Desde Tiberíades, agradecemos a la poeta boliviana Ruth Ana López Calderón su generosidad al poner a disposición de nuestros lectores y visitantes algunos de sus poemas.
MIGAJAS
Adentrado en los extramuros
alejado de los intocables y sus festines,
escarba los desperdicios, busca migajas,
unas migajas para mitigar el hambre.
Y sus sueños…
¿dónde están?
Tal vez en las astillas
del pupitre que endulzó su infancia, en las escasas hojas de un cuaderno,
y el pedazo de lápiz sin goma de borrar.
El aire lo envuelve en desprecio y abandono
y la soledad desquicia sus harapos:
No hay futuro en sus noches sobre el pavimento sucio.
DESPIERTA
El frío golpea la copa de los árboles,
la ciudad amanece sumida en múltiples congojas,
deshecha en laberintos grises;
voces de motores viejos y torpes
comienzan a poblar el silencio,
y las luces opacas alumbran a pocos
deambulantes, ensimismados,
encadenados a sus voces,
paseando, negados a ver
más allá de las narices
los minutos lentan
presurosos,
impunes al dolor o al miedo,
a la soberbia,
ó a la deshonra,
cuerpos vestidos de cachemir y calzados,
cuerpos semidesnudos,
cercenados por el gélido
aliento de noches desamparadas
y almas bailan en su propio espejo,
fétidas,
y almas bailan llanto,
los extremos, los opuestos necesarios,
y los medios cabizbajos, atrapan
en sádico mutismo,
y nos jactamos, y nos jactamos,
de ser lo que no somos.
TAL VEZ
Tal vez el vago reflejo
de la existencia aferrado,
al endeble hilo de la memoria
el que asoma a mirar la vida desde las rendijas,
el que flota en la penumbra del agua
y corre triste y gris
por las arterias olvidadas de la ciudad,
al reciclamiento.
Tal vez solo un fantasma que olvidó su muerte
y aferrado a los despojos,
se arrastra, gime y blasfema.
O colgado en los andamios del tiempo,
tocando puertas, ciertamente la última.
Tal vez solo una sombra
que se desplaza en la calzada,
negada a sumergirse en la soledad
quien no es nada y aceptar que los días tienen término.
Tal vez quien escribe versos oprimiendo estos dedos, tal vez.
DE LOS ESCOMBROS
Pensamientos decrépitos
La soledad arañando paredes
Perfilando deshielos
en el ártico de la existencia sin nombre.
Los años penitentes
anegados en la borrasca del alma,
los sueños inconclusos
vagan reincidentes en la cárcel del recuerdo.
Cada resquicio inundado de llanto
y de las sombras resucita la silueta:
años adormecida, años mutilada.
La fuerza de la vida domina
La incorpora y la lanza al baile incrédulo del destino
y sosegada canta.
Son imágenes de un viejo cuadro.
NO ES FÁCIL
La noticia llega -una mañana cualquiera-,
con asombro en la cara, incrédula,
y temerosa,
con el consultorio médico tornando
a fragmentar la vida,
las ilusiones de los sueños como anestesiados
y escombros giran y caen
en derredor
como urna muda
y la ira camina el corazón que encoge
que no digiere y se niega
al veneno cuando corroe las entrañas
en momentos subvertidas
con miles de pinceles
que esbozan sin color
el lienzo futuro de mortaja:
y donde había mariposas, desaparecen
y las flores y los pájaros se han echado a volar
y toda la noche esparce su nuevo aroma
fétido
de agónica carne,
de huesos que velan,
entierran y lloran sus astillas,
Y ahí quedamos, ahí, acongojados,
ahí agonizando, ahí en la tortuosa espera,
la certidumbre de la próxima hora
ahí,
ahí cuando oprime la garganta
hasta producir un tono mortecino en la piel.
No, no es fácil
aceptar esas palabras:
«no queda más por hacer»
Y el pensamiento estalla
Y lo absorbe la locura
Y fragmenta la cabeza,
Y desorbita el alma.
Las sensaciones: escupen
pero no calma
debaten
pero no calma
niegan
pero no calma:
como iniciar carrera a ciegas
hacia la nada
que te triza y machaca.
Días grises, de un cielo ajeno, se suceden.
Un brazo extendido de la noche abraza con frío.
Ese que antes era dulzura:
y vamos peregrinos por tinieblas
navegando un mar que atrapa a la deriva.
Comienza el cuerpo su abandono.
Y el espíritu, su rebeldía.
Y gritan, y se desgarran
y claman -un poco más de tiempo-
un poco más
de tiempo
un poco más.
Para enmendar errores,
o pedir perdón
y mirar en calma la rosa
y correr detrás de la paz del alma,
a escondidas en el bosque de bayas
donde quedamos atrapados,
donde punzan las espinas
donde contamos gotas
y minutos que marcan de sangre
el reloj de un tiempo que se agota enrojecido.
No, no es fácil mirar otra vez el mundo
si ya no son los mismos ojos de antes
Tic tac:
noches de pesadillas
Tic tac:
grietas en la cama
Tic tac:
el techo quebrado en dos
Tic tac:
los pies hundidos en lo oscuro
Tic tac:
el abismo en los lamentos
No. No es fácil recluirse
cuando se respira infamia
hasta quedar quieta tiritando en un rincón,
y esperando, y esperando,
y esperando.
No, no es fácil.
MONARCA
Las he visto cubrir como manto
las he visto dormir y despertar
elevarse en vuelo
he corrido con ellas
vano intento de alcanzarlas
esas grandes extensiones de campo
era niña,
era crédula
nunca pude alcanzar las mariposas
y ya no hay tiempo.

Ruth Ana López Calderón (Sucre, Bolivia, 1968). Secretaria ejecutiva, empezó a escribir hacia finales del año 2010. De formación autodidacta.
Ha publicado sus textos en diferentes revistas literarias del ámbito Internet, tales como Letralia, Almiar y otras muchas. Sus poemas han sido recogidos en diferentes antologías a ambos lados del Atlántico. Entre su obra publicada, se encuentran sus poemarios Desde las profundidades (Black Diamond Editions, 2013, EEUU), Sin óbolos para Caronte (Editorial El País, 2014), Itinerario de una metamorfosis (MediaIsla, 2016), La niña que se diluyó en el tiempo (Pasanaku, 2025), así como poemas incluidos en diversas antologías de poesía en español.
Ganó la primera mención de honor con el poemario “Sin óbolos para Caronte”, en el concurso literario nacional de la Sociedad Dante Alighieri, año 2015.
