Uno de los nombres esenciales en las poéticas del siglo XXI en habla hispana es el de Alfredo Pérez Alencart, poeta prolífico cuya obra es amplia y profunda sin dejar de nombrar sus raíces y por el contrario una y otra vez en sus libros éstas lo acompañan. Su voz, cada vez más consolidada, es capaz tocar desde las ciudades del mundo hasta las selvas del Amazonas peruano y dejar trasegar en sus versos toda la condición humana.
Pérez Alencart es un hombre transfronterizo, nacido en Puerto Maldonado (Perú) en el año de 1962 y radicado en Salamanca (España) hace no menos de 5 décadas. Él lleva la historia de esta región en sus palabras y ha atravesado con ella la tradición finisecular del Siglo XX y los albores del siglo XXI.
Puerto Maldonado fue fundado el 10 de julio de 1902 por el explorador Juan S. Villaltatraigo este dato, no menos importante a nuestra aproximación a la poética de Pérez Alencart, lo traigo porque se hace necesario para abordar cada uno de los versos de la saga que Alfredo ha escrito bajo el nombre de LOS ÊXODOS, libro que goza de una cuidada traducción al portugués realizada por la poeta, ensayista y traductora Leocádia Regalo bajo el nombre de OS EXÍLIOS y que ha publicado con la Editora Labirinto, una editorial independiente con sede en Portugal y dirigida por João Artur Pinto, lo cual nos recuerda que LOS ÉXODOS ve entonces su publicación en edición bilingüe.
Luego de leer atenta y lentamente este libro nos enteramos que no asistimos a la comunión lírica como queja o protesta, tampoco como traumas que se adentran en los hombres y mujeres por ser exiliados, ni siquiera asistimos a un ajuste de cuentas con la ya, larga historia del exilio, no.
El poeta va más allá de todo lo nombrado desde los exilios y logra hacer de su propia migración la de todos nosotros, al abordar este tema, tan actual y trabajado desde tiempos inmemoriales en la literatura, repito al abordar este tema desde el humanista que es.
Todo da un giro con esta decisión: no hay lugares comunes, no hay largas cuitas, sino la reconstrucción histórica de migrantes desde el poema.
Escribir desde el humanismo es abrir la herida para dejarnos entender cómo -desde la literatura- se puede expresar la desterritorialización y encontrar en el recuerdo la manera de cuidar esa herida.
El libro que Alfredo Pérez Alencart titula Los Éxodos permite un acercamiento desde tres ejes fundamentales: lenguaje, linaje y memoria.
Para poder acercarnos, se hace necesario entonces recordar que nombre este libro como una saga actual entendida a través del poema que aborda la migración familiar, develando -lectura tras lectura- una formar circular frente a la historia de desplazamiento desde Europa hacia América y luego desde América hacia Europa. Colonos llegaron siglos atrás como migrantes llenos de sueños que envolvieron en riqueza y títulos y siglos más tarde sus descendientes regresaron a Europa buscando sueños envueltos en abandonos y olas migratorias de desesperados. Y ¿los que no lograron completar el círculo, los perdidos, los devorados por las aguas de mares o ríos o la manigua de selvas y bosques? Y ¿los que quedaron atrás en las nuevas migraciones con rostros y voces a la espera?
Es ahí donde acierta el libro Los Éxodos del poeta Pérez Alencart: en regresar a la tierra desde donde se partió originariamente para sentir un migrante con todas sus implicaciones.
¿Cómo logra, entonces, el poeta Pérez Alencart, que el poema no se convierta en una narrativa testimonial cargada desarraigo? La respuesta no es otra que la mencionada renglones atrás: lo logra a través de esos tres ejes y el primero es el lenguaje.
Me detengo en el lenguaje porque es símbolo, guía, luz en medio de lo que implica ser transterritorial. Lo único que identifica la patria es el lenguaje, es lo que no se pierde, lo que se cuida, lo que se lleva a otras tierras. Las palabras nos identifican, nos nombran, nos dan un suelo y el encuentro de dos o más mundos enriquecen ese lenguaje sin perder el del origen.
En el libro Los Éxodos, su autor, cuida el lenguaje poético y no lo deja caer en el lenguaje prosaico, cada verso que van desde el Poema Inicial, los XXV cantos y el poema final son un viaje desde la estirpe hacia las pérdidas sin malgastar esa búsqueda de una estética limpia y cercana al lector.
Y aquí un ejemplo se hace necesario:
“Como un hombre enceguecido
esperas múltiples crucifixiones: allí, allí, allí…
Y gritas: “¡Dejadme un abrevadero donde mis labios
sacien su sed!”
Sé que en este viaje llevas el corazón hecho pedazos”.
Alfredo habita las palabras fundacionales, las conoce, las disfruta y tiene una especial condición literaria llevarlas hasta sus versos, porque es innegable que al ser migrante busca poseer y conservar su lengua materna.
Sin una falsa búsqueda de la poesía del desarraigo sus palabras son fundamentales al convertirse en el vínculo con sus raíces, las que mencionamos al inicio del texto y ellas (raíces y palabras) le permiten conservar su identidad, la cual, se lee entre líneas, está ligada a su historia familiar.
Nos adentramos en el segundo eje: linaje. Si el lector me permite la licencia quiero denominarlo como “el linaje de los nómadas” cuya importancia radica en el reconocimiento del origen.
Al adentrarnos como lectores de la poética que ha construido Alfredo Pérez Alencart durante más de cuatro décadas, el ámbito de la estirpe es un tópico tan suyo que ya es sello. Un hombre peruano, nacido en la amazonia de su país que exalta, resalta enaltece ese origen desde sus poéticas nombradas ya desde España, no se aleja de ellas y al contrario en Los Éxodos en el poema único que escribe en 25 cantos a la manera de salmos o saetas casi místicas, teje la urdimbre fundamental con los hilos el desarraigo y las tradiciones ancestrales como único lienzo posible para evitar el olvido del territorio.
Recordará el lector la fecha del 10 de julio de 1902, el nombre de por el explorador Juan S. Villaltatraigo y la ciudad de Puerto Maldonado donde nace el poeta Pérez Alencart, recordará que cito todo esto porque es clave para entender estas poéticas del inquilino de aduanas en que se ha convertido Alfredo, porque Puerto Maldonado en Perú lo sigue como el perro viejo que no abandona a su amo porque cree que aún puede protegerlo y eso se nota en cada verso del libro Alfredo sale desde las orillas para regresar a ellas.
Y… ¿qué llega en los poemas del libro Los Éxodos con la fundación de esa aldea a inicios del siglo XX en la selva peruana? Llega el encuentro con la columna vertebral de la poética de Alfredo Pérez Alencart que es la aceptación y el orgullo de su identidad, de sus más profundos lazos que lo convierten en un extranjero a todas horas y en todos los lugares. Alfredo busca volver una y otra vez a esas voces, a esos brazos, a esos aromas y bebidas, a esas aguas, a esas lluvias y esas sombras que lo convirtieron en el poeta que es, el mismo hombre que necesita las palabras para avanzar en sus días.

Sus poemas logran nombrar territorios Brasil o Cuba, España o Perú como las geografías poéticas donde suelo y ser desarrolla acción y pensamiento, una acción entendida aquí como el desnudo poema que nombra todo. Y aparece en ese territorio la casa, los nombres de abuelos, de hijos de hermanos, los de los vivos y los muertos; y el poeta sólo frente a su historia no puede sino poetizarla.
Esa historia que deja de ser personal para alcanzar el grado de universal, esta historia del linaje de los nómadas va a nombrar los suyos sin caer en lo autorreferencial para nombrarlo todo, nos lleva al tercer y último eje: la memoria.
Páramos y aves, casas y fogones, cruces y plegarias, canciones y balbuceos, dioses y fantasmas, nombres y rostros y llamas que se apagan caben aquí. Aeropuertos y muelles, barcos y trenes, banderas y fronteras, aduanas y patrias llenan este libro.
Somos la diáspora, recalca el poeta Pérez Alencart. Todos, todos a la vez somos los transfronterizos, los errantes, los que no podemos olvidar porque si lo hacemos dejamos de existir. Por eso este libro como el diálogo de generaciones que cuentan con sus recuerdos, con su memoria para quedarse y regresar, sin miedo, sin llanto.
La memoria en la poética de Alfredo permite el regreso y hacerlo otorga un conocimiento de uno mismo que nos lleva indudablemente al encuentro con la identidad.
Para el poeta memoria e identidad no deben avanzar sin el lenguaje y el autor-nómada que es Alfredo Pérez Alencart busca definir unos límites porque su alma esta en llamas y quiere a través de la poesía sofocarlas.
Para finalizar diré que los versos de Los Éxodos son cortantes preguntas, afiladas inquisiciones de los hombres sin patria y ello ratifica mis palabras anteriores, mis lecturas a este libro sobre la pregunta ¿qué entendemos en la literatura, más exactamente como condición humana?
En un rincón cualquiera solloza el extranjero
con vida entrecortada:
a golpes le mudaron de domicilio.
Coloquen cada lágrima en su lugar,
porque el mundo
está un desorden y arroja margaritas a los cerdos
mientras naufragan los desesperados.
(Guerras allí, hambres más allá).
Derrota tras derrota, el extranjero
no renuncia ni un instante
y suplica auxilio para reescribir la historia
del lobo,
del hombre que sorteó diluvios
con tal de esculpir su figura en la ceniza
En la literatura la condición humana, se me ocurren los ejemplos de Los Miserables o Crimen y Castigo hace una fuerte presencia, para entenderla sabemos que el amor, el sufrimiento, las pérdidas, la muerte, la nostalgia, la libertad, misericordia, el miedo, la soledad y el sentido de la vida ante al desconcierto del mundo son narrados por Flaubert o Dostoyevski con maestría y de esta manera el extranjero que es Pérez Alencart aborda la condición humana de los migrantes en sus tres poemas que dan forma al libro.
Los Éxodos es una desgarradura de los idos y los regresados, es la espera del brillo de quienes quedan y la esperanza en medio de oscuros avatares de quien se va. Me pregunto después de su lectura ¿esa dualidad no aborda ya toda la existencia humana? ¿Eso no hacemos desde el amanecer del mundo? Cada lector encontrará su propia respuesta porque después de leer el libro no saldrá de sus páginas siendo el mismo.
Alfredo Pérez Alencart logra un texto estremecedor y solidario. Este es un libro orgánico, uno que se mueve entre el lenguaje y sus lectores para propiciar un diálogo con otras disciplinas y busca que quien ha perdido su patria no pierda su lengua y su memoria, acaso su última posesión.

JUAN CARLOS ACEVEDO (Manizales, Colombia, 1973). Poeta, ensayista y divulgador cultural. Ha publicado los libros de poesía: Palabras de la tribu (2001), Los amigos arden en las manos (2010), Noticias del tercer mundo (2010), Historias alrededor de un fogón (2012), Los huéspedes secretos. (2014), Correo de la noche (2018), La casa en el invierno (2020), Mujeres sin sombra (2023) y Pájaros de humo (2026).
Obtuvo en Colombia el Premios Nacional de Poesía “Eduardo Cote Lamus” 2023, el VI Premio Nacional “Carlos Héctor Trejos”, 2015 y el Premio Nacional de Poesía Descanse en Paz la Guerra”. Casa de Poesía Silva 2002.
Algunos de sus poemas hacen parte de varias antologías en Uruguay, Chile, Ecuador, Colombia, México, Cuba, Estados Unidos, España, Italia, Bulgaria, Rumania y Grecia.
Es profesional en Bibliotecología de la Universidad del Quindío. Diplomado en Escritura Creativa de la Universidad Tecnológica de Pereira. Es Miembro de la Academia Caldense de Historia.
