Poemas de

Alex W. Alejandro Vargas: ‘obsequios de cosas que no son nuestras’ y otros poemas

Tiberíades se complace en dar a conocer a nuestros lectores y visitantes estos versos que generosamente comparte el poeta peruano Alex Alejandro Vargas.

 

obsequios de cosas que no son nuestras

te obsequio
mi caligrafía y mis sueños
para que reconozcas
mis pasos sobre esta tierra,
y puedas entender la algarabía
que produce una vida melancólica.
te obsequio mis vocales
y las palabras
que no puedo pronunciar correctamente,
la tristeza de una mente
que le es imposible olvidar nada
y siempre olvida todo.
te obsequio mis cuadernos de viaje
para que alguna vez encuentres
esa palabra que rige mi vida
como la gravedad a la tierra.
sabes en el fondo,
que no necesito obsequiarte nada,
porque nada es mío,
y todo lo que amo
siempre es y será nuestro.

Nota: A mi mujer le obsequio todo, incluso las cosas que no eran mías.
Le obsequié por ejemplo todas las flores del mundo. Hoy le tengo
guardado este camino que recorro en su búsqueda.

un caballo llamado Segismundo


perdóname, solo soy un caballo
que reacciona inevitablemente
al reflejo de un dolor que ya no existe,
pero cuya sombra me persigue
a pesar de la velocidad que ahora alcanzo.
cuando trotamos juntos
no le tengo miedo a nada ni a nadie,
y corremos por el mundo
a una velocidad alucinante
y comemos juntos
hierbas con sabores distintos
frutas de árboles nuevos para nuestros ojos,
y la vida se vuelve más sencilla
y aún más profunda.
en las tardes me gusta observarte trotar
mientras el sol se acuesta
en tus ojos morenos
y se pierde en la hermosa oscuridad
con la que me miras.
es en esos momentos
que siento que juegas con las luces
y los tonos pasteles
y tu sonrisa atraviesa mi pecho débil
y me hace sentir el rocín
más fuerte de la faz de la tierra,
es entonces, que descubro y comprendo
mejor la felicidad.
me gusta sentir tu cuerpo junto al mío
e ir por ningún camino
y seguir a la vez todos,
y la tierra tiene más firmeza
y la naturaleza crece en mí como un pino hermoso,
mientras seguimos el viaje a la espera
de cosas inesperadas.
pero cuando andamos por distintos caminos
siento que nubes negras entran a mi pecho
y me siento solo de repente,
a pesar que siempre o casi siempre estuve solo.
pero ahora sin ti,
siento esta soledad que me destruye,
y los colores se ven opacos;
sin embargo el recuerdo de tu voz
retumba como una campana en mi interior
para liberarme de todos los malos espíritus.
pero hay veces,
cuando ando silbando melodías
que no recuerdo bien, y me tropiezo
y golpeo mi pata que alguna vez estuvo herida,
siento un reflejo de un dolor que ya no existe
pero que su sombra regresa,
y entonces caigo
y descanso la cabeza en la tierra,
y siento las piedras que raspan mi cuerpo
y mi rostro,
y no quiero levantarme por temor
a que todo lo vivido contigo
sólo fuese un sueño
y que la caída fue un despertar brusco,
y siento el temor de Segismundo
y de mis ojos salen
pequeñas palomas cristalinas
que me arden destruyendo mis pupilas
que nadie puede ver
salvo los malos espíritus
que se aprovechan y se filtran en mí
hasta llegar a mi corazón de caballo débil
y destrozan mis carnes como pirañas
y yo solo me entrego inerte
a un dolor metafísico que ya no existe,
y me quedo dormido pensando en ti,
en tu sonrisa silvestre
que revolotea como una mariposa
y que dibuja en el cielo
las únicas formas que hacen feliz a mi vida,
o al menos la felicidad que me enseñaste
y que nunca había conocido.
en esos momentos quiero pararme pero no puedo
el pasado regresa sin permiso
y prefiero el silencio,
y duermo pensando
en la velocidad que alcanzamos juntos
en los ríos que navegamos
en los claros de luna donde nos perdemos.
al despertar siento un aletargo
que desvanece mi sonrisa
y dejo de correr… no hay dolor en la pata
pero dejo de correr…
y recuerdo que antes de ti
ya había dejado de correr y renuncié
a la velocidad y a las flores
y a los atardeceres
y que fuiste tú quien me liberó
de estos asesinos sin nombre
y corrimos juntos como si fuera un instinto
o la sensación de la felicidad.
siempre voy estar agradecido de ello.
porque tú me despertaste,
y por ti me encontré nuevamente
y te encontré para amarte siempre
con esta locura que se desencadena
en palabras inexactas
para retratar lo que siento.
ahora que regresan los demonios
sólo quiero quedarme inerte
y que las pirañas invisibles
destrocen lo único que es verdaderamente mío
mi corazón de recua,
y así despertar del sueño
o soñar para ser libre y poder amarte
sin miedos
sin fantasmas creados por mí mismo.

lo único de lo que se trata la vida


no se trata de conocer las respuestas,
sino de realizar las preguntas
correctas e incorrectas,
y reconocer en su sintaxis
la felicidad que nos ayudará a entender
que las preguntas son más importantes
que sus respuestas,
que la vida es un viaje constante
en el que no debemos preocuparnos
a dónde vamos a llegar,
porque siempre vamos a algún lado.
no se trata de maquillar la vida
sino en reconocerla tal cual es,
sin etiquetas que nos lleva a generalizarla
con adjetivos relativos.
se trata de perdernos en la pregunta
para ser feliz y hacer felices a los demás,
de mostrar nuestra sabiduría
de la misma forma en que mostramos
toda nuestra ignorancia,
con humildad y respeto.
no se trata de esperar la muerte
ni dejar pasar la vida,
ni mucho menos buscar respuestas
o guías absolutas.
lo único que trata
de enseñarnos la vida,
es a ser completamente felices,
y sobre todo saber
que la felicidad para cada uno
es tan distinta
como su forma de ver el mundo.
la felicidad triunfa sobre todo,
incluso, sobre la muerte,
esa pausa de vida
que nos es imposible comprender
de qué trata exactamente.

la fugacidad del camino


el final del camino
es otro inicio,
y en muchos casos con nuevas formas.
somos mensajeros del camino,
y a veces creemos
que solo somos el mensaje.
la muerte y la vida
son parte del mismo círculo
que es el camino.
la muerte
en su extraño e incomprensible método
produce la felicidad de la vida,
ya que parte importante del disfrute
y algarabía de las cosas
que alcanzamos o tenemos
radica en nuestra fugacidad.

 

Alex Alejandro Vargas (Lima, 1984) es poeta, ensayista, gestor cultural y comunicador social. Ha publicado los poemarios Cuaderno de Luciérnagas (2005), El camino, el amor y un cartero (2010), Octavio (2011) y Baladas de Odiseo (2023), obras que conforman un mismo universo poético donde el viaje, la memoria, el amor y la búsqueda de identidad dialogan con la tradición lírica contemporánea. Baladas de Odiseo, inspirado en el poema Ítaca de Constantino Cavafis, continúa ese recorrido literario a través de los temas del amor, la muerte y el olvido.
Es también autor del ensayo El oficio de gestionar. Apuntes sobre proyectos culturales y guía práctica para su diseño, obra dedicada a la reflexión y sistematización de la gestión cultural en el Perú. Como articulista y ensayista, ha publicado columnas y textos de análisis sobre políticas culturales, bibliotecas, lectura y gestión pública en diversos medios, entre ellos el Diario Oficial El Peruano.
Paralelamente a su labor literaria, ha impulsado proyectos de promoción de la lectura y fortalecimiento de bibliotecas públicas, entre ellos el Bibliometro de Lima, y es fundador de Ciudad Librera, espacio cultural independiente dedicado al encuentro entre libros, lectores y comunidad.

El poeta, junto a Alfredo P. Alencart



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