Tiberíades agradece al escritor brasileño Cláudio Aguiar por permitirnos difundir la traducción al portugués del epílogo escrito por la profesora Bernadette Hidalgo Bachs para la primera edición español-francés de ‘Prontuario de infinito’ (Verbum, Madrid, 2012). Ahora, en la edición brasileña recién publicada, dicho epílogo se reproduce en español y portugués.
Esta obra puede ser adquirida entrando en Amazon.

Una aproximación a ‘Prontuario de infinito’
BERNADETTE HIDALGO BACHS
La primera vez que encontré a Alfredo Pérez Alencart fue en diciembre del 2009, en un coloquio celebrado en la Universidad de Cergy-Pontoise. Además de la calidad de su intervención, me llamaron la atención su suma discreción, su amabilidad, y la paz interior que comunicaba. Intuí en seguida que detrás de su gran humildad había una gran persona.
Le hablé de mi proyecto de organizar en Clermont–Ferrand (Francia) un coloquio sobre las interacciones entre la escritura poética y lo sagrado. Despertó mucho su interés abordar las huellas de lo sagrado en la época contemporánea planteando la cuestión de la expresión actual de lo sagrado, de cómo se reformula lo sagrado, si existen reinvenciones de lo sagrado, si se puede detectar la emergencia de nuevos campos de lo sagrado, y por último si se puede hablar de una refundación de lo sagrado, o de un proceso de sacralización de ciertos ámbitos de lo profano. Le comenté que sería sin duda provechoso estudiar cómo las formas expresivas de lo sagrado alimentan los textos poéticos con sus temas, sus motivos, sus procedimientos estilísticos, sus imágenes y sus símbolos, y de qué manera propulsan la expresión poética en la esfera de lo sagrado. Le comuniqué mi intención de combinar las perspectivas antropológica, filosófica, histórica, teológica y literaria con la finalidad de aclarar el fundamento y el funcionamiento de la interacción de los principios discursivos entre la esfera de lo sagrado. Aceptó participar en dicha iniciativa, lo cual me procuró una gran alegría.
Llegado el momento de concretar la organización de dos jornadas antes del coloquio de abril 2013, me puse en contacto con Alfredo; seguía entusiasmado con el tema. Mientras tanto, yo iba leyendo poemarios suyos, y leía artículos que él me mandaba para que le siguiera en su actividad creadora, y que estuviera al tanto de los actos al que participaba él, así como las lecturas que hacía de su poesía, tanto en América como en España. Fueron unos intercambios muy amistosos y muy enriquecedores. Hasta que un día me dijo que iba a escribir un poemario para la jornada de estudio del 10 de mayo del 2012 y una poética de lo sagrado. Fue muy emocionante para mí seguir paso a paso el advenimiento de los poemas de lo que llegó a ser Prontuario de infinito. Ir viviendo “El amanecer del poema” (según la fórmula de Pedro Salinas) fue para mí una experiencia entrañable que selló una profunda amistad entre Alfredo y yo. Me admiraba el potencial creativo de Alfredo que iba dando a luz un poemario en el que volcaba rítmicamente lo esencial para él.
Además, el sentido de la fraternidad y la bondad de Alfredo que me maravillaron en 2009 en París, se confirmaban con la ocasión de una correspondencia arraigada en lo poético y en nuestras vivencias. Asomaban una gran humanidad y suma atención a los demás en los mensajes que me mandaba Alfredo. Por problemas personales, no pudo acudir a Clermont el 10 de mayo del 2012, pero estuvo con nosotros, merced a la maravilla de la tecnología informática, ya que grabó la intervención suya que constaba de la lectura de poemas de Prontuario de infinito y de su poética de lo sagrado. Además, para los no eran hispanohablantes, leí la traducción al francés que había hecho de unos poemas de Prontuario de infinito y de su poética.
De entrada me admiró la fuerza y la densidad expresiva del título del poemario, y la perspectiva espiritual que se proponía. Los siete poemas de unos cincuenta versos cada uno que forman Prontuario de infinito son una celebración de lo sensible habitado por el ansia de un más allá de lo sensible, impregnada de un profundo sentido de lo espiritual y de lo sagrado, y animada por un gran Amor a Dios y a los demás. Dicho de otra manera: destaca tanto la pasión por lo humano como por lo divino.
El ritmo de estas odas polimétricas se emparenta con el de los salmos, en su mayoría. Salvo el poema IV que consta de siete cuartetos y de dos séptimas, todos los poemas forman bloques compactos extendidos, sin molde métrico determinado; impera la libertad de factura de largos parlamentos de arte mayor sin rima.
Se entabla un diálogo íntimo entre el yo lírico y Cristo en todas las composiciones, excepto la cuarta en la que el poeta habla en primera persona a modo de confesión para revelar su función de poeta y de hombre, así como su fe.
El hilo conductor de Prontuario de infinito se explicita de modo circular en el primero y el último poema: Cristo es el puente entre lo humano y lo divino. Así, el verso de “Por extensiones vírgenes” (I): “Alcanzas la cima para tender un puente a lo infinito.” anuncia los versos de “Bandera blanca” (VII): “Puro goce es tu serena vocación de ser puente, risa de niños / espiga madura, rocío nupcial o limpio remanso / donde el sosiego se enhebra contra lo hostil, donde las gaviotas saben que el mar que desemboca en tu luz, / donde lo hiriente se descoloca para siempre.”. Cabe señalar que todos los poemas excepto el cuarto se acaban con una pregunta que sirve de contrapunto a lo afirmado en la composición. Se introduce así la inquietud sobre lo que está por vivir, y sobre un Dios que puede ser ausente. Así la siguiente pregunta que cierra el primer poema: “¿Dónde estás ahora? ¿En qué predios trasvasas tu poder?” expresa el desasosiego, el desamparo, la duda engendrados por el dolor de la ausencia de Dios, o por la nostalgia de su presencia. Lo corroboran las demás interrogaciones al final de otros poemas: “¿Qué savias vas donando?, ¿qué otras luciérnagas te rondan?”, “¿Cómo renacer sin glaciares en la Sangre?”. Las preguntas que sirven de colofón a los tres últimos poemas: “¿Cuán alto era Tu firmamento antes de esta Consumación?”, “Hasta cuándo este derroche de Amor, este suave Temblor”, y “¿Cómo haces para que nunca estalle tu Razón secreta?, atestiguan sobre todo de la admiración del poeta por el Misterio de la Encarnación.
Con tales oraciones interrogativas una perspectiva reflexiva se abre; sirve ésta de complemento meditativo a los temas poetizados a lo largo de Prontuario de infinito : en el primer poema se insiste en lo inmenso del Amor de Cristo y en sus beneficios, en el segundo, en la caridad de Cristo, en el tercero, se enseña el camino hacia la plenitud, en el cuarto, el yo, animado por la fe, se presenta como un ser a la vez perteneciente al cosmos, a la humanidad a través del tiempo. El quinto poema alaba el amor incansable de Cristo por los hombres, y el sexto, a Cristo como el que se entrega sin reserva alguna. El séptimo poema afirma que el único destino del hombre es imitar a Cristo y vivir el amor a pesar de la hostilidad circundante.

Para expresar dichos temas, como lo veremos en los versos citados, el yo lírico se vale de metáforas sencillas arraigadas sea en el Antiguo o el Nuevo Testamento, así como en lo cósmico. Se desprende mucha musicalidad de las composiciones mediante asonancias internas, homofonías, anáforas y repeticiones muy frecuentes. Respecto a la puntuación, muchas variaciones modulan el ritmo de los movimientos que se suceden fluyendo en los poemas. A veces la unidad sintáctica corresponde con la unidad métrica, y en otras ocasiones el poeta recurre al encabalgamiento para dar más fluidez a los versos, o poner de realce una palabra. A modo de ejemplo citemos este fragmento del segundo poema:
Pertenencia al páramo del Desprendido de sí,
a su oculto ritmo, a su lenta llama venturosamente
extemporal, cual indescifrable alianza.
Pertenencia al portal de los testigos,
al presagio de otro Reino, al aliento acrisolado
cual plenitud donde prospera lo sublime.
Pertenencia al verbo de una estrella.
Pertenencia al llagado cuerpo de doliente ternura.
Pertenencia al ala que se desvanece por los aires.
Pertenencia al linaje que acopia inocencias de siete en siete.
La búsqueda de la armonía y de la plenitud que irradia el poemario encuentra su eco formal en una escritura poética que encierra equilibrio, variación y musicalidad. La música es un elemento clave, empalma con la concepción que tiene el poeta del universo, formulada explícitamente en los versos 2 y 3 del segundo poema:
Amas ultrahumanamente, sin límites, como la música
del universo. Oh profunda sinfonía forjando
lo sagrado de principio a fin, alto asidero donde sobrepuja
la esperanza. [… ]
Observamos la recurrencia de lo musical para referir una vivencia de cariz místico, como es el caso en el primer poema:
Dos sinfónicos aleluyas por tan deleitoso encuentro.
Dos cánticos entre la tempestad que crece por la sangre.
Dos cuerpos conquistados por lo indecible.
Dos vislumbres, dos antelaciones de la luz.
Alcanzas la cima para tender un puente a lo infinito.
Si la aspiración del ser humano es proyectarse a lo infinito, convoca el yo lírico una tradición pagana y cristiana sobre la armonía cósmica centrada en la música. Las teorías de Pitágoras, de Platón y de Boecio, por lo que concierne la filosofía de la Antigüedad, unidas a las de San Agustín en las Odas de Fray Luis de León bien podrían servir de base filosófica a muchos versos de Prontuario de infinito: percibir la música del universo es fusionar con la armonía celeste; así se accede a lo verdadero, a lo divino. Los versos citados ponen de manifiesto que Prontuario de infinito remite a la concepción de la música como atributo de la armonía cósmica y divina. Este tejido de referencias a la armonía universal se combina perfectamente con la fe cristiana del poeta. En eso coincide el yo poético con la amplitud de miras de Fray Luis de León, el cual cristianiza tal concepción en su comentario del capítulo XXVIII de la Exposición del Libro de Job: «que si crió a todas las demás cosas con orden, y si las compuso entre sí con admirable armonía, no dejó al hombre sin concierto, ni quiso que viviese sin ley ni que hiciese disonancia en su música.”. Si Prontuario de Infinito se inscribe en una tradición secular y aboga por una continuidad en el pensamiento y en la experiencia de lo divino, todo el poemario es un himno a Cristo a la vez hombre y Dios, en total concordancia con el Credo de Nicea, lo sintetiza perfectamente el verso del primer poema: “Ebrio de lo humano vas hacia lo divino”. Asimismo se afirma el dogma de la Santa Trinidad en este verso del primer poema: “queriendo estar ya en la ingrávida pradera del Espíritu”.

La expresión poética se configura tanto en torno al Antiguo Testamento como al nuevo Testamento. Lo llamativo es el empeño del poeta para recordar que Cristo vincula el Antiguo con el nuevo Testamento así en el sexto poema, titulado, “Das de ti, te igualas”, leemos: “Y a pulso vivo moldeas de nuevo la arcilla que contigo / sabrá correr por el Paraíso”. Señalemos por ejemplo que, en el final del primer poema, se alude al Paraíso del Génesis como un lugar de incomparable bienestar, relacionándolo con la Resurrección:
Así es el jardín donde se salta, donde se vuela, donde
el cuerpo es raíz nutriéndose más acá de las promesas,
fiel espiga alumbrando abismos o fuentes
de agua semejante al zumo que gotea de delicioso fruto.
Amoldando el lenguaje poético con las palabras de Dios en el Génesis, se recuerda también lo bueno para el hombre es no estar solo; y, Cristo resucitado es el mediador de esta armoniosa unión entre dos seres:
Dos almas acercan sus labios para el instante de gloria.
Dos soledades se confunden por el cielo del asombro.
Dos palabras se demoran siglos.
Dos lejanas orquídeas tiemblan, ¡cómo tiemblan!
[…]
Hay que celebrarlo todo,
olerlo todo al interior del cáliz o del misterio gozoso
que echa chispas sobre la manzana.
El Nuevo Testamento domina en Prontuario de infinito, ya que viene centrado en la evocación de Cristo. El Amor de Cristo penetra en la carne del hombre, y el amor se vuelve experiencia sagrada desde el poema inicial, estableciendo de entrada un clímax lírico. La Resurrección de Cristo es fuente de liberación, y de nueva vida tal como lo explica el siguiente verso: “Y de pronto no cesan los nacimientos, las Resurrecciones”; el plural utilizado revela la amplitud del fenómeno. La caída simbolizada por la manzana es totalmente redimida por el Amor de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, tal como lo comprobamos en los versos citados.
Se hace hincapié repetidas veces en la humanidad del Hijo de Dios, como en el quinto poema, titulado “Ternuras aliadas al misterio”:
Lo tuyo no son asaltos ni batallas. Desciendes hasta el pudor
o cuartel de oro que más resiste a la mirada. Cuerpo eres,
cuerpo en invicta combustión aposentándose
en el Ala querible, en el fontanar de cegador desvelo.
Manifiesta reescritura del Evangelio son estos versos del segundo poema, en los que el yo lírico resalta, mediante un neologismo, tres encabalgamientos seguidos, y metáforas cósmicas, el amor inconmensurable e incondicional de Cristo, tanto a nivel espacial como temporal. Acudiendo a un pensamiento sincrético (ya señalado), se formula el alcance esperanzador del Amor Divino:
Amas ultrahumanamente, sin límites, como la música
del universo. Oh profunda sinfonía forjando
lo sagrado de principio a fin, alto asidero donde sobrepuja
la esperanza. Oh sucesión eterna que desatas
unisonancias, instintos trajinando hacia el magma
de lo trascendente, de la cadencia absolutoria
concebida compartiendo a ultranza las aguas profundas
y las hondas delicias de un contravuelo angélico
que se abroquela para recibir el viento más feraz.
A estos versos sigue otro, en el quinto poema, que es señal de la reformulación de lo que se atribuye a Cristo en el Evangelio: “Adelante, un hombre Común dejando caer Agua de vida.”.
Descuella asimismo la impronta mística en todo el poemario notablemente en la búsqueda de la unión: “Salvas o vivificas por la armoniosa unión / que desborda vorágines sentimientos”, en el deseo notificado varias veces en particular en el quinto poema y en el segundo poema leemos: “ ¡Oh Dios, qué desnudo afán el de este Amor / avanzando eterno, dándose.”, así como en la ocurrencia reiterada de la palabra misterio (I, IV, V), asociado con el deseo como es el caso en “Retoñas anhelando comunicar ternuras con Tu misterio.”(V). Parece dialogar el poeta con San Juan de la Cruz. Asimismo, como en los versos del gran místico castellano se percibe un juego entre ausencia y presencia como lo comprobamos al final del primer poema: “¿Dónde estás ahora? ¿En qué predios trasvasas tu poder?”. Se plasma un mundo complejo a base de oposiciones como en la poesía mística. El ejemplo más representativo podría ser el final del tercer poema, el cual combina repetición anafórica, y cierto paralelismo de construcción con oposiciones semánticas:
Detrás de los dramas se convulsiona el alma.
Detrás del torvo paisaje circulan ángeles y demonios.
Detrás del semblante de martirio queda la gratitud.
Detrás del cauce, el deslumbramiento.
Muchas expresiones giran en torno a la consecución de una luz inédita, señal de una vivencia extática, tal como lo observamos en el segundo poema:
Siempre viva estás, trashumante presencia.
Te hospedas en la Luz que no aniquilan los ocasos.
Estos versos podrían ser asimismo una reminiscencia de San Juan de la Cruz, por el carácter único y eterno de la luz experimentada y la forma dilógica elegida. Si aquí se hace hincapié en el aspecto temporal, en otros versos, el yo lírico se focaliza en lo espacial mediante la referencia tradicional a la verticalidad, símbolo de la vía hacia lo divino:
Te perpetúas en la antelación de la alegría
y asciendes, porque tu Unidad sabe la fórmula
de diásporas y deslumbramientos.
La tensión hacia lo absoluto viene explicitada y expresada también por la presencia de mayúsculas en “Luz”, “Aliento”, “Unidad”, y “Amor”. La palabra “Aliento”, además de convocar el Génesis, remite a un goce supremo que traducen estos versos del segundo poema:
Pertenencia al portal de los testigos,
al presagio de otro Reino, al Aliento acrisolado
cual plenitud donde prospera lo sublime.
El anhelo de lo trascendente se manifiesta a todas luces en estos versos, por la afirmación de la atracción que puede representar el más allá para el hombre:
Unisonancias, instintos trajinando hacia el magma
de lo trascendente, de la cadena absolutoria
Si como lo indican el mismo título del poemario, Prontuario de infinito, la forma dialógica o la elección de la primera persona del singular, el yo poético da a conocer su experiencia personal de lo infinito, se trata también de compartir con los demás hombres tal vivencia para suscitar el deseo e invitarlos a dejar “el viejo hombre” para acceder al Centro, a la plenitud dejando aparte cuanto pueda impedirlo. Acorde con el ideal evangélico son estos versos de “Donde vuela un corazón” (III):
Príncipe modesto, la evidencia de tu poder convulsiona
lo lánguido, generando anhelos,
“Vengan –dices–, y dejen fuera toda entrega
que no abra vuestro Centro, dejen fuera
cualquier doliente desmesura”.
[…]
Vuela un corazón por la pura identidad profunda,
vuela entre el desconsuelo de la muchedumbre.
Oh deslizante Plenitud que inflamas y apresas.
Haciendo eco a la expresión mística de San Juan de la Cruz, estos versos nos enseñan que Cristo, de potente humildad, es fuerza arrolladora hacia la plenitud del ser, que corresponde al Reino de los Cielos de los Evangelios.

A la manera de Fray Luis León en sus Odas, notamos un contraste entre lo que le toca vivir a uno en este mundo y su aspiración al Amor y a la armonía. Por lo tanto, el locutor retoma la evocación del mundo como triste valle de lágrimas, trasponiéndolo al mundo celeste, lugar tópico de lo divino, como para insistir más en lo negativo de la vida: “Este es el oscuro cielo por donde vuela un corazón” (III), y subraya que a veces impera lo hostil. Así, inspirado por el relato evangélico de la pasión de Cristo, y mediante una repetición seguida por una variación, el locutor pone de realce en el séptimo poema que si bien puede haber rechazo, Cristo sigue siendo Amor:
Único destino tuyo, el Amor. Pero hay hombres
que te declaran la guerra, soliviantados porque pasas
sus fronteras sin mostrar salvoconductos.
Te atacan y no respondes: sólo enseñas tu bandera blanca,
hablándoles con ternura y con justeza,
aunque estés encaramado a montañas de ceniza.
[…]
Único destino tuyo, el Amor. Pero hay odios y flechas
disparándote, gentes destilando sus iracundias
por plazuelas y lugares donde se reparte el poder.
Lo que pone de manifiesto Prontuario de infinito es también la inmensa compasión de Cristo por el dolor sufrido por los hombres, el séptimo y último poema: “Bandera blanca”, pone especial énfasis en el aspecto combativo de Cristo, merced a una metáfora continuada de la guerra, citemos estos versos a modo de síntesis:
Buscas el armisticio definitivo, el pacto que acabe
con lo hosco, con el dolor de los siglos.
Resalta también en el poemario que el locutor notifique que lo abarca todo en su trayecto existencial. Se hace receptáculo de cuanto puede vivir el ser humano, tal como lo afirma en el cuarto poema titulado “Órbita del hombre”:
Lo mío es poseimiento de las agonías
y de la gema del éxtasis y la terneza.
Asimismo llama la atención, en la primera y en la última estrofa del poema IV, su voluntad de presentarse como un ser humano perteneciente al cosmos y la cadena de la humanidad a través del tiempo:
Pertenezco a la hoguera y al cosmos,
a la honda progenie de distintos seres
que se entretejieron poblando la tierra
desde la víspera hasta el acabamiento.
[…]
Pertenezco a los bosques y a las aguas
que empapan mi alma desde antiguo.
Pertenezco a los cálices de la deidad
mutándose en desnudo gozo, en infinito.
La anáfora y el paralelismo de construcción hacen hincapié en el sentido de pertenencia del locutor tanto a la naturaleza como a la humanidad. No podemos no recordar en esta formulación el último poema de El Contemplado de Pedro Salinas: la concordancia de pensamiento relaciona sin duda “Salvación por la luz” con “Órbita del hombre”.
Si las referencias al Antiguo y al Nuevo Testamento inscriben la escritura poética de Prontuario de infinito en la historia de pueblo de Dios, y en la historia de la humanidad, se nos da a entender también que en la experiencia religiosa el ser humano tiene conciencia de entrar en relación con las potencias superiores de la naturaleza; a través del amor, el hombre se siente en relación y en comunicación con Dios. Eso explica la expresión “Dios totalizante” que encontramos en la sexta estrofa de “Órbita del hombre”:
Lo mío es orbitar aquello que suscita
y espera un humilde regreso, próximo
o lejano; lo mío es orbitar entre lirios
y pájaros con las pupilas plegadas
al cortejo alígero de un Dios totalizante,
no sé si abismado o encumbrado
en la trémula luz que me transfigura.
En esta experiencia de transfiguración, el amor al hombre y el amor a Dios son inseparables; se compaginan para ser iluminados los dos con una nueva luz que es la fe en la eternidad, y en la caridad inspirada por una reflexión sobre el misterio de la encarnación de Cristo. La intensidad de tal vivencia lleva consigo una pura y honda alegría espiritual que descubre al yo poético horizontes sin límites. Si se celebra la vocación de Cristo como intermediario entre los hombres y Dios, por ser él mismo Hombre y Dios, asimismo viene evocada la gran humildad del poeta, y su plena conciencia de estar viviendo entre dos mundos. Por eso quiero terminar este prólogo con estos versos del cuarto poema de Prontuario de infinito:
Lo mío es poseimiento de las agonías
y de la gema del éxtasis y la terneza.
Aquí muestro mi estatura de peregrino
presto a pronunciarse y a redimirse.
[…]
Yo soy pormenor apenas, fugacidad,
voz trémula o salmo de advenimiento,
o huésped celebrante cuyo destino
enseña dos moradas y dos exilios.

Uma Aproximação a Prontuário de Infinito
BERNADETTE HIDALGO BACHS
A primeira vez que conheci Alfredo Pérez Alencart foi em dezembro de 2009, em um colóquio realizado na Universidade de Cergy-Pontoise. Além da qualidade de sua intervenção, fiquei impressionada com sua extrema discrição, sua bondade e a paz interior que ele comunicou. Eu, imediatamente, senti que por trás de sua evidente humildade havia uma grande pessoa.
Contei a ele sobre meu projeto de organizar em Clermont-Ferrand (França) um colóquio sobre as interações entre a escrita poética e o sagrado. O seu interesse foi despertado em abordar os vestígios do sagrado na contemporaneidade, levantando a questão da expressão atual do sagrado, de como o sagrado se reformula, se há reinvenções do sagrado, se existe o surgimento de novos campos do sagrado e, finalmente, se se pode falar de uma refundação do sagrado, ou de um processo de sacralização de certas áreas do profano. Comentei com ele que, sem dúvida, seria útil estudar como as formas expressivas do sagrado alimentam os textos poéticos com seus temas, motivos, procedimentos estilísticos, imagens e seus símbolos e de que forma impulsionam a expressão poética na esfera do sagrado. Comuniquei minha intenção de combinar perspectivas antropológicas, filosóficas, históricas, teológicas e literárias a fim de esclarecer o fundamento e o funcionamento da interação dos princípios discursivos entre a esfera do sagrado. Ele aceitou participar desta iniciativa, o que me trouxe muita alegria.
Quando chegou a hora de especificar a organização de dois dias antes do colóquio de abril de 2013, entrei em contato com Alfredo; eu ainda estaba entusiasmada com o assunto. Enquanto isso, eu lia seus livros de poesia, e artigos que ele me enviava para acompanhá-lo em sua atividade criativa, e ficar atenta aos atos de que participava, bem como às leituras que fazia de sua poesia, tanto em América como na Espanha. Foram trocas muito amigáveis e enriquecedoras. Até que um dia ele me disse que ia escrever uma coleção de
poemas para a jornada de estudo de 10 de maio de 2012, e uma Poética do Sagrado. Foi muito comovente para mim acompanhar passo a passo o advento dos poemas do que se tornou Prontuário de Infinito. Viver “O amanhecer do poema” (segundo a fórmula de Pedro Salinas) foi uma experiência cativante para mim que selou uma amizade profunda entre Alfredo e eu. Admirei o seu potencial criativo que estava dando origem a uma coleção de poemas em que invertia ritmicamente o que era esencial para ele.
Além disso, o seu sentido de fraternidade e de bondade que me surpreenderam em 2009, em Paris, foram confirmados por ocasião de uma correspondência enraizada na poética e nas nossas experiências. Uma grande humanidade e muita atenção ao próximo revelram-se nas mensagens que Alfredo me enviou. Por problemas pessoais, ele não pôde ir a ClermontFerrand no dia 10 de maio de 2012, mas esteve conosco, graças à maravilha da tecnologia informática, pois registrou sua intervenção que consistia na leitura de poemas do Prontuário de Infinito e em sua poética do sagrado. Ademais, para aqueles que não eram falantes de espanhol, li a tradução francesa que ele havia feito de alguns poemas do Prontuário de Infinito e de sua poesia.
Desde o início, fiquei surpresa com a força e a densidade expressivas do título do livro e com a perspectiva espiritual proposta. Os sete poemas com cerca de cinquenta versos cada um, que compõem o Prontuário de Infinito, são a celebração do sensível habitado pelo anseio por algo além do sensível, permeado por profundo sentido do espiritual e do sagrado e animado por grande amor por Deus e pelos outros. Em outras palavras: destaca a paixão pelo humano e pelo divino.
O ritmo dessas odes polimétricas assemelha-se ao dos salmos, na maior parte. Com exceção do poema IV, integrado por sete quartetos e dois sétimos, todos os poemas formam blocos compactos estendidos, sem molde métrico determinado; prevalece a liberdade de fatura de longos parlamentos de grande arte sem rima. Um diálogo íntimo entre o eu lírico e Cristo é estabelecido em todas as composições, exceto na quarta em que o poeta fala na primeira pessoa como se fora uma confissão para revelar seu papel de poeta e de homem, bem como sua fé.
O fio condutor do Prontuário de Infinito é explicitado de forma circular no primeiro e no último poema: Cristo é a ponte entre o humano e o divino. Assim, a estrofe de “Por extensões virgens” (I): “Alcanças o topo para estender uma ponte ao infinito”, anunciam as estrofes de “Bandeira Branca” (VII): “Tua serena vocação é puro gozo de ser ponte, riso de meninos, / espiga madura, orvalho nupcial ou limpo remanso, / onde o sossego se adere contra o hostil, / onde as gaivotas sabem do mar que desemboca em tua luz, / onde o que fere muda de lugar para sempre.” Note-se que todos os poemas, exceto o quarto, terminam com uma pergunta que serve de contraponto ao que está afirmado na composição. Introduz-se, assim, a preocupação com o que é viver e com um Deus que pode estar ausente. Daí a próxima pergunta que fecha o primeiro poema: “Onde estás agora? Em quais propriedades transmites teu poder?”, expressa a inquietação, o desamparo, a dúvida gerada pela dor da ausência de Deus, ou pela nostalgia de sua presença. Isso é corroborado pelas outras perguntas ao final ‘de outros poemas: “Que seivas estás doando? Que outros vaga-lumes estão ao teu redor?”, “Como renascer sem geleiras no Sangue?” As perguntas que culminam nos três últimos poemas: Quão alto era
o Teu firmamento antes dessa consumação?”, “Até quando esse desperdício de Amor, esse gentil Tremor?”, “Como fazes para que nunca rebente a tua secreta Razão?”, atestam, sobretudo, a admiração do poeta pelo Mistério da Encarnação.

Com essas frases interrogativas, abre-se uma perspectiva de reflexão. Isso funciona como complemento meditativo para os temas poetizados em todo o Prontuário de Infinito: no primeiro poema a imensidão do Amor de Cristo e seus benefícios são enfatizados; no segundo, na caridade de Cristo; no terceiro, o caminho para a plenitude é ensinado; no quarto, o eu, animado pela fé, aparece como um ser ao mesmo tempo pertencente ao cosmos, à humanidade no tempo. O quinto poema elogia o amor incansável de Cristo pelos homens, e o sexto, Cristo ressurge como aquele que se dá sem reservas. O sétimo poema afirma que o único destino do homem é imitar a Cristo e viver o amor, apesar da hostilidade circundante.
Para expressar esses temas, como veremos nos versos citados, o eu lírico usa metáforas simples enraizadas no Antigo e no Novo Testamentos, bem como no cósmico. Muita musicalidade emerge das composições por meio de assonâncias internas, homofonias, anáforas e repetições bastante frequentes. Em relação à pontuação, muitas variações modulam o ritmo dos movimentos que fluem nos poemas. Às vezes a unidade sintática corresponde à unidade métrica, outras vezes o poeta recorre à sobreposição para dar mais
fluidez aos versos, ou para destacar uma palavra. Como exemplo, vamos citar este fragmento do segundo poema:
Pertencias ao terreno do Despretensioso,
ao seu ritmo oculto, à sua chama lenta, felizmente
extemporânea, qual aliança indecifrável.
Pertencias ao portal das testemunhas
para a profecia de outro Reino, ao refinado alento,
cuja plenitude reside onde floresce o sublime.
Integravas o verbo de uma estrela.
Pertencias ao corpo ferido de ternura sofredora.
Pertencendo à asa que desaparece pelos ares.
Pertencias à linhagem que coleta inocências de sete em sete.
A busca de harmonia e de plenitude que irradia a coleção de poemas encontra seu eco formal em uma escrita poética que contém equilíbrio, variação e musicalidade. A música é um elemento chave, ela se conecta com a concepção universal do poeta, formulada explicitamente nos versos 2 e 3 do segundo poema:
Amas de forma ultra-humana, sem limites, como a música
do universo. Oh profunda sinfonia forjando
o sagrado do começo ao fim, alto pretexto onde domina
a esperança.
Observamos a recorrência do foco musical para remeter a uma experiência mística, como é o caso do primeiro poema:
Duas sinfônicas aleluias por tão deleitoso encontro.
Dois cânticos entre a tempestade que cresce desde o sangue.
Dois corpos conquistados para o indizível.
Dois vislumbres, duas antecipações da luz.
Alcanças o topo para estender uma ponte ao infinito.
Se a aspiração do ser humano é projetar-se ao infinito, o eu lírico convoca uma tradição pagã e cristã de harmonia cósmica centrada na música. As teorias de Pitágoras, Platão e Boécio, no que diz respeito à filosofia da Antiguidade, juntamente com as de Santo Agostinho nas Odes de Fray Luís de León, poderiam servir de base filosófica para muitos versos do Prontuário de Infinito: perceber a música do universo é fundir-se com a harmonia celestial; é assim que se acessa o verdadeiro, o divino. Os versos citados mostram que Prontuário de Infinito se refere à concepção da música como um atributo da
harmonia cósmica e divina. Esse tecido de referências à harmonia universal combina perfeitamente com a fé cristã do poeta. Nisto, o eu poético coincide com a visão ampla de Frei Luis de León, que cristianiza tal concepção em seu comentário ao capítulo XXVIII da Exposição do Livro de Jó: «que se criou todas as outras coisas com ordem, e se Ele os compôs entre si com admirável harmonia, não deixou o homem sem concerto, nem quis que ele vivesse sem lei ou causasse dissonância em sua música (1). Se Prontuário de Infinito faz parte de uma tradição secular e defende uma continuidade no pensamento e
na experiência do divino, toda a coleção de poemas é um hino a Cristo visto ao mesmo tempo como homem e Deus, em total concordância com o credo de Nicea, o sintetiza perfeitamente pelo verso do primeiro poema: “Embriagado pelo humano caminhas em direção ao divino”. Da mesma forma, o dogma da Santíssima Trindade é afirmado neste versículo do primeiro poema: “almejando estar já no tênue prado do Espírito”.

A expressão poética se configura em torno do Antigo Testamento e do Novo Testamento. O que chama a atenção, portanto, é o esforço do poeta em lembrar que Cristo vincula o Antigo ao Novo Testamento. No sexto poema, intitulado «Das de ti, te igualas», lemos: “E a pulso Vivo moldas de novo o barro que contigo saberá como correr pelo Paraíso”. Notemos, por exemplo, que no final do primeiro poema, o Paraíso do Gênese é aludido
como um lugar de incomparável bem-estar, relacionando-o com a Ressurreição:
Assim, o jardim onde se pula, onde se voa, onde
o corpo é raiz nutrindo-se mais aqui do que as promessas,
fiel circuito iluminando abismos ou fontes
de água semelhante ao suco que goteja duma fruta deliciosa.
Ao moldar a linguagem poética com as palavras de Deus no Gênese,
também se lembra de que é bom para o homem não estar só; e o Cristo
ressuscitado é o mediador desta união harmoniosa entre dois seres:
Duas almas fecham os lábios para o momento de glória.
Duas solidões se confundem com o céu de espanto.
Duas palavras levam séculos.
Duas orquídeas distantes tremem; como tremem!
[…]
É necessário celebrar tudo,olfatear tudo por dentro do cálice ou do gozo misterioso
que solta chispas sobre a maçã.
O Novo Testamento domina o Prontuário de Infinito, pois está centrado na evocação de Cristo. O Amor de Cristo penetra na carne do homem, e o amor se torna experiência sagrada desde o poema de abertura, estabelecendo um clímax lírico. A Ressurreição de Cristo é fonte de libertação e de vida nova, como explica o seguinte versículo: “E de repente os nascimentos, as ressurreições não cessam;” o plural usado revela a extensão do fenômeno. A queda simbolizada pela maçã é totalmente resgatada pelo Amor de Cristo, o Filho de Deus feito homem, como vemos nos versículos citados.
Faz-se finca-pé repetidas vezes na humanidade do Filho de Deus, a exemplo do quinto poema, intitulado «Ternura aliada ao mistério»:
Teu mundo não são assaltos nem batalhas. Baixes até o pudor
ou quartel de ouro que mais resiste ao olhar. Corpo eres,
corpo em invicta combustão esmaecida
na adorável Asa, na fonte ofuscante do desvelo.
A reescrita manifesta do Evangelho revela-se nos versos do segundo poema, em que o eu lírico destaca, por meio de um neologismo, três encavalgamentos (enjambements) consecutivos e metáforas cósmicas, o amor incomensurável e incondicional de Cristo, tanto espacial quanto temporalmente. Apelando o poeta para um pensamento sincrético (já mencionado), formula o alcance esperançoso do Amor Divino:
Amas de forma ultra-humana, sem limites, como a música
do universo. Oh profunda sinfonia forjando
o sagrado do começo ao fim, alto pretexto onde domina
a esperança. Oh sucessão eterna que desencadeias
assonâncias, instintos laborando rumo ao magma
do transcendente, da cadência absoluta
concebida com o compartilhamento das águas profundas
e das saborosas delícias de um contravoo angelical
acomodadas para suportar o Vento mais copioso.
A estes versos segue-se outro, no quinto poema, que representa sinal da reformulação do que se atribui a Cristo no Evangelho: “Adiante, um homem comum deixa cair Água da vida”.

A marca mística também se destaca em toda a coletânea de poemas, notadamente na busca da união: “Tu salvas ou vivificas pela união harmoniosa / Capaz de transbordar voragens de sentimentos” no desejo referido várias vezes em particular no quinto poema; e no segundo poema lemos: “Oh Deus, que desejo nu é este Amor / avançando eterno, dando-se, assim, tão pródigo!”, bem como na ocorrência repetida da palavra mistério (I, IV, V), associada ao desejo como é o caso em que “Rejuvenesces desejando comunicar ternuras aliadas ao Teu mistério.” (V). O poeta parece estar em diálogo com San Juan de la Cruz (2). Da mesma forma, como nos versos do grande místico castelhano, percebe-se um jogo entre ausência e presença, como vemos no final do primeiro poema: “Onde estás agora? Em quais propriedades transferes teu poder?” Um mundo complexo é formado com base em oposições como na poesia mística. O exemplo mais representativo poderia ser o final do terceiro poema, no qual combina repetição anafórica e certo paralelismo de construção com oposições semânticas:
Por trás dos dramas, a alma convulsiona.
Anjos e demônios circulam por trás da paisagem sombria.
Por trás da face do martírio está a gratidão.
Atrás do leito, o deslumbramento.
Muitas expressões giram em torno da consecução de uma luz inédita, sinal de uma vivência estática, tal como o observamos no segundo poema:
Estarás como a sempreviva, qual presença transumante.
Ficarás na luz que não mata o pôr do sol.
Esses versos poderiam ser em verdade uma reminiscência de San Juan de la Cruz (3), pelo caráter único e eterno da luz experimentada e pela forma dialógica elegida. Se aqui se faz finca-pé no aspecto temporal, em outros versos, o eu lírico se focaliza no espacial mediante a referencia tradicional da verticalidade, símbolo do caminho em direção ao divino:
Te perpetuas na antecipação da alegria
e ascendes, porque tua Unidade conhece a fórmula
das diásporas e dos deslumbramentos.
A tensão dirigida ao absoluto vem explicitada e expressada também pela presença de maiúsculas em “Luz”, “Alento”, “Unidade” e “Amor”. A palavra “Alento” ademais de convocar o Gênese, remete a um gozo supremo que traduzem esses versos do segundo poema:
Pertencias ao portal das testemunhas
para a profecia de outro Reino, ao refinado alento,
cuja plenitude reside onde floresce o sublime.
O desejo de atingir o transcendente se manifesta a todas luzes nestes versos, pela afirmação da atração que pode representar o desconhecido para o homem:
assonâncias, instintos laborando rumo ao magma
do transcendente, da cadência absoluta
Se como indicam o título da coletânea de poemas, Prontuário de Infinito, a forma dialógica ou a escolha da primeira pessoa do singular, o eu poético dá a conhecer sua experiência pessoal do infinito, também se pode compartilhar com outros homens tais experiências para despertar o desejo e convidá-los a deixar «o velho» para chegar ao centro, à plenitude, deixando de lado tudo o que possa impedi-lo. De acordo com o ideal evangélico, estão estes versos de «Onde um coração voa» (III):
Príncipe modesto, a evidência de teu poder convulsiona
o lânguido, gerando-lhe anseios.
«Venham –tu dizes–, e deixem fora as angústias,
os dividendos, as usuras; deixem fora toda entrega
que não abra vosso centro; deixem fora
qualquer desmesurada dor”.
[…]
Voa com o coração pela identidade profunda e pura,
voa em meio ao desânimo da multidão.
Oh deslizante Plenitude que inflamas e apreendes.
Ecoando a expressão mística de São João da Cruz, esses versos nos ensinam que Cristo, de poderosa humildade, é uma força avassaladora para a plenitude do ser, que corresponde ao Reino dos Céus dos Evangelhos. À maneira de Fray Luis León em suas Odes, notamos um contraste entre o que tosa a uma pessoa viver neste mundo e sua aspiração ao Amor e à harmonia. Por isso, o orador retoma a evocação do mundo como um triste vale de lágrimas, transpondo-o para o mundo celeste, um lugar actual do divino, como que para insistir mais no lado negativo da vida: “Este é o céu escuro onde um coração voa” (III), e ressalta que, às vezes, o hostil prevalece. Assim, inspirado no relato evangélico da Paixão de Cristo, e por meio de uma repetição seguida por variante, o orador destaca no sétimo poema que, embora possa haver rejeição, Cristo ainda é Amor:
Teu único destino, o Amor. Porém, há homens
que te declaram guerra, zangados porque passas
suas fronteiras sem mostrar salvo-condutos.
Atacam-te e não respondes: apenas mostras tua bandeira branca,
falando-lhes com ternura e com justiça,
mesmo que estejas resguardado em montanhas de cinzas.
[…]
Teu único destino, o Amor. Porém há ódios e flechas
disparando contra ti, pessoas destilando suas raivas
por pracinhas e lugares onde se reparte o poder.

O que Prontuário de Infinito põe de manifesto é, ainda, a imensa compaixão de Cristo pela dor sofrida pelos homens, como se nota no sétimo e último poema: «Bandeira Branca». O poeta coloca ênfase especial no aspecto combativo de Cristo, graças a uma metáfora contínua de guerra. Citemos esses versos a título de síntese:
Procuras o armistício final, o pacto que termine
com o tosco, com a dor de séculos.
Também se destaca na coletânea de poemas que o orador informa que cobre tudo em sua jornada existencial. Torna-se um receptáculo de quanto o ser humano pode viver, conforme afirma o quarto poema intitulado «Órbita do homem»:
Me compraz a posse de agonias
desde o âmago do êxtase e da ternura.
Da mesma forma, na primeira e na última estrofe do poema IV, chama a atenção o seu desejo de apresentar-se como um ser humano pertencente ao cosmos e à cadeia da humanidade ao longo do tempo:
Eu pertenço à fogueira e ao cosmos,
à profunda progênie de diferentes seres
que se entretiveram povoando a terra
desde a véspera até a consumação.
[…]
Eu pertenço às florestas e às águas
que embebem minha alma desde os tempos antigos.
Eu pertenço aos cálices da divindade
transformando-se em alegria nua, em infinito.
A anáfora e o paralelismo de construção enfatizam o senso de pertencimento do poeta à natureza e à humanidade. Vale lembrar nessa formulação o último poema O Contemplado, de Pedro Salinas: a concordância de pensamento relaciona, sem dúvida, “Salvação pela luz” com “Órbita do homem”.
Se as referências ao Antigo e ao Novo Testamento inscrevem a escrita poética do Prontuário de Infinito na história do povo de Deus e na história da humanidade, também nos é dado compreender que na experiencia religiosa o ser humano tem consciência de entrar em relacionamento com os poderes superiores da natureza; por meio do amor, o homem se sente em relacionamento e em comunicação com Deus. Isso explica a expressão «Deus totalizante» que encontramos na sexta estrofe da «Órbita do homem»:
Me compraz orbitar o que desperta
e espera um retorno humilde, próximo
ou distante; me compraz orbitar entre lírios
e pássaros com pupilas dobradas
para o namoro alado de um Deus absoluto,
não sei se abismado ou elevado
sob a luz trêmula que me transfigura.
Nesta experiência de transfiguração, o amor ao homem e o amor a Deus são inseparáveis; eles se combinam para serem iluminados tanto com uma nova luz que é a fé na eternidade, quanto na caridade inspirada por uma reflexão sobre o mistério da encarnação de Cristo. A intensidade de tal experiência traz consigo uma alegria espiritual pura e profunda que revela ao eu poético horizontes ilimitados. Se a vocação de Cristo é celebrada como intermediário entre os homens e Deus, porque ele mesmo é Homem e Deus, evoca-se também a grande humildade do poeta e a sua plena consciência de viver entre dois mundos. É por isso que quero terminar esta abordagem com alguns versos do quarto poema do Prontuário de Infinito:
NOTAS
1 – Fray Luís de León, Obras Completas, BAC, Madrid, 1967, vol. II, p. 447-448.
2 – Recordemos este versículo entre outros de San Juan de la Cruz: “Oh feliz / quem merece ver Deus /
[…] / e desfrutar dos mistérios”. San Juan de la Cruz, Vida y Obras, Madrid, BAC, 1953, p. 636.
3 – «Aquesta me guiaba/más cierto que la luz del mediodía»: San Juan de la Cruz, Subida del Monte
Carmelo, op. cit., p. 363, y: «Su claridad nunca es escurecida, / y sé que toda luz es de ella venida, / aunque es de noche» en «El cantar de la alma que se huelga de conocer a Dios por la fe», op. cit., p. 931.
Bernadette Hidalgo Bachs Es profesora titular del Departamento de Estudios Hispánicos e Iberoamericanos; Facultad de Letras, Lenguas y Ciencias Humanas de la Universidad Blaise Pascal (Clermont-Ferrand / Francia). Forma parte, como Miembro titular, del CELIS (Centre de Recherche sur les Littératures et la Sociopoétique), de Clermont II, y del PIAL (Poésie Ibérique et d’Amérique Latine), de la Universidad de París IV, La Sorbona. Se le reconoce como especialista en la poesía de Pedro Salinas, sobre cuya obra primera hizo su tesis: La quête identitaire du sujet lyrique dans les trois premiers recueils de Pedro Salinas, publicada en Lille por la editorial Arnt. Otros trabajos suyos son el ensayo Todo más claro, El Contemplado, Confianza: une écriture entre contemplation et engagement (Peter Lang, Bruselas, 2012) y su versión de El Contemplado, de Salinas: La mer lumière (Presses universitaires Blaise Pascal, Clermont-Ferrand, 2011). También ha publicado estudios sobre Fray Luis de León, Miguel de Unamuno, Rubén Darío, Miguel Hernández, Gerardo Diego o Antonio Colinas, entre otros. Se interesa sobre todo por la estilística, la metapoesía, la intertextualidad, la relación entre filosofía y poesía, la mística y lo sagrado.

Cláudio Aguiar (Ceará, Brasil, 1944), narrador, ensayista, poeta, dramaturgo, traductor y cuentista. Hasta marzo de 2020 fue presidente del PEN Club de Escritores de Brasil y actualmente lo es de la Fundación Miguel de Cervantes de Apoyo a la Investigación y a la Lectura de la Biblioteca Nacional de Brasil, ambas instituciones con sede en la ciudad de Río de Janeiro. Como escritor ha recibido varios premios y reconocimientos, tanto en el ámbito de la novela como en el teatro, entre los que pueden citarse el Premio Nacional de Literatura (1982) otorgado por el Ministerio de Cultura de su país, así como los premios José Olympio de Novela (1981), Premio Fernando Chinaglia de la Unión Brasileña de Escritores (1981), Premio de Teatro Waldemar de Oliveira (1985) y Premio Lucilo Varejão (1995) y el Premio Iberoamericano de Narrativa “Miguel de Unamuno” (2009). Sus novelas y relatos han sido traducidos al ruso, francés y español, entre otros idiomas.

