Colaboraciones

Entrevista a Hugo de Mendoza, por Petruvska Simne

HUGO DE MENDOZA: ESCRIBO PORQUE EXISTO Y QUIERO, DECIDO EXISTIR ESCRIBIENDO. 

UN PAÑUELO DE DIOS

En los lugares terrenales
pasta la pobreza en asfalto,
que los zapatos
que las zapatillas
que los reporteros
saltan en carnaval sin fin.
En el tiradero de la especie humana,
cabezas de muñecos extirpan sus pies
para futbolistas que juegan a morirse.
Pero sobre todo mundanal;
en esta fábrica quirúrgica
de ampolletas para adulterio
de pintura digital para cubrir el crimen
¡Un pañuelo!
extiende su cuerpo a toda la sustancia
para ser el único pájaro del todo
en un miserable desorden de la nada.

Hugo de Mendoza

 

Hugo de Mendoza tiene la capacidad de impregnar de texturas sensoriales a sus poemas. De niño jugaba al futbol con su padre y leía a san Juan de la Cruz, el patrono de los poetas, poeta el santo también, quien con su poesía marcó el Siglo de Oro español, y cuyas obras son consideradas la cumbre de la poesía mística.
Para el Mendoza adolescente la escritura ocupaba buena parte de sus días, mientras se sumergía en la lectura de poetas modernistas y creacionistas, hasta lograr ese lenguaje que lo caracteriza, tratando siempre de reflejar en sus poemas la intensidad de una emoción.
Mendoza busca una manera definitoria de usar las metáforas desafiando los lugares comunes, lo ya instaurado, para mostrar esa capacidad que tiene la poesía de conmover y develar lo que está oculto en el ser humano.
Ya definió de una manera hermosa la poeta norteamericana Carolyn D. Wright, cuando señaló en una entrevista con el poeta Reed Cooley para la web Guernica, “La poesía te lleva a los recovecos del lenguaje, a los rincones olvidados, a las grietas y recovecos, y al vasto cielo de la maravilla. Abre la puerta a una crítica sin la cual, en comparación, dispones de herramientas analíticas bastante aburridas. Cultivar la poesía significa permanecer con ella”.
Hugo de Mendoza (Guadalajara, México, 1976). Es poeta y editor. En 2002 fundó el colectivo Literagen. En 2009 editó la revista de crítica literaria El Golem. Ha publicado los libros de poemas Danzar del Agua (2009) y 34 Episodios de Piscis (2010) y Confesión en el diván / Seguido de cuando los ángeles se materializan (2023). Ha impartido talleres de creación literaria en escuelas secundarias. Algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués, inglés e italiano. Dirigió los ciclos de Crítica de la poesía y narrativa en México y el encuentro de poetas Vértice en el Tiempo.
Ha participado en festivales internacionales en Cuba, Bolivia y Perú, y en festivales nacionales en Jalisco, Chiapas, Tabasco, Michoacán, Hidalgo, Puebla y el Estado de México. Es director editorial de la Revista de literatura El Golem.

– ¿De niño a qué jugaba? ¿Con quién?

Mis padres con esfuerzo siempre me compraron juguetes, principalmente muñecos; con ellos recreaba historias y pasaba mucho tiempo. Pero llegó el año 1986, tenía diez años, se celebraba el segundo mundial de fútbol en México. Ahí comenzó mi amor por el fútbol, comencé a jugar en los equipos de la colonia, del colegio, y en cualquier espacio donde se pudiera patear una pelota. A veces jugaba sólo, pateaba el balón contra una pared y recibía el rebote. Es justo decir que mi padre siempre estuvo en los campos conmigo. A él le debo esta pasión. A él le debo mi fascinación por la portería. Hoy tengo 50 años y sigo practicando el balompié con la emoción de aquella vez que me llevo mi padre a un campito de fútbol llamado “El Iztaquito” cuando tenía diez años.

– ¿Cómo eran las celebraciones familiares en la casa de su infancia?

Eran reuniones familiares, bastante aburridas, por cierto, por lo menos para mí. Sólo hablaban y hablaban olvidándose de los niños. Pero sabía que habría de llegar el momento en que llegaran algunos primos, entonces salíamos de casa y en la esquina nos encontrábamos con otros amigos, comenzaba el juego de fútbol.

– ¿Quiénes son sus padres?

Eduardo Mendoza Hernández y Rosa Elena Gutiérrez Gutiérrez son mis padres, ambos comerciantes como los fueron mis abuelos, mis bisabuelos. De mis padres también aprendí el arte de ser comerciante.

– ¿Sigue algún consejo que le dio su madre? 

Más que recordar un consejo de mi madre que han sido tantos, como todo hijo, en un acto de honestidad debo confesar que algunos he cumplido y otros no. Es para mi importante la instrucción religiosa, la cual ha sido pensamiento, filosofía, espiritualidad, conflicto, onirismo y conocimiento en mi poesía. Esa instrucción, ese principio a la historia del cristianismo se la debo a mi madre.

– ¿Heredó el nombre de su padre como es costumbre en algunas familias?

No sólo heredé el nombre de mi padre, “Eduardo”, sino también el nombre de mi tío paterno, “Hugo”.

– ¿Recuerda algún libro que leyó de pequeño?

Cuando cometía alguna falta, mi padre me imponía el castigo de leer el diccionario. Pero mi madre más capaz e inteligente, compró una enciclopedia de veinte tomos de historia, ciencia y tecnología, naturalmente era una enciclopedia para niños. A la manera del comic, unos hombres con cabeza de salchicha viajaban por el espacio, por el océano, por los bosques, por los trenes y los aviones. Viajaban desde la edad de piedra hasta la revolución industrial. Juro que leí los veinte tomos. Me es necesario también resaltar que en mi adolescencia el primer libro de poesía fue la obra completa de San Juan de la Cruz, un regalo de un sacerdote de la parroquia de San Judas Tadeo en la alcaldía, Iztapalapa, regalo de un sacerdote que se llamaba Miguel.

– ¿Enamoró a alguna joven en la adolescencia con algunos de sus poemas?

No, jamás pretendí hacerlo. Esto se debe a la lectura de una novela corta que se titula “El primer amor”, de Iván Turgénev. Recuerdo que la protagonista, Zinaída Zasekina es pretendida por Vladimir Petrovich; un joven que lee poemas románticos y se cree poeta. Zinaída tiene varios pretendientes, los cuales se esfuerzan por su atención, por su amor. Es así como Zinaída le otorga una tarde a cada uno de ellos, ofreciéndoles la oportunidad de que puedan enamorarla. Todos se saben en desventaja con Vladimir, pues es el poeta, quién puede contra la palabra de un poeta. Vladimir fracasa. Zinaída argumenta que Vladimir, el poeta, en sus versos manifiesta un amor individualista, fantasioso, quimérico, idealizado, hiperbólico y por ello irreal o dudoso, ególatra y vanidoso; expone su pasión, su dolor, su angustia, su forma de concebir la belleza, casi como un mártir, olvidándose del otro. Simplemente existe el hombre enamorado mas no el amor
El ego y la vanidad son las trampas en las que el poeta constantemente cae, enamorándose no de la persona, sino de su idea de amor. Por ello si bien escribí poemas amorosos, nunca los mostré, pues no quería caer en el espejo de Vladimir Petrovich.

¿Escribió sus primeros textos a escondidas o se los mostraba a sus amigos?

No precisamente a escondidas, diría que, en soledad, pues el quehacer literario requiere concentración, Y claro que se los mostraba, sus opiniones eran muy importantes para mí, aunque no siempre mostraron interés por lo que escribía.

– ¿Lo alentaron a seguir?

Sí, pero no para escribir poemas o cuentos, me sugerían que mejor escribiera canciones, tenían más impacto y en aquellos años formaba ya parte de un grupo de rock que se llamaba, “Los no somos nada”.

– ¿Hay otros poetas en su familia? ¿Artistas, músicos?

No. Como señale en otra pregunta, vengo de una familia de comerciantes.

– ¿Cómo fue el proceso de escritura de su primer libro?

Mi primer libro se llama “Danzar del agua”, la corriente del Modernismo influyó enormemente: el preciosismo, la sinestesia, los versos largos, la prosa poética, la elaboración de la metáfora en cuanto a forma me otorgó la estructura del libro. También el Creacionismo se manifestó en mi primer libro. Naturalmente mis lecturas de Rubén Darío, Leopoldo Lugones y Vicente Huidobro fueron el impulso de “Danzar del agua”, donde el océano y una bailarina se conjugan en escenarios irreales, citadinos, platónicos y de mucho simbolismo a la manera de los poetas franceses de finales del siglo XIX.

¿Reunió lo que tenía escrito o escribió especialmente para ese libro en particular?

Había escrito ya algunos poemas que dieron a luz en revistas independientes, En “Danzar del Agua” todos los poemas nacieron especialmente para él, pues creé una estructura dramática la cual tenía que tener coherencia e hilaridad. Y así es como escribí mis otros libros, “34 Episodios de Piscis” y “Confesión en el diván / Seguido de cuando los ángeles se materializan”. Siempre me dedico a un libro totalmente; nace la idea y construyo el desarrollo, como si fuera una novela. Los poemas sueltos son para mis ejercicios que conservo como un testimonio de que experimentado y no siempre con satisfacción.

– ¿Fue difícil encontrar la editorial?

Sí. Y más para un desconocido como fui. Entonces junto con Mario Meléndez y Dulce Chiang, creamos la revista “El Golem” que derivó también en una editorial. Ahí publiqué mi primer y segundo libro.

– ¿Escribe en cualquier momento en papeles o libretas, o se sienta frente a su computadora a trabajar un poema determinado?

Me encanta escribir en libretas; comienzo el poema, luego lo reescribo con variantes, así puedo llegar a veinte o más versiones del poema, pues estoy seguro de que en cada reescritura logro la melopea que pretendo, juego con versos o estrofas cambiándolas de sitio. Pero lo importante para mí es que, al cabo de 20 borradores leo, descubro que he creado un mapa, una ruta del poema donde puedo retomar a una línea o imagen del borrador 3 o 7 o 13 para lograr el final, o bien no llegar a ningún lado y simplemente conformarme con el título, algunos versos, metáforas, o el origen del poema: la idea.

Hugo de mendoza. Foto de Caligari García

– ¿Reescribe constantemente o no toca lo ya escrito?

Cuando ya están publicados aún sigo haciendo correcciones, nunca estoy satisfecho totalmente. Por ello para mí el poema nunca termina, en ello radica su existencia, su nacimiento cada vez que lo leo. Nunca concluyo el poema. Creo que el poema tendrá su último final con mi muerte.

– ¿Cómo es su día a día en Ciudad de México?

Como la de cualquier mexicano que el lunes empieza su jornada laboral. Vendo libros y ello me permite estar siempre en un lugar de privilegio, mágico, una variante de biblioteca que constantemente me seduce a no vender algún libro. Organizo ferias de libro y presentaciones, lo que me permite estar en contacto con otros creadores literarios y de otras disciplinas del arte, la cultura, las ciencias y la política.

¿Tiene el tiempo necesario para escribir?

Los primeros 5 días de la semana me hago un espacio de horas para escribir, casi siempre lo hago en el café Jekemir que está ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Para mí es sumamente imprescindible generarme un espacio para leer, el cual lo encuentro en mis traslados en el trasporte público, lo cual me suman 18 horas a la semana. También me genero espacios para nutrirme de otras artes como el cine, el teatro, las exposiciones de fotografía y pictóricas, todo ello me sensibiliza, me provoca algo, así es como surgen el motivo, el impulso, las ideas, los diálogos, la fuente para mi escritura.

– ¿Qué libro le regalaría a alguien que quisiera conocer Guadalajara?

Sin duda “Pedro Paramo”, novela maravillosa del maravilloso, Juan Rulfo, escritor nacido en el estado de Jalisco en 1917. La novela es una obra cumbre del Realismo Mágico, con un lenguaje poético en el que los fantasmas, el amor imposible, en la cual resaltan costumbres, tradiciones del estado de Jalisco: vida de rancho, dichos de jalisco, rezos, paisajes, el dolor de la revolución cristera, memoria.
Pero yo vivo en la Ciudad de México, por ello me es importante recomendar “La región más transparente” de otro maravilloso escritor mexicano, Carlos Fuentes, que, si bien nació en Panamá en 1928, es uno de los grandes intelectuales mexicanos. “La región más transparente” en una obra cumbre de lo que llamó la literatura del Boom, en ella se recrea un retrato de la Ciudad de México, donde el progreso, los edificios, autos, la identidad mexicana y los canales de Xochimilco que en el personaje de Ixmalí crea un homenaje a nuestra raíz prehispánica.   

– ¿Qué libro suyo de poesía recomendaría a un lector de narrativa?

No recomiendo mis libros, pero regalaría “34 Episodios de Piscis” pues tiene una estructura de vela, donde en los episodios se conjugan la prosa poética y el verso libre, pretendiendo crear un híbrido entre ambos géneros literarios.
Para el 2027 saldrá mi cuarto libro, el cual tendrá el titulo de “Ilusión marina”, el cual lo componen varios poemas en prosa, cuando esté, también me atrevería a recomendárselo a un narrador.

– ¿Tiene algún libro que relee siempre en busca de respuestas?

Son varios, generalmente son de teología, sociología, psicología, mas confieso que no siempre encuentro respuestas, pero si más preguntas. Eso me entusiasma pues creo que cuando la respuesta se manifiesta ha llegado el fin.

 – ¿Por qué escribe?

Porque me causa placer, porque al concentrarme en una idea es como si me trasladara a otra dimensión que yo he creado, convirtiendo en un viajero de mis propios pensamientos, dudas, sueños y pesadillas, es como revivir en otro estado de conciencia cuando leo lo escribo y entonces me pregunto: ¿cuánto yo viven en mí? Escribo porque es la forma en la que logro dialogar con los grandes muertos como llamó Tu Fu a los poetas, pero es justo llamar así a los filósofos, teólogos, cineastas, pintores y todo aquel exponente del arte que con su obra dejó una concepción de su mundo a la humanidad. La forma de dialogar con ellos es a través de la escritura. Escribo porque vanidosamente me siento descendiente de los grandes muertos (vuelvo a parafrasear a Tu Fu), Escribo porque este ejercicio le da sentido a mi vida, sentido y orden a mí vida. Luces y sombras, todo es un goce en mi escritura. Conclusión: escribo porque existo y quiero, decido existir escribiendo.

 

 


POEMAS

MI SOLEDAD GUSTA DE LAPIDARSE EN LA COCINA

Ella es incalculable
tiene la manía de respirar por las llaves del gas
y dejarse escurrir por las tuberías
hasta que adquiere la forma de un embrión
y reposa en la circunferencia de un sartén.
Ella enloquece con cuchillos,
se los clava en su inmensidad
para asegurar que el dolor
es un sedante contra la alegría.
Ella se nutre de nada y se nutre de todo,
incluyendo la voluntad de Jesús
por cortar el pan, por destilar el vino,
por anunciarse en la pasión de un foco
o en mi última oración en la cocina.
Ella desde siempre no tiene forma ni sustancia.
Puedo olerla dentro de un congelador en flor de loto
o ardiendo en un horno como esfinge de museo;
ella tiene escamas, es ebullición, efervescencia,
flotan sus ojos en platos desbordados de sopa
con su corazón lleno de helio, lleno de nada,
lleno de lenguas hidratándose en mis dedos.
Ella,
imantada a mí ella siempre
es una sombra en todos los espacios,
su fuerza reside en eclipsar la luz
en dejar caer cubiertos con tenor psicoanalista,
en zambullirse en licuadora, en pintarse de rombos,
en maquillarse el rostro con harina para ser un clown
y confundir mi terrible adicción por el azúcar
con las instrucciones del veneno para insectos.
Ella no es una musa hirviendo en olla exprés,
no la ausencia de clonazepam o cilantro en alacena,
es la refrigeración por invertir navajas en mi cuello,
es un hueso que acribilla mi garganta
que por más que mastico y mastico
su intangible sepultura

no cesa de lapidarme en la cocina.

CUARTO ACOLCHONADO

En este lugar
no existen las mariposas
sólo su vuelo
empujándome al vacío

VISIÓN DEL TERCER OJO

El vacío
engulle mi ojo izquierdo.
Una soga
se tensa de mi ocular derecho.
Las dos visiones
están distantes de todo observatorio,
sin embargo,

sobre la altura de mis cejas
se concentra la eternidad de un Niño
saltando la Vía Láctea.

CONFESIÓN EN EL DIVÁN

He sentido un viento anaranjado,
un sobrevuelo de interrogaciones.
Desde mi silencio
un péndulo lunar
llega desde la idea de Dios
hasta la cumbre más inhóspita
de mis abismos…
Con mi testimonio en el diván
una voz de polen cubre mis tobillos
al tiempo que las mariposas
encuentran destino en mi corazón.
¿Quién soy

ahora que Cristo camina por la sala
para tomar una abeja de mis manos?

MI ESCRITURA EN EL VACÍO

Bajo un cielo vacío,
frente a una pared en blanco
una oruga deja de ser oruga
para abandonar su cuerpo,
al vacío.
¿Qué especie de larva es la poesía
ahora que me encuentro en el verso de otra larva?
¿Qué dimensión es esta cuando logro salir
de las dimensiones de mi cuerpo?

METAFÍSICA DE LAS VACAS

Amo la tranquilidad de las vacas
la concentración que tienen al masticar la hierba.
Amo sus manchas filosóficas,
sus ojos religiosos,
amo su incansable gusto por pastar
en la memoria o metafísica de Buda.
Amo a las vacas cuando meditan
en un tablero de ajedrez,
pero más aun
cuando caminan a la dimensión
de mi existencia y dicen:
“Despierta
la leche está servida”.

MEMORÁNDUM INTERVENIDO POR UN OSO POLAR

Un oso polar sube a un vagón del metro
mientras los pasajeros se deprimen en la canasta básica.
Atónitos
lo saludan con una reflexión ecologista
y se preguntan sobre el desequilibrio de los polos.
Otros —etílicos—
piensan en el vodka y su estampilla de oso negro
y se preguntan si existen elefantes blancos.
Yo
que siempre tengo la cabeza en todas partes
excepto en la realidad, me pregunto:
Por qué habrá llegado
este carnívoro invernal
cuando esperaba un helado de vainilla
en los malabares de una foca.

CRÓNICA DE UN ÁNGEL

Dejé la cerámica de las nubes
para convertirme en pájaro terrestre.
Pero nadie advirtió
de los cazadores de penachos
de los contrabandistas de carne exótica.
Viajé sobre el ácido de las multitudes
y dejé caer mi llanto
en sus hectáreas de amapola.
Sobrevolé la tuberculosis de los campos,
la amabilidad de una fosa clandestina,
posé en la epidemia de un cadáver
y fui un espectáculo de nota roja.
¡Tierra de extinción!
—parloteaban otras aves—
y eran los sonámbulos pastillas de farmacia
y la pólvora se comercializaba en los mercados
y el odio disuelto era en bebida rehidratante
y la energía nuclear
como un feto en el seno de una cabra
babeaba en la serenidad de los helechos.

Dejé la cerámica de las nubes
para convertirme en pájaro terrestre.
Qué tortura es un minuto en la eternidad
cuando se tienen que archivar
todas las noticias de mañana.

REFLEJO SUBCONSCIENTE

En mi plato con sopa
asoma el rostro de una mantarraya.
No me atrevo
a partir el espárrago en su sonrisa;

deshacer su reflejo
sería asesinar una simpática ilusión.
Entre el mar de la ventana
y la mesa llena de alimentos
hay dos intrusos observándose
en la fugacidad del espejismo.
La mantarraya abre la boca,
y ante la tanta desnutrición
¡con tanta hambre!
no sé quién devorará a quién.

Mi cerebro transmuta en nubes

Mi cerebro es una nube gris
que por las noches se fuga de mi cráneo;
sobrevuela la sombra de mi sombra
y la caverna que me absorbe,
huye de la suerte de mi mente
y de la muerte que me espía.
Mi cerebro
levísimo levita
transmutando en una gran tortuga
que despacio fluye en la invención del tiempo;
en el microcosmos se sumerge
como un estropajo que asea
las más negras confesiones en un horno crematorio.

Mi cerebro es una nube blanca
que por el día en mi cráneo se refugia
para chapucear en sangre
para reposar en su vacío.
Por mis ojos el mundo observa
y corremos por corredores revelados por la luz
con anuncios de humo blanco – de humo negro
y bardas somnolientas donde los gatos
el amor hicieron bajo una red de estrellas.

Mi cerebro es una nube gris – una nube blanca
una nube azul
que condensa un cardumen de invenciones
y aparece en una trágica comedia.
Mi cerebro es una ilusión – un razonamiento
un vapor que conserva toda mi memoria
un globo atravesado por un hemisferio
un salto de sapo religioso
y un cinema que proyecta mi inconsciente.

Mi cerebro es una nube gris – una nube blanca
una nube azul
o sólo una nube
en la vorágine
en el vértigo
en el vértice
en el lugar más despejado del cosmos
donde un neurólogo
o quizá Dios
asoma
a mi cabeza.

A una edecán con altos niveles de azúcar

La miel es peligrosa
puede causar esquizofrenia.
Dulcísimo estertor es
padecer encuentros con apicultores
con mirtos desmayados en tus piernas.
Nada tranquiliza a la fructosa
cuando en tus hombros aterrizan abejas
con aguijones de diabetes
y esas barrigas de jalea listas para untar
o para eternizarse en frascos de conserva.
No importa si tus besos

saben a conejitos de chocolate,
si mi adicción a tu glucosa
sirve para polinizar el pan tostado,
si tus inexistentes caricias
asisten para amputar mis piernas
y contaminar de mermelada mi sangre
y hacer de mi pecho un bloque de amaranto
preparado para aprisionar tus envinados senos.
Amarte es mi única ilusión
en una tienda de caramelo, de malvavisco,
de chocolate exprés, de tus uñas confitadas.
Estoy entregado a sobrevivir
a todos tus niveles de lentísima muerte.
Hipnótico a tu andar azucarado
me disuelvo en el néctar de tus ojos
en tu ternura de quirófano,
de estrellas glas, de estrellas de insulina
que eternizan mi último contrato
con una farmacéutica.

Un sanatorio de mis apariciones

Alguien tu nombre balbucea
alguien que puedo ser yo,
pues soy una mutación de salamandra
hirviendo en la limpieza de un pasillo.
Las paredes de esta clínica del centro
son cascadas, precipicio, algoritmos,
son la escena de un crimen en tu nombre.
Tu vientre es una gasolinera de antibiótico,
un valle de mercurio prensado por toreros,
es la presencia de un instrumento de tortura.
Hagamos el amor. No tengamos miedo,
las voces saltan se revuelcan se deshacen,
maúllan estrellas transparencias de cuerpo.

En cada centímetro se fundan purgatorios,
me hago un ídolo de sal al intentar mirarte.
Y una música de arpas en las sienes de tu nombre
y tu cabello vuela como libélula en mis venas
y sé que tus besos saben a dulce de durazno
a dulce con espadas con uranio a dulce calavera.
Y mi corazón que desfallece, es un glaciar,
es una manta para cubrirme del invierno.
Se retuercen tigres de cianuro. ¿Escuchas?
Hechiceros de bata blanca, copulan los insectos.
El Amor se suicida en un treceavo piso
(no hay piso trece)
(sólo pensamiento)
su inexistencia es el cadáver de tu nombre
es tu momificación un tótem de emergencia.
Ries. Desfallezco. Sangra un eclipse vespertino.
Te ocultas en un calcetín lleno de fémures.
Te respiro en enfermeras con agujas y salitre,
en forma de perro o cuervo o hiena te aproximas.
Mírame en esta crisálida de espejos,
mis rostros babean cicatrices en tus piernas,
hay brujas una jeringa un aquelarre escandinavo
entre árboles deshechos por la luz
narcotizados por el frío.
Observa como duele mi cabeza vendada de molusco,
como mis tímpanos mis ojos los preparan en formol.
Soy un ahorcado en El jardín de las delicias,
un sonámbulo arrastrándose en tus nervios,
la lengua sangrante de un aviador sin rumbo,
que masticas y digieres y lápidas y exprimes
y mueles en un triturador de fierro viejo
cuando amanece la playa de toda nuestra ruina
de tormentas que son niebla que son fuego
que son mi muerte a punto de estallar

en el sanatorio de mis apariciones.

PLUSVALÍA DEL MINUSVÁLIDO

Mi ser inmóvil, mi ser postrado en las ilusiones de atletismo y salto de longitud no
termina de caer en esta silla de ruedas. Vendo dulces, tejo estambre, en mi baba se colapsan
oraciones de abuelas bailando zumba. Mi única fuerza surge de lo que ya no es visible en
las multitudes: el cuerpo. Ruedo por el amor de las madres en sus viernes de quincena; aun
así, –en mi mecánica rodante-, deseo no estrellarme en el vacío. Voy por canales de ayuda a
malformados, me llenan de serpentinas, de actrices colgando impuestos en mis muletas.
Soy un higo lleno jugo, me exprimo en plazas de cebollas, la limosna no endereza mi
espina dorsal, soy un monolito en la ortopedia de un Amén, un acento en la palabra:
paraolímpico.
Por instantes, cuando las estatuas ambulantes recuperan movimiento, cuando se equivoca
el estado del clima, cuando revienta las vísceras de un puerco el carnicero, creo agrandarme
en la boca de Cristo…

-Levántate y anda.
Es así como puedo rodar el mundo.

COCINERO E INSECTO
(Diálogo último en la frontera)

Un extractor, tenedores, la cocina sucia y toda la mugre de un país en diez cucharadas de
azúcar. Aún puedo percibir mi ceguera colapsada en la frontera. Tanto tiempo hemos
estado juntos; desde la lumbre de la estufa hasta el rincón del desperdicio, que esta plancha
de operación culinaria enloquece por tanta mirada nuestra.
Dirás:
“Es mejor extinguirte, al menos en este lugar”.
Hay un estropajo en el fregadero, el jabón es arena para sepultar mi patria. Tengo motivo
para escobillarme, para poner a secar mi cabeza sobre un plato y recibir un hilo de miel que
permita purificarme de todo el odio del mundo. Así, los comedores compulsivos no tendrán

repugnancia por masticar mis pastas, mi barriga encinta, mi cuerpo inflamado y crujiente,
empapado de moras y saborizante de cereza.
Y dirán:
¡Qué bella cucaracha en la ensalada!

Más aun cuando mi rostro comience a desfigurarse entre sus muelas.

ILUSIÓN MARINA

Vivo en el mar. No soy un pez, tampoco el capitán Flint o el ojo de una ballena. Prefiero
evitar toda semántica marina, no soy nada en ese diccionario. Sin embargo, juro que vivo
en el mar. Debo confesar que nunca he navegado, nunca mis pies emprendieron un
balompié contra las olas, nunca he podido sumergirme en ese telar donde los barcos fundan
su cementerio. Sólo lo sé, vivo en el mar, lo contengo en esta memoria de argonauta.
Cuando estoy triste, mi día es un hospital de focas. Mi casa está sumergida en la Ciudad
de México. En oscurantismo, mi lámpara parece leer la nomenclatura de las estrellas, la
bitácora de Simbad. Si recuerdo la Odisea, mi hogar es una tripulación fantasma. Ahora
presiento la alta marea arribando a este sofá, un hechizo de tempestad inunda el espacio que
nos separa de esta página. Se liberan todas las memorias del océano: se alza una
arquitectura de coral, los submarinos alemanes en el Golfo de México. Todo es iluminación
cuando la mano de Dios separa el petróleo de las corrientes submarinas.
Ahora no hay que creer en las supersticiones de la razón, es real ese ballet de medusas
saltando en mi cabeza, la competencia de esgrima con mi nariz y un interruptor liberando
anguilas. Respiro bajo el agua, frente a la sardina en un congelador, escucho los remos de
Yemayá navegando hacia el imperio. Papá enciende la radio: Noticias del huracán Catrina.
Aún persiste la tormenta, aún el faro nevando su espíritu infra rojo. Aún Tú, nosotros,
flotando en la incertidumbre. Miremos la sal sobre la mesa, las latas con atún comienzan a
temblar, despiertan de la muerte las angulas, todo es buceo e inundación. El agua de las
cisternas estalla en un acuario. ¿Escuchas el genocidio de un barco japonés? Ya se
hundieron las carabelas españolas, y pesar de que Juan anuncie las langostas del
Apocalipsis, Cristo aun camina por el mar.

¿HABRÁ UN ESPEJISMO QUE PUEDA OCULTARME DEL BOXEO?

El hombre que está en tiniebla,
no podía ser alumbrado sino por otra tiniebla.
San Juan de la Cruz

Los jueces han tomado asiento para calificar mi enfrentamiento con el mundo.
Round 1: a los entrenadores no les importa la armonía de mi espíritu. El guante viaja por
el Valle de México hacia mi nuca. (Golpe prohibido). Me levanto en una lona de
atropellados por la violencia de un día común. Los flashes son una constelación en mi ceja
abierta. Cubro mi costilla de una ópera de guantes. Un río de sangre no es suficiente para
detener la navegación de una balsa con caníbales y curiosos.
Round 2: el desorden en mi juventud permanece en mis golpes a nadie. Abismarme en el
odio es caer en la tradición de estar en la corrupción. Poco sirvió el ejercicio con mi sombra
en el gimnasio de la ética; debo golpear en el costal de mis temores, debo saltar la cuerda
de la ética. A fuego, a hierro, a ceniza, a hierba venenosa sabe la bota de mi oponente.
Round 3: (el médico presupuestó la cirugía de mi pómulo). Fue necesario salir de nuevo
al enfrentamiento con píldoras de amor. Mi bata verde ya fue anotada en el inventario de la
misericordia y en el sumario de la deuda externa. Acepto dos ganchos al hígado, un golpe
de cabeza en mi pulmón. Por más rabia que reciba, por más señoritas que en mi resistencia
griten con besos de silicón y senos a punto de estallar, no cerraré los ojos, aunque los
cuervos se estrellen en mi frente.
Round 4: mientras las empresas suman y cotizan maíz transgénico, mi grito es un higo en
la plaza central. Mis piernas me levantan otra vez: salto, me escabullo, zigzagueo al
agacharme, al fortalecer mi puño, al crecer en mi ilusión con un jab. Estoy golpeando mi
holograma para la diversión del auditorio, ¡estoy siendo transmitido en cadena nacional!
Round 5: un poco de agua para rejuvenecer en mi país, un poco de anestesia para la
comercialización del agua, un pleito en la fila seis para mantener el noticiero, otra caída
para la producción de vendas, de paracetamol, otra cirugía para el cine de drama popular.
Existo en la maquinaria del mercado.
Round 6: harán de mis heridas filtros para los adictos a la web. Todos los vendedores de
viajes al inframundo, los carpinteros de viaje astral, todos los indigentes del padrón
electoral, los constructores del fin del mundo, apuestan por mi última derrota. El presidente
ya firma mi próxima función con un vendedor de seguros médicos. Escucho todas sus
voces resbalando por mi nuca, aun mi espalda está limpia de todo artefacto punzocortante.

Round 7: ya me es imperceptible tanta ráfaga. Quiero bajar del ring, abrazar a mi
oponente, entregar los guantes al museo de la paz. Desvanezco en la sombra de mi sombra,
en la sombra de un apostador y entre tanta sombra, una luz en la penumbra de los críticos
de box se agiganta. Abran la puerta de la percepción, voy a escapar en un fósforo
encendido. No le sorprenda a nadie si vuelvo a caer, si mi sangre es usada para lavar el
teatro de los hombres.

FRACTAL DE CHARCOS DE UN YO
HACIA UN EXTRAÑO

Rostro absoluto, firmeza mentida del espejo.
José Lezama Lima

Cesó la filarmónica tormenta. Es necesario comprender: ¿por qué mutan los charcos en
espejos al condensar mi rostro? Vaciado entre tantos yo reflejado, enfrento este teatro de
diversiones: me deformo, me amplío, me oblicuo, me deshago por una onda de sonido, me
reconstruyo por el oxígeno del agua, me estiro, soy minúsculo, me alargo, ¡mayúsculo!, me
desconozco si un martillo destroza mi cabeza, me dilato si un cuchillo penetra por mi oído,
me desbarato si una huella emana de mi boca, soy equilátero, rectangular, hologramático,
me libero de mi multitud monocular. Si llega el amanecer sobrevolando mis cabellos y con
él la tranquilidad de un árbol o el vuelo de un insecto, rejuvenezco en un espejismo que
contiene todos los charcos. La galería de mis repeticiones se dispone a sanar antes de
evaporarse. Recuerdo a José Lezama en la Muerte de Narciso, es imprescindible continuar,
no enloquecer por el sombrero de tantos que hay en mí: doblo en la calle República de El
Salvador e Isabel la Católica; en esta coordenada, doy testimonio a la única lluvia que
podrá salvarme de no estar solo. Me abro paso entre sus clarinetes y flautas transversales
para despedirme filarmónicamente, para reencontrarme totalmente extraño.

ESPECTÁCULO DENTRO DE UNA PESADILLA

Vi mi cabeza
agujerada por una lanza
y todo el estadio era manicomio.

Las multitudes preguntaban a sus madres:

¿Hasta donde
la cacería de brujos?

Luego vi como a los cronistas
en una hoguera bajo mis pies
fotografiaban la lumbre que carbonizaba
todos los nervios de mi lengua.

Así que mi cabeza
se hizo un puño de carbón
en un hospital tan frío,
apenas medieval
que volvieron a encenderme
para calentar a los psiquiatras.

Al despertar
me encontré en un bufete de suero y penicilina
al momento que Cristo bajaba en forma de astronauta
y con su mirar sanaba todas mis heridas.




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