Carlos Bonilla

Carlos Bonilla Avendaño: De tiempos y esperas

-I-

El Tiempo.
Luces y sombras.
Afectos que se encuentran y desencuentran,
se nutren de cercanías y de roces,

se viralizan
en esta espiral de cuerpos que huyen y se buscan,
amándose y temiéndose como si la piel fuese imán
o brasa viva,

amamos y rechazamos cada vez que alguien rompe el círculo
y mantenemos un doloroso equilibrio entre sospecha y ternura,
hasta que un nuevo puñado de horas
nos devuelve a la inocencia original.

Foto de José Amador Martín

-II-

Entonces la casa nuestra, la de todos,
vuelve a ser Casa, Hogar, Pan tibio que nos entibia el cuerpo,

Casa del Pan y de la sonrisa
en la que un niño de siete años danza, juega,
sueña con montañas y con países de exóticos nombres
y nos mete en su danza
que es baile, juego,
llanto y adivinanza.

Foto de José Amador Martín

-III-

El Tiempo se ha ralentizado.

Las nuevas rutinas conviven con la asombrosa incertidumbre
de estar viviendo un tiempo extraordinario,

un Tiempo
en el que se rompen todas las certezas
y se amalgaman todas las esperas.

También la madera,
el piso polícromo,
y los cuencos de cerámica
se tornan parte del paisaje cotidiano que nos habita
y nos dan pie a tierra,
vislumbre de lo que somos y seremos,
ancla desde la cual es posible re-crear utopías.

También por ello la cena familiar vuelve a ser rito,
el vino, a ser Copa de comunión,
y de nuevo comenzamos a hablar con la mirada,
redescubriéndonos dioses en nuestra humana vulnerabilidad.

Foto de José Amador Martín

-IV-

El Tiempo, la Vida, el Presente.

En medio de este tiempo confinado
una brisa se cuela por las anchas ventanas;

es un niño que danza,
juega, llora y adivina.

Lo sabe:
quienes resistan con terquedad y ternura
serán sobrevivientes.

Su risa de campana
desborda la esperanza del Planeta.

San Isidro de Heredia, 22 de junio del 2020

Foto de José Amador Martín

 


Carlos Bonilla Avendaño (Heredia, Costa Rica, 1954). Estudió Teología y Derecho, y trabajó con comunidades campesinas y con migrantes nicaragüenses, en un acompañamiento legal, organizativo y pastoral. Posteriormente fue diplomático, representando a su país en Nicaragua, hasta su reciente jubilación. Sus poemarios publicados son: ‘Alguien grita mi nombre y yo me escondo’ (1996), ‘Puerta de los ciegos’ (2000), ‘Tren sin retorno’ (2001), Campanas bajo el mar (2019) y ‘Como el beso de un ángel’ (2019), el cual fue finalista del Premio Rey David de Poesía Iberoamericana’, presentado dentro de las actividades del XXII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, celebrado en Salamanca el pasado mes de octubre. Poemas suyos están en varias antologías latinoamericanas. Forma parte de Tiberíades.

Carlos Bonilla leyendo en el Teatro Liceo de Salamanca (foto de José Amador Martín)

[Foto de cabecera de José Amador Martín]




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