Poemas de

Plegarias sórdidas

POEMAS DE SAMUEL LAGUNAS Y LUIS CRUZ VILLALOBOS

Tiberíades se complace en ofrecer una muestra del último libro publicado por dos destacados poetas latinoamericanos, Samuel Lagunas (México) y Luis Cruz Villalobos (Chile), ambos miembros de nuestra Red de Escritores y Críticos Literarios Cristianos. Se trata de ‘Plegarias sórdidas’, que contiene prólogo del colombiano Juan Esteban Londoño y epílogo del argentino Lucas Magnin, y que acaba de aparecer bajo el sello de Idependently Poetry, el cual puede ser adquirido en Amazon.

Foto de José Amador Martín

ORACIONES DE ÍCABOD

Luis Cruz-Villalobos

ORACIÓN 5

Me ha quedado un poco de ternura bajo la piel
Bajo las costras de tantas derrotas
Bajo el dolor y la lluvia de los pesares

Me ha quedado un poco de ternura diminuta
Desde la cual puedo elevar una alabanza a los cielos
Fingiendo una sonrisa leve y azucarada

Alabado sea el delirio y la estúpida carcajada
Porque por ella se han derrotado fantasmas y ogros

Alabada sea la espera silenciosa y alucinante
Porque con ella se han doblegado los dolores más altos

Alabada sea la fe razonable del que cree en el testigo
Porque por ella se conquistaron imperios
Y se derribaron mil bosques

Alabada sea la pasión renombrada virtud
Porque sin ella nada del absurdo total
Se habría resistido a su denuncia.

Luis Cruz Villalobos

ORACIÓN 6

Podemos bailar una ronda
Con la comunidad incontable
De los desheredados

Podemos entonar los himnos
De la más desgarradora derrota
De nuestra fraternidad descarriada

Podemos alzar las manos
Sintiendo el soplo de la nostalgia
Sobre nuestroS pechos de hermanos

Podemos pedir el pan sagrado
Manchado en nuestra propia sangre

Podemos escuchar la homilía siniestra
De la miseria que nos habita

Podemos pedir una limosna
Para sostener los templos numinosos
Que han sabido ocultar el silencio

Podemos darnos la paz
Con el sincero cinismo ilusorio
Que sueña un futuro mejor y reminiscente

Podemos recibir la bendición de la luna
Que nos garantice que la fecundidad del sufrir
Será cortada de la faz de la tierra.

Foto de José Amador Martín

ORACIÓN 10

¿Hay esperanza para Icabod?

Para mí
Dormido adán
Eva de luto
Sinuoso adán
Eva sin paz

Tendré que seguir esperando
Mi quieta respuesta
Al parecer tendré que llorar al viento
Aguardando la palabra exacta
Que me indique el camino

Pero en medio de mi vano ir y venir
En medio de mi miseria sencilla

El misterio se me revela como pregunta
Como imprescindible anhelo de más
Y eso ya es luz
Eso ya es tenue surgir de las sombras
Esperanza en flor
Flor de vida
Aunque sin pétalos.

Foto de José Amador Martín

PLEGARIAS TERRESTRES

Samuel Lagunas

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Un poema no puede alabar a Dios.

Hay que ser honestos.

Un poema es una bomba que aviento
a sus entrañas. No un canto de cisnes
ni de esferas
celestiales.

La realidad es un cúmulo de ausencias. Los
nombres
perdidos no tienen ritmo.

Las manos sucias no pueden escribir un poema
como los de Santa Teresa o León Felipe
quemándome la carne hasta los huesos.

Todos tenemos la boca llena de lodo
y la carne descompuesta.

El ritmo del dolor es una lava espesa
que va arrastrando piedras rotas.

Me gustaría, Señor, que tu boca
se tragara todo ese fuego
y todo ese
crujir anónimo de dientes.

Un poema es un pequeño infierno.

Un poema es
una rama rota
que supo la respuesta.

Cada hombre es un cuerpo
mancillado.

Un poema franco no es un trueque de amor
con el dueño del paraíso.
No hay amor en la muerte.

No hay amor en la muerte.

Hay prisa por morir
y ser otra punzada
¡un sarcoma!
en el pecho de Dios Padre
Dios Nuestro Dios
Lleno de nombres y silencios.

Hay prisa
por esconder el cuerpo de tu Hijo
por meter su cabeza en una
tina de agua helada
por arrancarle
las uñas
los dientes
y los dedos.

Por no decirte dónde están
sus magullados restos
hay prisa.

Un poema no puede no ser
reiterativo    rencoroso
bruto    antipático    amargo
vociferante   necio muy parecido
a un berrinche a un mal sueño
lleno de monstruos
y timbres chirriantes.

Hay que ser honestos.

Un poema no puede alabar a Dios.

No hoy, por lo menos.
No ahora.

Samuel Lagunas

JOVEN QUE ESPERA A DIOS ENTRE LAS LLAMAS

Cualquier muerte es una llama,
es hule encendido tatuado entre los ojos,
entre los pies cansados
por la fatiga de esperar
a otro Dios que nos aplaque la ira, el lloro,
el escozor de morir también
en un nombre que se olvida,
en una historia que es nada mas un cadáver
perdido en los alteros
de documentos oficiales, de basura, de cenizas
comidas por el río.

Ya no sé si queda la esperanza
de que las nubes sean la casa definitiva
de los muertos (los vivos eternamente).
Ya no sé (aunque digan las encuestas que Dios existe)
cuánto se preocupa por este hedor,
esta masacre de bocas avinagradas,
de clavos hirviendo que perforan nuestra carne.

¿A ti, Señor, que te fascinan los números,
el siete, el seis, el ciento cuarenta y cuatro,
qué te dice 43?

Cualquier muerte es una llama
y esta humanidad se calcina
entre gritos que se elevan en el humo
hasta tus atrios: tocan tu timbre,
rompen tu ventana, buscan tu cuarto,
tumban la puerta y te has ido.

O nunca has estado allá, Señor,
sino también tú sufres
en este país ¡de tumbas abiertas y vacías!,
en este ardor de fuegos que nos acercan,
que nos abrasan.

Fotografía de José Amador Martín

Del prólogo de Juan Esteban Londoño: “Luis Cruz-Villalobos y Samuel Lagunas oran en la palabra poética. Sus canciones son interrogantes. También lo ha sido la plegaria. El medio que nos regaló la fe para desentrañarnos. Luis eleva sus plegarias según la estructura de los Salmos. En sus poemas, encontramos paralelismos sinonímicos y complementarios. Luis se apropia con creatividad de motivos sapienciales y literarios que aparecen en la inmensa biblioteca hebrea, a la cual llamamos Biblia, para desnudar las búsquedas de una época amenazada por el olvido. Samuel se atreve a interpolar imágenes de diferentes edades del tiempo. Teje materiales dispares en su telar de letras. Evoca la fe en Dios y alude a peligros de nuestra época, como lo son el Parkinson y Donald Trump. Samuel se pregunta por la reverencia que pueda expresar una oración, cuando la vida nos sorprende sin un libro de plegarias a la mano. En aquel instante, el poema es una bomba aventada en el estómago de Dios. Estos dos escritores latinoamericanos cantan desde las entrañas una salmodia disruptiva. Buscan reescribir el lenguaje de la piedra e interpelar a un Dios, cuyo lugar de revelación es la pregunta. Intentan traer su palabra a nuestro reino, el de los escombros. Y crean un escenario donde llaman al Misterio a responder, al menos con su silencio. Aunque Dios no siempre responde. Dios escapa. Su silencio es su Palabra. Su Palabra es oída en la pregunta”.

Juan Esteban Londoño

Juan Esteban Londoño (Medellín, Colombia, 1982) Es escritor, poeta e investigador literario. Estudió Filosofía y Maestría en Filosofía en la Universidad de Antioquia (Colombia). Tiene además una Licenciatura y una Maestría en Ciencias Bíblicas en la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa Rica). Actualmente es candidato a Doctor en Teología en la Universidad de Hamburgo (Alemania) con una disertación sobre la muerte de Jesús en la literatura latinoamericana. Ha publicado libros como El nacimiento del liberador (Costa Rica, 2012), Para comprender el Nuevo Testamento (Costa Rica, 2013) y Hugo Mujica: el pensar de un poeta en la poesía de un pensador (Argentina, 2018). También ha escrito diversos artículos acerca de la relación entre filosofía, literatura y religiones, y ha participado en diversos proyectos musicales como vocalista y compositor.

  

(Del epílogo de Lucas Magnin) “Los poemas de Plegarias sórdidas acarrean la desolación de las verdades intolerables: «estalló la guerra», «el cáncer se ha extendido», «lo nuestro no funciona». Hay poco idealismo en estos versos desgarradores y sobrios; nos encontramos, por el contrario, con gestos confusos, con frentes impasibles como un terrón de mármol, con grito contenido y socarrón. Son poemas escritos a la sombra del Salmo 22: «¿por qué me has abandonado?», se preguntan Luis y Samuel. Es el intelecto el que pregunta, ciertamente, pero es el alma la que siente el abandono de Dios. Ante el cielo callado, pareciera que las únicas opciones son la resignación, la derrota abrumadora, el desdén, el cínico pesimismo, la angustia desoladora ante el mundo del Espíritu.

Perplejos observan los poetas los incomprensibles caminos de Dios, al que hablan directamente, con cierta confianza, pero al que le enrostran su silencio: «no haces más que tardarte / no haces más que no venir» (p. 57). Es que solo duele lo que se espera, nadie se desilusiona por aquello que no existe o en lo que no cree; nada puede defraudar a los que nada esperan. La ausencia de Dios duele porque se siente el hueco, sus huellas son como «astillas de luz» (p. 45). La presencia divina es una realidad omnipresente que acecha la experiencia de estos poetas. Es imposible escapar de su mirada y de su sombra; sin embargo, como en el mito de Tántalo, esa presencia omnipresente se esfuma cada vez que el alma sedienta busca el agua.

Samuel y Luis hunden sus pies en el barro de la tradición cristiana. Ignorar esa referencia latente en cada poema, en los intertextos sutiles y evidentes, en las imágenes y símbolos, en los temas y preocupaciones, es perder el sentido de la obra…”.

Lucas Magnin

 Lucas Magnin nació en 1985 en el interior de la provincia de Córdoba, Argentina. Es compositor, escritor, conferencista y gestor cultural. Es, además, Licenciado en Letras Modernas (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina), Laureado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Siena, Italia) y Maestrando en Estudios Teológicos (Universidad Nacional de Costa Rica). Después de haber liderado varios proyectos musicales, emprendió una carrera solista en el año 2010. Abrió conciertos de artistas internacionales como Eros Ramazzotti, Il Divo, Ricardo Montaner, Luis Fonsi, David Bisbal, Las Pelotas, Vanesa Martín y Américo. Como solista, ha publicado dos discos: Inocencia (2012) y Experiencia (2015). Como escritor, ha publicado artículos, ensayos, poemas y cuentos en antologías y revistas académicas. Su primer libro, el poemario Fervores y vestigios fue publicado en el año 2012. A fines del 2016, publicó el libro Arte y fe. Un camino de reconciliación. En 2019, Clie publicó su tercer libro: Cristianismo y posmodernidad. La rebelión de los santos.

 

Lagunas y Cruz Villalobos, con la portada de su libro



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