Colaboraciones

Manuel Orestes Nieto: “La poesía ayuda a vivir”. Entrevista de Petruvska Simne

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Bordada a los océanos
donde la espuma hace deslizar
los cristales de las arenas y los sueños
con su continuo gotear de preguntas
olorosa a las anchas tardes
de sus nubes robustas y grises
como oráculos de lluvias puntuales
la patria ha sido una mujer entera
sin necesidad de maquillaje
mirando la claridad
y resistiendo la embestida
que no pudo derrumbar su casa.

Manuel Orestes Nieto,
del libro Panamá en la
memoria de los mares
.

En la introducción del libro El Arco y la Lira, el poeta Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990, dice: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar el mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito”.

Y esta cita describe perfectamente al poeta panameño Manuel Orestes Niño. No son los premios los que sobresalen en la biografía de Orestes Nieto, sino esa pasión por develar cómo es el alma, hasta en su más íntimo resquicio, de los seres que pueblan Panamá.

Orestes Nieto con su poesía recorre y narra su historia familiar pero sobre todo y paralelamente, define la historia de Panamá, pero no la historia oficial sino la revelación de las penas cotidianas, de las injusticias diarias, de la marginación consuetudinaria, del maltrato recurrente, historias convertidas en poemas que muestran la lucha perenne por alcanzar justicia y libertad para todos los ciudadanos.

Una historia desgarradora desde sus inicios, que muestra cómo han aporreado la vida del panameño, cómo la han vuelto pedazos y sin embargo se vislumbra la fortaleza espiritual del panameño, cuyo corazón renace siempre como un canto, una fuerza de fe y esperanza en lo que puede realizar con sus manos, su cultura, su modo de existir entre dos mares.

Para describir esa historia patria, Orestes Nieto tomó un poco de cada recurso estilístico que la poesía puede brindar, verso libre, prosa poética, lenguaje coloquial, estructuras narrativas hibridas buscando contar con toda la poesía posible esas vivencias desgarradoras y profundamente humanas.

Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró cinco veces: 1972, 1983, 1996, 2002, 2012, considerado además el poeta que cambió la poética panameña contemporánea y marcó el antes y el después en la poesía de su país y también de Centroamérica, como afirman críticos y especialistas, entre los que se encuentran Gloria Guardia de Alfaro, novelista, ensayista y académica panameña-nicaragüense quien escribió:

“Manuel Orestes Nieto, sin duda la voz poética más representativa de nuestro país en estos momentos.  Si afirmo lo dicho es porque conozco su obra, y en ella he encontrado la fuerza lírica, el talento literario, el conocimiento de nuestros mitos ancestrales y de lo que Unamuno denominó la intrahistoria de un pueblo.  Es más, una nación -y esto lo sabe Nieto- refuerza su identidad a través de las más altas manifestaciones de su cultura.   Y en esa medida, considero que la obra de Manuel Orestes, debe traspasar los límites de un territorio y ser leída, estudiada e incluid en las principales antologías de poesía en lengua española.   Es así como la compleja realidad de Panamá quedará plasmada, de manera apasionada y rigurosamente estética, y propiciará una sobria reflexión crítica”.

Para la directora de la Academia de la Lengua (2014-2018), escritora y profesora de gramática en el Departamento de Español  de la  Universidad de Panamá, “La poesía de Manuel Orestes Nieto ha dado un salto hacia la construcción sólida de la literatura panameña y de una sociedad que cultive y que quiera una buena vida en el mejor sentido: reflexionando sobre su situación, sintiendo a la gente de su época y la historia del ser humano, surcando la mar profunda desde el tiempo, desde la antigua advertencia de la existencia de altamar, en cuyas profundidades pueden haber ido a para las aguas de los ríos. Ello significa que si por un lado los artistas y escritores panameños como Manuel Orestes han  armado con sonidos, luces y sombras, con movimientos  y con palabras  una poesía; si el escritor ha ido construyendo con fervor una obra significativa y bella; no ha faltado un lector que nos diga cómo tocaron las palabras su intimidad, y otro que se preguntara de qué manera, con qué materiales, con qué herramientas, guiado por qué pensamiento y desde dónde pudo realizar Manuel Orestes su bello trabajo poético”.

El escritor cubano Luis Manuel Pérez Boitel, Premio Casa de las Américas 2002, comenta que “El dominio de las formas que articula bajo sus versos nos hace recordar movimientos literarios que enmarcaban las palabras en su sonoridad y espacio.  Sin embargo, en Orestes Nieto, en ocasiones, estas se hacen irreverentes y nos conducen a encrucijadas donde pudiéramos aseverar que nos impone ciertos sortilegios, especie de filosofía esta que nos advierte sobre el amor y la muerte.  Es como si estuviéramos en presencia de un hombre que ha cultivado el arte de la luz, la desfragmentación de esta a través de un prisma para desdibujar el camino final del hombre. Manuel Orestes Nieto se nos presenta como una de las voces más auténticas en el panorama de la poesía del continente americano”.

Rommel Escarreola Palacios, historiador y crítico literario , en un escrito publicado en el diario La Prensa, en el 2016, señala que: “Desde el punto de vista temático, lo que impulsa a Manuel Orestes Nieto en convertir en poemas el amor por la patria y el mar es “el intento de compartir y trasmitir lo que siento y sentimos por nuestra patria, su  convulsa historia, su esfuerzo supremo de ser nación, de flotar en el plato de agua de dos mares, su vértigo geográfico, el uso y abuso del territorio por potencias imperiales, lo colonizado que fuimos (los panameños), todo ello ha sido motivación, incluyendo a aquellos que anónimos, invisibles, sencillos, han hecho este país, lo han amado y han muerto por él. La poética es un canto que con respeto y rito es expresión de gratitudes. Panamá es una tierra dulce y agua salada, es nuestra casa, nuestro alero, nuestra nave y siempre nuestro horizonte.

Lo lírico y lo civil conviven en sus textos complementándose y justificándose, donde individuo y mundo están indisolublemente integrados, donde se hace posible un mundo de creación y realidad, de goce y compromiso, justamente en el que somos responsables de nuestra libertad.  Este es el mérito mayor de dicho poeta, integrar elementos tan varios, hallar su oculta complicidad como la del cristal y la luz, porque de esta forma se halla el origen, se entrevé y retoma el sentido de la vida con el que debe (re)construirse el futuro, que en un fin es apostar porque siempre esté presente la existencia”.

Manuel Orestes Nieto, Panamá, 1951. Licenciado en Filosofía e Historia por la Universidad Santa María La Antigua de Panamá.  Embajador de Panamá en Cuba, la República Argentina y el Reino de España. Director de la Biblioteca Nacional. Subdirector del Instituto Nacional de Cultura y Director de la Editorial de la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS).  Ostenta la Condecoración de la Orden de Mayo, en el grado de Gran Cruz, otorgada por el gobierno de la República Argentina (2007); la Orden General de División Omar Torrijos Herrera, en el Grado de Gran Cruz (2009) y la Orden Isabel La Católica, en el Grado de Encomienda de Número (2009); la Medalla Gabriela Mistral de Chile. Jurado del Premio Casa de las Américas (2015). Doctor Honoris Causa por la Universidad Especializada de las Américas (noviembre 2017). Académico de Número de la Academia Panameña de la Lengua, ocupa la silla L, desde 19 de noviembre de 2018. Condecoración Nacional Rogelio Sinán de Panamá (2022).

Premio Nacional de Literatura «Ricardo Miró» de poesía en cinco ocasiones: Reconstrucción de los Hechos (1972), Panamá en la Memoria de los Mares (1983), El Mar de los Sargazos (1996), Nadie llegará mañana (2002) y El deslumbrante mar que nos hizo (2012).  Premio José Lezama Lima en poesía 2010, de Casa de las Américas, por su obra reunida de cuarenta años: “El cristal entre la luz.”  Premio «Casa de las Américas» 1975 de poesía con Dar la Cara. Premio Extraordinario de Literatura “Pedro Correa”, 2000, a la excelencia literaria de su obra publicada. Alta Mención Honorífica del Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán, poesía, 1999, con su poemario: Este lugar oscuro del planeta.

Es autor, además, de: Poemas al hombre de la Calle (1968-1970), Enemigo Común (1974), Diminuto país de gigantes crímenes (1975), Oratorio para Victoriano Lorenzo (1976, 2025), Poeta de Utilidad Pública (1990) y la antología Rendición de Cuentas (1991) que recoge veinte años de su producción poética.  El imperecedero fulgor (1996); El legado de Omar Torrijos, Panamá, dos ediciones: 1997 y 1999. El país iluminado (La Rama Dorada, Ediciones Literarias, Panamá, 2001 y segunda edición, 2003); Ala grabada en blanco (La Rama Dorada, Ediciones Literarias, Panamá, 2001). Ardor en la memoria (2008). Altamar (obra reunida de 45 años de poesía, ediciones: 2013, 2016, 2019, Panamá; edición en Guatemala, Catafixia, 2020) La titánica proeza -Hitos del Canal de Panamá- (edición conmemorativa a los 15 años de su reversión a Panamá del Canal, ediciones de la ACP, 2014).  Aquí nací y moriré (texto poético multilingüe, en 17 lenguas,dos ediciones, 2016). Realizó los textos biográficos sobre Humberto Ivaldi y Fernando Zárate y Dora Pérez de Zárate, para Protagonistas del siglo XX panameño, Debate de Pengüin Random House, Grupo Editorial de Colombia, 2015.

Ha publicado múltiples valoraciones de crítica literaria y artes plásticas. Sus poemas han sido traducidos a 17 lenguas y forma parte de importantes antologías de poesía en Latinoamérica y Europa.  Desde el año 1996, el Ministerio de Educación de Panamá, recomendó el conjunto de su obra literaria para ser leía y apreciada por los estudiantes y la comunidad educativa de Panamá. Es considerado como uno de los escritores más importantes de la literatura panameña contemporánea.

– ¿Me gustaría que hablara de sus antecedentes familiares? Creo haber leído que su padre era cubano. ¿Es cierto? ¿Su madre era panameña?

– Mi padre era de un pequeño pueblo en Cuba, Majagua en Camagüey. Vino a Panamá en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, detrás de una tía que había emigrado años antes. Teresa y su marido tenían una abarrotería en un barrio popular de la ciudad de Panamá y lo pusieron a trabajar en esa tienda.  Allí, conoció a mi madre, quien vivía al frente. Y por allí fuimos naciendo nosotros, cinco hermanos y de los cuales soy el segundo. Mi infancia transcurre en ese barrio, que se llama Santa Ana, que en época fue parte del centro vital de la capital del país.

– ¿Podría comentar si su padre o su madre influyeron en su vocación por la escritura y la lectura?

– Ellos tuvieron un marcado sentido de darnos la mejor educación posible. Fui a uno de los mejores colegios del país, regentado por religiosos jesuitas, por gestiones de mi madre y una beca que me permitió ir a esa escuela.  Una influencia directa por la escritura no, por educarme sí, fue su obsesión, su manera de darme lo mejor que podían.

– ¿Guarda algún recuerdo de la infancia que no ha podido convertir en poema?

– Vasta e intensa fue la infancia.  Un albedrío sin par. No era asunto de tener todo lo material, era la libertad misma, un espacio sin límites y reconocerme en mis raíces culturales y en el cemento de una ciudad que amamos. He escrito con vehemencia de esos años, como quien esculpe en la memoria, no como quien solo recuerda.  Aún quedan pendientes muchos momentos y circunstancias, que creo no me alcanzará la vida para terminar de evocarlos y escribirlos.

– Sus poemas hablan de seres marginados por la pobreza, por el color de la piel, y también de las injusticias que los rodean ¿Cómo se formó esa visión en usted? ¿Fue una manera de exteriorizar y convertir en poesía todo lo que vio y vivió desde su niñez?

– Precisamente, los textos relativos a la infancia son muy plásticos, quiero decir, pintados tal como fueron, en un entorno de vidas humildes, marginales muchas veces. Siendo una nación multirracial, muy mezclada, con un entrecruzamiento cultural muy denso, la ciudad de Panamá es el espejo nítido de esa nación y sus raíces formativas. Ello, paradójicamente, incluye discriminaciones, raciales y de oportunidades, que en efecto pude presenciar y vivir, allí en las calles de entonces, tal como fueron los hechos.

-Su primer libro recibió el importante premio Ricardo Miró. ¿Seguramente fue una experiencia emocionante para usted, siendo tan joven?

Estrictamente, el primer libro que escribí se llama Poemas al hombre de la calle y tendría unos 18 años y pude publicarlo a los 20. El título te indica lo que vengo explicando, que desde el inicio supe que debía hacer una literatura que expresara vivencias personales y se leyera también que tenía un país. Reconstrucción de los hechos, en efecto, es un premio nacional de literatura, tengo 21 años y estudiaba en la universidad.  Al ser comunicado de la selección de ese libro por un jurado tan exigente y personas que solo conocía de lecturas, fue motivo de emoción. Algunos amigos que sabían de mis ya visibles afanes escriturales recuerdo se alegraron hasta más que yo.

– ¿Cómo fue el proceso de escritura de su primer libro? ¿Reunió los poemas que tenía escrito o escribió especialmente para ese libro en particular?

– Es un volumen que pensé cuidadosamente, como un plano arquitectónico y que sus piezas encajaran en una unidad temática, pero con estados de ánimo diferenciados. Reconstruir hechos indica el título, coincidiendo como mi carrera que era la de historia, ya hacía investigaciones de campo, buceaba en los archivos y tenía profesores de una altísima calidad. Así que literatura y educación superior se fueron armonizando y supe que tenía herramientas para entender realidades más allá de la subjetividad personal.

– El mar le revela la enseñanza que yace en el corazón del ser panameño, ¿Qué sintió la primera vez que se sentó a observar el mar con ojos de poeta?

– Somos un país con mares en sus dos costas y el Canal lo atraviesa para unir los mares. El horizonte no es otra cosa que el océano, la vida está zurcida al borde marino, por la existencia de esos mares y la angostura del país, un istmo delgado, el mundo pasa por nuestras entrañas. Mares bendecidos y también por esa ruta, han sido motivo de la codicia, del trasiego de riquezas y de opresiones que marcan nuestra historia nacional.

– ¿Y su libro más reciente, le fue más difícil escribirlo que el primero? 

– A estas alturas ha trascurrido medio siglo de escritura continua y, por tanto, de oficio literario. Los textos de hoy tienen mayor destreza, aunque siguen el mismo patrón de visualizarlos claramente, sea cual fuere su tema, hacer el plano literario y proceder a la escritura, última etapa de la creación, la de la palabra escrita.

– ¿Cómo vive el proceso de su escritura, toma apuntes, reescribe, anota lo que siente y piensa día a día o se sienta a escribir un libro de un tirón?

Cada uno de los libros escritos parece un eslabón de una reflexión única y diversa a la vez. Veo el libro en mi mente, me paseo con él el tiempo de gestación, recurro a apuntar algún destello que considero acabado, repienso y entre conversaciones cotidianas sigo pensando en ello, como un plano de creación que está allí en su proceso. No escribo sin brújula y de un tirón; lo que sí es recurrente es que cuando el libro ya ha sido captado, su escritura ocupa el centro y todos los recursos se concentran en plasmarlo.

– ¿De todos los premios que le han otorgado, ¿cuál ha sido el que más satisfacción le ha generado, o el que recuerda con especial cariño?

El libro Dar la Cara de 1975, donde el contexto nacional alcanzaba un clímax por la recuperación del Canal.  Ese volumen es un conjunto de fotogramas de la estructura que partía en dos el país, con una zona de exclusión colonial directa. Yo era vecino de esa frontera impuesta, fue concebirlo y hacerlo con vivencias personales.

– ¿Cree que persiste en los habitantes del Caribe situaciones de servidumbre o rechazo?

– Creo que estamos en una región donde la potencia considera que estamos subordinados a sus designios. Como pocos países o quizás el que más ha sido marcado en Latinoamérica, es Panamá. Al nacer como república fuimos inmediatamente sometidos a un estado de ocupación directa que duró un siglo. Sabemos bien de qué y de quien se trata. Una historia que comenzó y no ha terminado.

– ¿Qué opina sobre la publicación de la antología Borde de mar? ¿Siente que refleja toda su producción poética?

Letralia y FBlibros han hecho una edición muy hermosa y cuidada, asunto que agradezco mucho a los editores.  El volumen contiene todos los premios nacionales que he obtenido en estas cinco décadas y unos siete cuadernos poéticos.  La considero representativa del trabajo realizado.

– ¿Usted ha profundizado en la identidad, la memoria, en la historia panameña

– Sí, creo que es el árbol más visible de mi producción literaria.  Desde la poesía, he querido reiterar una y otra vez que no fue fácil ser una nación, que tenemos identidad, herencias, culturas y una historia vivida y por compartir.

– ¿Qué libro le regalaría a alguien que quiera conocer Panamá?

– No sería un libro, sería un conjunto de volúmenes que constituyen un titánico trabajo editorial titulada:  Biblioteca de la nacionalidad.  Son 32 tomos.  Como si hubiesen embotellado allí a nuestro país.

– ¿Qué libro suyo recomendaría a un lector de poesía?

– Tengo un libro titulado: Panamá en la memoria de los mares, quizás el empeño literario más tenaz que he realizado por enlazar poesía e historia.

– ¿Tiene algún libro que relee siempre?

– Sí, es un autor panameño, una investigación deslumbrante, porque reúne en sus páginas una completa compilación de los mitos que ha producido el imaginario panameño, en todos los territorios del país y sus variantes locales.  Se llama: Mitología Panameña, del doctor Roberto De la Guardia. Entre otras cosas mi profesor de historia. Si los griegos tienen sus mitologías, nosotros tenemos una suerte de imaginación de gran fertilidad y los mitos son de gran filigrana.

– ¿Qué le da miedo?

No temo, no, miedos, no.

¿Por qué escribe?

Ya lo escribí: La poesía ayuda a vivir.

POEMAS

“En una estela en el mar está impresa la matriz de nuestra memoria.
Somos la madera de las barcas y los velámenes, los vientos alisios y los ojos de las
aves que vuelan a ras de las olas vivas. El caracol y su laberinto sonoro, los mediodías
y su singular resplandor que conmociona, las islas del golfo, los delfines y las ballenas
dulcificadas en las ensenadas que nos circundan. La tortuga, el pez espada, las
caracolas que reverberan y las gaviotas
En el borde del mar hicimos nuestro hogar y en las arenas enterramos nuestros
muertos. Aquí oramos y blasfemamos, con los ojos inyectados de sangre y soledades.
… Y aquí fue: ante el agua esmeralda, el sol oblicuo y el sopor ambarino de estas
costas, que arribamos a la vida, crujiendo como langostas en el dolor de nuestro parto.”
Fragmento del poema en prosa: Borde de mar

EL CRISTAL ENTRE LA LUZ

Tuve el honor de tus ojos.
Dos documentos impresos
donde pudo leerse por siempre
la coronación de lo vivo.
Un enjambre de estrellas, una bandada de gorriones
llenando el mar, una morada de palabras
y la espléndida explosión de la orquídea
en el filo de su violáceo amanecer.
Tuve el privilegio de ti.
De tu fluir y de tu talle
como un trazo de sándalo y arco.
Tu voluntad de metal y la imperceptible impresión
de bajorrelieve de tus manos en el aire.
Una certidumbre, un desplegar,
una aleación de lo tierno y el coraje,
como la cálida y honorable campana
de tu privilegiada resonancia.

1.
La poesía te escoge, no la escoges.
Te acoge, como un tibio vientre de mujer
en el centro del amor.
Todo lo da en el acto de saber
que todo le debe ser quitado.
No trama, teje para otros. A veces con dolor.
Su principal virtud consiste en maltratarte lo gratuito.
Acosar la turbiedad de tus días,
es su oficio.
2.
Exorcizarte, para que puedan vivir contigo
las vidas que rondan en los diámetros
que es capaz de trazar tu corazón.
Te abandona cuando intentas sortear
sus consecuencias.
Huye de los lugares
donde la imaginación y el asombro han muerto
y evita pasar por donde cohabitan
los ruines de espíritu.
Está hecha de presencias
porque tiene el don de desdoblarse
sin dejar de ser entera.
3.
Hija de la palabra la han vituperado sin poder tocarla.
Hermana de la historia ha sido quemada
y puesta bajo custodia de los carceleros.
Con esa cualidad única de no necesitar
del reposo, no desfallece ni conoce la fatiga.
Falsificados sus textos,
deshonrados sus leales oficiantes,
distorsionada hasta el cansancio,
prefiere la ruta del viajero
antes que vivir en los templos que pudo edificar
por la magnitud de su luz.
4.
Humilde como ella sola,
entra sin ruido en la casa del hombre,
barre sus rincones,
limpia el polvo más apartado,
repara lo roído y se encarga de lo roto.
Vidente de los hechos con que se cuenta
el tiempo, la edad y lo pleno
de la conmoción de quienes se reúnen.
Andamio de lo venidero.
Fragua, constancia, fuelle, criadora.
……………..
Raíz de lo perdurable.
Sonido para la hora amarga
y entusiasmo del peldaño.
Irreductible, inquebrantable y fortaleza.
Tus vértices de agua
y tu anchura de tierra
son, al mismo tiempo, la alabanza y la rebelión.
Fragmentos del cuaderno: Poeta de utilidad pública

“Allí donde el mundo
no deja de pasar
justo allí donde se cruzan
todos los pasos,
exactamente allí donde el hombre
ha estado más cerca del hombre
hay un mar que se retira
y otro mar que se levanta
un olor a tierra húmeda
que no cesa
y una inigualable manera de llover con sol
que te estremece.”

DUEÑA DE LA ESTRELLA

Todavía tu recuerdo huele a alcanfor.
Aún tu piel se extiende entre los cuartos como un laberinto de ensueños
y hechizos. Recién ahora preciso que tus ojos se llenaban de sangre
cada vez que encendías una vela a los muertos que cuidaban de los
tuyos. Vieja de viejos secretos. Nocturna y silente mirando contra la
noche y esperando una señal.
Dueña de la estrella y, sin duda, soberana de la silueta y la sombra que
nos asustó de pronto en el inicio de la madrugada.
Todavía te recuerdo envuelta en el aroma de los armarios, parecida a la
madera de los santos y las cruces, con tus centavos de cobre y tus
aceites, con tus barajas y tus hojas de tabaco.
Soñadora del futuro y, acaso, solitaria guerrera contra el mal que incubó
tanta infamia y no pudiste vencer.
Del poemario: Panamá, en la memoria de los mares

Petruvska Simne

 




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