda. Mauricio permanec\u00eda encerrado fumando bazuco entre las cuatro de la noche y las seis de la ma\u00f1ana; y el resto del d\u00eda, durmiendo. Al comienzo, solo y en silencio; pero despu\u00e9s, acompa\u00f1ado por un travesti (\u201c\u00a1Pero si es la mujer m\u00e1s bella que yo haya visto en mucho tiempo!\u201d, coment\u00f3 un amigo que se lo tropez\u00f3 en el ascensor) y escuchando una m\u00fasica cuyas notas parec\u00edan apresuradas burbujas met\u00e1licas surgidas de un ritmo machac\u00f3n y alborotador. Despu\u00e9s supe que a eso lo llamaban m\u00fasica techno.<\/p>\n<p>Fue un periodo largo y dif\u00edcil. Preferible escuchar rancheras o vallenatos, pues en el fondo dejaban deslizar un relato que podr\u00eda ser entretenido, si uno se lo propon\u00eda. O la m\u00e1s abrumadora pieza heavy, a la que uno podr\u00eda distinguir matices, llegado el caso. Pero esta m\u00fasica electr\u00f3nica parec\u00eda un corto circuito elevado a la categor\u00eda est\u00e9tica. Ese chtund- chtund estaba m\u00e1s cercano a una crepitaci\u00f3n monstruosa del pop-corn en la cocina que a la m\u00fasica. Y la incomodidad aumentaba si me pon\u00eda a pensar que era yo el que estaba qued\u00e1ndose por fuera, volvi\u00e9ndome un viejo quejetas antes de los cuarenta.<\/p>\n<p>Sin embargo, por m\u00e1s que me esforzara, no era nada grato sentir que los latidos de mi coraz\u00f3n empezaran a latir al un\u00edsono de un estrepitoso comp\u00e1s que atronaba a las dos y media de la ma\u00f1ana. Acelerar mis pulsaciones era todo el dudoso m\u00e9rito que ten\u00eda esa dudosa m\u00fasica. Pero los a\u00f1os me han dado, entre otras, una ventaja que los muy j\u00f3venes desconocen o menosprecian con soberbia pueril: la paciencia. Sab\u00eda que la desesperada\u00a0carrera del vecino no durar\u00eda mucho. Quiz\u00e1 con los pulmones destrozados por las fuertes aspiradas, quiz\u00e1 con el coraz\u00f3n hecho trizas por el desamor, quiz\u00e1 con la energ\u00eda consumida por los requerimientos del travesti, Mauricio cay\u00f3 severamente enfermo. Lo\u00a0supe porque una fr\u00eda madrugada de comienzos de diciembre, la sirena escandalosa de una ambulancia lleg\u00f3 hasta la entrada del conjunto, y por la ventana pude ver que sacaban a Mauricio en camilla. Pre-Infarto, sentenci\u00f3 el portero.<\/p>\n<p>\u00a1<em>Exultate, jubilate<\/em>! con la voz de matices limitados de la soprano Gabriele Fuchs y la moderada interpretaci\u00f3n de la Camerata Acad\u00e9mica de Salzburgo, fue la pieza que dej\u00f3\u00a0\u00a0escuchar la cruel vecina del 608 durante toda la ma\u00f1ana. Aparte de esa fea nota, volvi\u00f3 la tranquilidad y el silencio al edificio durante un mes largo. Justo cuando ese silencio ya me estaba pareciendo abundante e, incluso, aburrido, regres\u00f3 Mauricio. Lo alcanc\u00e9 en el pasillo. Ten\u00eda diez kilos de peso menos, la piel apergaminada y brillante, los movimientos lentos y dubitativos, propios de los convalecientes. Un desastre. \u201cNo le quedan m\u00e1s de seis meses de vida\u201d, pens\u00e9 con un poco de compasi\u00f3n; \u201cviene a morir en casa\u201d.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si eso mismo pens\u00f3 la vecina del 608, que seguramente hab\u00eda sufrido como yo, semanas enteras de crepitante techno. En lo que me pareci\u00f3 un nuevo, refinado e innecesario acto vengativo, todas las ma\u00f1anas, antes de irse a trabajar, dejaba escuchar uno de los movimientos del R\u00e9quiem (K V 626) de Mozart para solo, coro y orquesta. Empez\u00f3 el lunes con la grave y tenebrosa lentitud del introitus, sigui\u00f3 el martes con la exultante combinaci\u00f3n del Kyrie, el mi\u00e9rcoles continu\u00f3 con los metales apocal\u00edpticos de\u00a0<em>Dies irae<\/em> y as\u00ed, hasta que termin\u00f3, en el d\u00eda doce, con las f\u00fanebres voces de Benedictus.<\/p>\n<p>Fue en ese momento cuando decid\u00ed tomar partido: no tanto en favor de Mauricio, sino en contra de la sa\u00f1a de la tipeja; estuve a punto de contestarle con el apasionado Ave Rerum, pero pens\u00e9 que si el mensaje pod\u00eda ser claro para ella, Mauricio, en cambio podr\u00eda entenderme mal, pues el tono que le daba a la pieza el Mozartchor de Berl\u00edn, bien podr\u00eda ser continuaci\u00f3n del Requiem. Opt\u00e9 entonces por algo distinto y que no diera lugar a equ\u00edvocos; algo de car\u00e1cter celebratorio. Los primeros compases de la triunfal Sinfon\u00eda No 41 en do mayor, K 551, \u201cJ\u00fapiter\u201d, eran lo suficientemente enf\u00e1ticos, y, por si quedaba\u00a0alguna duda, el Molto allegro pod\u00eda suscitar cualquier cosa menos la tristeza de la muerte. La del 608 recibi\u00f3 el mensaje. Lo percib\u00ed al d\u00eda siguiente, cuando en el supermercado, en cambio del saludo cort\u00e9s y la media sonrisa de siempre, me dedic\u00f3 una mirada entera, cargada de dureza.<\/p>\n<p>No me dej\u00e9 amilanar. En los siguientes d\u00edas ataqu\u00e9 con el aplastante y agitado Concierto para trompa y orquesta en mi bemol, K 417, que hac\u00eda pensar en la savia de la vida, en sus palpitaciones eternas. Y, como si fuera poco, remat\u00e9 con la fuerza afirmativa de las<\/p>\n<p>Danzas alemanas K. 586. Quer\u00eda dejarle claro a la arp\u00eda dos cosas: que Mozart era territorio nuestro, y que no era de buen recibo aprovecharse de moribundos.<\/p>\n<p>Seguramente as\u00ed lo pens\u00f3, pues luego del silencio de tres d\u00edas que sigui\u00f3 a las diez peque\u00f1as serenatas de Mozart que le dediqu\u00e9, la bruja contraatac\u00f3 con El Mesias de Haendel, completo. El golpe me dej\u00f3 chapoteando en el estupor por un buen tiempo. \u00bfC\u00f3mo hab\u00eda adivinado que yo detestaba precisamente esa pieza de Haendel? Ese es un\u00a0misterio que hasta hoy no alcanzo a comprender. La vieja del 608 no pod\u00eda saberlo a menos que se hubiera comunicado telep\u00e1ticamente con Claudine, que estaba a 13 mil kil\u00f3metros de distancia, bien al norte de Inglaterra, dedicada a sus pinturas en las g\u00e9lidas costas de Hartlepool. La v\u00edbora del 608, con ese despliegue, me estaba mostrando todos sus cobres. Sent\u00ed que pod\u00eda salir derrotado; incluso pens\u00e9 en rendirme. Esa noche consult\u00e9 con mis otros yo. Al amanecer llegamos a la conclusi\u00f3n de que continuar la guerra era una forma de resistencia espiritual necesaria. Adem\u00e1s, el l\u00edo no lo hab\u00edamos empezado nosotros. Nos hab\u00edan agredido donde m\u00e1s nos dol\u00eda, y nos hab\u00edamos limitado a dar una respuesta condigna.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_7543\" aria-describedby=\"caption-attachment-7543\" style=\"width: 234px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-7543 size-medium\" src=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/3-Wolfgang-Amadeus-Mozart-pintado-por-Barbara-Krafft-en-1819-234x300.jpg\" alt=\"\" width=\"234\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/3-Wolfgang-Amadeus-Mozart-pintado-por-Barbara-Krafft-en-1819-234x300.jpg 234w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/3-Wolfgang-Amadeus-Mozart-pintado-por-Barbara-Krafft-en-1819-768x984.jpg 768w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/3-Wolfgang-Amadeus-Mozart-pintado-por-Barbara-Krafft-en-1819.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 234px) 100vw, 234px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-7543\" class=\"wp-caption-text\">Wolfgang Amadeus Mozart, pintado por Barbara Krafft en 1819<\/figcaption><\/figure>\n<p>Decid\u00ed tomarme un par de d\u00edas antes de responder. Pero como dice el bar\u00f3n Clausewitz,<\/p>\n<p>En la guerra hay que concederle un alto porcentaje al azar. Y eso fue lo que sucedi\u00f3. Una tarde, tan pronto llegu\u00e9 al pasillo del s\u00e9ptimo piso, pude escuchar que del apartamento 705, sal\u00eda con una total nitidez la Sinfon\u00eda n\u00famero 9 en do mayor D. 944, \u201cLa Grande\u201d, en versi\u00f3n de la Orquesta del Estado de Dresde, una de mis piezas preferidas e injustamente olvidadas. Esa noche, el agradecimiento y la solidaridad, esos sentimientos casi relegados por completo, me cobijaron de nuevo con su tibieza. Ten\u00eda un aliado. Me not\u00e9 fuerte y seguro. La guerra s\u00ed pod\u00edamos ganarla. Ahora era a la arp\u00eda del 608 a quien le tocaba hacer el inesperado viaje a la depresi\u00f3n y al desconcierto.<\/p>\n<p>La euforia no dur\u00f3 sino esa noche. En la oficina tuve oportunidad de pensar con cabeza\u00a0fr\u00eda, y llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que yo era un iluso si cre\u00eda que las cosas terminar\u00edan ah\u00ed. De ingenuo, no hab\u00eda calculado que, lejos de terminar, hab\u00eda desatado una guerra tremenda, complicada, cuyo final podr\u00eda estar muy lejano. La angustia no quer\u00eda dejarme llegar temprano a casa, pero cuando regres\u00e9, tarde en la noche, como quien regresa al infierno, pude advertir que detener la guerra era imposible. Del 805 sal\u00eda la m\u00fasica de Beethoven: la temible Quinta Sinfon\u00eda, en versi\u00f3n de la Orquesta Filarm\u00f3nica de Berl\u00edn. Entr\u00e9 al apartamento con el esp\u00edritu acongojado. Esa noche busqu\u00e9 en la Biblia textos que me reconfortaran. Encontr\u00e9 cierto alivio en las palabras del salmo 74 (\u201dNo olvides las voces de tus enemigos; el alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente\u201d). Me dorm\u00ed pensando que cada ser humano, al nacer, cuenta con una buena (o mala) posibilidad de vivir en forma directa una guerra. Y a m\u00ed me hab\u00eda tocado una. Nada qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p>Lo que he contado es el comienzo, lento y limitado, y se puede contar tambi\u00e9n con lentitud. Porque lo que ocurri\u00f3 despu\u00e9s fue un desborde permanente, donde lo simult\u00e1neo ten\u00eda ocurrencia, y es entonces cuando cualquier recuento resulta complicado. Aunque nunca se hab\u00eda especificado con palabras, la guerra ten\u00eda, no digamos un reglamento, sino un modus operandi respetado por todos. La m\u00fasica no deber\u00eda superar una prudente cantidad de decibeles al salir de los parlantes. Era claro que la guerra se deb\u00eda hacer con m\u00fasica y no con volumen. Recuerdo que un despistado del cuarto piso quiso apabullar a sus vecinos con el estruendo de sus parlantes rugiendo con todos sus decibeles (Las Walkirias, adem\u00e1s). Al otro d\u00eda le lleg\u00f3 la notificaci\u00f3n. Se le daba plazo hasta el fin de mes para abandonar el apartamento. Tambi\u00e9n le lleg\u00f3 una carta declar\u00e1ndolo indeseable, firmada por todos los vecinos, sin excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aparte de ese impasse diplom\u00e1tico, lo dem\u00e1s fue pelea abierta. A esas alturas, nadie se preguntaba c\u00f3mo ni d\u00f3nde hab\u00eda empezado todo, ni importaba. Del apartamento de Mauricio ya no sal\u00eda m\u00fasica, sino puro humo. Tal vez a \u00e9l no le importaba otra cosa que\u00a0su propia guerra civil, y quer\u00eda ganarla al final de su vida. En todo caso, Mauricio estaba\u00a0fuera de combate mientras que los dem\u00e1s vecinos tomaban posici\u00f3n en favor o en contra: el fot\u00f3grafo del 704 acudi\u00f3 en nuestra ayuda mientras que el profesor del 700 prefiri\u00f3 la neutralidad, y as\u00ed qued\u00f3 definida provisionalmente la situaci\u00f3n en el s\u00e9ptimo piso, y yo con enemigos a izquierda y derecha. Sin embargo, la guerra es como el c\u00e1ncer: hace met\u00e1stasis en cualquier sitio donde vivan humanos. A la ma\u00f1ana siguiente las hostilidades se hab\u00edan extendido hasta el octavo piso. De eso me enter\u00e9 cuando la bacteri\u00f3loga cincuentona del 807 salud\u00f3 con m\u00fasica de Bach mi entrada al apartamento: el Concierto en Re menor, BWV. 1052. Padec\u00ed esa salva completa durante los innumerables minutos que dura la pieza, y deb\u00ed soportar la repetici\u00f3n, tres veces, de la peor parte: el adagio. Fue cuando me di cuenta del important\u00edsimo papel que cumple en una guerra la informaci\u00f3n. Junto con el da\u00f1o que me hac\u00edan los ataques orquestados, estaba la confusi\u00f3n de no saber yo de d\u00f3nde sacaban los enemigos tanto conocimiento de lo que eran mis flancos d\u00e9biles. Contaban con un sistema de espionaje sofisticado que yo no alcanzaba ni remotamente a detectar, y que hoy en d\u00eda sigue siendo un misterio. Para colmo de tribulaciones, 702 decidi\u00f3 abrir hostilidades sin previo aviso y me agredi\u00f3 una noche con Pierrot Lunaire de Sch\u00f6nberg. No puedo negar que eso caus\u00f3 severos estragos en nuestra moral combativa, pues la agresiva del 702, qui\u00e9n lo creyera, era esa trigue\u00f1a con pinta de estudiante de literatura que me ca\u00eda bien con sus libros de Kafka bajo el brazo y sus faldas moda retro y su pelo recogido. Era una l\u00e1stima no tenerla como aliada. Pero as\u00ed era la vida.<\/p>\n<p>Fueron d\u00edas de conmoci\u00f3n, acaloramiento, despliegue de energ\u00edas. Una voz interior (el\u00a0l\u00facido cobarde que todos llevamos por dentro) me aconsejaba reconocer el poder del enemigo y rendirme; me soplaba al o\u00eddo que para esa confrontaci\u00f3n no est\u00e1bamos preparados, no ten\u00edamos los recursos, carec\u00edamos de un buen sistema de informaci\u00f3n. Esa tendencia derrotista fue derrotada, a su vez, por una segunda voz que llamaba a la movilizaci\u00f3n general, a la creaci\u00f3n de comit\u00e9s, a la consecuci\u00f3n de armas. Fue la tendencia que gan\u00f3.<\/p>\n<figure id=\"attachment_7544\" aria-describedby=\"caption-attachment-7544\" style=\"width: 750px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-7544\" src=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/4-Camerata-Academica-Salzburg-Chamber-Orchestra.jpg\" alt=\"\" width=\"750\" height=\"532\" srcset=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/4-Camerata-Academica-Salzburg-Chamber-Orchestra.jpg 750w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/4-Camerata-Academica-Salzburg-Chamber-Orchestra-300x213.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 750px) 100vw, 750px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-7544\" class=\"wp-caption-text\">Camerata Academica Salzburg (Chamber Orchestra)<\/figcaption><\/figure>\n<p>Una vez unificados, tratamos de pasar a la ofensiva. Respondimos al 806 con Sonata para arpeggione y piano en la menor, A 821, de Schubert. Y esa misma tarde, a falta de Schumann (que hubiera sido lo mejor, pero nada de \u00e9l ten\u00edamos en nuestro arsenal incipiente) opt\u00e9 por atacar con Deutsches Requiem, de Brahms. No era el mejor ataque,<\/p>\n<p>pero al menos acallar\u00eda al adversario un par de d\u00edas. Se trataba de ganar tiempo con esa maniobra distractora mientras traz\u00e1bamos una mejor estrategia y nos hac\u00edamos a un armamento eficaz, al precio que fuera. Est\u00e1bamos muy mal de recursos, pero igual, hac\u00eda parte de la confrontaci\u00f3n adquirir empr\u00e9stitos externos para atender la emergencia, o lo que fuera necesario. En estos casos, los empr\u00e9stitos tratan de ser generosos (En toda guerra, hay siempre quien se lucra, sea cual fuere el resultado). A dos cuadras ten\u00edamos<\/p>\n<p>un centro comercial donde estaban ubicadas dos tiendas de disco. Esas tiendas fueron las grandes ganadoras, pues sus ventas se dispararon como nunca lo so\u00f1aron sus due\u00f1os. A\u00a0 \u00a0m\u00ed me otorgaron un cr\u00e9dito personal sin ning\u00fan tr\u00e1mite y a largo plazo, pero tambi\u00e9n hicieron lo propio con los dem\u00e1s residentes del bloque. En mi primera visita regres\u00e9 feliz a casa con cinco CDs nuevos y la promesa de otros cuatro que les llegar\u00edan por encargo la semana siguiente. Mientras hubiera un buen aprovisionador de armas, tendr\u00edamos contienda para rato.<\/p>\n<p>Mi situaci\u00f3n estrat\u00e9gica estaba equilibrada; si ten\u00eda enemigos a cada uno de los costados, en cambio, ten\u00eda como aliados a los vecinos del 607, abajo, y al del 807, arriba: una periodista de econ\u00f3micas y un matrimonio de vendedores de arte. Mauricio no contaba ya. Creo que fue el primer derrotado. Sali\u00f3 fuera de combate por incapacidad. Me lo encontraba de vez en cuando. Saludaba con desgano y no levantaba los ojos del suelo. Parec\u00eda un fantasma deambulando por el escenario de una guerra ajena mientras que las hostilidades se extend\u00edan no s\u00f3lo a lo largo y ancho de todo el bloque, sino a los dos restantes.<\/p>\n<p>Los momentos m\u00e1s cr\u00edticos de la contienda los viv\u00ed al sexto mes. El n\u00famero de CDs aument\u00f3 de 15, al comienzo de las hostilidades, a m\u00e1s de 250, a los que podr\u00eda a\u00f1adir un arsenal de armamento vejestorio de los tiempos del ruido: 200 casetes y dos docenas de discos de acetato. Cuando pretend\u00ed desempolvar y poner en juego a los pesados acetatos, recordando que entre ellos se encontraba una antolog\u00eda de la m\u00fasica barroca, la bolsa en que se hallaban guardados, bien arriba en el cl\u00f3set, se me vino encima y en ca\u00edda libre fue a parar al piso de baldosines. Saltaron astillas negras por todos lados. De los veinticuatro discos, diecis\u00e9is se rompieron. Fue el desastre natural m\u00e1s doloroso de la guerra. El da\u00f1o fue irreparable; eran discos importados, y esa antolog\u00eda era imposible de conseguir en el mercado. La desmoralizaci\u00f3n sufrida fue pavorosa. Hasta tarde en la noche estuve llorando por los que mor\u00edan en accidente, sin siquiera alcanzar a participar en combate.<\/p>\n<p>El otro momento cr\u00edtico sucedi\u00f3 cuando me qued\u00e9 sin energ\u00eda, literalmente. Mi cabeza se resist\u00eda a atender tantos asuntos al mismo tiempo, y en un descuido comprensible, olvid\u00e9 pagar el recibo de la luz. Una tarde en que apenas empezaba sonar en mi viejo y leal Phillips el vibrante y fastuoso movimiento final de la Sinfon\u00eda N 4 Opus 36 de Tchaikovsky, sobrevino el desastre, en forma de silencio repentino y oscuridad total. Quedar en medio de la guerra sin energ\u00eda era lo peor de lo peor, y esa noche de velas, de\u00a0recuerdo infame, no pude dormir. Me imaginaba a los dos vecinos muertos de la risa con mi error de principiante. Durante horas se turnaron la cortina de fuego; para mi suerte, el primer ataque fue uno de los m\u00e1s d\u00e9biles, hasta el punto de que resultaba apenas audible: Scheherezade, Opus 35, de Rimsky Korsakoff, en versi\u00f3n de la Orquesta de Radio de Berl\u00edn. El vecino de la derecha continu\u00f3 con Berlioz, Sinfon\u00eda Fant\u00e1stica, Opus 14, en la Orquesta Sinf\u00f3nica de Radio Hamburgo. Tuve suerte de que hubieran desaprovechado al m\u00e1ximo mi indefensi\u00f3n. Mortal hubiera sido en ese momento, por ejemplo, padecer unas tres descargas seguidas de Stravinsky; digamos los movimientos tercero, cuarto y quinto de la Primera Parte de La adoraci\u00f3n de la Tierra. Definitivamente fueron malos estrategas. Treinta minutos seguidos de cualquier Wagner, por ejemplo, me hubieran hecho polvo. La segunda noche, mejoraron. Sin luz, aguant\u00e9 como un h\u00e9roe el nuevo raid. Por el lado izquierdo el ataque estuvo a cargo de Toscanini. Bombardeos apretados, insistentes, que hirieron mis o\u00eddos m\u00e1s de lo que yo hubiera querido. Por el costado derecho, demoledoras oleadas de Scarlatti, que me dejaron sepultado en la pesadumbre hasta que el sue\u00f1o me desconect\u00f3 de la pesadilla de la vigilia.<\/p>\n<p>Por fortuna, al otro d\u00eda, pude diligenciar el pago del recibo en tiempo r\u00e9cord; con la luz\u00a0volvi\u00f3 tambi\u00e9n la moral combativa. Hab\u00eda pasado lo peor. Aprovech\u00e9 para llamar y pedirle\u00a0asesor\u00eda a Garay, un viejo condisc\u00edpulo bien informado en m\u00fasica. Entonces les\u00a0hice sentir a mis adversarios todo mi potencial. Empec\u00e9 con algo suave, Oberturas de tres piezas: Bar\u00f3n gitano, de J. Strauss, Manfredo de Schumann y la muy cinematogr\u00e1fica y pomposa y r\u00edtmica Caballer\u00eda Ligera de Supp\u00e9. Cerr\u00e9 con las notas ir\u00f3nicas de La Urraca Ladrona de Rossini, que era una forma de hacerles a mis enemigos un inspirado corte de mangas.<\/p>\n<p>Se quedaron mudos cuarenta y ocho horas completas. En un acto de soberbia perdonable, los machaqu\u00e9 a gusto con salvas continuas de fuego barroco: el Concierto en Re para trompeta y dos oboes de Telemann, seguido del Concierto en Re Mayor del diab\u00f3lico Tartini. No pudieron con tantos metales. Tal vez estaban confiados en que yo no volver\u00eda a alzar cabeza. Intentaron una t\u00edmida r\u00e9plica consistente en media hora del m\u00e1s lento y desesperante Satie en el frente izquierdo y toda la opaca rudeza del Concierto para Viola de Bartock, en el derecho. Pronto se les acab\u00f3 para siempre las ganas de seguir la pelea. \u00a0O se les agot\u00f3 la munici\u00f3n, o la moral. Por la causa que fuera, no volvieron a sonar.<\/p>\n<p>A pesar de esas victorias contundentes, la ocupaci\u00f3n de todo el piso nos llev\u00f3 un par de\u00a0meses m\u00e1s. El joven pediatra del 704 tuvo una enconada lucha contra el 703, un contador fundamentalista que se defendi\u00f3 todo el tiempo s\u00f3lo con Bach, a quien repet\u00eda como loco. En la \u00faltima semana, 703 se apeg\u00f3 ferozmente a las notas profundas y dram\u00e1ticas de La pasi\u00f3n seg\u00fan San Mateo. Su adversario del 702 tuvo necesidad de apelar a m\u00e9todos radicales: una combinaci\u00f3n de la Sinfon\u00eda n\u00famero 4 de Bruckner en la Orquesta Sinf\u00f3nica de Leningrado y todo el rigor de las Cuatro estaciones de Vivaldi, con cinco repeticiones del despiadado Invierno, una cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Mientras tanto, el casi olvidado Mauricio estaba como en otro mundo. Sal\u00eda a las cinco de la tarde a comprar su droga, regresaba a las seis, feliz con sus papeletas de polvo rosado, y toda la noche se dedicaba a fumar. S\u00f3lo fumar y escuchar su m\u00fasica para fronterizos, ese necio y absurdo tchund-tchund fuera de lugar. Su vida se hab\u00eda limitado a comer, dormir, e intoxicarse de humo y de tristeza. Estuvo ajeno a todo, incluso a la traici\u00f3n.<\/p>\n<p>El que s\u00ed cambi\u00f3 de bando fue el pusil\u00e1nime del 701, un bibliotecario rechonchito a tiro de jubilaci\u00f3n. Era de esos esp\u00edritus a quienes aterra la posibilidad de una derrota, y a la menor dificultad se pliegan al ganador del momento. Entr\u00f3 tarde en el conflicto, y particip\u00f3 con un par de Preludios de Debussy, pero luego se dej\u00f3 apabullar por la espectacularidad de Cuadros de una exposici\u00f3n: La Gran Puerta de Kiev, de Mussorgsky, en la pirot\u00e9cnica versi\u00f3n de la Orquesta Filarm\u00f3nica de Leningrado. Al final de la guerra, y ya cuando se preve\u00eda nuestra victoria, opt\u00f3 por abandonar el edificio.<\/p>\n<p>La segunda traici\u00f3n fue m\u00e1s grave. Al ag\u00f3nico Mauricio lleg\u00f3 a acompa\u00f1arlo una hermana solterona, en plena guerra. Lo primero que supimos de ella fue que tir\u00f3 a la basura una tonelada de cosas de su hermano enfermo: monta\u00f1as de revistas porno, pel\u00edculas \u00eddem; hasta discos. En cambio del tchund-tchtund, la mujer opt\u00f3 por hacer sonar cantos gregorianos, ma\u00f1ana tarde y noche. No supimos cu\u00e1ndo se sum\u00f3 al bando enemigo. Seg\u00fan la mala lengua del portero, de la noche a la ma\u00f1ana se convirti\u00f3 en la amante secreta de la arp\u00eda del 608, que pr\u00e1cticamente se pas\u00f3 a vivir al apartamento de Mauricio. Muy tarde en la noche, pod\u00eda escuchar las carcajadas de dos mujeres, de doce de la noche a cinco de la ma\u00f1ana, durante semanas enteras, mientras que Mauricio volv\u00eda por en\u00e9sima vez al hospital. En una contienda donde todo estaba m\u00e1s o menos claro, ellas pon\u00edan la nota discordante, sin sentido del honor. Recuerdo que una noche dese\u00e9 hacerme a una ganz\u00faa que me permitiera entrar a ese apartamento y, usando armas no muy convencionales, darles a ese par de viejas tr\u00e1nsfugas una lecci\u00f3n de dignidad.<\/p>\n<p>Por ese entonces, el final de la lucha a\u00fan estaba lejano. Las hostilidades hab\u00edan finalizado un par de meses antes en el bloque B, pero en el C no se defin\u00eda a\u00fan. En esas latitudes, la pelea hab\u00eda tomado otros rumbos. Tambi\u00e9n, como en nuestro caso, al comienzo la iniciativa la hab\u00edan tenido los que luego perd\u00edan la guerra; y estaban en retirada, m\u00e1s ocupados en pensar c\u00f3mo llegar a una paz honorable que en otra cosa. Los protagonistas en el C hab\u00edan sido Berlioz contra Sibelius; Von Bulow contra Verdi; Katchaturian contra Liszt; Karl Orff contra Cherubini. Los \u00faltimos reductos se ubicaron en el inaccesible pent-house, muy c\u00f3modo con sus tres poderosos equipos de sonido m\u00f3viles como portaviones, de donde, de tarde en tarde, sal\u00eda m\u00fasica de Grieg o de Salieri. Hasta que se acallaron inteligentemente por su propia iniciativa. Se hab\u00edan quedado solos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-7545\" src=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/5-693x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"946\" srcset=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/5-693x1024.jpg 693w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/5-203x300.jpg 203w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/5-768x1134.jpg 768w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/5-1040x1536.jpg 1040w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/5-1387x2048.jpg 1387w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/5-scaled.jpg 1733w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>El libro se titula <em>M\u00fasica y Delirios<\/em>; y trata precisamente de esas dos l\u00edneas tem\u00e1ticas: la mitad de libro cuenta historias que tienen que ver con vivencias que, sobre la m\u00fasica, tienen diferentes personajes. La m\u00fasica tiene funciones dis\u00edmiles, extremas y hasta contradictorias. Una de ellas, por ejemplo, es la de agredir. La m\u00fasica, en nuestro medio, deja de ser placentera y se convierte en invasiva, cuando se pone a todo volumen para imponer nuestros gustos musicales a los vecinos.\u00a0 La otra mitad se refiere a distintas modalidades de delirios contempor\u00e1neos, como el p\u00e1nico, la esquizofrenia y la megaloman\u00eda que genera en algunos personajes la cultura medi\u00e1tica y masiva. El p\u00e1nico \u2013cada vez m\u00e1s com\u00fan y extendido-\u00a0 es un trastorno propio de comienzos del siglo XX, as\u00ed como lo fue la histeria cl\u00ednica a comienzos del siglo XX, en la Primera Guerra Mundial.<\/p>\n<p>En el bloque C, apartamento 503, estuvo el \u00faltimo foco de resistencia. La inquilina era una viuda septuagenaria (su esposo hab\u00eda sido coronel del ej\u00e9rcito) que gastaba sus \u00faltimos d\u00edas tejiendo croch\u00e9 y viendo telenovelas. Poco enterada de por d\u00f3nde iban los tiros, lo \u00fanico que se le ocurri\u00f3 fue poner marchas militares en contra del placido y delicado Chopin que hac\u00eda sonar su vecino, al que acall\u00f3 con las esplendorosas fanfarrias de Heraldic Trumpets of Windsor seguidas de los regios compases de Rule Britannia. El vecino, recibi\u00f3 la asesor\u00eda debida y tambi\u00e9n pudo tener acceso a la producci\u00f3n de Bob Sharples; entonces respondi\u00f3, m\u00e1s por seguirle la cuerda que por otra raz\u00f3n, con el bizarro aullido de las gaitas de Scotland the Brave. M\u00e1s rom\u00e1ntica que pragm\u00e1tica, la abuela contraatac\u00f3 haciendo sonar las oscuras voces de Canci\u00f3n de la Estepa seguidas de Lili Marlene. Ah\u00ed nos dimos cuenta de que le importaba un pito perder la guerra; lo que quer\u00eda era pasar a la historia como una valiente hero\u00edna. Le dimos gusto. Respondimos con Yanquee Doodle de la Orekegan High School seguida de Indian Drums. La pobre anciana acus\u00f3 el golpe y quiso darle el tono pat\u00e9tico a su corta batalla. Contest\u00f3 con todo el sentimentalismo que pudo: The bells of St. Mary\u00b4s, luego la nost\u00e1lgica She wore a Yellow Ribbon y, cerrando, las notas melosas de Onward Christian Soldiers, entonado por los coros femeninos del Ej\u00e9rcito de Salvaci\u00f3n, que le dieron el tono pat\u00e9tico y hollywoodense a su rendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese fue el final de la pel\u00edcula. Los perdedores poco a poco fueron abandonando Villas de Granada. Tuvieron que irse con su m\u00fasica a otra parte. Creo que se dispersaron por toda la ciudad. Pocas ganas les habr\u00e1 quedado de siquiera intentar alzar cabeza. Sus gustos musicales han sido derrotados en toda la l\u00ednea. Si quieren escuchar su m\u00fasica, tendr\u00e1n que hacerlo muy de puertas para adentro, casi en secreto, en un volumen moderado, y en horas en que nadie se sienta molesto. A veces siento l\u00e1stima. Pero era, o ellos, o nosotros.<\/p>\n<p>A Mauricio lo perdimos casi al final de la guerra. Del todo. Una noche lleg\u00f3 la ambulancia por \u00faltima vez y se lo llev\u00f3. No lo volvimos a ver. Lo \u00faltimo que supimos, semanas despu\u00e9s de haber terminado nuestra guerra, fue que hab\u00eda muerto en el hospital. A la noticia de su muerte le dedicaron diez mezquinos segundos en el noticiero donde hab\u00eda trabajado.<\/p>\n<p>Las v\u00edboras del 607 (pues ya se hab\u00edan instalado del todo en ese apartamento, y hab\u00edan\u00a0entregado el 608) tambi\u00e9n se murieron. La primera investigaci\u00f3n dice que las mat\u00f3 un escape de gas nocturno. Cerraban las ventanas y todos los resquicios para que el humo abundante y espeso de lo que fumaban (el bazuko mezclado con la marihuana que heredaron de Mauricio) no provocara las quejas de los vecinos. Tal vez dejaron la llave\u00a0del gas abierta. Los agentes encontraron sus cad\u00e1veres cuatro d\u00edas despu\u00e9s de muertas,\u00a0un mi\u00e9rcoles santo, cuando el olor hizo que los vecinos a llamaran a la polic\u00eda, y echaron la puerta abajo. Las encontraron en la cama, con la luz y el televisor prendidos. Por fortuna yo hab\u00eda salido a vacaciones de Semana Santa desde el s\u00e1bado anterior, por lo que me ahorr\u00e9 el deprimente esc\u00e1ndalo. Estuve toda esa semana fuera de la ciudad. Menos mal, porque de otra manera, el olor me hubiera matado.<\/p>\n<p>De eso han pasado ya algunas semanas. La paz ha regresado a los tres bloques que componen el conjunto Villas de Granada, donde la vida vuelve a ser bella. Si alguien camina por los pasillos de nuestro bloque, y alguna vez escucha m\u00fasica, podr\u00e1 tener la seguridad de que ser\u00e1 Mozart, Schumann, Schubert, Brahms, Vivaldi. Nunca Bach, Beethoven, Haendel, Liszt. Es posible que esos respetables autores se escuchen en otros\u00a0barrios o conjuntos residenciales, pero no aqu\u00ed. No en vano hemos pasado por un conflicto que dur\u00f3 casi dos a\u00f1os enteros, y que nos represent\u00f3 tremendos esfuerzos e inversiones. Antes de la guerra, yo invert\u00eda un cinco por ciento del sueldo en comprar discos; pero luego, los acontecimientos me volvieron mel\u00f3mano a la fuerza, y los gastos en m\u00fasica llegaron a consumir casi la tercera parte de mis entradas. Alguien podr\u00eda anotar que el edificio presenta un particular caso de armamentismo. Y con raz\u00f3n. Al final, tuve que conseguirme otro trabajo extra de dos noches a la semana, y aplazar, por supuesto, un a\u00f1o m\u00e1s las vacaciones para sufragar los gastos en m\u00fasica. Ya perd\u00ed la cuenta, pero debo tener unos mil quinientos CDs. En cualquier momento, har\u00e9 una selecci\u00f3n, y me llevar\u00e9 los sobrantes al mercado de las pulgas. No falta quien compre m\u00fasica de segunda mano.<\/p>\n<p>Debo decir que esa guerra vali\u00f3 la pena. Ahora hay paz. Aunque nunca se sabe. Los aliados de ayer pueden convertirse en los grandes enemigos de ma\u00f1ana. Por ejemplo, a\u00a0veces me logra molestar un poco la sobrecarga de Bizet que maneja mi vecino del 706.<\/p>\n<p>Dale que dale con Carmen. Pero es algo soportable siempre que sea entre las nueve y diez de la noche. Convivencia pac\u00edfica, es como llaman a esto los expertos. Todo el mundo aqu\u00ed sabe que una nueva guerra nos arruinar\u00eda por completo, sin distinci\u00f3n, y por eso le tenemos miedo; entonces hacemos el esfuerzo de ser tolerantes.<\/p>\n<p>Lo peor, en todo caso, ya pas\u00f3. Hay paz, que es lo importante. Yo, como cualquier veterano, de vez en cuando saco la caja de las reliquias que tengo guardada en el cl\u00f3set y le ech\u00f3 un vistazo a las armas que tanto me sirvieron y de las que me costar\u00eda deshacerme: en especial de los veinte CDs de Mozart. Y la ganz\u00faa, por supuesto. Cuando la veo, sonr\u00edo con orgullo pensando que en esa guerra cada cual puso lo suyo. Yo hice lo m\u00edo. Un poco exagerado, no lo niego.<\/p>\n<p>Pero es que en el amor y la guerra todo est\u00e1 permitido.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>Gabriel Pab\u00f3n Villamizar (Pamplona, Norte Santander, 1954). Escritor y docente. Premio Juan Rulfo de cuento (2001), en la modalidad de m\u00fasica, con el cuento La Bella M\u00fasica y el Premio Nacional del Libro de Cuentos Jorge Gait\u00e1n Dur\u00e1n con M\u00fasica y Delirios (2018). Ha sido docente de las universidades Javeriana, Andes, Pedag\u00f3gica, UIS, La Salle, Universidad Central, entre otras. Investigador del Instituto Caro y Cuervo. Ha realizado cursos de doctorado en Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica en la Universidad de Salamanca y Maestr\u00eda en Literatura Hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo. Sus estudios han centrado en los g\u00e9neros del testimonio, la memoria, la biograf\u00eda, la cr\u00f3nica period\u00edstica, el relato hist\u00f3rico y el cuento.<\/em><\/p>\n<p><em>Autor de los libros M\u00fasica y delirios (2018), En el nombre del Se\u00f1or (Random House, 2011), Barrio hereje (Random House-Mondadori, 2011), Diario suicida de Orlando Villamizar (Net educativa. 2011), Yentil, el amable Hombre de las Nieves (Editorial Panamericana, 2010), Cr\u00f3nica Sentimental de Bucaramanga (Universidad Piloto de Colombia, 2005), Re-versiones. (Letra Escarlata. 1999), El visitador y otros cuentos (Editorial Panamericana, 2001) y Des-cuento navide\u00f1o (Premio Nacional de Narrativa IDCT).<\/em><\/p>\n<figure id=\"attachment_7546\" aria-describedby=\"caption-attachment-7546\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-7546\" src=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/6-Los-escritores-y-ensayistas-Gabriel-Pavon-Villamizar-Hernando-Cabarcas-Antequera-y-Alfredo-Perez-Alencart-en-Bogota-2o22-1024x626.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"391\" srcset=\"https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/6-Los-escritores-y-ensayistas-Gabriel-Pavon-Villamizar-Hernando-Cabarcas-Antequera-y-Alfredo-Perez-Alencart-en-Bogota-2o22-1024x626.jpg 1024w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/6-Los-escritores-y-ensayistas-Gabriel-Pavon-Villamizar-Hernando-Cabarcas-Antequera-y-Alfredo-Perez-Alencart-en-Bogota-2o22-300x183.jpg 300w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/6-Los-escritores-y-ensayistas-Gabriel-Pavon-Villamizar-Hernando-Cabarcas-Antequera-y-Alfredo-Perez-Alencart-en-Bogota-2o22-768x470.jpg 768w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/6-Los-escritores-y-ensayistas-Gabriel-Pavon-Villamizar-Hernando-Cabarcas-Antequera-y-Alfredo-Perez-Alencart-en-Bogota-2o22-1536x939.jpg 1536w, https:\/\/tiberiades.org\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/6-Los-escritores-y-ensayistas-Gabriel-Pavon-Villamizar-Hernando-Cabarcas-Antequera-y-Alfredo-Perez-Alencart-en-Bogota-2o22-2048x1253.jpg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-7546\" class=\"wp-caption-text\">Los escritores y ensayistas Gabriel Pav\u00f3n Villamizar, Hernando Cabarcas Antequera y Alfredo P\u00e9rez Alencart, en Bogot\u00e1 (2o22)<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA BELLA M\u00daSICA \u00a1Ganamos! \u00a1Se fueron con su m\u00fasica a otra parte! \u00a1Villas de Granada es, hoy por hoy, el \u00fanico territorio libre de esta ciudad! La guerra la empezaron en el 607. Eso es algo comprobado, y nadie se atrever\u00eda a desmentirlo. En honor a la verdad, Villas de Granada no era el barrio m\u00e1s silencioso de la ciudad [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":7541,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[688],"class_list":["post-7547","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colaboraciones","tag-gabriel-pavon-villamizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7547","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=7547"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7547\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7548,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7547\/revisions\/7548"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/7541"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=7547"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=7547"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=7547"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}