{"id":9774,"date":"2025-08-15T10:14:05","date_gmt":"2025-08-15T09:14:05","guid":{"rendered":"https:\/\/tiberiades.org\/?p=9774"},"modified":"2025-08-15T10:17:19","modified_gmt":"2025-08-15T09:17:19","slug":"juan-lebrun-el-reino-de-ana-maria-hurtado-una-critica-transcrita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tiberiades.org\/?p=9774","title":{"rendered":"Juan Lebrun: &#8216;El Reino&#8217; de Ana Mar\u00eda Hurtado: Una cr\u00edtica transcrita"},"content":{"rendered":"<h3><strong><em>El Reino <\/em><\/strong><strong>(2024) de Ana Mar\u00eda Hurtado:<br \/>\nUna cr\u00edtica transcrita<\/strong><\/h3>\n<p>Hoy me compete improvisar cr\u00edticamente en torno a <em>El Reino<\/em> de Ana Mar\u00eda Hurtado. Exponer sus sinuosidades, sus recovecos, sus nociones de cielo. Ella naci\u00f3 en Caracas, es m\u00e9dico psiquiatra y poeta. Public\u00f3 los poemarios\u200b\u200b\u00a0<em>La fiesta de los n\u00e1ufragos<\/em>\u200b\u200b\u00a0(Editorial Diosa Blanca, Caracas, 2015);\u200b\u200b\u00a0<em>El beso del arc\u00e1ngel<\/em>, en coautor\u00eda con el poeta colombiano Leonardo Torres (Oscar Todtmann Editores, Caracas, 2018);\u200b\u200b\u00a0<em>El \u00e1rbol que en ella muere<\/em>\u200b\u200b\u00a0(Editorial Diosa Blanca, Caracas, 2023);\u200b\u200b\u00a0<em>La \u00fanica inocencia<\/em>\u200b\u200b\u00a0(Editorial Diosa Blanca,\u200b\u200b\u00a0Caracas, 2023) y el presente libro, con la Editorial Salto Mortal, Guadalajara en 2024. Un libro que, entre otras cosas, nos recuerda la potencia creadora, m\u00e1s en la capacidad de lectura y cr\u00edtica imaginativa de un texto rehecho que de una creaci\u00f3n desde cero. Esto es important\u00edsimo porque nos lleva al Borges y al Macedonio Fern\u00e1ndez de Piglia en su ejercicio de lector\/escritor, y nos ense\u00f1a que el poeta no es solo poeta de s\u00ed mismo sino tambi\u00e9n de todas las voces que lo pueblan.<br \/>\nDe esta manera, el libro avanza en la recreaci\u00f3n del cosmos b\u00edblico en una forma mucho m\u00e1s personal de poes\u00eda. Adem\u00e1s, en el estilo, hay un manejo prodigioso de las im\u00e1genes y de c\u00f3mo traer estos relatos, estas f\u00e1bulas viejas a la contemporaneidad, c\u00f3mo leerlas sincr\u00f3nicamente.<br \/>\nCuando abr\u00ed el libro por primera vez, me encontr\u00e9 con unas p\u00e1ginas negras.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Eso me llev\u00f3 directamente al taller de Reynaldo Jim\u00e9nez, poeta peruano-argentino, con quien habl\u00e9 de <em>Galaxias<\/em> de Haroldo de Campos, y su v\u00ednculo con el deseo de Mallarm\u00e9 por escribir con letra blanca sobre fondo negro, como si las palabras fueran constelaciones. Esto va haciendo un juego de elaboraci\u00f3n en un corpus s\u00f3lido, con una forma de hilar que nos lleva a la b\u00fasqueda de un orden c\u00f3smico. Este se divide en cinco partes.<\/p>\n<h4><strong>Anunciaciones<\/strong><\/h4>\n<p>En la primera parte, \u201cviene El Reino a mi ventana\u201d, \u201csu camino es un arco\u201d \u201cescribe su nombre oblicuo \/ cada d\u00eda una letra \/ un silencio\u201d. A Ana, el Reino le llega en caminos arqueados, sinuosos. Es el propio silencio creador el que permite la hechura de estos artefactos textuales.<br \/>\nA lo largo de toda esta primera parte, existe una contenci\u00f3n que llamo infinitiva-infinita, se relaciona tanto con el tiempo verbal impersonal casi no durativo, porque, tem\u00e1ticamente, el Dios de Ana Mar\u00eda se est\u00e1 infinitando constantemente, es un Dios que no es ajeno a su creaci\u00f3n, o que, incluso cuando se esconde, permite la creaci\u00f3n del poema. As\u00ed nos dice el poema <em>Prescindir<\/em>: \u201crefugiarnos bajo la nada \/ Entonces aparecer\u00eda \u00c9l\u201d. Esta forma de encontrar en el vac\u00edo de uno mismo (en el del hambre tambi\u00e9n) la unidad con el ser supremo es una clara referencia al misticismo.<br \/>\nLuego, aunque parezca contradictorio, habla de la cabeza de Dios como agonizante. \u00bfNos sugiere que est\u00e1 implicado en el sufrimiento humano? Claudicar ante el Reino, prescindir. Baja del Reino de la altura. Cuando yo convers\u00e9 con Rojas Guardia por primera vez, hablamos de la enfermedad y la diabetes. \u00c9l explicaba que muchas personas, al manifestar el sufrimiento humano como prueba de la inexistencia de Dios, no se daban cuenta de que realmente esta inexistencia se deb\u00eda a un momento en que Dios pod\u00eda hacerse ausente. Era su forma de explicar la enfermedad.<br \/>\nM\u00e1s adelante, en <em>Deus absconditus <\/em>(Dios escondido, un texto mucho m\u00e1s esperanzador), nos dice que, en el Dios que descansa, hay algo por crear: \u201calgo anida en el temblor de las hojas\u201d, \u201cla redenci\u00f3n aletea en secreto\u201d. De alguna manera, esto nos ense\u00f1a que la alegr\u00eda est\u00e1 impl\u00edcita, elidida, nunca ausente. Y luego, la voz po\u00e9tica nos plantea que es en la infancia donde ocurren las preguntas imposibles: \u201c\u00bfest\u00e1 la palabra en el fondo del mar o el fondo del mar en la palabra\u201d? Una pregunta muy dif\u00edcil y compleja; si atendemos a la filosof\u00eda del lenguaje en Wittgenstein, dir\u00edamos que el fondo del mar estar\u00eda en la palabra, pero si atendemos a otras posturas, hablar\u00edamos de la palabra en el fondo del mar. El problema est\u00e1 en tocar ese fondo, en si realmente est\u00e1 dentro de nuestro l\u00edmite humano llegar a \u00e9l, incluso con la palabra que se extiende, que se expande, y nos impreca acerca de qui\u00e9nes somos, que nos devuelve un rostro m\u00e1s diluido en el agua.<br \/>\nContin\u00faa: \u201ccon la infancia nace el juego interminable de las palabras y las cosas\u201d. Esto me recuerda a Amor y Terror de las palabras del profesor Brice\u00f1o Guerrero, libro donde \u00e9l se desdobla en un tal Jonuel Brigue, juego de palabras con su nombre. Con esta s\u00edntesis nominal, con este fen\u00f3meno de pseudonimia, nos va narrando la relaci\u00f3n que \u00e9l ha tenido con el lenguaje. Nos habla incluso de esos momentos en que nada m\u00e1s los sonidos eran pronunciados por su boca, y en que los juegos de palabra configuraron tambi\u00e9n un abismo. La autora nos dice que \u201cen esos primeros juegos estamos m\u00e1s cerca de un para\u00edso reci\u00e9n creado (&#8230;) o tal vez, nos hallamos m\u00e1s cerca del d\u00eda de la tribulaci\u00f3n\u201d.<br \/>\nEl siguiente poema va de lo peque\u00f1o, del ni\u00f1o, de la infancia a lo min\u00fasculo. La voz est\u00e1 exiliada. Se aliment\u00f3 \u201cde ra\u00edces, peque\u00f1as c\u00e1psulas silvestres\u201d, comenz\u00f3 a \u201creptar en el desierto\u201d. Fue despertando poco a poco, \u201ccon miedo a tanta luz\u201d. Nos recuerda a la luz cegadora de Rever\u00f3n: ella es nombrada por el mundo, porque esos caminos la ayudaron a saber qui\u00e9n es, cu\u00e1l es su grano de sal para este Reino. De alguna forma, la vida bacteriana, la vida min\u00fascula porque no podemos captar con nuestros \u00f3rganos oculares, que se esconde entre la vastedad del moho y los peque\u00f1os reinos. En esas m\u00ednimas fracciones de mundo, Ana Mar\u00eda encuentra el Reino, y es una lecci\u00f3n encontrarlo all\u00ed, porque es un ejercicio de atenci\u00f3n y observaci\u00f3n que no es espec\u00edfica del ojo ni del microscopio necesariamente (no es la visi\u00f3n anal\u00edtica). Parece ser m\u00e1s bien la escucha (como buena poeta) y otros sentidos, los que la hacen entender que, en lo m\u00e1s peque\u00f1o, est\u00e1 todo el universo.<br \/>\n<em>Anunciaciones<\/em>, pues, nos viene a reescribir toda la primera parte del Nuevo Testamento, en que a Mar\u00eda le fue anunciada la venida de Jes\u00fas. Pero, en el caso de Ana Mar\u00eda, la forma del Reino es el territorio del poema.<\/p>\n<h4><strong>Las se\u00f1ales<\/strong><\/h4>\n<p>La segunda es una parte en que la reflexi\u00f3n en torno al metalenguaje y los mecanismos de escritura se dan de forma m\u00e1s expl\u00edcita. Es muy interesante c\u00f3mo empieza, porque es concibiendo a la vida como un solo d\u00eda: \u201cno tendr\u00e9 m\u00e1s d\u00eda que este \/ -me dije- \/ el mismo de la infancia \/ aguardando en umbrales\u201d. \u201cPis\u00e9 una grama que a\u00fan no renace \/ a la espera de la pr\u00f3xima vara del lirio \/ en el jard\u00edn\u201d. Esa vara del lirio es la misma espera del Reino. \u201cEl d\u00eda se extiende \/ desde los latidos del coraz\u00f3n de mi madre \/ hasta la \u00faltima galaxia que muere entre los desperdicios c\u00f3smicos\u201d. As\u00ed el d\u00eda se extiende hasta convertirse en la vida. El Ulysses de Joyce sucede todo durante un solo d\u00eda. Luego, Ana nos dir\u00e1 que el d\u00eda se hace suyo y que \u201ceste d\u00eda me abraza \/ mientras algo duele\u201d.<br \/>\nLa apertura del dolor, ya en esta parte del poemario, contin\u00faa con el poema <em>Los cuarenta d\u00edas <\/em>que habla de los mas\u00e1is, un pueblo en Kania meridional y Tanzania, donde se habla maa, una lengua nil\u00f3tica. Son descritos como pastores sin tierra que lloran ante los vanos poderes. En este caso, se critica la avaricia, el poder, la ambici\u00f3n, versus la propuesta del d\u00eda de la infancia de lo eterno, ese reino de Dios en que quiz\u00e1s viv\u00eda Rever\u00f3n o en que el Ulises de Joyce transcurri\u00f3 lejos, en Dubl\u00edn. La voz, al final, quiere comer la palabra como pan. En el Taller Blanco, Montejo nos habla no con el hambre por la palabra, sino m\u00e1s bien con su propia artesan\u00eda. Hay algo interesante: en la sinergia de conceptos, en los tropos distintos entre una Biblia alzada y un Montejo ni\u00f1o lleno de harina, quien aprendi\u00f3 de la sabidur\u00eda de los oficios a darle forma a su escritura, hay la valoraci\u00f3n por la humildad, que nuestra poeta traza a lo largo del libro.<br \/>\n<em>La escritura en la arena <\/em>ya es una clara referencia a esta manera de potenciar la literatura, de apropiarse, como dir\u00eda Jes\u00fas Montoya, de otra literatura hasta tal punto en que es posible convertirla en la de uno. Primeramente, porque empieza con un ep\u00edgrafe de Borges que dice: \u201cDe Cristo sabemos que escribi\u00f3 una sola vez algunas palabras \/ que la arena se encarg\u00f3 de borrar\u201d. Y este es quiz\u00e1 uno de los poemas m\u00e1s narrativos del libro. Nos cuenta c\u00f3mo Dios escrib\u00eda palabras sobre la arena, y detonaba creaciones, figuras, formas. Llega a un punto de inflexi\u00f3n donde \u00c9l deja de escribir y comienza a hablarle con \u201cunas palabras \/ que surg\u00edan con la misma potencia de aquellas figuras de la arena\u201d. Parec\u00eda hablar en diversas lenguas, porque hab\u00eda palabras que no cab\u00edan en el o\u00eddo de la voz. Con su manto, cubri\u00f3 la desnudez. Al final, \u201cla brisa de la tarde hab\u00eda desdibujado su escritura\u201d, como si la fuerza de la escritura fuera tan ef\u00edmera como la del habla, que tambi\u00e9n se va con el aire. Este es quiz\u00e1s uno de los momentos m\u00e1s hermosos del libro. Y nos cabe la pregunta de si realmente Ana Mar\u00eda se sent\u00eda escribiendo sobre la arena al hacer este libro; si realmente, al reescribir el Nuevo Testamento, mucho m\u00e1s \u00edntimamente, no se sent\u00eda como si el viento pudiera llevarse las palabras. Se supone que ya es un poemario, y que escribir sobre lo rayado o sobre borraduras o quiz\u00e1s hablar, sean procesos de creaci\u00f3n que nutrieron este libro.<br \/>\nContinuemos un poco m\u00e1s all\u00e1, en <em>La transfiguraci\u00f3n<\/em>, donde aparecen las tres T: Torii (puerta de los santuarios sinto\u00edstas en China), Tau (la \u00faltima de las veintid\u00f3s letras del alfabeto hebreo) y Tabor (monte donde ocurri\u00f3 la matanza de los hermanos de Gede\u00f3n). Ella utiliza toda esta simbolog\u00eda b\u00edblica para hablar de la tragedia de Hiroshima. Por eso, aparece el Torii.<br \/>\nEn <em>El pr\u00f3jimo<\/em>, la voz se encontr\u00f3 a un miserable desconocido, y, de repente, con sorpresa se dio cuenta de que estaba el Padre ah\u00ed en \u00e9l.<\/p>\n<h4><strong>La Consumaci\u00f3n<\/strong><\/h4>\n<p>En esta parte, ocurre un cambio de voz. Aparece en masculino, y es una voz perdida que va tropezando piedras y descendiendo a los humanos. Probablemente sea Dios, quien se va hacia el abismo. En la ca\u00edda, las alas van naciendo del cuerpo mientras el camino desciende. En <em>Getseman\u00ed<\/em>, la \u00faltima oraci\u00f3n que realiz\u00f3 Jes\u00fas en un monte antes de empezar su pasi\u00f3n de tres d\u00edas, la voz parece estar en tono de queja, sufriente; le dice al Padre que ni siquiera ha apartado los c\u00e1lices de \u00e9l. Aqu\u00ed hay una imagen bella: \u201csolo el hijo del hombre no tiene d\u00f3nde reposar su cabeza\u201d.<br \/>\nEn <em>Eli eli<\/em>, Jes\u00fas est\u00e1 adelant\u00e1ndose al sufrimiento que va a vivir. Entre las im\u00e1genes b\u00edblicas, aparece la de los peri\u00f3dicos tambi\u00e9n, recurso que m\u00e1s adelante ser\u00e1 m\u00e1s intenso en el libro: la juntura entre im\u00e1genes b\u00edblicas e im\u00e1genes contempor\u00e1neas, en las que puede estar Mar\u00eda en el cine o Jes\u00fas pisando peri\u00f3dicos. Me pareci\u00f3 muy importante porque nos invita a la recreaci\u00f3n de un texto que sabemos muy manido, muy cl\u00e1sico, con un territorio delimitado, pero, en este caso, se expande.<br \/>\nEn <em>El huerto<\/em>, se desaf\u00eda a la muerte. Se plantea que toda muerte es el origen de m\u00e1s vida, e incluso, siendo un poemario dentro de lo cristiano, se plantea el nacimiento de nuevos dioses con la muerte de los viejos. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 oh muerte tu aguij\u00f3n?\u201d Se desaf\u00eda a la Parca, porque la voz sabe que del fruto podrido se nutre el nuevo \u00e1rbol.<br \/>\nEn <em>Los tres d\u00edas de obscuridad<\/em>, hay un enaltecimiento de las mujeres. Se nos habla de c\u00f3mo Jes\u00fas pas\u00f3 tres d\u00edas viendo negro, porque las mujeres lo vendaron, le taparon las torturas, los sufrimientos de todo, lo protegieron. Estos tres d\u00edas de obscuridad, a pesar de que el t\u00edtulo nos remite a algo que m\u00e1s bien podr\u00eda hablarnos de la ca\u00edda espiritual, cuando habla de obscuridad, habla de una oscuridad f\u00edsica que, parad\u00f3jicamente, genera la luminosidad dentro. Es otra operaci\u00f3n de un m\u00edstico hacer esto, otra manera de hallar, en los opuestos, la presencia de Dios.<\/p>\n<h4><strong>Los signos de los tiempos<\/strong><\/h4>\n<p>En la cuarta parte, aparecen ya m\u00e1s im\u00e1genes de la contemporaneidad. Se habla de los caminos espirituales como cosas impronunciables. Y aqu\u00ed cabe la pregunta: \u00bfimpronunciables porque no caben en la boca; porque la mente no los puede abarcar; porque, con la experiencia m\u00edstica, la afasia nos lleva a perdernos en lo incontrolable que puede ser la propia palabra; o porque son tantos los caminos? Simplemente me parece sugerente.<br \/>\nLuego aparece la figura de una virgen prudente, muy dif\u00edcil de anticipar. La voz solo reconoce el insomnio al amanecer, cuando ya ha pasado, porque estuvo esperando que la presencia la colmara. La antigua costumbre de despertar sin haber dormido, de seguir a la espera del novio.<br \/>\nEl manejo del erotismo, a lo largo de todo el poemario, es como si cubriera con un velo parte de lo que nos quiere ense\u00f1ar o como si no fuera a prop\u00f3sito, sino m\u00e1s bien accidental, donde el mismo cuerpo no la deja terminar de decir, lo que evita que todo lo oculto sea nombrado, que todos los misteriosos caminos (formas de Dios), sean dichos totalmente. Entonces, el eros, que en la tradici\u00f3n m\u00edstica, va \u00edntimamente imbricado con el propio \u00e9xtasis, con la experiencia, aparece a lo largo de todo el poemario, nos permea de textiles, aromas, sabores, climas y visiones. Muchas veces, la operaci\u00f3n po\u00e9tica de ir seleccionando qu\u00e9 cosas decir, qu\u00e9 cosas contar y qu\u00e9 no es erotismo. <em>El mango<\/em> aparece como una luz divina. Algo tan simple asombra a quien lo ve, lo hace vivir una experiencia suficientemente m\u00edstica. \u201cel Reino se parece a un inocente que se esconde de los soberanos de la tierra\u201d.<br \/>\n<em>Los r\u00e9probos <\/em>presenta im\u00e1genes interesantes. \u201cEl pan de cada di\u0301a \/ es alguna recie\u0301n nacida desnudez \/ antes de la cai\u0301da \/ escucho oce\u0301ano, corazo\u0301n y oscuridad innombrable\u201d. Este poema es interesante porque cuestiona al santo de Patmos, ya que \u201cquien se arranca el brazo, el ojo o el corazo\u0301n \/ para acceder al Reino \/<br \/>\nsabe leer los signos de los tiempos\u2026\u201d Y este libro es eso: es la lectura o el intento por leer los signos de los tiempos, a trav\u00e9s de la vida. Normalmente dentro de la tradici\u00f3n cristiana ortodoxa, se nos plantea que es el m\u00e1s exitoso el que tiene acceso al Reino; en el caso de Ana Mar\u00eda, es m\u00e1s bien el marginado, el que se arranca el brazo, los ojos o el coraz\u00f3n para acceder a \u00e9l, el que sacrifica. Esta es una lecci\u00f3n de humildad.<\/p>\n<h4><strong>El Reino<\/strong><\/h4>\n<p>Opera una f\u00f3rmula, en varios poemas, de b\u00fasquedas de similitudes. El Reino se parece a una semilla de mostaza buscando germinar en una tierra inf\u00e9rtil; nos evoca a La Tierra Est\u00e9ril de Eliott. Luego, compara <em>El Reino<\/em> con un tigre dorado esperando su extinci\u00f3n que no sabe de su propia belleza. Y aparecen poemas en prosa como <em>Mateo 7:13<\/em>, <em>El Reino en la longitud de Planck<\/em> y un poema sin t\u00edtulo que le sigue. Esta prosa est\u00e1 muy bien cuidada. Nos habla de la angostura del reino de las palabras; por eso el poema (no el poeta) o los dos, \u201cdebe despojarse, hacerse filo de luz\u201d. \u201cEl poema, como el pan, brota de la boca de Dios\u201d. Esto se complementa con el poema de los lirios, donde se habla de que \u201cel Reino es una grieta en el pavimento\u201d y donde las im\u00e1genes adquieren un matiz on\u00edrico.<br \/>\nEn <em>Las acacias<\/em>, persiste la b\u00fasqueda de la voz para encontrar similitudes. Pero ahora las im\u00e1genes son mucho m\u00e1s primaverales y claras. Ahora est\u00e1 \u201cencandilado de p\u00e9talos\u201d. Se habla de luz, hojas, criaturas marinas. \u201cEl Reino se parece a una flor de acacia que ha cai\u0301do al suelo \/ para dejar su primavera en mitad de la calle\u201d. <em>Los higos <\/em>son flores invertidas, travestidas, que anidan en las bocas y los sexos, en la tierra fangosa de los amantes que descubren el resplandor del Reino.<br \/>\n<em>El Reino en la longitud de Planck <\/em>aparece como otro poema en prosa. La longitud de Planck es la distancia o escala de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Longitud\">longitud<\/a> por debajo de la cual se espera que el espacio deje de tener una <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Geometr%C3%ADa_cl%C3%A1sica\">geometr\u00eda cl\u00e1sica<\/a>. Aqu\u00ed la voz poetiza elementos extra po\u00e9ticos al hablar de la \u201cfluctuaci\u00f3n del alma\u201d en el \u201cespacio espuma\u201d. Nos propone que muchas experiencias nos sacan del espacio euclidiano y nos exponen al v\u00e9rtigo, a este espacio de chispa. All\u00ed est\u00e1 el Reino. Usa la imagen de una danza sobre cuerda floja: funambular. La estructura de la espuma es ca\u00f3tica. A partir de aqu\u00ed, se rompe la b\u00fasqueda por lo similar.<br \/>\nSigue un poema sin t\u00edtulo, en prosa, que nos muestra a un muro que ha ido cayendo y el musgo que crece en el Reino. Habla de seres min\u00fasculos y (\u00bfpor qu\u00e9 no?) del ecosistema que vive all\u00ed. Afirma que el Reino \u201caguarda, en su actitud porosa, la vida de los peque\u00f1os \/ que de ellos es el musgo que lo cubre\u201d. Y luego aparece otro poema sin t\u00edtulo, con un verso armandiano y muy hermoso: \u201cel Reino lleg\u00f3, pero no todav\u00eda\u201d.<br \/>\nAs\u00ed, espero que esto haya sido una traves\u00eda a lo largo de todo el camino pedregoso y claro que nos plantea Ana Mar\u00eda, de reelectura, que me hizo volver a tomar la Biblia, el Ulysses de Joyce, Amor y Terror de las palabras, y todos los libros que he mencionado aqu\u00ed, todas estas im\u00e1genes, conceptos, evocaciones, simulaciones y manifestaciones m\u00edsticas. Es en ese sentido, un libro que merece la pena leer, porque nos reubica un libro muy antiguo, pero muy importante, un libro lleno de poes\u00eda. Si alguien no ha le\u00eddo los Salmos como poemas los invito a hacerlo. Si no han le\u00eddo la traves\u00eda de Jacob, los profetas, el Nuevo Testamento, porque, de alguna forma, el volver, el recomenzar implica un camino nuevo. Pueden salir libros de all\u00ed muy bien hechos, donde uno siente latir las p\u00e1ginas en blanco en las galaxias del principio.<\/p>\n<p>Juan Lebrun<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Vale decir que esto ocurri\u00f3 porque lo le\u00ed en su formato digital cuando transcrib\u00ed estas palabras. En f\u00edsico, la portada del libro es morada con letras blancas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Reino (2024) de Ana Mar\u00eda Hurtado: Una cr\u00edtica transcrita Hoy me compete improvisar cr\u00edticamente en torno a El Reino de Ana Mar\u00eda Hurtado. Exponer sus sinuosidades, sus recovecos, sus nociones de cielo. Ella naci\u00f3 en Caracas, es m\u00e9dico psiquiatra y poeta. Public\u00f3 los poemarios\u200b\u200b\u00a0La fiesta de los n\u00e1ufragos\u200b\u200b\u00a0(Editorial Diosa Blanca, Caracas, 2015);\u200b\u200b\u00a0El beso del arc\u00e1ngel, en coautor\u00eda con el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":9773,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[925,449],"class_list":["post-9774","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colaboraciones","tag-ana-maria-hurtado","tag-juan-lebrun"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9774","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9774"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9774\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9776,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9774\/revisions\/9776"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/9773"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9774"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9774"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiberiades.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9774"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}