José Alfredo Pérez Alencar

‘Historia de O’ (1975) y ‘The Vow’ (2020): el trasfondo de las sectas.

 

La película Historia de O, basada en una novela de Pauline Réage, se encuentra a caballo (entiéndase como referencia temporal) entre la literatura del Marqués de Sade y Cincuenta sombras de grey. Aunque la primera parte de la cinta, bien podría ser una reproducción de algún episodio presente en Justine o los infortunios de la virtud (novela del mentado escritor). En el filme, la protagonista es llevada por su pareja (o amante, tal como lo define la cinta) a un lúgubre castillo donde “voluntariamente” se integrará en un grupo de mujeres sometidas a una serie de reglas, cuyo propósito es la sumisión absoluta a una organización dirigida por hombres y con una estructura piramidal. Esa aparente voluntad, directa o indirectamente, se hace constar en una de las escenas, en la que el “responsable” de la estancia le advierte sobre la posibilidad de desistir, pero ella, por devoción a su amante, decide proseguir. Es clave entender que esta devoción, es fruto de una personalidad alienada (en este caso por el ferviente deseo de complacer a su amante).

Como nota y a propósito de la mención, el éxito de Cincuenta sombras de Grey (novela de E.L James) se debe al desconocimiento, cuya escasa novedad recala en el modo de suavizar lo morboso de la trama. Ya en el año 1986 y también basada en una novela (escrita por Elizabeth McNeill), se realizó Nueve semanas y media (bajo la dirección de Adrian Lyne, quien años más tarde realizó una nueva versión de Lolita) con Kim Bassinger y Mickey Rourke; por tanto, la dupla Dakota Jhonson- Jamie Dornan (este actor realizó La caza del 2013 junto a Gillian Anderson, actriz conocida por Expediente X, que también se puede traer a colación) no nos trae una historia pionera en la pantalla.

La alusión a Historia de O, como diría Heinrich Böll al inicio de una de sus obras, no es intencionada ni casual sino inevitable, pues en el documental The Vow (2020) la ficción queda superada con creces. El de Jeffrey Epstein no era un caso aislado, coetáneamente se desarrollaba en el seno del programa ESP creado por Keith Raniere y Nancy Salzman, DOS, un grupo de esclavas sexuales cuya principal directriz era satisfacer la voluptuosidad del mentado Raniere (el homólogo de Sir Stephen en Historia de O). Este líder empleó a su círculo más cercano, compuesto exclusivamente por mujeres, para captar a otras integrantes y construir un sistema jerárquico con él en la cúspide, por debajo la categoría de gran ama, las amas y las pertenencias (tal como si habláramos de una res u objeto, término aplicable a los esclavos, en la Antigua Roma). Por ende, tanto Epstein como Raniere compartían modus operandi: mujeres que captan a otras mujeres. El primero se valía de su pareja Ghislaine Maxwell (hace unos días los medios se hacían eco de una noticia: estaría dispuesta de desvincular a Trump a cambio de inmunidad), y el segundo de la actriz Allison Mack, principalmente, pues en su círculo más cercano había otras cuatro o cinco mujeres (entre ellas la hija de Nancy Salzman). La opinión puede ser diversa en torno al papel de sus ayudantes: tal vez lo hicieron de buen grado o quizás estaban alienadas; la calificación de responsabilidad corresponde al sistema judicial competente. Ahora bien, en el documental están presentes al menos dos testimonios de mujeres, que podrían englobarse en el puesto de “gran ama”, defendiendo la validez de DOS.

Se puede hablar de albedrío en el momento en que las mujeres recibían la proposición (por parte del séquito de Raniere), puesto que podían escoger entre ser o no parte de esta “sororidad” (tal es el término que utilizaron para enmascarar su sinuosa motivación). Sin embargo, para acceder debían aportar una serie de garantías, algún tipo de material sensible y susceptible de causar escarnio (a las neófitas) para asegurar el cumplimiento, por ello, La promesa es el nombre que recibe el documental sobre esta secta. Un juramento que se plasmaba en el cuerpo con una marca: las iniciales K.R. La “sororidad” bajo el nombre de DOS implicaba una mayor sistematización del crimen, ya que a sus miembros se les imponían arduas tareas físicas y control de calorías; todo ello bajo la estricta premisa de una disponibilidad absoluta a cualquier hora del día para de recibir y cumplir las órdenes “de arriba”.

Antes de proseguir con los turbadores paradigmas, debe aclararse que dar una definición homogénea de secta, seguramente implica preterir ciertos caracteres, pese a que estas formaciones presentan elementos comunes. Si nos fijamos en la Ley Orgánica de Libertad Religiosa española, se contemplan en el art. 3.2: “Quedan fuera del ámbito de protección de la presente Ley las actividades, finalidades y Entidades relacionadas con el estudio y experimentación de los fenómenos psíquicos o parasicológicos o la difusión de valores humanísticos o espiritualistas u otros fines análogos ajenos a los religiosos.” Sin embargo, las sectas no siempre tienen un componente religioso. Más allá de la devoción al líder (gurú, mentor, maestro u otras acepciones semejantes), en el caso de Nexium se trataba de seguir a una persona con un elevado coeficiente intelectual que había desarrollado un programa de coaching “excepcional” (incluso, presuntamente, llegaron a mitigar los efectos del Tourette).

Nexium era la fachada que cobijaba DOS, esto no quiere decir que los miles de miembros supieran de los sórdidos entresijos que se gestaban en las abisales de la organización. Mas el programa diseñado por Raniere para el éxito (él lo llamaba la tecnología), también se basaba en un diseño piramidal. Se iba ascendiendo a medida que se conseguían franjas en cintas de diversos colores (el color indicaba rango), y para lograr tales “galones” había de realizarse un importante desembolso económico. Recibir clases de niveles superiores e impartir clases a gente de inferiores niveles, sin obtener durante meses o años ninguna contraprestación patrimonial.

Podría pensarse que este tipo de formaciones atraen a personas con problemas de autoestima, con la fortaleza mental disminuida, la necesidad de pertenencia a un colectivo u otras motivaciones que impliquen carencia; pero en bastantes ocasiones tienen en sus filas a gente influyente. Y como es bien sabido: si una persona posee una elevada capacidad económica no está loca, es “excéntrica”, así como lo expresado por Oscar Wilde en el Retrato de Dorian Grey sobre la belleza: somos más proclives a confiar en las personas que son atractivas. Este aspecto tampoco era desconocido para Raniere, que es un criminal y no pertenece al canon de belleza imperante, pero tenía carisma y supo rodearse de personalidades que blanqueaban sus actividades.

Por consiguiente, en Nexium había varios personajes célebres de la gran pantalla (entre ellos, Allison Mac conocida por su papel en la serie Smalville y que fue procesada), estaban las herederas del imperio Seagram (eran el músculo financiero, una de ellas procesada) y gente de la élite económica (en México muchas personas influyentes estaban vinculadas, entre ellas el hijo de un expresidente). Se acerca, mas no alcanza el nivel de Epstein en cuanto a la cantidad de conexiones con las altas esferas (de todos los grupos sociales); los vínculos de Epstein a día de hoy persisten las investigaciones sobre este caso resonando recientemente la detención del expríncipe Andrés y las conversaciones con la princesa noruega Mette-Marit.

Tampoco podría catalogarse la motivación económica como inmanente a todos los “fundadores”, pues hay algunos cuya megalomanía les hace creer que son una especie de enviado divino o deidad.  Sí queda diáfano el carisma de que revisten, la “asertividad” en su trato con las personas, siendo esta su máxima “aptitud” al mismo tiempo que una raíz común con ciertos asesinos en serie de relevancia mediática o los sociópatas financieros, categoría que se acuñó para Bernie Madoff (The Wizard of Lies de 2017, donde es interpretado por Robert de Niro o El monstruo de Wall Street, documental de 2023) en cuyos crímenes (aunque económicos), se aprecia la estructura piramidal. Carisma que alimenta el acusado narcisismo a medida que medra su influencia; un poder que tiene, en muchos de los casos, una de sus aristas en el terreno de la voluptuosidad, implicando, por supuesto, exclusividad para el polígamo líder.

Con respecto a esa vertiente sexual del liderazgo, Raniere, Epstein o David Koresh; este último fue sitiado durante más de cincuenta días por el FBI en su feudo texano a principios de los años 90, un escenario que se saldó con el fallecimiento de varios miembros de la congregación. No he visto el documental, que debe ser una fuente más fiable frente a una dramatización de los hechos, pero sí se adjuntan datos contrastables al término de la serie (Waco de 2018) donde se esgrime la controversia generada por en torno a la estrategia última del FBI para acceder al recinto. Es una linde muy estrecha la que separa la corrección en el uso de la fuerza policial y el abuso, máxime si la contraparte genera simpatías en parte de la población, porque a pesar de que haya indicios de actividad criminal, no cualquier método es válido. Otro caso real y similar, fue el de la cárcel de Attica, donde se daban cita condiciones carcelarias muy precarias, lo que provocó el amotinamiento de los internos (principalmente afroamericanos y latinos). La panacea a esta sublevación le “costó” al gobernador del estado de Nueva York, Nelson Rockeffeller sus aspiraciones políticas (información que leí en un artículo sobre el tema, el cual no mencionaré porque considero, al menos parcialmente, erróneo: Rockefeller posteriormente llegó a ser vicepresidente).

Infiero por lo leído y lo visto en la seie, que Koresh era una especie de “iluminado” cuya interpretación de las escrituras era tan deslumbrante, que incluso gente con formación excepcional y éxito profesional, abandonaba su vida y se mudaba a la comuna. Una de las reglas que imponía era la prohibición del sexo, nadie salvo él podía practicarlo (según su discurso, lo hacía por designio divino). Koresh se asemeja a Jim Jones, creador del Templo del Pueblo y autor intelectual de cientos de muertes en Jonstown. Se ha especulado con un suicidio colectivo, y cuando las autoridades llegaron no quedaban testigos; sí hay testigos que consiguieron escapar y expresaron la naturaleza coactiva de esa comuna.

En Jonestown también murió el político Leo Ryan tras acudir a dicha comunidad para indagar sobre su funcionamiento. Posteriormente una de sus hijas fue seguidora de Bhagwan, una sannyasin; este grupo lo funda un gurú de la India junto con su mano derecha (aunque en última instancia se confrontaron), Sheela, y se asemeja a Jim Jones en el aspecto migratorio. Jones tuvo que marcharse de Estados Unidos porque empezaba a generar una acertada suspicacia y en el caso de Bhagwan también percibieron dificultades en el lugar de fundación lo que provocó su traslado a Oregón (Estados Unidos): Wild Wild Country (2018). Es un documental excelente ya que emplea el contraste entre los testimonios de los sannyasines y quienes padecieron esa invasión, así como la percepción del gobierno estadounidense. Aunque los más relevantes son los de aquellos, primero obnubilados, y después desencantados. Los documentales que sólo contienen una de las versiones pueden obtener buena calificación, pero están incompletos.

El único y verdadero “despertar”, es el de los desertores. Para ellos, Raniere tenía su propio plan, empleando en este caso a toda su organización además de un competente y costoso equipo legal. En The Vow se hace un seguimiento sumamente detallado del modo en que miembros relevantes de la organización comienzan su periplo para confrontar al Líder Supremo, quien llegó a contar con el beneplácito del Dalai-Lama (nuevamente se observa la imperiosa necesidad de fortalecer su fachada), llegando al extremo de ocultar los lugares donde recalaban debido al peligro que les acechaba.

En el escalafón del carisma, las habilidades sociales y el saber aprovechar las oportunidades, otro paradigma es el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Los Legionarios no son una secta, de igual manera que el programa de coaching ESP tampoco, pero Maciel creó una estructura dentro de la arquitectura visible para poder desarrollar con total impunidad sus abusos. A través de información recopilada, testimonios y análisis, el documental Marcial Maciel: el lobo de Dios (2024) detalla la premeditación con que este autodenominado valido de Dios, ministro de la Fe, fue consolidando su imagen y trazando nexos con el Vaticano (comenzando con Pío XII, que siendo nuncio en Alemania, medió en el Concordato con el régimen nazi). Sobre este tipo de conductas asociadas de alguna forma a la religión: Spotlight (2015) en la que Michael Keaton dirige una investigación sobre hechos reales, La duda (2008) con Meryl Streep y Amy Adams, Obediencia perfecta (2014) o el documental español Examen de conciencia (2019).

Antes prescribía la innecesaria presencia de elementos religiosos para la existencia de una secta, ello se mantiene, pero con un matiz relevante: es más fuerte el nexo en estos grupos cuando se resuelve la escatología. Si el Líder propusiera una vivencia de ascetismo, esa austeridad reforzada con las imprescindibles normas que emanan del “iluminada” doctrina, ocasionarían más reticencias de la que estas figuras autoritarias pueden controlar; en cambio, si se oferta un propósito, un fin último, la percepción cambia. La mayoría de las personas que acuden a tales estructuras, lo hacen para llenar algún vacío; en los hechos concretos de este comentario, es palmario que Raniere no ofrecía salvación espiritual, sino un resultado más tangible: el éxito.

Incluso hay quien asegura poder encontrar al amor ideal de cada uno, así sucede en Llamas gemelas: Cómo apagar el fuego (2023). Sin la a, se trata de pagar por una serie de cursos en los que un matrimonio sienta “cátedra” en torno al amor, las relaciones de pareja, lecciones que parecen pergeñadas sobre la marcha. Escuchar sus improvisaciones resulta bastante costoso, como los cursos de Nexium, aun así, a los adeptos no les importa (al menos en un principio) endeudarse sin obtener ningún beneficio. El marido (Jeff), artífice de este entramado, utiliza su matrimonio (más parece un pacto económico entre ambos) en aras de dar credibilidad a su irrisorio discurso, y digo que ostenta el papel principal, porque este no es su primer “emprendimiento”. Por ello, otra cualidad de estos líderes es la capacidad de reinventarse: el propio Keith Raniere ya había intentado años atrás afianzarse con un negocio que, en un principio, parecía bastante próspero.

Epstein y Ghislaine

Entre las “variables” se hallan igualmente las preferencias de los líderes, que en los primeros párrafos preterí al mencionar el control de las calorías y el ejercicio físico. Así, Raniere tenía una fijación con el peso de las mujeres, Epstein con la edad y existe un caso en Corea del Sur, cuyos hechos expone el documental En el nombre de Dios: sagrada traición (2023), en la que el fundador tenía deseo por las mujeres de 1,70.

Este tipo de hechos generan repulsa, alarma social y juicios desde la más alta consideración moral; y también el morbo o interés, aspecto cuya refutación sería difícil teniendo en cuenta la ingente cantidad de documentales, películas o series sobre estos temas (ergo debe existir amplia “demanda”). Consciente de este factor, un genio cinematográfico como Alfred Hitchcock llevó a cabo Psicosis (1960), obra que generó aversión y polémica en su estreno; pocos años después existía en muchos espectadores el interés por consumir las derivaciones (mismo género, temática) de esta muestra pionera. En esta senda, la productora Jacqueline Giroux, consciente de la “demanda” presente en la sociedad, quiso adaptar a la pantalla la historia de Aileen Wuornos (una película basada en sus crímenes es Monster de 2023, protagonizada por Charlize Theron y Christina Ricci) incluso antes de conocerse la identidad de la asesina en serie. De igual manera, el periodismo siempre ha sido consciente de “donde está la noticia”, pues no todos los sucesos despiertan el interés del público. Y en el caso de Nexium, los “desertores” eran conscientes de que la importancia mediática propiciaría la actuación policial y la conciencia social sobre lo que estaba ocurriendo. Su artículo se publicó en el New York Times, aunque no inmediatamente al tratarse de hechos tan graves como los contados; necesitaban ser contrastados, superar el proceso o fase de control que debería realizarse en cualquier medio informativo.

Como término, esta película del cineasta francés Just Jaeckin (que también dirigió Emmanuelle de 1974, en 2024 se estrenó su remake), podríamos decir que es de clase B o Z, sin embargo, su presencia en este comentario junto al documental La promesa busca exclusivamente la equiparación. Si vemos Historia de O y a continuación el documental sobre Raniere, se extraerán varias similitudes entre ellas la marcación (diría que la única diferencia es que en la película aún no existían los móviles) e incluso podría especularse con la posibilidad de que el líder de Nexium hubiera visto el filme.

Por tanto y recapitulando, tenemos un concepto abstracto de secta para englobar a todo aquel grupo deslindado de los convencionalismos sociales (o legales) y sus caracteres que, en ningún caso deberían ser taxativos o un numerus clausus, porque con los paradigmas citados anteriormente podemos ver semejanzas entre estas “organizaciones”, así como aspectos propios de cada una. Caigo en la denominación de grupo u organización, aclarando que no se debe a una relevancia cuantitativa, pues de igual forma pueden ser círculos muy herméticos, con un número reducido de miembros; en este sentido se puede citar el documental 548: Captada por una secta (2023), en el que una chica es inducida a abandonar su hogar por un líder polígamo, o al conocido Charles Manson que fue autor intelectual de varios crímenes brutales con varias víctimas (entre ellas la actriz Sharon Tate). Lo que sí parece mantenerse es el “móvil” sexual de los líderes.

La amplitud variable del concepto secta siempre ha estado presente en el acervo de la sociedad, es de uso cotidiano para referirse a los grupos que desentonan con la moral o la ética; es un epónimo en la misma medida que otros como mafia, cuando se trata con casos de corrupción. Estos términos revisten de gravedad y son relieve en discursos, posturas o meras opiniones, también es acertado señalar que en algunos casos puede tratarse tan sólo de una burda descalificación sin sedimento alguno. La acusación de pertenecer a un culto o secta, incluso puede sugestionar en el marco de un proceso judicial como ocurrió en los años 90 con los “Tres de West Memphis”, acusados de asesinar a tres niños (sobre este caso, el documental Paradise Lost de 1996 y la película Condenados de 2013, interpretada por Reese Whitherspoon y Colin Firth). El documental mencionado pertenece a HBO, referencia que hago para resaltar la calidad de sus reportajes, y realiza un trabajo tanto minucioso como dilatado en el tiempo; tiene su final con la declaración de Alford (aspecto que traté al escribir sobre este caso hace años) y me recuerda precisamente por su desenlace al caso de “los cinco de Central Park” (la serie Así nos ven de 2019, con Felicity Huffman en el papel de fiscal recalcitrante), si bien éste se diferencia de aquel en el estigma: no eran presuntos miembros de un culto, eran afroamericanos.

Quería establecer el ejemplo de Paradise Lost como término en aras de decir que no hay ningún demonio o satán, o en todo caso existen varios, presentes en los exponentes retratados. Estos hechos condenables son el resultado de la condición humana viciada que sufren estos sujetos, de los trastornos o psicopatía los cuales son objeto de estudio por los profesionales. Y en este sentido cabe preguntarse si transgreden consciente o inconscientemente la barrera del bien y del mal (separación que el ser humano ha ido perfilando a lo largo de los siglos), o también, si existe una coexistencia en todo ser humano de ambos lados del abismo; esta coexistencia se plantea (seguro que hay más referencias en el Cine) en una película protagonizada por Clint Eastwood, En la cuerda floja (1984). Mas en la literatura universal tenemos una obra certera en esta cuestión, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde que ha dado lugar a innumerables alusiones e interpretaciones. A mi parecer (tras una relectura reciente), no habla de una personalidad múltiple, sino que se trata de una dualidad o cohabitación del bien y del mal que Stevenson, a través de una ficción, nos muestra en una misma persona. Edward Hyde es Henry Jekyll sin ningún tipo de escrúpulo o respeto por los principios legales o éticos: su maldad encarnada.

José Alfredo Pérez Alencar




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