Víctor Ilich

Víctor Ilich: El Culto, los funámbulos de los últimos tiempos

Hace muchos años, en mi adolescencia, y a pesar de que en aquella temprana edad carecía de varias cosas, entre ellas prudencia, fui invitado a interpretar en guitarra clásica un acto musical para la ceremonia de egreso de enseñanza media en un colegio católico. El profesor que me invitó hacía el ramo de física en el Instituto Nacional, donde estudié: un colegio no confesional y laico. Al terminar la interpretación me regalaron una Biblia. En esa época ya había leído algo de Nietzsche: El anticristo y Así habló Zaratustra, y aunque, por una parte, estaba desencantado con la ambigüedad de Hermann Hesse —otro referente adolescente para mí—, por otra parte, creer en la muerte de Dios era conveniente para esos días.

Recuerdo que, al recibir el obsequio, lo agradecí y al tiempo pensé: “algún día escribiré algo en contra de esto”; crecí escuchando que la religión era “el opio de los pueblos” y algo había leído del hombre de Java, que nada tiene ver con La Guerra de las Galaxias.

Vinculé lo anterior con el haber recibido, hace un par de días, como obsequio, la posibilidad de ver el filme documental El Culto, de Almendra Fantilli, una joven realizadora argentina, quien procuró hacer un retrato del culto evangélico en la ciudad de Córdoba, Argentina. No se asuste, el filme es dinámico y breve, ya que comprende la visualización de cuatro denominaciones en un solo acto: el culto a Jesús, por cierto, lo que ellos entienden como culto a Jesús: desde lo tradicional a lo contemporáneo. Donde no hay que confundir tradicional con obsoleto, ni contemporáneo con vanguardista, ya que es posible apreciar elementos contemporáneos unidos a lo anacrónico.

Advertencia: hay que tener cuidado al hablar de “culto evangélico” sin hacer los matices adecuados, ya que puede inducir a error, toda vez que es posible gatillar de forma casi inmediata cualquier idea preconcebida (prejuicio) con una expresión tan genérica como la aludida y que se tenga sobre esa realidad, sea para bien o para mal. De allí que es necesario destacar que no hay dos comunidades que en la práctica sustenten sus creencias de forma idéntica en el evangelio de Jesús; hay semejanzas, pero no igualdades matemáticas, salvo de expectativas financieras para aquellos “que piensan que el culto a Dios es una fuente de ganancias” (1ª Timoteo 6:5), diría quizás algún lector escrupuloso.

Algunos sostienen que uno de los peligros de la religión, cualquiera que sea, es el sectarismo, en algunos credos, cuando expelen cierta soberbia o arrogancia al creerse dueños de la verdad o ser los accionistas mayoritarios, sumado al menosprecio (abierto o solapado) de otros que no comparten esa verdad: su verdad. No está demás decir que la verdad —como hecho o suceso— tiene ribetes objetivos posibles de ponderar y examinar. Basta pensar en un crimen como el asesinato para salir de lo meramente subjetivo. Es cierto, también, que todo lo que percibimos pasa por la interfaz o tamiz de lo personal, por ende, de lo subjetivo, pero esa paradoja no anula o invalida lo que otros, a su vez, puedan percibir de forma independiente y autónoma confluyendo en una realidad común compartida.

Otro peligro, según los estudiosos del tema, es el sincretismo, la mezcla de creencias opuestas a principios o dogmas de fe, pero que armonizan por diversas razones o motivaciones. Entre estas, las más peligrosas —arguyen— serían las tergiversaciones, por errar en la interpretación de los propios textos que sustentan sus creencias. En otras palabras y en el caso del documental, prestar atención a cualquier sincretismo interno fundado en el énfasis y utilización de las sombras del Antiguo Testamento fuera del contexto e interpretación finalista del Nuevo Testamento podría servir para el análisis. Para entender mejor esta observación, es sugerente la Epístola a los Hebreos.

Al ver esta cinta también recordé un texto del Libro de los Jueces y una frase recurrente en él: “(…) y cada quien hacía lo que le parecía recto en su propia opinión”.

Es lo que se le critica, a veces, al mundo evangélico, lo que algunos llaman su atomización: su fragmentación en diversas denominaciones, diferentes énfasis legítimos, por cierto, pero donde en algunos casos derechamente aparecen fervores exacerbados mal conducidos: ostentar y presumir ¿qué tiene que ver con la humildad del maestro al que dicen servir? o el predominio, en otros casos, de mensajes exitistas que aprovechan la cultura del espectáculo y el lenguaje del marketing para, por alcance y a través del estatus que da el dinero, impresionar y así seducir a los oyentes o espectadores con una vida mejor: aquí y ahora.

Y quién no quiere una vida mejor aquí y ahora, es así como nuestra necesidad nos hace vulnerables.

Afortunadamente, a través del estudio y la reflexión, es posible distinguir por contraste la luz de las sombras y, en otros casos, derechamente el error o el abuso. También hay que tener cuidado con entender el conocimiento como un fin en sí mismo, cuando en realidad parece ser una herramienta.

No es posible soslayar entonces que, en algunos casos, lamentablemente, la religión sí es el opio del pueblo, cuando a lo que nos ligamos se oxida, destruye, muere o desvaloriza por la inflación. También cuando somos negligentes o descuidados en las lecturas y reflexiones.  En definitiva y en otras palabras, las adicciones del ser humano dan para mucho y la creatividad es un talento que en su genoma procura el cambio, pero que sin sabiduría nos vuelve a la condena del mapa de los necios: el caminar en círculos, viviendo en un rectángulo.

Pero aquí es necesario hacer una segunda advertencia: también es posible sostener que las diferencias y diversidad de las comunidades son parte fundamental de la autonomía y libertad que cada una ejerce en concordancia con la autodeterminación, y eso que pregonan como sacerdocio universal de cada creyente cristiano pone en duda además cualquier jerarquía. No confundir liderar con jefatura, ni pastorear con gerenciar. Si es cierto que los dones que predican deben autorregularse en armonía, entonces, el equilibrio podría ser una práctica extendida. ¿No son los cristianos aquellos que hablan de que la Iglesia es como un cuerpo? Y un cuerpo está sano, hoy lo sabemos, cuando funciona en equilibrio: el evangelio de los funámbulos no es mal título para otro libro.

 

En otro aspecto, buscar una experiencia unificada, a través de la música, la danza y la imagen, o mediante el soporte audiovisual o el empleo de otras disciplinas, no es algo nuevo. Wagner lo intentó hace mucho tiempo. Gustav Klimt también. Por ende, advertir que en algunas comunidades que muestra el documental se utilicen expresiones artísticas para generar una atmósfera de culto más atractiva no necesariamente adolece de un error, el error podría ser prescindir o no dar suficiente énfasis a lo vital. Siguiendo el ejemplo del cuerpo, qué sería del corazón sin la sangre o del cerebro sin ella. Usted lo ha dicho: nada. Y la nada también dicen que absorbe.

El ser humano es especialista en dar culto o sacralizar cualquier cosa, de allí que algunos aseveren que la especie humana es un animal religioso, siguiendo la nomenclatura aristotélica. Es así como hasta las marcas de productos connotados hablan de experiencia de marca y de generar en sus tiendas una experiencia de consumo, a través del diseño, la música y otras disciplinas que patrocinan a fin de mantener vinculado al consumidor. En fin, que cada uno sacralice lo que quiera y que se atenga a las consecuencias, tampoco es una mala sentencia.

Para terminar, solo quiero mencionar que escuché decir a un par de argentinos que Lutero tenía algo de punk y que dio vuelta el tablero. Quizás hoy habría clavado otras tesis afuera de La Bombonera, el estadio de Boca Juniors; de algún canal de televisión o sobre algún logotipo; en Guantánamo o en alguna comisaría. ¿Quién sabe? Quizás hoy bastarían solo un par de ellas para replicar en Twitter, Facebook o Instagram:

1ª Que no solo de pan viva el hombre no significa que el dinero sobre, pero tampoco implica hacerse rico a costa de sus necesidades.

2ª Y aunque crezcan juntos la cizaña con el trigo, si el huerto no es tan solo un espacio, también es un proceso, lógico resulta entonces que convertirse en trigo lleve tiempo.

Comprenderá que desistí de escribir en contra del obsequio que alguna vez recibí y no me arrepiento. En este contexto, puede ser interesante conocer la apuesta de Pascal, búsquela si le interesa, si no… lo puede olvidar. Hay libertad para los que creen en la libertad y paz para los que la buscan y siguen.

Al terminar de ver el filme, vino a mi memoria ese relato que aparece en el Evangelio de Juan y que alguna vez escuché: “Si es pecador —refiriéndose a Jesús—, no lo sé. Pero sé una cosa: que yo era ciego, y he aquí que ahora veo”. Ojalá fuese cierto. ¿Quién no quisiera recuperar la visión pudiendo? ¿Suena prudente o no?

 

Víctor Ilich nació en Santiago de Chile en 1978. Egresado del Instituto Nacional y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae. Abogado y juez de garantía en la Región de O’Higgins. Autor de más de una docena de obras literarias. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos, escritores y críticos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris, Andrés Morales, Alfredo Lewin, Juan Mihovilovich y Marcos Buvinic.

Entre sus obras se puede citar Infrarrojo, poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le ha antologado, Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga (presentado por quien fuese ministro de la Corte Suprema y escritor Carlos Aránguiz Zúñiga y el ex ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Juan Guzmán Tapia).

Su bibliografía también incluye: La insurrección de la palabra, Arte de un ocaso vital, Baladas de un ruiseñor (poemario erótico romántico), Dragón, escorpiones y palomas, Hojas de té, La letra mata, y El silencio de los jueces, un volumen para sazonar el corazón, prologado, en su primera edición, entre otros, por Sergio Muñoz Gajardo, quien fuese presidente de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia (2014-2015).

Asimismo, hizo circular Disparates, un poemario relativo a la libertad de expresión y a los prejuicios (2016), y Cada día tiene su afán (2017), que procura motivar en la lucha en contra del cáncer, presentado por Haroldo Brito Cruz, quien también fue presidente del máximo tribunal del país, con ocasión de la celebración del Día Internacional del Libro.

Además, ha lanzado el poemario titulado Toma de razón, en coautoría junto a Roberto Contreras Olivares, poeta y ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, presentado en Hanga Roa, Isla de Pascua, en agosto de 2017.

En abril de 2018 junto a otros tres jueces penales publicó el libro Duda, texto fruto del taller literario que impartió, al cual luego de terminar denominó: “Ni tan exacto ni tan literal”.

También, en octubre de 2019, en pleno estallido social, público Venga tu reino, poemario prologado por Felipe Berríos, S..J. y Alfredo Pérez Alencart, poeta y docente de la Universidad de Salamanca.

En marzo de 2020, publicó el libro Al derecho y al revés, que recopila las columnas de opinión y crítica literaria escritas bajo el alero del diario El Heraldo de Linares, quien patrocinó su cuidada edición, en un libro prologado por Lamberto Cisternas Rocha, quien fuese vocero de la Corte Suprema.

En octubre de 2020 fue uno de los galardonados en el concurso literario Cuentos y Relatos en Pandemia de la Asociación Nacional de Magistradas y Magistrados del Poder Judicial de Chile con su relato La billetera de Héctor. Y en diciembre del mismo año, publicó junto al psicólogo clínico, escritor y editor Luis Cruz Villalobos, el poemario A la otra orilla. Este último texto basado en los doce pasos de alcohólicos anónimos.

En marzo de 2021 publicó bajo el sello Independently Poetry, el poemario Ridículum Vitae, escrito en coautoría junto a Fidel Améstica y Marcelo Uribe L´Amour.

 

Almendra Fantilli (30 de septiembre de 1992, Córdoba) Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Fotógrafa. Con trabajos en prensa y comunicación para organizaciones sociales y políticas. Colabora con las redes sociales en distintos proyectos comunitarios y autogestión. Ha realizado talleres de fotografía para niños/as y adolescentes en barrios populares. Es intérprete de Lengua de Señas Argentinas y ha investigado sobre la Lucha de la Comunidad Sorda por el reconocimiento de la Lengua de Señas en Argentina.




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