Tiberíades tiene el privilegio de publicar este ensayo escrito por David Cortés Cabán, destacado poeta y ensayista puertorriqueño residente en Nueva York, en torno al último poemario del notable poeta croata, especialmente vinculado con Salamanca.
Aquí están nuestras almas
en el mes imprevisto, en abril,
donde duerme la isla como un ala.
Nancy Morejón
Toda poesía establece lazos que derivan, en cierta forma, de la tradición o la historia o las experiencias y relaciones del poeta con su entorno. La vida temporal del poeta fluye en el tiempo con las situaciones que lo conmueven y concretan su pensamiento. Si bien, la escritura no intenta sustituir una realidad por otra, ella puede establecer, como en este caso, un diálogo con la historia y los espacios que sustentan la visión de mundo. En La Habana Blues [1] el poeta Tomislav Marijan Bilosnič reclama esos espacios para trazar una poética de conexiones con el pasado africano, y la historia y origen del blues del sur de Norte América. Lo que el poeta percibe en la hondura de estos cánticos se proyectará acompasadamente en las experiencias de su recorrido por La Habana. Su visita tendrá una influencia directa sobre su poesía a través de una óptica que incorporará al lenguaje las experiencias de la vida y el paisaje citadino.
Los dieciocho poemas que agrupa esta selección se enmarcan en un tiempo y un contexto geográfico específicos. Sin embargo el primer poema “Borges y el tigre cazan la mariposa” [2], refiere una visión que se aparta momentáneamente del plano lineal de las composiciones con el propósito de presentar el acto creativo como una necesidad incuestionable, y como una especie de indagación donde las palabras parecen ser insuficientes para explicar el proceso poético. En este contexto la imagen de Borges y el tigre recaerá sobre el frágil vuelo de la mariposa para resaltar la intuición que parece encubrir una idea más sutil, posiblemente más compleja de las cosas que nombra el poeta. El título mismo nos introduce en la simbología del tigre borgiano, los libros y las bibliotecas, y todas aquellas cosas igualmente compatibles con el tigre de Marijan Bolosnič que traslada en esta poesía las experiencias más conmovedoras de la vida:
El tigre dorado es mariposa hecha del polvo
Solar. De la vida
pasar a la lengua la idea es de la palabra eterna
con la que en el principio nos hablaron
¡Qué locura es en vano buscar la esperanza!
Más adelante, el niño situado al final del poema sugerirá esa relación significativa del escritor y la creación poética:
Pero, ahora cuando ya no estoy en los días futuros
Si no soy tan solo un poema, para siempre
soy un niño en sus manos
Esta experiencia poética habrá que asociarla igualmente con la inocencia de la niñez evocada en la contemplación del entorno y lo que ésta transfiere al hablante en su recorrido por La Habana. Por eso, el primer poema insinuará esa transición y ese compartir con los amigos y amigas que se realizará a través del contacto real por las calles y los lugares emblemáticos de la ciudad. Estos motivos los encontramos a través de las experiencias que fijan el corpus del libro, el discurso central y el sentido solidario del poeta en su amorosa percepción de los sitios que visita. Son, pues, estos textos un conmovedor homenaje que nos permite una lectura que desde las costas del continente africano recorre imaginariamente los estados sureños de Norteamérica, se impregna de las melodías del blues y pasa por las costas caribeñas hasta instalarnos concretamente en suelo cubano.
Desde el segundo poema hasta el penúltimo los títulos evocan los motivos que se convertirán en claves significativas en el proceso de la lectura; por ejemplo, “Jesús desde el cerro mira a La Habana”, “Un paseo por La Habana”, “Mariposas cubanas” y “La Habana vieja”, por nombrar solo algunos.
Ahora bien, en La Habana Blues el poeta nos habla directamente en un lenguaje que nos permite compartir su sensibilidad y ubicarnos en su experiencia, y lo que proyecta su realidad en el poema. Por eso encontramos puntos de referencias e imágenes que atraviesan la secuencia de los textos para establecer relaciones directas con los seres y el entorno. Tomislav Marijan Bilosnič se acerca al corazón de la gente con una poesía libre de hermetismos o paradojas existenciales. Su poesía fluye libremente hacia lo que perdura de la vida y las fuerzas solidarias que unen los pueblos más allá de sus fronteras geográficas tal como revela la emoción que impregna las dos estrofas a continuación:
[…]
Como soy de feliz en este camino
en este momento peligroso
Tú todo lo haces más grande
de lo que parece
El nombre de la belleza se presiente
en el cubo sonoro de La Habana
en sus colores diluidos
Y me pregunto:
¿no está la belleza en el sonido, en la forma y el color,
en el mismo ser
en la ropa colgada de la cuerda
o en este nuestro repentino encuentro?
Tu inmenso poder un tesoro esconde
en el farol callejero parpadeante
y en la vecina casa abandonada.
O, Jesucristo,
ni puedo ni agregaría nada a este mundo y
es tan difícil aceptar lo que vemos
como definitivo
¿Qué llevar a casa en la maleta?
El paseo a mediodía o la cena a medianoche
la vista de una mujer
que cruzando la calle
desaparece
como todo lo que está hecho de movimiento
(“Jesús desde el cerro mira a La Habana”)
El camino (…soy tan feliz en este camino) del que habla el yo lírico evoca el encuentro con una nueva realidad que arroja de sí la angustia para convertir el presente en dicha recobrada, y para mirar las cosas en función del paisaje que trasciende la vida. Ciertamente esa alegría supone un camino espiritual en el que todo adquiere un significado más íntimo para el poeta. Ese camino también fundirá aquel conocimiento del pasado con uno más fecundo y real. Por tanto, esa visión del presente resaltará una y otra vez la dimensión espiritual de ese caminar, pero ¿acaso conocemos el camino del poeta? Seguramente sí, si nos dejamos guiar por la riqueza que aúna su caminar con nuestra lectura:
[…]
Dios mío, en todas partes la misma esperanza
Tus manos suaves alas son de mariposa
con polvo de Mar Caribe
Somos uno y somos todo en todos
Entre el aliento que aspiro
y el que respiro
está toda la vida en el grano de tu bolsa
Callo y camino tomando el aire
en la grieta del cielo
con el pañuelo de seda
en el cuello
Aquí no tengo ningún conocido
excepto las hormigas aladas del África negra
igualitas a los grillos
si esto simplemente se puede y
debe entender
En tu mirada Nancy Morejón
me da la mano
y nosotros vamos a recoger las ovejas de la patria lejana
su cara se abre como si fuera el cielo
y sus palabras son una tumba criolla
en la que se multiplica el sol africano
En la iglesia de San Francisco en La Habana
leo los poemas de mi África
en los ojos de una joven el perenne
se transforma en fervor
¿Tendría que haber nacido aquí?
Como girasol me volteo
tras aquellos que escuchan mis versos
sin entender que se trata del umbral
de mi casa
(“En la iglesia de San Francisco de La Habana”, Para Nancy Morejón)
La casa de la estrofa anterior en el verso sin entender que se trata del umbral / de mi casa…conlleva connotaciones más profundas. Por ejemplo, la imagen de esa casa habitada por todos y percibida juntamente con la visión espiritual de la iglesia de San Francisco se corresponde con aquellos que entienden que la poesía y lo espiritual contienen un significado más contundente en la vida del que comúnmente le damos.
En “Un paseo por La Habana” salimos a observar la intensidad del espacio frente a las cosas que rodean al poeta. El latido del mundo entra en su sensibilidad y le señala la fragilidad de la vida en el tiempo. La mirada recoge la realidad que fluye como un río caudaloso por las calles de La Habana y lo que permanece del ambiente se refleja emocionadamente en la poesía:
La huella de los pies de calle en calle
se desliza como la luz
y pasa a la sombra
El mundo es bello
y la vida mucho más pesada
Del idioma de los transeúntes se extiende la mano
y nos lleva lejos del dolor y de la melancolía
Nos siguen y los perros
en cada calle del pasado
Las flores llegan hasta las ventanas
abriéndolas con el gorjeo de los pájaros
Respiro verde pensando en el jardín en Zemunik
Por el olor reconozco las calles
calles parecidas a campanas
Ellas llevan el susurro de los pasos
y La Habana se rompe en el espejo
de la mujer cuya felicidad está en los ojos
Aquello que rompe la tempestad, lo cicatriza el sol
Aquí la gente se alimenta con la risa
y así descubre los secretos
los cuales y los peces callan
Archipiélago de islas lejanas
como las razones del corazón
nos enseñan el paseo por La habana
Aquí nuestros pies están atados por la luz de la luna
y no nos queda nada más
que entregarnos a la lectura de la poesía
(“Un paseo por La Habana”, para Zeljka Lovrenčić)

La frase “…idioma de los transeúntes” va haciéndose más profunda en el modo en que el poeta se relaciona con el ambiente. Las palabras adquieren también un matiz más subjetivo. Su textura semántica nos ofrece más posibilidades interpretativas de la felicidad del camino que nos da una perspectiva más abundante de los seres y la experiencia de ese caminar. Aun las islas que parecerían estar fuera de la percepción del hablante, entrelazan aquí la visión mística de la naturaleza en el esplendor de la ciudad sumando así un particular modo de sentir la esencia de las costas en toda su grandeza:
Archipiélago de islas lejanas
como las razones del corazón
nos enseñan el paseo por La Habana
Es entendible que al pasar de un poema a otro también cambie el ambiente y el propósito poético que lo ordena. Naturalmente un poema contiene en sí mismo su propio asunto, es decir, el tema que deberá corresponderse con la realidad que trata. Esto sucede en toda poesía. Por eso los títulos eslabonan la visión parcial o total que sostiene la estructura y el ordenamiento de los textos a través del libro. Por ejemplo, en “Finca Vigía” [3] entramos con el poeta a la casa de Hemingway. Estamos ahora frente a un cuadro que nos impacta por la emoción y la atmósfera allí recreada. Todo lo que observamos sintetiza en un mismo espacio distintas percepciones de la realidad:
[…]
Trato de enfocar la máquina de escribir
marca Royal
Esta tarde todo es mío
La barba blanca y también, el pelo,
las mesas en el jardín y el polvo en los libros
los ojos con cicatrices de flechas
de la tribu Wakimba…
Y también,
No hay nadie en el jardín
ni en la casa
como si aquí hubiese vivido Faulkner
Jóvenes americanas con la munición en los ojos
apuntan a los trofeos de caza
Como gacelas e impalas se asoman por las ventanas
arrullando el espíritu de la niñez de Hemingway…
Ciertamente en este poema, la Finca Vigía, el bar Floridita, la casa, el jardín y todo lo que condensa el tema se percibe a través del modo de vivir de aquel pasado, de aquellos instantes iluminadores. El poeta Marijan Bilosnič crea un cuadro ilusorio de los espacios que albergaron la presencia del novelista norteamericano en una época lejana:
En la casa de la Finca Vigía
Hemingway vive hace ya mucho tiempo
como león perseguido
Nadie dice de qué tribu viene
Todos están ocupados con la preparación del muerto
puesto en el espacio de la casa
con un par de dientes amarillos como recuerdo
Apartar la mirada de un poema para entrar en otro, conlleva una nueva óptica. Naturalmente, en la construcción del discurso poético un poema constituye siempre un eslabón importante. Es decir, representa por sí solo un escenario con sus propias características, pero la idea que lo rige actuará siempre en función con el resto de las composiciones. Es de este modo que la lectura de “Mariposas cubanas” nos coloca ante un nuevo escenario, nos da la impresión de que hemos cambiado de lugar junto con el poeta. Casi inadvertidamente nos llena de emoción algo que no habíamos visto en el ámbito del poema. Sin embargo no es necesario explicarle al corazón lo que sentimos a veces sin darnos cuenta, o lo que yace oculto más allá del sentido de las palabras. Simplemente nos dejamos llevar por la emoción que nos embarga, por la melodía del lenguaje. Por eso, en este mismo instante somos los seres que persiguen una mariposa:
El cielo que hace poco fue un océano alto
ahora está lleno de las alas multicolores
de las mariposas cubanas
Las mariposas esquivan el sol y los sueños
como risueña y bella juventud
La vida es apenas el sonido de la espuma del océano
Las olas golpean el cerco de piedras de La Habana
los azulados peces sienten mi corazón
rosas, nubes
llenas de mariposas
Estas mariposas podrían referirnos a la primera mariposa del poema “Borges y el tigre cazan la mariposa”, pero en verdad no son las mismas. Lo que acontece en uno y otro poema tampoco es igual. Acá las mariposas despiertan al amor bañadas por el sol caribeño en las calles de La Habana. Sus alas tiemblan llenando el espacio de múltiples y brillantes colores. No obstante, en el ambiente de este poema todo se presta a la evocación del amor. En el tembloroso zigzagueo de las alas de las mariposas el amor habla al corazón, y la magia del momento impregna la vida del poeta de un sentimiento que no sabríamos tampoco explicar:
De un momento los colores del arco iris de las alas tiemblan
y enseguida tras de nosotros se cierran
No sé qué ala está ahora contigo día
y cuál noche
Con tinta verde escribo
invocando a Neruda
(…)
Lo que capta el poema llena la atmósfera de mariposas (Las alas de las mariposas como dos caras que arden de amor…) y de la esencia temporal del amor. Se requiere de un gran corazón para verse reflejado en las alas de las mariposas. Por eso habrá que entender la presencia de las mariposas como un cuadro pasajero de la vida, y la hermosura de las alas de las mariposas como una manera de resaltar el amor contra la dureza del mundo:
(…)
La ciudad se parece a tu vestido multicolor
a luz empapada de vino
Te amo de la manera en la que vivo,
dejando toda la carga
a las alas de las mariposas
¿Cómo percibimos al tigre que anda por la Plaza de la Revolución? ¿Es un tigre real? ¿Es un tigre ficticio? En cierto modo podría ser ambas cosas, pero no lo es. Es soló un tigre simbólico, un tigre que transforma su realidad para reflejarse en los motivos y convergencias de la poesía, como si lo imagináramos paseándose a plena luz del día por las calles de La Habana. Y es que la relación de Tomislav Marijan Bilosnič con los tigres es ya una imagen emblemática de su poesía. Por ejemplo, su libro El tigre [4] se elabora toda una concepción del tigre literario en la visión del mundo del poeta y de los tigres. En el poema “El tigre en la Plaza de la Revolución” se observa esta relación también. Todos los que han llegado a esta ciudad a compartir el mundo jubiloso de la poesía quedan integrados de la realidad que mueve al poeta-tigre por estos mundos:
(…)
En la Plaza yacen tigres
Siete tigres dorados
y siete tigres negros
siete tigres dorado-negros
En el verdor que crece en las caras de la gente
las blancas estatuas de los parques de La Habana
armadas de belleza
Delante de ellas está parado el tigre
no se mueve
no piensa pasar otro camino
El poema “En el Festival Internacional de la Poesía en La Habana” trata exactamente de eso. Una descripción que nos comunica una nueva experiencia del ambiente, un lugar donde la palabra poética triunfa contra el olvido y enaltece así la visión del paisaje mientras la luz gravita sobre la vida enriqueciendo y concretando el sentido del amor y la amistad.
Ayer llovía,
y hoy también
Mi corazón golpea cono techo de hojalata
en el aguacero
(…)
Los escritores suben por los senderos de la amistad
cada uno se pone bajo
su árbol…
Por otro lado, en “Casa llena de arena y de silencio” los sentimientos entran como el viento que levanta los sonidoS de la mañana y va depositándolos sobre el tiempo. Vamos por el camino espiritual que nos hace reflexionar sobre la breve huella de nuestros pasos sobre la tierra. Pero también la resignación de las cosas perdidas, la casa que existe en este lugar para que el silencio nos cuente su historia olvidada. Pero la historia fundada en la fragilidad del ser y la materia, es decir, todo lo que existe como una referencia de la vida en el tiempo. Lo que destaca el asunto del poema es justamente la añoranza de esa casa habitada por los recuerdos, la blancura de la arena en la calidez de la mañana, la nostalgia de los seres y las cosas:
El ardor insensible de la casa al mediodía
Cada rato cambia el color de las paredes
que se parten
y cada cosa es como arena en el desierto
(…)
Y luego:
Bajando la casa caen verdes enredaderas
y ni sombra de aquellos que vivieron en la casa

Uno de los poemas más extensos y de mayor hondura espiritual es el que trata sobre La Habana Vieja. El enfoque marca la visión de la ciudad evocada en la concepción lírica del tiempo y la historia. El poema, dividido en cinco apartados, traza el perfil de la ciudad sobre un fondo de sorpresivas imágenes. Su estructura nos permite adentrarnos en la naturaleza temporal de los seres y de las cosas que proyectan una particular visión de la vida. Cada imagen avanza prolongando sus tonalidades y nostalgias. La soledad y el silencio, el esplendor y la alegría, la historia y todo aquello que contiene la felicidad temporal de la vida viene ahora a señalarnos los límites del tiempo. En este contexto, lo que dice el poema quedará reflejado en la existencia de cada ser. Por eso el contexto poético obedece a ese caminar, y a esa percepción de las cosas que sentimos presentes, aunque sean solo un recuerdo de su esplendor en el tiempo. El escenario de la ciudad contemplado por el hablante contiene también la brevedad de sus pasos sobre la tierra, y asimismo la realidad del pasado y también del presente. En otras palabras, La Havana no es tan solo ese espacio donde la vida acontece, sino también la historia de las luchas y situaciones que se funden como coordenadas en el tiempo:
Todo tiene su tiempo;
ello pasa y
viene nuevo
Solamente cambian los bancos que junto a la pared
Separan La Habana del Océano
(…)
Entre aquello que ya sucedió
y aquello que nunca vendrá
el corazón es un puñado de polvo
(…)
¿Existen todavía aquellos que recuerdan
el pasado y hablan de él,
de la comida, bebida y libros?
¿Existen aún aquellos que como cisnes navegan por el archipiélago
en un mar más denso que la tinta?
¿O es La habana tan sólo un presentimiento
de la vida que no tenemos juntos?
(…)
En La Habana todo es poesía,
desde la salida hasta la puesta del sol está en las alas de los ángeles
junto con los pájaros invisibles en las nubes
No se sabe qué está hecho
de tierra
qué de mar
y qué de cielo
(…)
En la miseria y en la abundancia
La Habana enseña la decencia en la vida
la igualdad de los semejantes
(…)
(“La Habana Vieja” / Zeljka y yo)
El poema “Postal de La Habana” es en realidad un texto sobre el amor, pues el eje central, aunque matizado de otras realidades lleva en su movimiento un mensaje amoroso. En efecto, lo que parece una acción natural (una postal enviada a alguna amada ausente) irradia el sentimiento y las ocultas bondades del amor. No sabemos, ni creo que podamos conocer a quién va dirigida esa postal. Tampoco importa saberlo. La vida es en sí misma un camino que se recorre para que el destino devele su voz interior. Así parece suceder en este poema. La voz del poeta quiere hablarnos de sensaciones en las que podríamos entrever nuestra propia realidad. ¿En qué se piensa cuando se escribe una postal? ¿Qué dice el corazón cuando el amor está ausente? A veces es imposible encontrar una palabra para definir lo que pensamos del amor cuando caminamos por lejanas ciudades:
Te escribí una postal
en la que las palabras llegaron al silencio
el sol las ha borrado
el mar anuló la lejanía
(…)
Las palabras son absurdas en la postal multicolor
no sé qué relación tienen con nuestras vidas
sólo son la señal
de que me haces falta
ahora estoy sentado solo en la mesa solitaria
esperando el buque
y a ti en mis brazos
(“Postal de La Habana”)
Posiblemente la postal no baste para mostrar todo el sentimiento del poeta. Las palabras nunca son suficientes y la postal puede ser una excusa para meditar en los caminos de la vida. La palabras giran como mariposas que desaparecen en la luz del paisaje.
El poema “Mojito” [5] ofrece otra ocasión para complementar el pasado y el presente en una sola imagen. Podemos reflexionar en lo que abarca la mirada, pero también en las cosas que hacen meditar al poeta. La bebida propiciará, en cierto modo, el ensimismamiento del ambiente que rodea al hablante y lo proyecta lejos de su inmediata realidad. En el fondo, el poema nos internará en diferentes planos del trópico, su historia, los caminos y los colores del cielo y de sus fronteras:
(…)
En la playa de una tierra lejana
la luz se levanta del mar como pez espada
la luna llena del dolor que quema
mis entrañas
En “Sol caribeño” otra vez el pasaje cubano adquirirá dimensiones poéticas distinguibles por quienes son capaces de intuir la realidad de la vida en el tiempo. Contrario a quienes buscan un significado material de la vida, el poeta percibe el sentido de las relaciones humanas mucho más allá de lo que abarca la mirada en el paisaje. ¿Qué piensa el poeta y qué recoge su mirada? Posiblemente piense que el amor es más fecundo cuando se anda acompañado, no al margen de la vida, sino dentro de una realidad más fructífera y solidaria. Así lo espiritual se abrirá paso allí donde la mirada lo acerque al encuentro de lo inadvertido, es decir, lo que devela el paisaje en el transcurso de su emocionado caminar:
Todo lo visible duerme en la lana del sol
Eso es el ojo divino de la forma
panales con millón de ventanas hechas de contrastes
(…)
El sol está en la piel del tigre
que nadie ha percibido…
Otra vez el tigre emergerá para expresar su relación con el camino que lo lleva de contemplación en contemplación, indicándole que la belleza está en todas partes. Para el tigre no hay mayor emoción que extasiarse frente a la mañana y contagiarse del esplendor de la ciudad para contemplar el océano o la tempestad o escuchar la lluvia en su lenguaje encantatorio, no de las sombras o la soledad sino de la luz llenando la atmósfera de brillantes colores. Esto es lo que encontramos en el poema “Tempestad tropical”. Por eso el escenario de la mañana hablará al corazón del poeta, el cielo y las nubes traerán la lluvia como la bondad de las manos de Dios. Entonces, el sol asoma y La Habana despierta y se engrandece más y más en la profunda luz del cielo caribeño:
La primera mañana en La Habana tallada por una tempestad
Frente a nosotros la pared
El océano sobre las cabezas abre el cielo
(…)
En la cima del tiempo el agua
enfurecida
de un golpe quedé sin camisa
Hoy la tempestad es mi voz
invocación solitaria
(…)
El Caribe
en mis manos
en la selva de la lengua
última mirada al camino que he recorrido
(“Tempstad tropical”)

Cada poema es una unidad que se expande y proyecta distintas facetas de la ciudad, como apreciamos en “El mar caribe”. Todo atrae la mirada del poeta y lo impacta por dondequiera que camina. El mar lo llama desde el relampagueante oleaje, pero ¿qué dice el mar cuando un poeta camina lejos de su patria llevando en su poesía la imagen cósmica del océano? He aquí la visión del mar:
Fantástico. Todo es real.
El destino y la inspiración
(…)
Cada ola es una máscara
agua por la que vienen las galeras
de Puerto Rico y de Cuba
acercando las islas a
los árboles en hoja de pluma de pavo real
(…)
Y luego:
Más bello que la poesía,
el espacio se desliza, el tiempo se detiene
en las cuevas de lecho marino
azul, verde, dorado
Oscuridad que ilumina la
seda de amor
y solitariamente murmura con los murmullos del agua…
(“El mar caribe”)
¿Cuál es la metáfora del mar que se desliza en el tiempo? ¿Qué podría derrocar la grandeza del amor? El tiempo sigue marcando los pasos del poeta, el pasado y el presente se funden en una imagen cósmica de la vida que nos sitúa frente al mar. Todo concreta la luminosidad de un espacio que es mucho más inmenso de aquello que la mirada pudiera abarcar. El amor murmura en la voz del oleaje como iluminando la orilla del mundo en la imagen totalizadora de la vida a través del tiempo porque “ilumina la seda del amor”. Porque el mar como el amor transforma el paisaje marino en un profundo cántico, y se corresponde con la voz del oleaje para depositarlo en el corazón del poeta.
El poema, “Junto al monumento de Gabriel García Márquez en la Casa de la Poesía”, proporciona una ocasión para mostrar otra realidad. Es decir, la que traspasa el sentido de lo real para revelar la interioridad del hablante en la expresión de su propia imagen. El monumento adquirirá dimensiones cósmicas y se convertirá en un mundo de abstracciones, figuraciones y sueños. ¿Qué pasaría si de repente el monumento adquiriera vida? Es cierto que los monumentos ni los objetos adquieren vida, pero en la perspectiva del poema cada espectador sueña a su modo, y transfiere a su imaginario el del novelista colombiano. Así el monumento de García Márquez no será para los poetas una pieza más de museo, ni una pieza simbólica anclada en este lugar del mundo, sino la imagen viva que perdurará en el pensamiento de aquellos que lo admiran y han leído su obra:
A la poeta de Paquistán
florecen lotos en sus ojos
Su pañuelo es
la blanca luna intacta
sobre la cabeza de Márquez
(…)
Los poetas el encuentro con el monumento lo viven
como encuentro con el papel blanco;
poco faltó para que clavaran los lápices
en su camisa de lienzo blanco
Nadie logró armar el espejo roto de
recuerdos y sueños
(…)
Terminamos de leer un poema y entramos en el paisaje interior de otro. En el poema que sigue, la imagen de Martí traza líneas que rompen el sentido lógico del pensamiento para llevarnos más allá de cualquier realidad posible. El lenguaje figurado nos revelará a un Martí transfigurado en un torbellino de imágenes. Iremos entonces por un camino de múltiples visiones que impregnarán el movimiento del poema de otras referencias. La esencia lírica habrá que intuirla desde el plano mismo que enaltece las luchas, la libertad y la vida. Esto nos permitirá ver a Martí mucho más allá del espacio real, y mirar al apóstol de la independencia cubana en su dimensión cósmica y en el plano de su inmensidad:
José Martí El Tigre Rojo de Cuba
José Martí El Tigre Blanco de América
José Martí El Tigre Azul del Caribe
José Martí El Tigre Negro de España
Cuatro tigres en la selva
traen a casa lo que cazaron en la vida
Cuatro tigres en la época del hacha, la espada y el viento
en el cielo como en su cabaña
José Martí en el grano de maíz
José Martí en la piel del jaguar
José Martí en la panza del anfibio
José Martí en todo lo que sabe ser esclavo
Ellos son gemelos
pasaron las aguas por los mismos puentes
por las mismas escaleras subieron
y bajaron a la boca de la tierra
José Martí con la lengua busca su pueblo
José Martí de hombre a hombre se va a la muerte
José Martí y a los niños les pide perdón
José Martí con indiferencia recibe el cuchillo
al corazón, en el alba, cansado de milagros
revolucionario que se guía por el calendario
con amor escribe versos sobre la patria
que cubrieron el tiempo y las lluvias persistentes
José Martí, flauta colgada sobre el abismo
José Martí en la puerta de cada casa deja la sonrisa
José Martí en las hojas de agaves espadas
en la bahía Las Playitas
que huele a las venas de árboles marchitos
el poeta en las cimas aún desconocidas de las palabras
José Martí más allá de lo comprensible y el tiempo
(“José Martí más allá de lo comprensible y el tiempo”)

El último poema del libro relaciona la íntima expresión del tango con la necesidad del yo poético en su manifestación con la naturaleza. No irá aquí el poeta tras aquella primera visión contemplativa del entorno. La intensidad de su mirada revela un distinto matiz. La temporalidad de la vida cerrará la experiencia de aquella primera visión de La Habana frente a la realidad de un cuerpo que quisiera ser quizás una etérea partícula con el universo. De ahí que la reiteración de la frase “…y nada más” evoque ese deseo aún no realizado que afirmaría, si ocurriera, esa realidad. No obstante, la persistencia de esta frase expondrá no solo la necesidad espiritual del yo lírico, sino también la visión integradora de ese vivir. En otras palabras, el deseo de sentir la melodía del tango como una forma existencial y como un referente del yo en el tiempo:
Sé mi tango y nada más
las nubes navegan, el cielo cambia
El sol se está poniendo, la luna con las estrellas
como la hierba y el sueño en la noche se anuncia
Toca el bandoneón y nada más
Los cuerpos son tambores y violines
el cielo que sangra con mi sangre
cuando la lluvia aparece en las pampas
Cásame con el viento y nada más
Los caballos con sonrisa están ensillados
a los lirios y las rosas de mi vida
desolación en sus manos lleva
(“Sé mi tango y nada más”)
Hemos llegado al final, la melancolía del tango llena el ambiente. Las nubes navegan por el cielo de La Habana. El paisaje cambia de color y el sol deja caer su lejano esplendor sobre las calles. Asoman las primeras estrellas. Hemos caminado con el tigre de Croacia que ha venido a mirarse en el centro de la Isla amada. En el silencio de la noche escuchamos el ritmo nostálgico de un bandoneón. La melodía parece descifrar lo que ha quedado en suspenso, sugiere muchas cosas que regresan furtivamente con el viento como si la música quisiera fijar la mirada en la ciudad que va alejándose. Así es la poesía. Nos ofrece lo más humilde y deslumbrante: la lluvia, el viento, los lirios, las rosas que nos recuerdan la fragilidad de la vida y los instantes luminosos. El poeta nos dice que existen muchos modos de mirar la vida en este hermoso libro, La Habana Blues. Por eso no será extraño que un tigre nos acompañe mientras avanzamos por el camino, para Qué Dios nos dé tanta paz / que el gorrión no nos deje en paz / ni un momento / cantando sin cesar [6].
Nueva York
Primavera, 2022
[1] Los 18 poemas que componen este poemario pertenecen al libro La Havana Blues, 3000 Godina Zadar, Zadar, 2019. La traducción al español para esta selección fue realizada por la escritora y traductora Zeljka Lovrenčić.
[2] Habrá que tener presente aquí la dualidad del tigre, o la imagen del tigre en ambos poetas. Tanto Borges como Marijan Bilosnič presentan al tigre como un símbolo representativo en su obra poética. La visión que transmite uno y otro autor depende del sentido que implica aquí el título. En el contexto connotativo de la palabra podríamos imaginar, y es casi seguro, que el tigre representado sea el poeta mismo que escribe estos textos, es decir, Tomislav Marijan Bilosnič, acompañando imaginariamente a Jorge Luis Borges por las calles de La Habana. Puede suceder también que ambos poetas vayan tras esa mariposa representativa de la imagen del tiempo en la poesía.
[3] La Finca Vigía, convertida en un importante museo, es uno de los lugares emblemáticos de La Habana. Allí vivió Ernest Hemingway (1899-1961) un tiempo con su cuarta y última esposa, la periodista Mary Welsh. En esta casa también escribió la novela El viejo y el mar por la que obtuvo el Pulitzer en 1953, y un año más tarde el Premio Nobel.
[4] Tomislav Marijan Bilosnič, El tigre, Salamanca, Trilce Ediciones, s.f.
[5] El mojito es una bebida cubana.
[6] Tomislav Marijan Bilosnič, Molitva Svetom Franji, Godina Za Dar, Zadar, 2022. p. 11.
