Colaboraciones

Miguel Elías: «Desde niño quería ser pintor y nada más que pintor», una entrevista de Petruvska Simne con fotos de Luis Aguiar


La escritora venezolana entrevista al destacado pintor Miguel Elías, quien acaba de ser homenajeado por el XXIX Encuentro de Poetas Iberoamericanos, cuyo acto final fue la apertura de la exposición EL QUIJOTE DE SALAMANCA O QUIJOTES PARA UNA DAMA, dedicada a Pilar Fernández Labrador, la Dama de la Cultura Salmantina, donde ambos estuvieron acompañador por los poetas del Encuentro.

MIGUEL ELÍAS

El ojo que vindica el gesto
El trazo del rigor que estampa
Ese rasgo de presencia que delata
El temperamento, el genio, la locura, el tiempo.
O la inocencia que nos transfigura y ríe,
Y sueña y llora y surge la reciedumbre
Con el carboncillo de tierra donde la imagen salta.
Y la acuarela, el óleo, la sangría el lápiz o el haiga
Como absoluta síntesis del haiku.

Elías, el mago del color y de la brisa,
Trastoca el carácter de la superficie
Paleta en mano, bastidor de frente
Y allí el temperamento
de un aire entre chopos y pinares.

Allí el temperamento, la huella del alma.
Y la hace rostro desnudo,
como una conciencia de ojos.

Poema-homenaje del poeta Juan Mares, para el pintor Miguel Elías,
publicado en Crear en Salamanca, 4/12/2014

Miguel Elías, desde muy niño, aprendió a mirar más allá de los sentidos. Entendió que cada objeto o persona o cosa tienen un peso específico y único y que es posible reproducir el espíritu y ese peso específico con más verosimilitud, pues a través del pincel capta y reproduce lo que se ve y de manera definitoria lo que no se ve.
Cuenta que siempre llevaba los bolsillos llenos de carboncillos para pintar en cualquier pared, en cualquier portal como un registro de su mirar constante, como una manera de entender el mundo y mostrar la maravilla que la realidad ofrece.
Lo real maravilloso siempre ha tenido asidero en su vida, como cuando a los once años obtuvo la beca para estudiar en Salamanca, como cuando se topó con Torrente Ballester y el escritor le compró sus primeros grabados, y además aceptó posar para él contándole y explicándole su novela; como cuando el maestro japonés de pintura Sumi-e, Kusei Takenaka le preguntó ¿Quieres seguir el camino del Sumi-e? y Elías dijo que sí y se sumergió en ese mundo donde la pintura es además meditación en movimiento.
A través de sus cuadernos de apuntes se puede seguir toda su vida, una vida totalmente ligada a su trabajo, y a Salamanca, ciudad que ha hecho suya a través de su arte, y desde donde se le conoce como el Pintor de los poetas. Así le confesó al poeta Alfredo Pérez Alencart en una entrevista, cuando señaló: “La poesía alimenta mi interior y llena de imágenes mi mente. Es como oxígeno para mí. Conozco y tengo como amigos a muchos poetas. Llevo muchos años poniendo imagen a libros de poesía, entre ellos de Hierro, Brines, Tundidor, Gonzalo Rojas, António Salvado, Lorca, Miguel Hernández, Claudio Rodríguez, Alberti y por supuesto, a ti mismo, Alfredo”.
Charo Alonso, filóloga, docente, periodista y escritora, en una entrevista que le hizo a Miguel Elías, con motivo de la exposición Travesía al paraíso’, obra inspirada en ‘La divina comedia’ de Dante, escribió: “Miguel Elías interpreta La divina comedia de Dante y la apuesta museística arriesgada y diferente, flota entre los ecos. Montaje que sorprende al espectador ocupando los cielos de este patio (Las exquisitas columnas del palacio de Figueroa, en Salamanca) con las delirantes escenas de un infierno del que ascendemos, a través del arte y del amor, al edén de la luz”.
El poeta Enrique Viloria Vera, con motivo de la exposición “El único jardín. De la Botánica de Johann Hieronymus Kniphof al Jardín de D. Joo de Mendonça,”, escribió: “La exposición lusitana del alicantino, salmantino Miguel Elías es fiel ejemplo de su maestría, de su dominio del pincel fino y también del grueso – casi como brocha – con los que negrea y colorea metros y más metros del solidario papel de bambú que, solidario, dócil y dúctil, siempre le acompaña en sus correrías del espíritu”.

Miguel Elías, 1963, Alicante, España, es pintor, grabador y profesor de la Universidad de Salamanca, donde se licenció y doctoró en Bellas Artes. Su obra ha sido reconocida en el Certamen Internacional de Grabado del Museo de Arte Moderno de Tokio, Premio de Pintura Ciudad de Burgos, Premio Fray Luis de León o el Premio Arte Joven Diputación de Granada, entre otros. Ha participado en más de cien exposiciones colectivas y alrededor de veinticinco individuales.
Su obra se ha visto en París, Tokio, Nueva York, Italia, Venezuela, Brasil, Alemania y Croacia. Gran parte de sus trabajos se conserva en la Sala Goya de la Biblioteca Nacional de Madrid, Museo Mariano Benlliure de la Semana Santa de Crevillente, Diputación de Alicante, Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca, Casa Museo Unamuno y Casa Museo Rosalía de Castro. Se le considera el pintor de los poetas.
Ha publicado los libros: El barco de las ilusiones (2003), Memoria de la Semana Santa. Dibujos / apuntes de Salamanca y Zamora (Caja Duero, 2004), la carpeta de grabados Itinerario de los huéspedes (2005, con poemas de A. P. Alencart); la carpeta de litografías Plaza Mayor de Salamanca (Por Amor Al Arte, 2005) y los libros Pájaros bajo la piel del alma (2006); Savia de las Antípodas (2009), La piedra en la Lengua (2013) Barro del Paraíso (2019), todos con poemas de Pérez Alencart.


– ¿Cuál es el recuerdo más remoto que tiene de su infancia?

– En la playa del Postiguet pintando junto a mi amigo Bernardo.

– ¿A sus amigos de juegos les mostraba sus dibujos, en sus primeros años?

– Todos sabían que pintaba, llevaba los bolsillos del pantalón lleno de carboncillos. Cuando iba a buscarlos a sus casas pintaba en las pareces de sus portales y no era del agrado de sus madres normalmente. Todos decían, ya ha estado aquí Miguelin.

– ¿Guarda algunos de esos primeros dibujos que realizó?

– Guardo con cariño 3 obras de mi infancia. El primer óleo que realicé en mi vida, donde aparezco junto a mi amigo Bernardo, pintando en la playa del Postiguet. Y dos bodegones realizados en el Estudio de mi primer maestro el pintor alicantino Gastón Castello, ya fallecido.

 – ¿Qué enseñanza le dejó su padre? ¿Qué es lo que más añora de su madre?

– Mi madre fue mi primera gran mecenas. Amaba el arte, sobre todo la escultura. Ella me animaba día a día a dibujar, a pintar, me llevaba a exposiciones, a museos.

– De Alicante a Salamanca, ¿cómo vivió esa etapa? ¿Estar alejado de su familia, cómo influyó en su vida?

– Fue un regalo y una decisión propia. Tenía una beca de la Diputación de Alicante para estudiar arte y tenía que aprovecharla. Todo fue una maravillosa aventura concentrada en el deseo de aprender.

– ¿Cuándo pensó que la pintura sería un camino a seguir?

– A los siete años lo tenía clarísimo, quería ser pintor y nada más que pintor.

– ¿Cuál fue su primera exposición individual? ¿Ya tenía los cuadros terminados, una idea formulada de lo que quería mostrar?

– Una exposición que me organizo la asociación de vecinos de mi barrio en el local de la asociación con todos los vecinos y mis amigos.

–  Se hizo amigo de Don Quijote trabajando en la serie El Quijote de Salamanca ¿Siguen ustedes conversando a través de sus cuadros?

– Siempre fui amigo de don Quijote. En mi casa se tenía un amor especial por los libros y el Quijote y las obras de Cervantes crecieron conmigo en casa.

– De las series que ha realizado a poetas, pintores a santos ¿por cuál de ellas guarda un asombro que todavía persiste?

– Sin lugar a duda las dos realizadas sobre Juan de la Cruz. Mi poeta de poetas.

– Cuenta en otras entrevistas, que perdió en una inundación cientos de cuadernos donde escribió y dibujó sobre su día a día. ¿Después de eso cómo y dónde guarda sus cuadernos para que no desaparezcan?

– En cajas de plástico herméticas y a una altura considerable. Ya están a buen recaudo.

– ¿En esos cuadernos que guarda de sus dibujos y anotaciones de su vida, hay poemas que escribe usted?

– Nunca me atreví a escribir un poema. Ser poeta es un don, un oficio sagrado y creo que no estoy a la altura.

– ¿Tiene un libro que relee siempre, o un autor al que acude en cualquier momento?

– Sin lugar a duda dos libros que siempre me han acompañado ha sido La Biblia, y el Canon Pali con las palabras de Buda.

– ¿Ha realizado un cuadro, un dibujo o un retrato que guarda y lo tiene solo para usted, que no le interesa vender o regalar?

–  Los dibujos y retratos familiares.

– ¿Qué le ha aportado la pintura sumi-e a su vida?

– Todo. Cambio hace este año, 25 años que decidí seguir el noble Camino Zen del Sumi-e, de la mano de mi querido Maestro el pintor Kousei Takenaka. Arte-Cuerpo-mente se fueron haciendo una unidad en mí, indivisible que iluminó toda mi vida, desde el acto cotidiano más pequeño a lo más grande. Y sigue siendo así. Es mi Camino.

– ¿Qué significa para usted el homenaje que le hicieron en este XXIX Encuentro de Poetas Iberoamericanos?

– Un regalo, el mejor regalo para mí es siempre la poesía.

– ¿Por qué pinta?

– Porque estoy vivo.

LECTURA DE LA PIEDRA

…con piedras labradas reedificaremos…

ISAÍAS

He leído tu nombre en la extraña veta de esta piedra.
Helo ahí, cual tallado pero en movimiento
a causa de tantas señales, de tantos anhelos amputados
desde antes del tiempo de los jeroglíficos
o las pinturas rupestres.

No trates de borrarte, piedra que sabes
que la eternidad no sabe a nada, que tú a solas
nada significas hasta hacerte piedra del ángulo, Casa
de la Palabra, morada o refugio donde el hombre
resiste cualquier zarpazo.

Viniendo de atrás
esta piedra ofrece su amarillenta piel como lienzo
para que en ella se instalen los salvajes reflejos
de los dedos trenzados, de los pinceles que entintan
y entintan salvas de silencio o herencias
incesantes, múltiples, lejos de la vida rígida
en la que ya pocos tienen confianza

Tu nombre como reflejado en la piedra, tu nombre
que no se cae de mi regazo ni se incendia: tu
nombre para días urgidos de serenidad, de
mansedumbre, de milagros que refuten
meticulosamente a los burócratas del raciocinio,
siempre candidatos al abatimiento y la desesperación.

Piedra de arenisca donde mis ojos feligreses ven
cómo se propaga la memoria de esas Tablas
capaces de imantar el pensamiento y de orientar
a los errantes: bosque de piedra o cantera
donde no cabecean los impostores y quienes
suelen despilfarrar las esperanzas: piedra firme
que no se deja descifrar fácilmente.

Viniendo de atrás
esta piedra admite que impriman sobre ella
recados que pueden ser leídos en noches sin luna
ni estrellas: piedra-luciérnaga, página única
donde la creación anotó tu nombre o palabras
olvidadas: siempre una piedra tras otra piedra…

Nace una cicatriz sobre esta piedra con sus amagos
de claridad para una ciudad que sabe de su erupción
unánime: se lee lo edificado con esta piedra: se
lee lo pintado sobre esta piedra: se percibe
el sentido y el significado del lugar de la cita,
aquí donde se mira y se cree en los rastros
que ha ido dejando mientras vestía la capital.

Esta piedra es más sensible, más suave
que algunos corazones endurecidos, con granito
en vez de sangre: esta piedra se mimetiza
en mi pecho abierto y se torna llama que convoca
para dar la previsión del mañana, aunque venga
de atrás, aunque se entumezca al alba.

La ciudad con sus páginas de piedra a descifrar,
dorada piedra franca oxidada por el aire mesetario:
entra el espíritu en materia y se conserva vivo
en medio de la piedra desenterrada, ya vitalicia
porque rebota la mirada de aquel que la guarda
en la memoria y tiene por patria a Salamanca.

He leído tu nombre en la extraña veta de esta piedra:
única, diferente a las otras cortadas limpiamente,
sin máculas: tu nombre lo leo porque resalta
y no se borra de la arenisca: nada por allá, todo
por aquí, por esta lisa superficie donde el reloj
solar marca siempre la hora interminable.

Piedra donde mi lengua oscila.
Piedra que me aprendo de memoria.
Piedra en la que caben todas las demás.
Piedra embadurnada por la fiebre.
Piedra donde se emboscan los trigales.
Piedra magnética por mis rincones íntimos.
Piedra que se convierte en lo esperado.
Piedra donde descansan poderosas bengalas.
Piedra que se apaga y se enciende al soplo de alas.
Piedra donde se ancla mi fugacidad.
Piedra porosa destilando un espiral de murmullos.

Piedra que no necesita volar para hacer historia.
Piedra, dorada porción que llevo a todas partes.

He leído tu nombre
y me reanima este lenguaje con validez eternal,
y me conmueve la arquitectura de tu promesa.
De seguro me sé próximo a la piedra principal.

(para Miguel Elías, amigo-hermano)
Alfredo Pérez Alencart

PARA MIGUEL ELÍAS GRAN PINTOR Y AMIGO

Invéntame un espacio donde el color se asombre
donde cada matiz hechice los sentidos,
donde acudan los duendes  con  pinceles de escarcha
dando luz a la imagen de distintos colores.
El brillo adolescente que el lienzo necesita
modula los perfiles del finísimo tacto,
y un clamor de puntillas sembrado de matices,
cubra espacios de tiempo con un fondo de noche.
Bajo un palio de seda se mezclan los colores
que a la mirada arrullan en su propio latido,
cuando el pintor desgrana hermosas sensaciones
los pájaros observan luminosos matices.
y vuelan…. sombreados  horizontes definiendo motivos
Después, los pétalos abiertos de sus manos serenas asombran lo creado,
y los ojos  aplican un barniz cadencioso
y el silencio encadena contemplando su cuadro

Veronica Amat

 

Petruvska Simne



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