Memoria y sueño; con estos dos elementos compone Sergio Macías su obra poética. El primero es disciplinado, el segundo no. Bien mirado, ambos, sueño y memoria, son complementarios. El poeta escribe que con la memoria puede hacer frente al tiempo, puede ir y regresar por sus escaleras. Apoyado en los sueños, consigue crear esperanzas, poner en pie libertades perdidas.
¿Acaso se puede soñar lo que no se recuerda? Parece que sí. Pienso que, con los años, la memoria se estiliza, se hace más fina, abarca quizá menos cosas, pero aquellas que permanecen se restauran. Pienso también que en los sueños pervive el sustrato del hombre, tal vez como una señal, esté donde esté. De todas formas, la lumbre, la hoguera que calienta e ilumina los poemas de este libro, viene de un lugar preciso del sur.
Sergio Macías nació en Gorbea, en la región de la Araucanía, en la tierra de Gabriela Mistral y de Pablo Neruda y siente devoción por la epopeya que escribió Ercilla en octavas reales. Durante veinte años, Macías fue asesor cultural de la embajada chilena en España. Su obra ha sido reconocida con numerosos premios y distinciones en ambos bordes de los litorales, entre ellos el América V Centenario y el Gastón Baquero.
Ahora la editorial Vitruvio completa, con este segundo volumen, la poesía del poeta chileno, reuniendo su trayectoria entre 2017 y 2025. Es una excelente noticia y una buena oportunidad para leer una obra coherente y motivadora. Son cuatro libros distintos que permiten escuchar la voz crecida y madura del autor. Veamos.
De 2017 son sus haikus, diminutas piezas que un joyero tiene que engarzar. Nacieron para la lengua japonesa y aunque parezcan sencillas son harto difíciles de trasladar al castellano. Macías no se empeña en coronar sus correspondientes tres versos con el humor o la extravagancia, sino que, como indica ya en su título, busca sobre todo la transparencia, allí donde aún pueda encontrarse.
Y cada hombre, en su propio destierro, canta sus sueños. No cabe una reproducción más clara, una definición mejor del destino personal contado con elegancia.
Exiliado de Chile durante la dictadura de Pinochet, Sergio Macías se instaló en Madrid en 1979. No dejó de ser chileno, pero empezó a ser español, y escribió un libro para dar testimonio, “España”, que contiene un solo, largo y unitario poema, de tono elegiaco, con abundante uso de la anáfora y de las enumeraciones, generoso con sus compañeros, cargado de nombres propios. Un libro que es en realidad un paseo lúcido por la geografía, la historia y hasta la gastronomía de nuestro país.
En su acertado análisis de esta obra, Pedro López Lara se fijó en la conciencia desolada de Macías y se hizo eco de un verso de Ovidio, quien a su vez sufriera en su tiempo una deportación junto al Ponto. Se trata de una cita que viene a significar que el pensamiento no puede ser exiliado, pues sobre ese gran tesoro de los hombres, como sobre la memoria y los sueños, no tiene poder el tirano.
Estoy en tu tierra rediviva, envejeciendo lejos de lo que fue mi morada, se puede leer en el texto y a continuación: pero me invade la tristeza por el mundo en que vivimos.
Acomodado en el mismo volumen, “España” se sigue de “Diván árabe”, otra muestra de la capacidad multiplicadora del autor, que nos acerca a un pueblo que legó al mundo la geometría de los astros y el ornamento de los jardines. Al sur de Europa, Macías apunta también hacia el siglo del califato de Córdoba y a las instituciones hispano omeyas, pero no se queda al margen la historia con sus conflictos, la pobreza y la guerra. La maldad, que no se puede consolar con la poesía o con las narraciones de Sherezade, sigue activa como una grave desgracia. Hemos perdido la alfombra mágica que a todos albergaba y la hemos sustituido por pateras, muros y ya no podemos trasladarnos al corazón de la solidaridad verdadera.
Termina el ciclo con la que es por ahora su última entrega: “El hombre que alimentaba su alma”, libro extenso de 2024 con cerca de 160 poemas, cortos y genuinos, a modo de balance, que alcanzan varias cumbres y nos acercan a una gran síntesis.
Puede que la memoria sea un almacén que guarda desordenadas todas las cosas, pero es también un taller; el taller en el que trabaja en su escritura Sergio Macías.
La nostalgia, esa felicidad de cuando estamos tristes, se viene encima de pronto, tras tantos años de lucha, para convertirse en el alimento principal que nutre los pasos del poeta, pero este todavía puede cantar al amor y a la naturaleza y aún es capaz de sentir el oleaje del viento y servirse una copa de vino suave bajo los rayos del atardecer.
Nunca abandones la poesía, nos dirá, porque con ella puedes resistir la soledad, el silencio y el olvido. De esta manera, será la memoria quien nos guie y Antonio Machado añadiría que la acompañarán los dos hiladores invisibles de nuestros sueños: la verde esperanza y el torvo miedo.
Sí, es una voz clara y profunda la que escuchamos y está explícita en las páginas de este voluminoso libro. Es el poeta de la cruz del sur.

