American Animals (2018), de Bart Layton
El director utiliza una técnica que no es común en películas de este tipo (véase Alpha Dog, 2006), prueba de ello es otra de sus obras, El impostor (2012), la cual relata uno de los casos protagonizados por el infame estafador Frederic Bourdin. Esta historia es real, tan real como el hecho de que el director combina a Spencer Reinhard, Warren Lipka, Chas Allen y Eric Borsuk (siendo estos los verdaderos autores del delito, cuya condena ya fue cumplida), con los actores que representan su versión en el momento en que sucedieron los hechos (Barry Keoghan, Evan Peters, Blake Jenner y Jared Abrahamson, respectivamente).
Estamos ante una heist film, pero en este caso, no tratará del clásico robo a un banco; el objetivo es una biblioteca universitaria, en la que se alberga un libro cuyo valor es de doce millones de dólares, además de otros ejemplares que datan del siglo XIX.
Hay muy buenos filmes de este género, desde la perspectiva de lograr un atraco perfecto e irse sin ser descubierto, como pueden ser Un golpe maestro (2001), El último golpe (2001) o Plan Oculto (2006), pero, como sabemos, la realidad es otra muy distinta. En este caso cabe resaltar que la estupidez de estos cuatro jóvenes acompaña todos los pasos que dan.

Corre el riesgo de convertirse, para el espectador, en una parodia. Podría compararse con Tarde de perros (1976), si no fuera porque ésta última nos engancha a cada instante, al no saber cuál es el siguiente suceso esperpéntico en su trama. Se queda a medio camino entre el drama y la comedia, demasiado marcada la idea de que para los protagonistas es un juego o una aventura. La certeza del éxito en conseguir el objetivo quedará en la mente de cada uno de ellos.
Ninguno de ellos era un delincuente consumado, lo más cercano a ello, y tampoco, sería el caso de Warren Lipka; en el momento final todos buscan atribuirle el lugar de instigador, pero no tiene sentido, pues ya estamos hablando de gente que tiene, en mayor o menor medida, una cierta consciencia de lo que lleva a cabo (debo decir que las contradicciones en los testimonios de los cuatro partícipes le otorga una mayor veracidad a la cinta). Pero no queda todo ahí. Si nos preguntamos por el móvil que tenían, el dinero podría ser la respuesta, pero no era una necesidad para nada imperiosa.
Como bien se muestra en la película, el personaje principal adolece de un vacío existencial. Hacer referencia a los impulsos que guiaron a los demás en el torpe intento de conseguir los libros, no tiene tanta relevancia. Un acierto por parte del director enfocar la historia desde la panorámica de Spencer Reinhard.

Él es una persona que no adolece de ninguna dificultad en la vida, rodeada por un entorno que le muestra su cariño, sin problemas económicos, con una carrera de pintor que tenía posibilidades de ser prometedora (en la actualidad sigue dedicándose al arte). Su necesidad de algo más le lleva a comentarle una descabellada idea a su amigo, Warren Lipka, el cual no es ni mucho menos una buena influencia. Debe quedar constancia que Spencer es el único personaje que muestra remordimiento antes de consumar el plan, ya no solo pensando en él, sino también en su familia.
Esta falta de incentivo en la vida de personas que no son objeto de dificultades, a mi entender, es el leitmotiv de American Animals.
La reflexión sobre esta temática, en mi opinión, es lo único que puede incitar a ver esta película.

Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese
No se sienten a verla si algo puede interrumpirlos. Porque, también aquí como en otras películas Toro salvaje (1980) o Casino (1995), la dupla Scorsese – De Niro, se luce.
Nos traen de la mano una trama, que podría parecer lineal, estancada. ¡Nada de eso! Una trama que va en ascenso, podemos palpar la tensión a cada momento, preguntándonos: ¿cuándo estallará la locura del protagonista?¿cuál será su próximo movimiento? Ese personaje que nos muestra lo sórdido del ambiente nocturno a través de lo que ven sus ojos.
Con una banda sonora inmejorable, los oídos también se hacen partícipes de un interés que no cesará en ningún momento de la película y, una belleza de guión narrado por el propio protagonista.
Este veterano de guerra, que es encarnado por un joven De Niro, es castigado por un insomnio crónico, ¿crítica a los efectos que provocó el conflicto en los que lo vivieron? Un hombre al que lo que mejor se le da, quizás sea conducir su taxi. Pero él es una persona simple; hay incluso momentos en el que podríamos verlo como un niño.
Siempre directo. Mal lo definía la hermosa actriz Cybill Sheperd cuando en la película lo define como contradicción, pues al ser fiel a la verdad de su realidad a cada momento, es su perdición. Está, si se quiere, dotado de bondad, pese a que comete errores todo el tiempo, es increíble que no veamos una maldad implantada en él. Una bondad mal empleada, pues quiere ser de ayuda ante las oportunidades que se le presentan. Pero no sabe cómo hacerlo bien.
Una ruptura con los convencionalismos sociales que habrá de encontrar su recompensa en el final. Tras jugar con el espectador, pues no se sabe qué persiguen alguno de los actos del protagonista, el director lo convierte en justiciero. Cambio presente en el cómo ve y trata la gente al personaje tras los sucesos del final. Es clara la transformación.
En definitiva, verla es lo que mejor se puede hacer.

José Alfredo Pérez Alencar (Salamanca, 1994), aprendiz de jurista y de poeta, pero apasionado al séptimo arte. Cuando niño la imprenta Kadmos le publicó una carpeta de poemas titulada ‘El barco de las ilusiones’ (2002, con 17 acuarelas del pintor Miguel Elías). Posteriormente publicó seis poemas en la antología ‘Los poetas y Dios’ (Diputación de León, 2007) y otro poema en la antología ‘Por ocho centurias’ (Salamanca, 2018). Próximamente la revista portuguesa ‘Cintilações’ (de Editora Labirinto), coordinada por el poeta Victor Oliveira Mateus, publicará un poema suyo traducido al idioma de Camões. También este año dará a imprenta su nuevo libro de poemas, en el que está trabajando, titulado ‘Tambores en el abismo’. Escribe artículos de contenido jurídico y social en su blog ‘Iuris tantum’, que mantiene en el periódico digital SALAMANCArtv AL DÍA y ha comenzado a publicar crítica de cine en la revista literaria digital Crear en Salamanca. Formó parte del equipo de apoyo del XXII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, que en 2019 rindió homenaje a San Juan de la cruz y a Eunice Odio.
