José Alfredo Pérez Alencar

‘El portero de noche’ (1974), de Liliana Cavani. Comentario de José Alfredo Pérez.

 

Digna exponente del Cine de Culto por ser considerada una de las películas más polémicas.

No habían transcurrido tres décadas desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, cuando la directora Liliana Cavani traslada a la pantalla el extraño vínculo desarrollado entre una mujer judía (Lucía, interpretada por la gran actriz Charlotte Rampling), cautiva en un campo de exterminio nazi durante su pubertad, y un oficial de las SS (encarnado por Dirk Bogarde, al que mencionaré en otro comentario a tenor de su participación en Víctima de 1961); si bien lo anterior se da a conocer por los flashback, la historia comienza años después al reencontrase en un hotel de Austria, donde el “ex oficial” trabaja de recepcionista nocturno. Es importante situar geográficamente la narrativa por la cómoda anexión del país vecino de Alemania (Anschluss), y porque tras la caída del régimen nazi, servir como refugio para sus acólitos; durante parte de ese lapso, en su territorio se ubicó el hórrido campo de Mauthausen (El fotógrafo de Mauthausen, 2018, sobre la vida del fotógrafo español Francesc Boix; podría mejorar con cambios en el reparto). Ha de matizarse que, nuestro imaginario puede asociar campos de concentración/exterminio únicamente con el régimen nazi; de igual manera en la Unión soviética existían esta clase de recintos (Camino a la libertad de 2010). En una ocasión alguien me dijo que los gulags no eran lugares de exterminio: ser llevado a Siberia con vestimenta inadecuada y sometido a escasez de alimento, por sí solos suponen una sentencia mortal.

Volviendo al vínculo de los protagonistas que constituye la trama principal, así como el revuelo ocasionado por la cinta, pero subyace otra cuestión relevante y con tintes muy realistas: las pretensiones de los nazis exiliados. El recepcionista Maximilian, encarnado por el actor Dirk Bogarde (al buscar su filmografía apenas he visto participaciones suyas, ni siquiera Muerte en Venecia de 1971, aunque en relación con la película de Visconti sí conozco el documental sobre las consecuencias en la vida de Björn Andrésen, “El hombre más bello del mundo”, tras interpretar a Tadzio) es parte de un grupo, integrado por antiguos miembros del régimen nazi que tratan de “limpiar” sus nombres (no así sus conciencias) sometiéndose a juicios, previa eliminación de pruebas y testigos.

En ocasiones resurge el debate en torno a la responsabilidad (una postura de pasividad, de omisión) del pueblo alemán ante las atrocidades del nacionalsocialismo hitleriano. Hasta ahora, de la información extraída de libros y documentales, puedo inferir que sería difícil para la población no darse cuenta de lo acaecido, pero a su vez, tras varios años donde se habían pasado penurias tras el Tratado de Versalles y después el Crack del 29 (dos hitos sin los cuales el nacionalsocialismo posiblemente hubiera fracasado), se optó por el soslayo; igualmente, a lo que ocurría entre la población, en las Fuerzas Armadas no todos eran afines al liderazgo de Hitler. Algunos de los altos mandos de la Werhmatch (ejército regular) fueron quienes perpetraron los atentados contra el führer (Operación Valkiria de 2008) ellos conquistaban los territorios, pero eran los miembros de las SS de Himmler (en varias ocasiones establecí conexiones entre soviéticos y nazis (sin olvidar que en cierto momento fueron aliados), y sobre notorias semejanzas, descubrí un nuevo dato en torno al jefe de las SS, ya que Stalin tenía su propio “Himmler”, llamado Lavrenti Beria) quienes en la retaguardia esperaban para ejecutar sangrientamente su sórdido dogma racial. De hecho, la “solución final” (La solución final de 2001) surge a raíz del rechazo manifestado por los soldados alemanes (reitero la alusión al ejército regular, siendo los miembros de las SS, quienes merecen la calificación de fanáticos) a realizar matanzas en fosas. Para no extenderme con esta disquisición, esta respuesta a las demandas genocidas de Hitler fue urdida por Reinhard Heydrich, quien por otra parte, era el único de la cúpula nazi que cumplía con los estándares físicos de la raza aria (una película sobre el ascenso y muerte de Heydrich es El hombre del corazón de hierro de 2017 interpretada por Jason Clarke y Rosamund Pike) y su mano derecha, Adolf Eichmann (Operación final de 2018). Este último fue capturado por los israelíes en Argentina, años después de escapar. Otra información reseñable, son las relaciones de estima o amistad que desarrollaron altos cargos de las SS con el Muftí (intérprete del derecho islámico) de Jerusalén en los años 30 del siglo pasado (dato aportado por un documental de TVE, “Una tierra dos veces prometida: Israel vs Palestina”).

La plataforma Netflix contiene una película (mentada en el párrafo anterior) sobre uno de esos oscuros personajes, A. Eichmann, llamada Operación final (2018) protagonizada por Ben Kingsley, Oscar Isaac y Lior Raz. El último de los citados es un actor israelí al cual he visto en una miniserie Hit & Run (2021) y en la serie Fauda, donde interpreta a un agente israelí encargado de operaciones en territorio palestino. Sin dilación procedo a escribir que, nada justifica la agresión de Israel (el genocidio, la lesa humanidad) contra la población palestina, máxime cuando culpabilizar a toda la población por las acciones de un grupo terrorista resulta un grave error. Por tanto y para ser ecuánimes, tampoco se puede censurar, culpar o desdeñar a toda la ciudadanía israelí por las acciones de su primer ministro, al cual le convenía esta agresión para desviar la atención de sus procesos judiciales. Fauda narra ciertos hechos desde la perspectiva de ambos “bandos”, mostrando el sufrimiento ocasionado por el conflicto en personas y familias que no están involucradas.

La serie es anterior al rebrote de las hostilidades y tiene dos escenas que resultan llamativas: una primera, en la cual una mujer palestina deja un simple oso de peluche en una parada de autobús provocando la huida de todos los viandantes; en la otra, dos terroristas están hablando de un ataque con gas sarín, y el cabecilla le explica a su subordinado la finalidad de ese acto: provocar las represalias de Israel, lo que conllevaría recibir apoyo del Estado islámico. A pesar de ser “ficción”: si se quiere tener una perspectiva histórica de esta espiral de violencia, recomiendo el documental fragmentado en dos partes de Televisión Española que también mentaba antes. Éste contiene datos bastante destacables como la implicación de los últimos vestigios del colonialismo británico en la consolidación de la población judía en el territorio desde principios del siglo XX; prueba de ello es la Declaración de Balfour, aunque también es cierto que a partir de los años 30 los ingleses empezaron a restringir la entrada. O lo ocurrido en la Conferencia de Evian donde la preocupación por los refugiados judíos no trascendió las palabras.

Charlotte Rampling

Retomando y para finalizar la cuestión de los “exiliados” nazis en la pantalla, hay un documental acerca de un carcelero de Treblinka cuyo sobrenombre era Iván el Terrible; no se trata del zar ruso del siglo XVI (que también merecía ese apelativo) que llevó al Cine el director Sergéi Eisenstein en 1944, quien dirigió también el Acorazado Potemkin en 1925. Esto último puede ser revelador en cuanto al enfoque propagandístico. Si menciono a Eisenstein, debo hacer referencia a otra gran cineasta correspondiente al primer totalitarismo del Pacto Ribbentrop-Molotov: Leni Riefenstahl. Hay cierta leyenda negra en torno a la cineasta: se dice que empleaba a prisioneros como extras, su vinculación con el nazismo, etc y quizás muchas personas desconozcan su figura. Reseñaré la película biográfica de Jesse Owens, El héroe de Berlín (2016), un título que hace justicia a su hazaña de conseguir cuatro medallas de oro en las Olimpiadas de Berlín en 1936 (ya consolidado el régimen nazi) y añadiendo que era afroamericano, es decir, también sufría racismo en su propio país; en dicha cinta Riefenstahl es interpretada por Carice van Houten (la sacerdotisa del señor de luz en Juego de Tronos, también las películas Instinto de 2019, El libro negro de 2006 o Black Death de 2011 donde actúa como nigromante) quien grabó los logros del atleta, incluso desobedeciendo a Goebbels (Ministro de Propaganda, de los más cercanos a Hitler). Sin embargo, su obra más conocida fue El triunfo de la voluntad (1935) quizás la mejor película propagandística de la historia. Después de esta adenda, El nazi Iván el terrible (2019) es un documental que relata la acusación y posterior extradición a Israel de un anciano residente en Estados Unidos por haber ejercido, presuntamente, como guardia en campos de concentración.

Indirectamente, las abyectas prácticas en campos de exterminio aparecen en la nueva miniserie de Nextflix sobre el asesino en serie Ed Gein (no sé si habrá tenido tanto éxito como la de Dahmer) el cual lee cómics sobre Ilse Koch; esta acérrima nazi, fui instruida en la tortura por su marido, superando posteriormente con creces a la mayoría de fanáticos de las SS. Se le atribuyen miles de muertes, así como otras conductas ominosas que no reseñaré. Y es que en el cine se han visto algunas muestras del terreno sin ley para los dirigentes de estos lugares de muerte, en la Lista de Schindler (1993) el personaje nazi interpretado por Ralph Fiennes priva de la vida a los prisioneros sin inmutarse, hace parecer al oficial nazi que dirige el campo de prisioneros en La guerra de Hart (2002) un ser razonable. Aún con el material y los testimonios recabados, seguramente hayan quedado ocultas muchas atrocidades que las autoridades nazis se apresuraron a destruir cuando comenzaron a sentir la derrota. Con respecto a los otros componentes del eje del mal, en Italia cuando fracasa el estado corporativo y se produce la conversión en estado totalitario, había tribunales de orden público que nutrían los campos de exterminio nazi, y en el caso de Japón mencionaré Los hombres detrás del sol (1988).

Otro motivo de traer a colación esta serie, radica en que, cuando hace años comenté la afamada Psicosis (1960, hay un remake en 1998 protagonizado por Anne Heche y Vince Vaughn) de Hitchcock, desconocía que su inspiración nace de dicho asesino. Así como en la Matanza de Texas (1974) de Tobe Hooper o El silencio de los corderos (1991), si bien en ésta se entremezclan rasgos de varios asesinos. Me parece una caracterización errada colocar a Charlie Hunnam (Hijos de la anarquía, Hooligans Green Street de 2005, Cold Mountain de 2003, Triple frontera de 2019 o The ledge de 2011), en la misma medida que dar el papel en el remake de Carrie (2013) a Chloë Grace Moretz (Kick-Ass, Brain on fire de 2016, La viuda de 2018 junto a Isabelle Hupert a la que preterí cuando cité La pianista de 2001, The Miseducation of Cameron Post de 2018 o Hick de 2011). Por contraposición, el encomiable logro de fidelizar las fisionomías en Monster (2003) donde Charlize Theron está irreconocible y, en el podio, John Hurt en El Hombre elefante (1980).

Retornando o, más bien, dedicando algunas líneas al metraje, en el reencuentro de Lucia y Maximilian aflora de nuevo esa conexión revestida de complejidad en cuanto a su catalogación: parece mediar un síndrome de Estocolmo y una relación sadomasoquista; desde hace tiempo he observado que al buscar en Google una película, aparece un elenco de cintas relacionadas bien por la temática, bien por los intérpretes. En el caso de El portero de noche, internet la relaciona (entre otras) con Belle de jour (1967), un filme dirigido por Luis Buñuel e interpretado por otra notable actriz Catherine Deneuve y que comenté junto a Viridiana (1961) y Tristana (1970), El último tango en París (1971) de Bertolucci, La pianista (2001) cuya protagonista halla la voluptuosidad en el masoquismo,  Nueve semanas y media (1986) con Kim Basinger y Mickey Rourke (si ven esta película, se darán cuenta de la carencia de originalidad en Cincuenta sombras de Grey. Además, esa narrativa ya la inventó y exprimió a fondo el Marqués de Sade en el XVIII y hablando de Alphonse Donatien, Saló o los 120 días de Sodoma adaptación cinematográfica de Pier Paolo Pasolini; llamada así, imagino que por la República de Saló instaurada en el norte de Italia durante los últimos días del fascismo italiano. Creo que con esta última cita queda sumamente reforzada la presencia de una parafilia en el objeto de comentario.

En torno al marqués, es conocida la mala fama que precede a este autor no sólo por sus obras, también por ciertos escándalos que le rodearon, aun así, su obra Justine o Los infortunios de la virtud forma parte de una colección de literatura universal junto con la “Eneida” de Virgilio, “La divina comedia” de Dante, “La madre” de Máximo Gorki o “El estudiante de Salamanca” de Espronceda (entre otros). En ningún caso se podría calificar como una lectura agradable, especialmente en el nudo donde da rienda suelta a todo el catálogo de depravaciones existentes, mas posee carga filosófica en varias partes, apela a las desigualdades sociales y realiza una ferviente crítica contra todas las religiones (incidiendo en la católica). Tanto al principio como al término de la novela se disculpa por los sucesos narrados y desea que el lector entienda la obra como una muestra de que se ha de ser virtuoso, pese a que en la vida terrenal no se obtengan compensaciones por ello (esto parece más bien dicho con ironía).

Bien, aunque en apariencia no he logrado enfocarme en los estrictos acontecimientos de la película, todos los aspectos abordados guardan algún grado de vinculación; soy proclive a los comentarios o críticas de Cine heterodoxas, elección que siempre realzo con satisfacción.

Sí deseo completar, señalando nuevamente al reencuentro, el inconveniente que supone para Maximilian (Bogarde) y su círculo, ya que Lucia es la única testigo que podría situarle en los campos de exterminio; también “había” otro testigo, un cocinero italiano, al cual Maximilian silencia definitivamente (con lo cual uno puede entender que su “talante nazi” permanece intacto en el fuero interno). En un principio, ella siente aversión al ver de nuevo a su captor, sin embargo y tras verse en una habitación del hotel, Lucía (Rampling) se traslada a la casa del “retirado” nazi: este vínculo subsistirá hasta las postrimerías.

Me permito otra disquisición para destacar que la carrera de Charlotte Rampling no se viera afectada (o influida, como se prefiera) por realizar esta película, afirmación que cobra sentido en su prolífica filmografía de la cual he visto ciertos exponentes: La piscina (2003), El corazón del ángel (1987) aunque en ésta no recuerdo su papel, Gorrión rojo (2018), Hacia el sur (2005), Joven y bonita (2013) o Veredicto final (1982); en varios casos participar en una cinta polémica o de contenido erótico (a mi entender, sería errado calificar de erótico El portero de noche. Si se habla de erotismo, inclusive aderezado con la comedia, en los años setenta: el verdadero referente es Italia) puede conllevar la estigmatización o encasillamiento en un determinado tipo de papel. Así le ocurrió a Jane March tras realizar El amante (1992) dirigida por Jean-Jacques Annaud (El nombre de la rosa de 1986 o Enemigo a las puertas de 2001), adaptación de una novela de Marguerite Duras; dos años más tarde coprotagonizó El color de la noche junto a Bruce Willis. Un thriller de clase C, (este género está diseñado para entretener) cuyo único propósito es brindar una historia sexualizada. Otro actor, en este caso salió airoso, envuelto en un filme sumamente polémico es Pacino en A la caza (1980) dirigida por William Friedkin (baste nombrar El exorcista de 1973), ahora bien, este actor ya estaba consolidado tras Serpico (1973), El padrino (1972) o Tarde de perros (1975). “Mejor” ejemplo sería Michele Morrone, conocido por la trilogía polaca “365” (la primera entrega, es materia de comentario. Si en vez de este modelo, la protagonizara un hombre poco agraciado, estaríamos ante una película de terror); posteriormente únicamente lo he visto casi como extra en la serie Il proceso (2019) y junto a Megan Fox en Alice (2024), lo mismo que dije sobre El color de la noche.

Antes escribía que a raíz de ver a Lucía los ánimos de Maximilian, y sobre todo de su grupo, se alteran; de juicios contra miembros del Eje del mal tenemos paradigmas, así como un reavivamiento, pues en 2025 se estrenó un nuevo remake de Nuremberg, los juicios que tuvieron lugar en dicha ciudad contra figuras de elevada responsabilidad en el régimen nazi y cuyo epicentro se situó en Hermann Göring. En esta última entrega, es interpretado por Russell Crowe, en la que vi del año 2000 era Brian Cox quien hacía las veces del destacado militar de la Primera Guerra Mundial. Otro aviador alemán de la Gran Guerra, el Barón Rojo, en el año 2021 fue protagonista colateral al presentarse una trilogía cinematográfica acerca del crimen perpetrado por su nieta (Suzane von Richthofen) contra sus progenitores, un caso que tuvo una gran repercusión en el Brasil de principios del XXI.

Se le califica como la mano derecha de Hitler, pero esta cuestión es debatible porque quien cumplió las voluntades del tirano austriaco fue su “fiel Heinrich”, líder de las SS, un consumado burócrata el cual, con el ascenso del Partido Nacionalsocialista Obrero alemán (de la misma forma que muchos otros) halló la vía para prosperar y abandonar así su granja de pollos. Es cierto que en un principio Göring tuvo el favor del führer y se colocó al frente de la Gestapo (una estructura mucho más amplia que la policía secreta), sin embargo, pierde las simpatías del caudillo cuando tras el incendio de Reichstag fue vapuleado (verbalmente) por uno de los comunistas acusados de dicho acto (recuerda al incendio de Roma por Nerón para inculpar a los cristianos). En cualquier caso, la mano de Himmler se nota en los destinos de algunos de sus camaradas, prueba de ello es la caída de Röhm (líder de las SA) en la “noche de los cuchillos largos”. Además, contaba con la subordinación de dos figuras como Reinhard Heydrich y A. Eichmann.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, Göring continuaba formando parte de la cúpula nazi, lo cual era un “premio gordo” para los aliados; para quienes vean la película, el mensaje trasmitido consiste en legitimar las ejecuciones. Se pretende que la Comunidad Internacional conozca los horrores perpetrados por los verdaderos nazis y lograr una condena sólida, indubitada, llegando a imponer al psicólogo encargado de tratar a los prisioneros (Rami Malek, quien ha interpretado a Freddy Mercury en Bohemian Rhapsody de 2018, Pequeños detalles de 2021 o la conocida serie Mr. Robot), el quebrantamiento del secreto profesional. Otra revelación es la del Concordato entre la Santa Sede y la Alemania Nazi, cuyo negociador fue el nuncio Eugenio Pacelli, luego conocido como Pío XII. En España la iglesia católica también brindó su apoyo al régimen franquista, si bien en este caso (de igual forma que he comentado en otras ocasiones) y sin llegar a justificar su postura, podría entenderse el “revanchismo” de sus miembros (que son seres humanos, es muy difícil ser cristiano verdadero) dada la represión experimentada durante la Segunda República española.

Por ende y culminando, revitalización de películas bélicas (y de otra índole) del siglo pasado. En esta tónica hay una cinta excelente, Sin novedad en el frente (2022) que rememora la realizada en 1930 sobre un grupo de soldados alemanes enviados al combate sin apenas o ninguna experiencia durante la Primera Guerra Mundial. De este conflicto y con la perspectiva de la otra parte también resulta recomendable Senderos de gloria (1957), protagonizada por Kirk Douglas, encarnando a un oficial francés al que se le encomienda una misión suicida. En estos días de poderío militar exhibido por Estados Unidos, procede hablar del racismo experimentado en el seno de sus Fuerzas Armadas por afroamericanos que deseaban colaborar en la defensa de su patria: The 24 th (2020) nos enseña lo ocurrido con los soldados de un regimiento de color tras llevar a cabo un motín, su motivación es la esencia de la película. Continuaba la xenofobia en la Gran Guerra, pese a que ya en la Guerra de Secesión habían luchado por la Unión soldados de color (Tiempos de Gloria de 1989) y proseguirá en el siguiente conflicto del orbe; ya que estos párrafos los ha propiciado un aviador, Red Tails (2012) sobre un escuadrón de pilotos de color con el mismo problema: les ponían barreras para combatir. Esto demuestra cuán paradójica puede llegar a ser la discriminación en un conflicto, máxime cuando es de tal magnitud, los altos mandos deberían estar satisfechos por contar con el mayor número de efectivos posibles. Continuará…

 

 




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