Carola Vesely

Prólogo para ‘Historia universal de una trenza’, de Marcelo Gatica

PUNTADAS DE LA VOZ EN UN HILO: TEJEDORAS DE LA MEMORIA

 

La costurera es la Memoria, y por cierto bien caprichosa.
La Memoria mete y saca su aguja, de arriba abajo, de acá para allá.
Ignoramos lo que viene enseguida, lo que vendrá después.
Virginia Woolf

 

Esta es la historia de una trenza y de las fantasmagorías que la recorren de extremo a extremo en la voz coral de las ancestras. Una historia que la Historia Universal omitió por estar atestada de tierra, agua, vientos del sur, silencios y espejos quebrados, palabras susurradas en minúscula al alero de los siglos. El poemario de Marcelo Gatica reivindica en letra capital las palabras mudas de toda una genealogía femenina, articulado en la primera persona de una hija que se sumerge en la aventura de remendar, puntada a puntada, los retazos de la memoria de su madre y demás antepasadas.

Así, a lo largo de cinco secciones, la obra va trenzando una red compuesta por madre, abuelas, hija, tías y todo un entramado de “ángeles que fueron mujeres”, por medio de una secuencia de instantáneas que actualizan épocas pasadas (“aquella época de cuando hablábamos con los árboles”) desde la mirada infantil de una niña habitante del sur del mundo. Esta genealogía de mujeres se construye, a su vez, hilando diversos referentes literarios que se cuelan en este coro de voces a través de epígrafes, la mayoría de ellos atribuidos a grandes poetas mujeres que atraviesan desde el Modernismo a nuestros días, como Alfonsina Storni, Gloria Fuertes, Blanca Varela y Elvira Hernández, junto con María Luisa Bombal desde la vereda de la narrativa.

Los textos, que transitan entre la prosa poética y el verso (siempre libre, siempre jugueteando en el lienzo de la página), componen un complejo entramado donde las reminiscencias láricas aparecen conjugadas con aproximaciones metatextuales a ese “universo microscópico” de la infancia. “Tocábamos las palabras (quise decir, la piel líquida de las flores)” o “en el reino del agua estallan las palabras”, rememora esta hablante infantil que, metaforizando el lenguaje, anima la naturaleza en un sutil giro panteísta.

Pero los alcances de esta Historia universal de una trenza, tercer poemario del poeta chileno Marcelo Gatica, dan un contundente paso más allá de la sola idealización de la infancia, estadio que aquí es presentado siempre bajo la sombra de su quiebre. Así, la pérdida de la inocencia atraviesa la obra encarnándose predominantemente en las heridas de la madre, que son también las de la abuela, de las hijas y las hijas de las hijas. “Por años te bautizaron la Muda. Enterraste en el fondo de tu cuerpo las palabras. Era la táctica para olvidar la mutilación de tu vientre”, interpela la hija a la madre, introduciendo el insistente fantasma del silencio en respuesta a la herida original.

Acuarela del artista chileno Izak One

Los pequeños fragmentos de historias que componen este “diminuto paraíso perdido” en el sur de Chile pierden, pues, su carácter idílico al entretejerse con la crudeza de un territorio amenazado por bestias que van adquiriendo formas diversas: violencia patriarcal que muta en violencia de Estado, que a su vez muta en los estragos de una cruel irrupción de la Modernidad sobre parajes apartados de todo centro. El poema “A las ranas se las comieron los eucaliptus”, por ejemplo, evoca la desaparición de este locus amoenus a causa de la llegada de la industria papelera, la tala de los bosques y otros fenómenos relacionados con los procesos modernizadores que quebraron Latinoamérica. La hablante echa mano a la figura del “dios Mammón” para encarnar esa fuerza destructora impulsada por la codicia, mientras en otro texto oímos, en las antípodas, la voz de la madre insistiendo “Hijita estudie, Hijita estudie”, desde una fe ciega en el proyecto ilustrado como tabla de salvación, especialmente para la mujer nacida en esos confines: “El horizonte / en este pueblo / es cuadrado / y plano / geométricamente / inverso para las mujeres”, habla ahora la madre invocando a Huidobro y su Horizon Carré, así como alertando a su descendencia femenina sobre los peligros de ese mundo hecho exclusivamente a la medida del varón.

Las paradojas del proyecto moderno laten bajo las múltiples capas de sentido que componen la obra de Marcelo Gatica, en que la Modernidad arrasa con las memorias a la vez que las reivindica asumiendo el lenguaje escrito en clave de escritura poética, sacándolas del olvido.

El poema “El último tren (1974)” nos ubica en los primeros años de la dictadura militar chilena y evoca con tono nostálgico la llegada del “último tren a Parral” tras ser reemplazado por buses -“los nuevos animales metálicos”-. Al ponerse en marcha en pleno contexto dictatorial, la modernización de esa parte del mundo redobla el carácter siniestro de su paradoja, más aún instalada en territorios apartados de los centros: “Entre lo efectivo y la eficacia / bajo las armas / los trenes / se iban alejando como esos finales / amarillos / marchitos / de las películas de vaqueros de las 5 de la tarde”. Postales cotidianas de los años 70, que hablan también de “La risa de un 4 de septiembre” lleno de esperanza y aires transformadores, y de una primavera que se ensombrece abruptamente en “4 de octubre”: “Todo siempre pasaba en Santiago. El 11 de septiembre recién nos despertó el 4 de octubre en Cauquenes, el pequeño pueblo de tejas rojizas”. El poema está dedicado a los nombres de cuatro jóvenes que fueron asesinados en esta localidad a manos de agentes del Estado de la dictadura militar chilena, un caso que causó conmoción en la opinión pública trizando, una vez más, la inocencia: “Éramos tan ingenuamente felices”, confiesa una voz plural en otro poema, exponiendo la herida.

Navegando en reversa a través del poemario – entramado lleno de saltos temporales de ida y vuelta (al igual que la memoria)-, volvemos a las primeras páginas para acceder a las memorias prenatales de la hablante y al despliegue de una batería de recuerdos de niñez que reconstruyen, como fragmentos de un espejo roto, la figura de la madre desde su nacimiento hasta su muerte: niña que habita universos sin “reinas ni princesas ni personajes secundarios de algún cuento de fantasía remoto”, presencia que bebe “de las partículas elementales de la naturaleza (…) en el campo gravitatorio de los ángeles”, costurera que remienda las heridas junto a su hija y a su máquina Singer, mujer ángel que es el hilo conductor de toda esta Historia universal

Así nos adentramos en un universo que revela la histórica condición subalterna de la figura femenina. “Era la época remota de las mujeres bajo la piel de los objetos: mujer silla mujer taza mujer dame el cuchillo mujer calienta la cama”, rememora una voz lírica que a menudo emplea la segunda persona para interpelar a la madre: “En altar frente a la Cruz, tus catorce años criatura de leche deshojada de cuerpo y alma como un trozo de carne pactado por tu hermano mayor: Esa bestia devoradora de plata”. La bestialidad se constituye, en efecto, como atributo de (casi) toda presencia masculina en el poemario, imagen de dominación y destrucción: “aquella postura de carne esclava aquellas manos de hierro aquella bestia nebulosa de un hombre sin rostro que rompió tu diminuto mundo”, condena la hija mientras acuna el dolor antiguo de una madre como figura metonímica de un universo femenino transgeneracional: la trenza.

“La tradición de cultivar trenzas de la abuela era una estrategia para eludir el llanto: la cárcel silente del cuerpo”, recuerda la hablante, sellando el vínculo entre el dolor y el silencio prisionero mediante el gesto de la tejedora de cabellos. Sobre la imagen de la mujer que teje, dice Silvia Rivera Cusicanqui que “(d)esde antiguo, hasta el presente, son las tejedoras y los poetas-astrólogos de las comunidades y pueblos, los que nos revelan esa trama alternativa y subversiva de saberes y de prácticas capaces de restaurar el mundo y devolverlo a su propio cauce”. Junto con precisar que en la obra de Marcelo Gatica encontramos poetas-astrólogas (en lugar de poetas-astrólogos) como presencias mágicas en clave femenina, los planteamientos de la socióloga boliviana nos conducen por una ruta en que la práctica ancestral del tejido conjuraría un lenguaje subterráneo que imputa las imposiciones hegemónicas (en el caso de este poemario, articuladas en clave de género), en una operación análoga a la de una descolonización.

La abuela de esta Historia universal… teje la trenza de su descendencia, engarza dolores transformados en nudo y acalla el dolor. Abuelas, madres, hijas y hermanas tejen la trenza que es el lenguaje del silencio y a la vez portadora del sabio secreto de su traducción: “Pero eras mágica y pese a tus silencios de roca traducías mi abismo mi tacto”; “Tradujiste la herida el espanto, y bautizaste como si fueras un ángel aquella cicatriz muda”. La ambivalencia entre lo no dicho y la palabra cruza la totalidad de la obra, donde callar es apretar los dientes para resistir y nombrar es un rito que acaricia. La obra, en sí misma, está tejida como una trenza que articula saberes, voces, momentos, fechas, nombres, horas e imágenes, adoptando visualmente la forma vertical y sinuosa de los últimos textos que caen, trenzados.

La trayectoria vital de la madre culmina con su muerte y los textos se proponen en clave de cuenta regresiva como letanías plenas de imágenes que contraponen la oscuridad y la luz, para finalizar con un nuevo nacimiento: “comienza a florecer / un ángel de luz, / un roble en tu costado”. Entonces irrumpe el “Corte”, título del penúltimo capítulo del libro y del poema que lo abre. Como recurso cinematográfico que cambia el ritmo y el tono de los poemas, la aliteración de la expresión “¡Corte!” marca el paso dinámico de imágenes que recorren a toda velocidad diferentes momentos de la vida de la madre, centrándose en aquel momento en que la Historia reciente de Chile se quiebra, para concluir con una confusión caótica de exclamaciones y repeticiones: “¡Corte! / ¡Corte! / ¡Corta! ¡Hija! / ¡Corta! ¡Mamá!”.

Esta es la historia de una trenza que se corta y del largo camino que recorre para liberar a madre e hija de la cárcel del cuerpo. “Me cansa la geometría / de la trenza, el jumper”, ya había advertido la hablante, perdiendo el sabor de la infancia y, junto con ello, la fe en el lenguaje: “Mamá, no creo en las palabras”. Ante esta amputación liberadora, proponemos que el rol de la costurera adquiere aquí un rol fundamental. En su oficio de “enhebrar la aguja, cambiar el color del hilo, pulsar la bombilla, pedalear y pedalear”, podemos imaginar –aunque no se explicite en el poemario- a la madre remendando la trenza cortada, ese tejido de la memoria genealógica que, desde sus fisuras, construye sentidos ancestrales. Zurcir los retazos sin ocultar las heridas, recomponer los fragmentos de ese cordón umbilical y proyectar desde ahí las memorias pasadas y futuras:

Bajo
la geología
de la trenza
se ancla
como memoria
como ventana
como veleta
de espíritus
un magma oceánico
que refresca
la piel para dar el siguiente paso de agua.

La punta de esta larga trenza boceteada por los últimos versos del poemario celebra la memoria remendada en este tejido capaz de “de restaurar el mundo y devolverlo a su propio cauce”, al decir de Cusicanqui, poniendo fin y dando inicio a esta Historia universal de una trenza que transforma las memorias en Historia, devolviendo el mundo a su propio cauce de voces que escapan, por fin, del silencio.

Familia Gatica Aulis en Luxemburgo

Marcelo Gatica (Cauquenes, Chile, 1976), poeta y Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca, con una tesis titulada titulada “Rodrigo Lira Canguilhem: Una propuesta poética en tiempos de desolación”, dirigida por Carmen Ruiz Barrionuevo. Ha publicado los poemarios ‘Historia universal de una trenza’ (Santiago de Chile, 2020), ‘El mar ya no es’ (Salamanca, 2020), ‘El extramuro /Väljaspool-müüre’ (Estonia, 2018), ‘Anclado al Pescador de Mares’ (2016), ‘Crucial’ (con Pablo Gutiérrez, 2014), ‘Portafolio. Poemas a Pie de Página’ (Con Camilo Cantillana, 2014). En Chile publicó Barios buelos: boladas boludas’, del chileno Rodrigo Lira Canguilhem (Piélago Casa Editorial, Santiago de Chile, 2016), y en Estonia ‘Vientos del sur / Lounatuuled’, antología de poesía chilena seleccionada e introducida por él, con traducción de Carolina Pihelgas, Mariliin Vassenin y Helina Aulis. Tallin, 2015). En su país también publicó el poemario colectivo Taller Literario (2001), el libro de poesía a tres manos A-Trio Poético (2003) y poemas varios en Calíope, revista de poesía (2000-2003), obteniendo el Premio de Poesía de la UMCE (2003). En España y Portugal ha publicado en las antologías ‘Poesía para un existir’ (2010), ‘La hora sagrada’ (2010), ‘El paisaje prometido’ (2010), ‘O Divino’ (Portugal, 2011), ‘Poemas identificados’ (2013), ‘Arca de los afectos’ (2013), ‘He muerto… y he resucitado (2015), ‘Umbrales de la memoria’ (2015), ‘Un extenso continente (Castelo Blanco, Portugal), Salamanca, raíz de piedra y letras (2017), ‘Explicación de la derrota (2017), ‘Das Águas Á Dança das Folhas” (2018, Editora Labirinto, Portugal). Ha recibido el Accésit del Premio Internacional de Poesía “Luis López Anglada” (Burgohondo, Ávila, 2008) y el primer accésit del Premio González-Warris de Poesía (Barcelona, 2012). En abril de este año obtuvo el Accésit del prestigioso Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, por su libro “El mar ya no es”. Es subdirector de Tiberíades, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos.

Carola Vesely

Carola Vesely es Doctora en Literatura Hispanoamericana de Vanguardia y Posvanguardia por la Universidad de Salamanca, España. Cuenta con un Diplomado de postítulo en Semiótica del Arte y la Cultura por la Universidad de Chile y un Diplomado de postítulo en Humanidades por la Universidad Diego Portales, Chile. Su carrera académica y profesional se ha desarrollado en Chile, Estados Unidos y España siguiendo una línea de trabajo vinculado a la docencia y la investigación en las áreas de Literatura Latinoamericana, Poesía, Multimodalidad y Literatura Infantil y Juvenil (LIJ). En la actualidad se desempeña como docente del Departamento de Lingüística y Literatura de la Universidad de Santiago de Chile, institución en la que ha trabajado también como investigadora posdoctoral. Imparte docencia de posgrado en programas de Diplomado impartidos por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, y por el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.




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