Tiberíades tiene el privilegio de publicar este poema que le surgió al destacado poeta y narrador venezolano, viendo la serie de fotografías del maestro Carlos Ayesta sobre el puente de Brooklyn
Brooklyn
Debo pensar detenidamente para luego
decidir si fue mala suerte no haber nacido en Brooklyn
Porque nosotros nacemos en cualquier parte
y si nos quieren o apenas nos ofrecen arrumacos
seguimos siendo de la familia
y comemos cosas que saben a virginidades envejecidas
en aguardiente y todo lo que arde
Las hermanas y los hermanos de mi madre
fallecieron y ella también, pero dejaron provincianas decencias
y a todos los hería brevemente la media ceguera de las cataratas
pero continuaban viviendo y haciendo sus oficios
como los seres humanos que envejecen en cualquier meridiano
y supongo que ocurre lo mismo en Brooklyn
donde hay un puente para atravesar millones de veces
el gran río donde nadie supuestamente se baña dos veces
ni siquiera los peces
Ya cumplido el ritual con Heráclito el oscuro debo lamentar
que nunca viviré en ese lugar y mi cuerpo no tendrá la ocasión
de divertirse, enfermarse y pudrirse en tan precioso monumento
pero quisiera poder mirar unos instantes todo lo que rodea
a quien va caminando al lado de su bicicleta
o encima de su bicicleta en forma de noviazgo silencioso

Comencé a enamorarme de la idea -tan metafísica- de nacer en Brooklyn
cuando tuve noción de Babe Ruth, Mickey Mantle, JoeDiMaggio,
-Marilyn infarto de amor en los jonrones-,
y Lou Gehrig el maravilloso, quien además honró una enfermedad.
Entonces lo sentí, era el puente, que hubiese recorrido desde niño
si estuviera en mi pueblo
Todo lo vertical
cede ante el señuelo gótico
y mi sombra sería de cualquier parte
En una plaza del domingo vi algo así
probablemente un poste de farol
y en mi casa hubo cabestros
caballos y arreos
Al fondo de todas las imágenes veré
lo que el cine dejó
Me atrapaste en tu red
hoy comerás ciudad
la ciudad me tragó
y me sentí tan íntimo
como si estuviera llegando en un barco
y sintiera miedo de que no pudiera
verla de cerca
(el plomizo verde, azul de tanta juventud)
Todo se junta para fundar
un universo dentro del otro

La ciudad me juraba que no lo haría más
que solo se escaparía en caso de miseria
Y yo recordaba la tinta
que se derramaba en una mesa
huellas digitales, tinta china
como un tatuaje adentro de los ojos
Sueño y despierto
simultáneamente
¿Cuánto trayecto he desandado? ¿Cuánto?
Sí: voy caminando sobre el agua
En las tramas de la vida
todo resurge
y hasta las sombras son semillas de algo
Es posible amarrar una mirada
para que se quede pastando
en el prado de las sensaciones
Cruzaré por un rostro
agitaré la luz abanderada
por los aires de un rostro
hasta encontrar el mío
Un ángel con náuseas podría ser muy raro
los ángeles solo se marean
cuando pisan las puntas
de los dos extremos
Sentía un farallón en la mirada
no ansiaba mirar tanto
mientras el viento pasaba suavemente
rezando con su espíritu de oso polar
Fundieron metales
transformaron sus cuerdas vocales
hasta que cantó el diamante
en los carbones sin tormenta

Y pusieron ojales
para que se quedaran los paisajes
Sufrir la cercanía y amar la cercanía
en una transparencia de nostalgias
Alguien tiembla, debería asumirlo
sin tomar en cuenta los tamaños del día
No hay noche, el sol se queda
todo el asunto es tan luminoso
aunque después se vayan las siluetas
Diría que flota un óxido engañando al espíritu
pero ya se avecina la verdad vertical
No haber nacido en Brooklyn
pero abrir los ojos con amor de lámparas
y despertar como si fuera
un barco a la deriva
dentro de una alegría encerrada
El leve y bello azul del blanco sumergido
como ser el mensaje dentro de una botella
y sentirse salvado

José Pulido (Villa de Cura, estado Aragua, 1945). Destacado poeta, narrador y periodista cultural venezolano. Fue asistente del director de la revista BCVCultural, del Banco Central de Venezuela, desde 1998 hasta su jubilación. Recibió el Premio Municipal de Poesía Distrito Libertador, 2000, por el poemario Los Poseídos. Fue Sub-director de El Diario Católico (1975), jefe de redacción del diario Última Hora (1978), jefe de redacción de la revista Imagen (1994) y asesor de prensa del Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber (1996). Director de las páginas de arte de El Universal (1996-98), El Diario de Caracas (1991-1995) y El Nacional (1981-1988). Miembro fundador de los suplementos culturales Bajo Palabra (Diario de Caracas) y El otro cuerpo (Suplemento del Ateneo de Caracas, encartado en El Nacional). Ha publicado los poemarios Esto (1972), Paralelo lelo (1972), Los poseídos (2000), Peregrino de vidriera (2001), Duermevela. (2004) y Nunca es un artificio el viejo exilio (2020). También es coautor de los poemarios: Linajes (1994), Vecindario (1994), Cortejos (1995) e Invocaciones (1996). En narrativa ha publicado Pelo Blanco, Una mazurkita en La Mayor (novela, Premio Otero Silva, 1989), Vuelve al lugar que se te ha señalado (cuentos), Los Mágicos (novela, 1999), La canción del ciempiés (novela, 2004), La sal de la tierra (entrevistas, 2004), El bululú de las Ninfas (Novela, 2007), Dudamel, la sinfonía del barrio en los Libros de El Nacional 2011, El requetemuerto (novela, 2012), Los héroes son villanos tímidos (cuentos, 2013), entre otros. Sus poemas están publicados en diversas antologías de América Latina, España e Italia. En la actualidad reside en Génova (Italia).

